Peso chico, precios grandes

Por: Mario García
@gmarioalberto

Peso chico. Foto: Adriana Hidalgo Zamora.
Peso chico. Foto: Adriana Hidalgo Zamora.

 

La llegada del año nuevo trae consigo nuevos propósitos para los mexicanos. Quizá el más deseado sea perder los kilos ganados en diciembre, tener más dinero o que éste rinda más.

 

Sin embargo, el panorama para 2015 no promete abundancia ni liquidez. Las especulaciones tan características del sistema económico global no favorecen al peso mexicano. Aunado a ello se encuentra la caída en los precios del petróleo, la pérdida de terreno del peso frente al dólar y la inflación por encima del 4 por ciento en 2014 como los factores que afectarán la economía nacional durante 2015.

 

De acuerdo con los pronósticos del Banco Mundial, el petróleo no se recuperará este año y quizá durante 2016 pueda repuntar mínimamente. En la primera semana de este mes apenas rebasó los 40 dólares por barril. Debido a esto, el gobierno mexicano anunció, a través del embajador en Estados Unidos, Eduardo Medina Mora, que hay negociaciones para importar 100 mil barriles diarios de crudo liviano, un hecho histórico ya que el país vecino era, hasta dicho comunicado, el principal comprador de la mezcla mexicana.

 

La importancia de este hecho radica en que 37 de cada 100 pesos del ingreso federal provienen de la renta petrolera, esto equivale al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). La caída del precio del crudo a nivel internacional rompe con las perspectivas hechas para el presupuesto federal de 2015, sin embargo, el gobierno aseguró, a mediados de noviembre pasado, mediante el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray, que se tienen cubiertos los ingresos petroleros previstos gracias a las aportaciones adicionales que representan los recursos obtenidos mediante la Reforma Hacendaria.

 

En contraparte, tan sólo dos meses después y gracias a la volatilidad del panorama económico mundial, el 8 de enero, el secretario de Hacienda, declaró sobre las expectativas acerca de la macroeconomía nacional y aseguró que de continuar el mal paso del peso frente al dólar y los bajos precios del petróleo, el Gobierno Federal hará una reducción del gasto público. Asimismo, Videgaray anunció, ante la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que no habrá un alza en los impuestos para paliar los efectos de la reducción de la renta petrolera.

 

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Los gastos hechos en las fiestas decembrinas y el Día de Reyes reducen el aguinaldo de los mexicanos, llevándolo a cero o incluso a números rojos; lo cual representa un golpe a la economía familiar por las deudas contra las que hay que remar en la “Cuesta de enero”.
Para la mayoría de los ciudadanos, las cifras económicas pasan desapercibidas. Sin embargo, aunque no nos demos cuenta, lo que ocurre en el entorno económico mundial afecta nuestra vida diaria. Más aún en el mundo globalizado en que vivimos.

 

A principios de 2014 el peso mexicano estaba posicionado en alrededor de 13 pesos por unidad de dólar. Para principios de 2015, la moneda norteamericana cuesta aproximadamente 15 unidades de la moneda mexicana, lo que representa un decrecimiento de aproximadamente 10 por ciento.

 

Aunque quisiéramos creer que el aumento en el precio del dólar sólo afectará su posición frente al peso estamos equivocados. De acuerdo con un comunicado emitido por el Banco de México (Banxico), la inestabilidad en la paridad del peso frente al dólar – la peor en seis años- podría generar un incremento significativo en la inflación de los precios del mercado nacional.

 

Según el investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), David Lozano Tovar, la inflación en el país podría alcanzar los siete puntos porcentuales en relación con el año pasado de acuerdo con un estudio realizado a la canasta básica y el salario mínimo.

 

Dicho estudio realizado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, que para estas fechas debería ser de conocimiento público, prevé un incremento de hasta 30 por ciento en los precios de productos como el huevo y la carne de res, ambos pertenecientes a la canasta básica alimentaria.

