POR Jessica Estefanía Jiménez Montoya y Eduardo Monroy Rodríguez

 

Salvador Allende Gossens es uno de los principales símbolos de la lucha por la emancipación antiimperialista en América Latina. Fue el primer socialista electo Jefe de Estado en la historia. Su muerte, suscitada durante un sanguinario golpe militar ahogó al gobierno de izquierda de un país conocido por su loca geografía, pero historia sensata. A partir de aquel 11 de septiembre de 1973, el martirio de Allende serviría para mantener encendida la llama de la esperanza de los militantes del mundo sobre la idea de que un mundo mejor es posible.

Uno de los mensajes que subyacen al suceso histórico chileno es que un verdadero hombre o mujer de izquierda debe luchar con ética y convicción por la vía que su consciencia le dicte como la mejor y que, por el contrario, desechar alguna de las múltiples vías para transformar la realidad es un error tan garrafal como apostar por una sola. Ya lo decía el Che en la dedicatoria escrita a su amigo Salvador Allende sobre el segundo ejemplar de Guerra de guerrillas que le regaló: “A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo”. Esta frase sería compartida por su correligionario Fidel Castro.

Aunque para Latinoamérica la década de 1970 representa la imposición de dictaduras para implantar posteriormente el neoliberalismo, la historia del fatídico golpe que puso fin al gobierno de Allende y dio pie al inicio de la dictadura de Augusto Pinochet se remonta varios años en el pasado. Allende nació el 26 de junio de 1908 en Valparaiso, Chile, en el seno de una familia burguesa de tradición liberal; hecho poco conocido es que a sus 15 años entró en contacto con Juan Demarchi, un viejo anarquista que platicaba con él y le prestaba libros, poniéndolo en contacto a muy temprana edad con ideas innovadoras para su época, ayudando a prender la chispa de lo que sería su vocación futura.

Desde 1926 estudió medicina en la Universidad de Chile en medio de un clima de intensas tensiones políticas, donde las obras de Marx y Lenin eran devoradas por la juventud inquieta de respuestas. Formó parte del grupo Avance, “el grupo más vigoroso de la izquierda”; también fue elegido presidente del Centro de Estudiantes de Medicina y vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile. Su actividad política le valió cinco procesos en cortes marciales, así como su expulsión de la universidad en 1932. Así, su paso por la universidad lo consagró a la lucha social.

Miembro fundador del Partido Socialista Chileno (1933), de corte marxista, llegó a ser Secretario General en 1943. Su vida política fue muy intensa, fue electo diputado por Valparaiso en 1937 y dos años más tarde fungió como Ministro de Salud Pública del gobierno radical de Pedro Aguirre Cerda, hasta ese momento Allende contaba apenas con 30 años.

La experiencia en el Ministerio de Salud lo puso en contacto con una realidad aterradora: Chile contaba con el nada honroso primer lugar en mortalidad infantil del mundo, sin duda esta experiencia motivó sus dotes como estadista.

Con el paso del tiempo, Allende se convirtió en candidato natural a la Presidencia de la República, compitiendo en 1952, 1958, 1964 y 1970; en la primera ocasión obtuvo un resultado marginal, en 58 y 64 quedó en segundo puesto. En el 70 venció finalmente de la mano de la Unidad Popular, coalición programática de partidos y organizaciones de Izquierda formada en 1969. En su programa se incluía la nacionalización de la minería del cobre, salitre, yodo, hierro y carbón, se establecían las actividades estratégicas para el país como la banca, la electricidad y la siderurgia, por mencionar algunas.

Asimismo, se afirmaba la condición de Chile como nación soberana en las relaciones internacionales, rechazando las presiones económicas, políticas y militares de las potencias sobre el país y demás pueblos del planeta. Empero, la victoria de Allende fue por un margen muy estrecho, poco más de 39 mil votos lo separaron de Jorge Alessandri, lo que dejó en manos del congreso la designación del presidente.

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Desde el primer momento el triunfo de Allende fue amenazado, dando inicio a la guerra económica y la desestabilización por todos los medios, echando mano de huelgas patronales, protestas callejeras, acaparamiento, paros de transportistas y un largo etcétera de medidas aconsejadas y ejecutadas por la CIA; dicho organismos de inteligencia estadounidense asesinó, el 28 de octubre del 70, a René Schneider, Jefe de las fuerzas armadas, quien no pretendía tomar parte en los planes desestabilizadores.

En poco tiempo, en un clima hostil y bajo presiones internacionales sólo comparables con las sufridas por Cuba, el gobierno de Allende impulsó grandes cambios para transformar las condiciones de vida de las y los chilenos. Las reformas que impulsó en sus tres años de gobierno a favor de los intereses del pueblo, de los oprimidos, de los excluidos, se enfocó en tres temas centrales: la economía, el campo y la educación. El cambió se daría a través del desmantelamiento del régimen de privilegios.

En términos económicos, el primer gobierno socialista de la historia por la vía del voto nacionalizó la industria del cobre, principal fuente de divisas para el país. Lo cual significó sentar las bases materiales para la soberanía de Chile, pues antes de ello, casi el 50 por ciento de la posesión de las minas de cobre estaba en manos de empresas estadounidenses. Por supuesto representó una afrenta a los intereses de la potencia mundial: Estados Unidos.

