La garra charrúa al servicio del gol

Por: Juan Pedro Salazar
@juaninstantaneo

 

suarez

 

Los ojos de niño soñador contrastan con la actitud voraz que posee en el área. Parece de sonrisa fácil, pero pocos han entendido que su gesto es de quien saborea el gol a cada instante. Es un depredador, el matón que le hacía falta a la delantera culé y que el próximo sábado disputará su primera final de Champions League. Es Luis Suárez, el uruguayo que puso la garra charrúa al servicio de la magia blaugrana.

 

Tras la conclusión del mundial de Brasil 2014, las especulaciones aumentaron sobre el fichaje al Barcelona de Luis Suárez. El equipo que había borrado al ‘9’ de su formación y estilo de juego, decidía lanzarse por un jugador que afrontaba una suspensión de 6 meses alejado de las canchas tras el incidente acontecido con Giorgio Chiellini, defensa italiano.

 

Finalmente, el originario del Salto, Uruguay, sería del Barcelona aunque tendría que esperar unos meses más para debutar en el Camp Nou. El futbolista necesita sentir y estar en el campo, su ambiente, separarlo del mismo es como encerrarlo y matarlo lentamente. Por eso Suárez protestó ante el trato que la FIFA, medios de comunicación y aficionados le habían dado.

 

El tiempo transcurrió y Suárez pudo debutar en el clásico español. Barcelona visitaba el Santiago Bernabéu con la consigna de ganar para evitar que Real Madrid se alejara en la punta. Poco pudo hacer el charrúa aquella tarde donde el equipo dirigido por Ancelotti brilló. El ‘9’ catalán se vio falto de ritmo y sin entendimiento con sus compañeros, el proceso de adaptación sería largo.

 

La fama etiqueta. Desde sus inicios, Suárez se ganó el sobrenombre de ‘killer’. A los 11 años ingresó a las filas del Nacional de Montevideo, equipo con el que destacó por su capacidad goleadora al punto que el Groningen holandés posaría sus ojos y un contrato para llevarlo a Europa.

 

Tras un año en Groninge, Ajax se convertiría en su siguiente casa hasta que Liverpool lo ficharía. En Inglaterra, Suárez destacaría por dos situaciones: su capacidad goleadora y sus problemas con dos jugadores de la Premiere.

 

En su última campaña con el equipo que “nunca camina solo”, Suárez marcó 31 goles, a pesar de no haber jugado toda la temporada completa. Mas su capacidad permitió que Liverpool peleara por una liga donde no era protagonista desde 1990.

 

Con la llegada del mundial de Brasil, Suárez llegaría en el mejor momento de su vida futbolística. Sus goles y garra condujeron a Uruguay a levantarse de la derrota sufrida en el partido inicial frente a Costa Rica. Todo parecería brillar hasta aquella tarde en que sus dientes se aferrarían al hombro de Chiellini. Con la suspensión emitida por la FIFA, llegaría la pérdida de fuerza uruguaya. La celeste se despedía y el futuro, promisorio meses antes, se volvía convulso.

 

El delantero vive de goles, de su capacidad para perforar las redes y hacer explotar las gargantas de sus aficionados. Cuando están con la mira chueca, las críticas suelen ser letales. Suárez lo experimentó durante su primer mes como culé. Por más que lo intentaba, la ansiedad le ganaba, alejándolo del gol.

 

Pero noviembre conocería el grito profundo de Suárez cuando perforaría las redes del Apoel en Champions, un mes después anotaría frente al Elche en la liga. Parecía que el gigante había despertado.

 

Sin embargo, el potencial de Suárez seguía oculto, sin detonar. El punto más bajo llegaría aquella noche en el campo de la Real Sociedad, cuando el equipo sufriría una derrota que lo alejaría de la punta liguera. Luis Enrique se tambaleaba y Suárez recibía críticas por su falta de adaptación y fallas en el área.

 

Aquella situación sólo picó el orgullo de un charrúa que aprendió a sobreponerse de las dificultades de la vida. Suárez respondió como mejor sabe hacerlo. Se fajó los botines y comenzó a cimentar las bases del tridente más letal de Europa, la MSN.

 

Suárez es un delantero capaz de generar sus propias jugadas de gol y saber tocar con precisión al compañero en mejor posición para el remate. Su estrella comenzó a brillar con mayor intensidad una noche inglesa en el campo del Manchester City. En su regreso al país que lo convirtió en delantero letal, el charrúa marcado dos goles y sentenciaba la serie de octavos de final.

 

Días después anotaría el tanto que cambiaría el destino de la liga en España. Su remate se hundía en la meta merengue y con él sellaba el tercer tanto del marcador. Barcelona ganaba y se perfilaba para lo que después concretarían: el campeonato de liga.

 

París disfrutó de la magia de Suárez, aquella noche en que hizo de las piernas de David Luiz un marco para sus goles de fantasía. La carretada siguió con tres anotaciones en el arco del Córdoba. La cosecha no quedaría ahí, durante la temporada que recién concluyó marcó 16 tantos y obtuvo 23 asistencias. El charrúa demostraba su contundencia y versatilidad.

 

Atrás ha quedado la imagen donde Suárez hundía el colmillo en el hombro de Chiellin, con quien se verá las caras en la final de Berlín. Hoy, Suárez se ha convertido en un jugador indispensable en la oncena blaugrana y uno de los artífices de la resurrección culé.

 

Entonces, ¿qué pasó después de aquella oscura noche en Anoeta? La garra charrúa se puso al servicio de la magia culé.

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