De ciclistas y otras circunstancias

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Se necesita repensar la consciencia y civismo de los citadinos. Especial.

 

Una horda de automóviles espera a que cambie el semáforo a verde. En el extremo derecho, personas aguardan, al igual que varios ciclistas quienes hacen lo propio.

 

Ríos de vehículos cruzan, uno tras otro, hasta que el color por fin cambia. No ha pasado un segundo cuando los carros, desesperados, pitan al de enfrente para que avance, pues hay prisa de por medio. Peatones, seguidos por ciclistas, se atraviesan pese a que no han terminado de pasar los coches. Así es un día en las calles de la Ciudad de México: un campo de batalla.

 

Y saco el tema a colación, porque en la última semana se ha levantado la polémica a raíz de dos accidentes donde usuarios de bicicletas fallecieron tras ser atropellados.

 

Incidentes lamentables porque en los últimos años el ánimo de la gente va cambiando, cada vez se voltea a ver más a este medio de transporte como una alternativa de movilidad eficiente ante la saturación vehicular. No obstante, el fallecimiento de una joven de 21 años y el de un hombre de 60, hacen que se replantee la posibilidad de utilizar la bicicleta para recorrer la ciudad.

 

¿Pero replantear qué?: ¿la saturación en el Distrito Federal por una pésima planeación de urbanización?, ¿las condiciones deplorables del transporte público?, ¿el aumento brutal del parque automovilístico?, ¿la inclusión de los ciclistas en reglamento de tránsito que los sancione más allá de una amonestación verbal? No señores. Se necesita repensar la consciencia y civismo de los citadinos.

 

Cuántas personas (sin excepción) no hemos sufrido un percance, menor o mayor, cuando nos desplazamos a nuestras escuelas, trabajos u hogares. Desde los empujones en el metro, hasta los que se ven envueltos en una imprudencia de un conductor. Todos somos responsables porque en muchos momento somos más victimarios que víctimas. Y esto incluye al chófer que juega carreras con los pasajeros y las personas que por costumbre (por no decir pereza) se atraviesan a mitad de avenidas.

 

Nunca nos hemos puesto a pensar sobre la necesidad del otro, ¿para qué?, si lo que yo quiero es llegar porque se me hizo tarde.

 

Estas situaciones sólo dejan en claro que la ciudadanía capitalina es completamente egoísta, pues cada persona, desde su trinchera (transporte en este caso), ocupa el lugar que “merece” sin pensar en el de a lado.

 

Evidentemente no eximo de ninguna responsabilidad a los gobiernos de esta ciudad. Ellos han sido los principales promotores del uso desmedido de los carros, pues prefieren hacer segundos pisos, pasos a desnivel o súper vías, a invertir en programas de educación vial, reglamentos de tránsito eficientes y mejoramiento del transporte público.

 

Algunos defensores del auto aseguran que las bicis no son para recorridos largos, pero, ¿acaso se resolverá si bajamos a los ciclistas y los ponemos a conducir? Los pro bici aseguran que la culpa de todo es de los automovilistas. Los peatones, que la culpa es de todos, menos de ellos. Y así podemos andar de queja, sin embargo, toda la gente que se pone en algún extremo, no entiende que el problema, no es un transporte u otro, sino quiénes lo conducen. Hasta que no entendamos las reglas de convivencia y civilidad, no nos daremos cuenta que tarde o temprano, a todos nos toca andar a pie, bici, transporte o automóvil particular.

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