Estados Unidos vs México, heridas y dominios

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Existen heridas que jamás se borran y al paso del tiempo, convertidas en cicatriz, nos recuerdan aquel episodio que marcó nuestras vidas. La historia de la selección mexicana está repleta de dichas marcas. Cuando la afición vuelve atrás y las contempla, recuerda y experimenta aquel dolor que un balón le provocó.

 

Una de ellas se dio en el ya lejano 2002, en las también alejadas tierras de Chonju, Corea del Sur. Era el Mundial de Corea y Japón. México había firmado una primera ronda de ensueño: líder de grupo en el sector donde estaba Croacia e Italia.

 

Por primera vez, el pase a cuartos de final se volvía palpable. El rival era un viejo conocido que se pensaba cliente frecuente del combinado nacional: Estados Unidos.

 

Como se esperaba, México dominó el partido. Pero el equipo de ‘las barras y las estrellas’ aprendió la fórmula que le daría hegemonía sobre el combinado tricolor: esperar y contragolpear. Dos palabras convertidas en acción. Ante la sorpresa de todos los mexicanos, Estados Unidos se impuso.

 

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Con la victoria de los estadounidenses nacería una herida imposible de olvidar para los mexicanos: 2-0. Desde entonces, ése se volvería un marcador común en juegos disputados por el tricolor en las tierras de Mickey Mouse.

 

 

Pero las heridas también permiten aprender lecciones y cambiar la dinámica del tiempo. México está ante la posibilidad de vencer a sus fantasmas y demostrar que aún recuerda por qué lo nombraron gigante de Concacaf.

 

El sábado 10, en el Rose Bowl de Los Ángeles, un nuevo episodio se llevará a cabo. Estados Unidos y México se disputarán el pase a la Copa Confederaciones de Rusia 2017. Un partido. La victoria. La gloria. La derrota de fantasmas. La reafirmación del dominio.

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