30 años del sismo que movió a México

Por: Aldo Rafael Gutiérrez

El sismo que cimbró México. Foto: Cortesía.
El sismo que cimbró México. Foto: Cortesía.

Cotidiano. Así inició el jueves 19 de septiembre para los capitalinos que se dirigían a sus trabajos y escuelas. Nunca pensaron que después de las 7 horas con 19 minutos, la ciudad que conocieron cambiaría para siempre. Las transmisiones de radio y televisión se colapsaron, los muros se abrieron, las calles se partieron y en 90 segundos el paisaje urbano se transformó en un mar de escombros.

Un terremoto de 8.1 en la escala de Richter había cobrado la vida de al menos 10 mil personas y provocado daños incuantificables. Según el documental “Terremoto 1985”, de Demetrio Bilbatúa, aproximadamente 50 mil personas perdieron sus casas. Así, 1985 se volvió un recuerdo petrificado en la consciencia de los mexicanos, especialmente, en la memoria de los capitalinos.

“Ese día, alrededor de las 7:10 de la mañana, la gente despertó muy sobresaltada por un movimiento de tierra muy fuerte, nunca sentido por ellos, donde resulta que ocurrió un sismo en las costas de Michoacán con una magnitud de 8.1 aproximadamente que produjo todos los daños que ya ha dado testimonio la historia” dijo Luis Quintana Robles, investigador del Instituto de Sismología de la UNAM.

En instantes, los gritos de terror y ayuda se apoderaron de las calles alfombradas con los restos de edificios hechos añicos. El Conjunto Urbano Nonoalco, el Edificio de las Costureras -en San Antonio Abad-, el Multifamiliar Juárez o Televisa Chapultepec, fueron algunas de las construcciones que no resistieron el movimiento telúrico.

Sin embargo, el Distrito Federal y algunas de sus importantes colonias, como la Centro o la Roma, no fueron los únicos lugares afectados. “Es importante señalar que los daños no sólo ocurrieron exclusivamente en la Ciudad de México, digo, por la magnitud de la tragedia es lo que todos recordamos inmediatamente, pero, inclusive en el puerto de Lázaro Cárdenas o Ciudad Guzmán, hubo daños considerables”, comentó Raúl Valenzuela Wong, investigador Instituto de Sismología de la UNAM.

 

 

Gobierno inepto, sociedad fuerte

Miguel de la Madrid, jefe del poder ejecutivo en México de 1982 a 1988, pasará a la historia, entre otras cosas, como un presidente incapaz de resolver la crisis. Su administración, y la del entonces regente de la ciudad, Ramón Aguirre Velazquez, mostraron incapacidad ante el desastre. La falta de una dependencia encargada de la prevención y protección de civiles, fueron parte de su condena.

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Solidaridad surgida tras el sismo. Foto: Cortesía.

Las ataduras gubernamentales no fueron impedimento para que miles de ciudadanos, pese a las recomendaciones de que se quedaran en casas. Guiados en su mayoría por el sentido común, emprendieron las labores de búsqueda y rescate de quienes quedaron atrapados. Brigadas de rescate como “Los topos de Tlatelolco”, es sólo uno de los muchos ejemplos que nacieron para ayudar a las víctimas y damnificados.

Los días seguían su curso y a pesar del apremio del tiempo, la esperanza no se diluyó nunca. Esa fuerza de los citadinos, los voluntarios nacionales y extranjeros, dio como resultado el rescate de personas de todas la edades, incluso bebés. Varios viven para contarlo. Otros sólo escaparon del holocausto como pudieron. “Yo tenía cuatro años. Mi papá me llevaba a la escuela cuando empezó el sismo. En ese momento mi padre trató de tirar la puerta de la casa, pero el temblor fue tan intenso que primero se cayó la pared” recuerda Emmanuel Gutiérrez, quien después de tres décadas mantiene intacto el recuerdo.

 

 

¿La ciudad está lista para otro temblor?

A 30 años del acontecimiento, las cicatrices permanecen. Sin embargo, la ciudad aprendió muchas lecciones de la mano de instituciones como el Politécnico y la UNAM, así lo aseguró en entrevista para Los Ojos del Tecolote el secretario de Protección Civil, Fausto Lugo García. “Siempre trabajamos de la mano con las universidades. El tema científico nunca hay que dejarlo de lado, el tema de los investigadores siempre está de la mano de nosotros. Muchos de los planes de los mapas de riesgo que tenemos en la ciudad han sido desarrollados por las instituciones académicas como es el Politécnico o la UNAM, es una colaboración muy cercana”, aseguró el funcionario.

Especialistas en la materia del Instituto de Sismología apoyan lo dicho por el secretario, pues aseguran que los códigos de construcción actuales están pensados para que las nuevas construcciones resistan sismos de hasta 8.5 grados en la escala de Richter. Sin embargo, y aunque los códigos de construcción han mejorado notablemente, hay muchas recomendaciones que todavía faltan por tomarse en cuenta, así lo afirmó el doctor Julio César Cuenca, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

“Hay tres tipos de subsuelo para resumir; tenemos la zona lacustre, la zona de transición y la zona rocosa, obviamente el método constructivo en un zona lacustre o una zona de lago debe de ser más estricto, debe de tener diferentes mecanismos constructivos, diferentes mecanismos de sedimentación a fin de garantizar la seguridad de las construcciones, pero esto es algo de lo que los constructores saben, dependiendo la región donde construyen la mecánica de suelos da cuenta de esto”, dijo el académico, quien también exhortó a realizar monitoreos constantes en los edificios que resistieron el sismo de 1985.

 

Organización y participación, lecciones del terremoto

Marcado ha quedado para siempre en nuestro imaginario ese siniestro, inclusive en el de quienes no lo vivimos. Por ello, siempre debemos estar alerta con planes de evacuación familiares y reacción en caso de que se repita tal evento.

El secretario de Protección Civil aseguró que no importa cuán estrictos sean los reglamentos, si las personas no tienen la consciencia para reaccionar de manera ordenada ante una situación similar. “La gente tiene que saber qué hacer en cualquier sismo. Debemos tener en cuenta que la actividad sísmica es una constante en la ciudad y por ello, no podemos bajar la guardia”, dijo.

La consciencia colectiva de los ciudadanos es una de las enseñanzas que nos dejó este acontecimiento, cuyas cicatrices las llevamos a 30 años de aquella mañana donde la naturaleza casi borra del mapa nuestra Ciudad de México.

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Televisa Chapultepec, uno de los cientos de edificios afectados. Foto: Cortesía.

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