Amor blaugrana, su recuerdo más bello

Por: Juan Pedro Salazar
@juaninstantaneo

 

Pep Guardiola

 

Descendió del autobús con la felicidad en el rostro, volvía a casa.

 

Recorrió los túneles que lo llevaban a los vestidores que tantas veces lo recibió en sus épocas de jugador y técnico local. Hoy la situación era distinta, por primera vez apreciaría el juego desde la banca del visitante y enfrentaría al equipo que se convirtió en su primer y único amor.

 

Emocionado, sentía la piel erizarse cuando el comisario del juego les avisó que era el momento de saltar al campo. Acortó sus pasos, mientras recordaba esas noches de viejas glorias, derrotas honrosas y empates con sabor a cobre.

 

Justo al final de aquel enorme pasillo, se encontró con quien fue la estrellas que lo encumbró en la historia. Lo saludó como cuando uno reencuentra a quien tanto extraña y desea mirar. La bandada de abrazos y buenos deseos cayó de la mano de los que en tiempos anteriores habían sido sus jugadores.

 

Por fin había llegado la hora, colocó el elegante zapato negro sobre el césped y escuchó la carretada de aplausos más grande que pudo imaginar. Pensó que soñaba, cuando su nombre caía como lluvia por el campo.

 

Estuvo tentado a hincarse y besar el pasto como forma de agradecimiento ante aquel acto de amor que la afición le regalaba, pero recordó que esa noche defendía otra playera y no le quedó de otra más que ahogar sus ganas y extender la mando a manera de agradecimiento.

 

La vida suele ser cruel cuando le recuerda el amor del que tuvo que alejarse.

 

Llegado a la banca de visitante, se dio el tiempo para mirar el mosaico que la afición había preparado para tal ocasión. Sonríe por lo bajo como si temiera ser descubierto y acusado de poco profesional por aquellos que no entienden que la pasión es una de las pocas cosas que no se pueden ocultar en la vida.

 

Entonces, entendió que el momento vivido es como esa vez que uno ama a plenitud, pero el destino dicta la separación de ambos; aunque siempre queda y se tiene el recuerdo más bello del mundo.

 

El silbatazo anunció el inicio de las hostilidades y de 90 minutos donde tendría que guardarse el amor que irradia por aquella camiseta blaugrana.

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