De exámenes y reprobados: ¿cuál será el verdadero interés de la CNTE?

Por: Aldo Rafael Gutiérrez.

Circo de tres pistas

Llevamos un buen rato desde que los miembros de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), han hecho de las suyas (desde los 80 cuando su lucha era legítima). Las marchas y mítines no han iniciado únicamente por la evaluación que, se supone, se está llevando a cabo en estos días.

 

La CNTE se ha distinguido por ser un grupo de choque muy grande, amén de lo que me digan. Los denomino de esta manera porque no se le puede llamar profesores a una serie de personas incongruentes que cobran por algo que no hacen y, por lo tanto, dejan en el abandono académico a miles de niños y jóvenes que toman clases en algunas de sus escuelas.

 

Sí, algunos me alegarán que luchan por sus derechos, que incluso, ellos son los únicos que dan la cara contra las imposiciones del gobierno, pero ¿no sería más sólido su discurso si, ademas de marchar, hacer plantones y afectar el comercio en las zonas donde se establecen, desairaran a la Secretaria de Educación Pública (SEP) al momento de recibir su cheque y no fuera cobrado?

 

Digo, porque por muy disidentes no han dejado de llevarse la lana que, aseguran, les corresponde por derecho. Aquí es donde se endurece el dilema moral y ético por el cual yo no soy partidario de sus expresiones ni de su causa.

 

La evaluación que se desprende de la reforma “educativa” (para mí siempre será laboral en el sector educativo porque de educativa no tiene nada), ha erizado a muchos, pero en específico a todos aquellos que buscan heredar, vender o aspirar a una plaza magisterial sin el debido proceso de selección. ¿No se supone que estamos hasta la madre de que en la política estén sólo los productos de palancas y no las personas más capacitadas para ejercer el cargo? Entonces por qué no competir y mantener el nivel académico y todo lo que eso implica ante las exigencias del siglo XXI.

 

En situaciones así es que me atrevo a asegurar que la gran mayoría de estos agremiados, sólo son utilizados como una sabana cuya función es cubrir el lodazal de intereses de un grupo muy específico. Sobrados casos demuestran que mientras los paristas acampan en explanadas, un limitado sector se hospeda en hoteles además de que no viajan en autobuses que bien podrían pasar por un camión de redilas. ¿A quién más podría afectar esta reforma, sino es a los mismos que dirigen la CNTE y que no necesariamente son maestros?

 

Por otro lado, podemos ver la relación sucia y rancia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con estos grupos. Sí, porque sin importar las veces que el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfet, asegure ante los senadores que la evaluación no se suspendió a causa de las elecciones, la realidad es tal cual la vemos: un cúmulo de “favores” otorgados, con tal de no entorpecer las elecciones que, por cierto, favorecieron al partido en el poder.

 

Por cosas así es que me permito la osadía de hablar de sus intereses, que por supuesto, en su mayoría radican en lo económico y lo político. Sólo nos falta saber los nombres de las sombras, ocultas tras las necesidades de nuestros paisanos chiapanecos, guerrerenses y oaxaqueños, principalmente.

 

No estoy descubriendo el hilo negro, de eso estoy seguro, pero también estoy seguro de que si su prioridad fuera la educación, se buscaría disolver a toda costa el actual sistema educativo que encuartela a las generaciones de estudiantes, quienes nunca explotan sus habilidades y fortalezas, por tener una buena calificación en materias que en su vida profesional y laboral nunca utilizarán.

 

¿Por qué no apostar por sacar al máximo las pasiones y sueños de los educandos en vez de enraizarlos a todos en los mismos métodos?, ¿es que acaso son tan miopes que no entienden que no toda la gente tiene las mismas capacidades y, por lo tanto, su manera de aprender es distinta?

 

En este costal de farsas no sólo cabe la CNTE, aquí entra la partidocracia, el legislativo y definitivamente el ejecutivo, donde todos arguyen que sus decisiones son en pro de la educación, a pesar de estar siempre en los últimos lugares en nivel de lectura, matemáticas y un muy largo etcétera.

 

Insisto, mientras se mantenga la misma inercia de ser parte del problema y no de la solución, la cual radica en una compleja unión de voluntades que permita elevar la calidad de estudiantes, planes de estudio e instalaciones, alumnos y maestros seguirán estando reprobados.

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