En el campo se aplicó la reforma agraria para desmontar la concentración de la tierra cultivable en un puñado de familias, el denominado latifundismo. En principio se prohibió la posesión de más de 80 hectáreas por persona. Pero la reforma contemplaba una visión integral relacionada con la construcción de capacidades en la población; no sólo se expropiaron los latifundios y se entregaron tierras a los campesinos sino se generaron programas de asistencia técnica y de créditos necesarios para la producción, en el marco del consumo requerido por el país chileno.

La creación de condiciones para la soberanía alimentaria necesariamente pasaba por la transformación de las relaciones sociales, comerciales e industriales, para ello este sector se dividía entre el Estado, el mercado y, con un creciente impulso, la sociedad civil conformada por las cooperativas campesinas o de consumidores. En consecuencia, se generó el reemplazo de los representantes de los intereses latifundistas en el gobierno, a la par del arribo de la representación de los campesinos a través de organizaciones sindicales, de formas de organización cooperativa y de los pequeños agricultores.

En términos de educación se matriculó al 99 por ciento de los niños en las escuelas construidas a razón de miles en todo Chile. El acceso a este derecho constituyó una prioridad, sobre todo para las familias empobrecidas, por ello impulsó la gratuidad de la universidad, para promover el pensamiento crítico y con compromiso social. En reconocimiento de las comunidades originarias y el relego histórico, impulsó un sistema de becas, principalmente para los mapuches.

Su profesión, compromiso social y preocupación por la salud se vieron reflejados en la instauración de un sistema de centros de salud en los barrios obreros. Frente al problema de desnutrición promovió un programa de suplementos alimenticios para los niños y niñas de primarias. A las mujeres embarazadas se les atendió en todas las etapas de gestación y se les pagaba, a partir del tercer mes, para asegurar la alimentación y lo mínimo necesario para el nacimiento del bebé. En el plano social también fomentó el aumento de las pensiones mínimas al doble de la inflación.

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“Tal osadía no podía quedar impune”

La conjura militar dio el tiro de gracia al gobierno democráticamente electo de Allende, quien murió en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. La vida de este célebre personaje terminó así, asediado por los medios de comunicación, bloqueado por el Congreso Nacional que no hacía más que boicotear toda iniciativa presidencial y con una rebelión mediática y de calle, auspiciada por la gran burguesía y el gobierno estadounidense.

Por ello, el 11 de septiembre se conmemora cada año y está presente en la memoria histórica de los movimientos y organizaciones sociales con aprendizajes concretos. La principal lección de la caída del gobierno de Unidad Popular es: ganar la presidencia, no es sinónimo de ganar la dirección del Estado y tampoco es lo mismo que ganar el poder. El Estado, un conjunto de Instituciones, no fue dirigido por gente afín al proyecto de la UP, en cuanto la clase dominante se vio desplazada de la presidencia se mudó a otro órgano donde anidó bajo el cobijo de la institución más reaccionaria del Estado chileno: el ejército.

De este modo, fortalecer las autonomías de la sociedad civil, entendida como la parte organizada del pueblo, resulta un desafío cada vez más apremiante para constituir bloques populares de poder para después tomarlo y democratizar mediante la participación informada, consciente y ética, las formas de organización social y, en consecuencia, generar procesos de democratización del Estado.

Actualmente, las experiencias exitosas del pueblo en América Latina como Bolivia con Evo Morales, Venezuela con Hugo Chávez, por ejemplo, dan cuenta que el sueño de Allende y de miles de invertir la pirámide y generar un mundo en el que quepamos todos y todas, es posible. Estos procesos del siglo XXI muestran que el legado de las revueltas indígenas, de Allende en Chile y de los movimientos sociales, políticos a lo largo de la historia se ha recuperado y procesado para dar lugar a nuevas experiencias de liberación frente a las cadenas de opresión. Mucho por hacer, mucho que aprender para alcanzar una vida digna, liberadora para el 99 por ciento de la población –los ahora excluidos-, coartada por un momento, en el histórico 11 de septiembre de 1973.

La lucha sigue y aún podemos escuchar a Víctor Jara entonando la inspiradora canción de la revuelta:

Desde el hondo crisol de la patria
se levanta el clamor popular;
ya se anuncia la nueva alborada,
todo Chile comienza a cantar.

Recordando al soldado valiente
cuyo ejemplo lo hiciera immortal
enfrentemos primero a la muerte:
traicionar a la patria jamas.

¡Venceremos, venceremos
mil cadenas habrá que romper
venceremos, venceremos,
la miseria sabremos vencer!

Campesinos, soldados y obreros,
la mujer de la patria también,
estudiantes, empleados, mineros
cumpliremos con nuestro deber.

Sembraremos la tierra de gloria;
socialista sera el porvenir,
todos juntos hamos la historia,
a cumplir, a cumplir, a cumplir.

¡Venceremos, venceremos
mil cadenas habrá que romper
venceremos, venceremos,
la miseria sabremos vencer!

https://www.youtube.com/watch?v=GDsZJ3iCzCc

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