 

Si por ejemplo, una familia quisiera alimentarse en un día con un kilo de tortillas de maíz, uno de carne de res y otro más de huevo, tendrían que trabajar dos o hasta tres días para comprar esos productos ya que el salario mínimo se vería rebasado puesto que el precio del kilogramo de tortilla de maíz cuesta entre 11 y 13 pesos con 50 centavos, la carne de res fluctúa entre los 99 y 105 pesos por kilo y en el caso del huevo entre 31 y 33 pesos de acuerdo con los datos que dispone el Consejo Nacional de Evaluación (Coneval) en su página de internet.

 

De poco servirá el incremento de 4.2 por ciento –dos pesos con cincuenta centavos aproximadamente- a los salarios mínimos en las zonas geográficas A y B del país. La primera comprendida por Baja California y Baja California sur, Acapulco, Ciudad Juárez, Guadalajara, el Distrito Federal y su Zona Metropolitana, Monterrey, Hermosillo y Matamoros, dispondrá de un salario mínimo de 70.10 pesos.

 

Mientras tanto, en la zona B, enmarcada por los estados de Aguascalientes, Colima, Coahuila, Colima, Chiapas, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Nayarit, entre otras entidades, el salario mínimo será de 66.45 pesos, según la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami).

 

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De pronto, el dinero cada vez más alcanza para menos. La gente de la generación nacida en los años 90 recordará que las bolsas de frituras costaban alrededor de dos pesos, hoy llegan incluso a costar entre cinco y ocho.

 

Todo esto es producto de la inflación en los precios; aunque no lo creamos, sucede una suerte de “efecto mariposa”. Por ejemplo, cuando suben los precios de los energéticos, el transporte de las materias primas y productos elaborados cuesta más y, la mayoría de las veces, el consumidor final es quien reciente el aumento porque que las empresas deciden costear ese gasto añadiéndolo al precio final de sus productos.

 

Por lo anterior es que los consumidores sienten que, con el paso del tiempo, el dinero les alcanza para menos; para mantener el estilo de vida que tienen y comprar los mismos productos para satisfacer sus necesidades deben desembolsar una cantidad de dinero extra.

 

Con esto, la propuesta del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera de aumentar el salario mínimo a 80 pesos no suena tan descabellada desde la perspectiva de que los precios se mantengan como están para poder consumir los mismos productos con más dinero.

 

Sin embargo, volvemos al efecto mariposa; la mano de obra es una mercancía y su valor es el salario mínimo, por lo que al incrementarlo, las empresas deberán aumentar los precios de sus productos para generar ingresos que eviten la pérdida de capital ante el desembolso representado por el salario mínimo de la fuerza de trabajo.

 

En otras palabras, como señaló en su oportunidad el gobernador de Banxico, Agustín Carstens, si no se incrementa la producción en el mercado, el alza del salario mínimo generará inflación. Sin embargo, aun cuando el salario mínimo no ha aumentado a las proporciones propuestas por Miguel Ángel Mancera- entre 80 y 100 pesos-, los factores ya mencionados mermarán la inflación de los precios en 2015.

 

El gobierno de la república parece estar preparado para tales efectos. Una prueba de ello son las campañas que promueven el uso de los billetes de mil pesos en las transacciones diarias. Esto se debe, según Forbes, a que los billetes de esa denominación perdieron el 42.16 por ciento de su poder adquisitivo desde el 2001 a la fecha, como lo señala el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) publicado por el Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI). Esto quiere decir que lo que se compraba con 578 pesos en ese entonces, hoy requiere de mil pesos para poderse costear.

 

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La realidad y el futuro están frente a nosotros y debemos tomar las previsiones necesarias para que la economía familiar no resulte afectada por el panorama internacional. Los mexicanos debemos evitar el exceso de confianza en esta época de incertidumbre y adelantarnos a los factores externos que merman el crecimiento económico nacional. El ahorro y evitar gastos innecesarios son alternativas para resistir el golpe económico que representa la devaluación de nuestra moneda, el incremento en los precios de los productos de la canasta básica y la caída de la renta petrolera. Ojalá que en 2015 las familias no paguen caro los conflictos en la macroeconomía global.

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