Entre frivolidades y civismo

Han pasado poquito más de tres años desde que el hijo pródigo de Atlacomulco, Enrique Peña Nieto, subió a la primer magistratura de nuestro país.

 

Durante este trienio, el poder ejecutivo ha dejado mucho que desear. Por enumerar algunos datos están sus reformas, que no han dado los resultados pregonados durante su negociación y promulgación; la inseguridad, que si con Felipe Calderón fue un tema que costó miles de muertos, Peña Nieto no ha hecho más que tapar el sol con verdades históricas; la corrupción, donde casas blancas, OHL y conflictos de interés, han desnudado la incapacidad de este gobierno ante esta situación; la economía, donde el dólar alcanzó máximos históricos, durante buena parte de este 2015.

 

Y así podríamos continuar con el desplegado de horrores, capaces de ignorar en muchas ocasiones las leyes de la física, pues esas acciones, aparentemente, no han generado reacciones igual de fuertes pero en sentido contrario.

 

Pero, más allá de estas desalentadoras cifras que son un momento al estancamiento, la desigualdad y la indiferencia, este gobierno se ha caracterizado por una cosa en particular: la frivolidad.

 

Y es que mientras el país ha tenido verdaderas situaciones de crisis, Enrique Peña Nieto y los suyos han estado de placeres en distintos países de Europa. Comiendo con reyes, yendo de compras, siempre con una pulcra imagen, pues el maquillista no podía quedarse en México ¿Qué pensarían de nosotros como pueblo si tenemos una primera dama fea?

 

Al presidente, más que importarle el país, le importa su imagen, cómo se viste su prole y hasta cómo viaja, no por nada el mandatario vuela en uno de los aviones particulares más costosos del mundo.

 

Su sexenio se reduce a la pobreza, no de su pueblo, sino de su calidad humana, pues mientras Angélica Rivera y Peña compartían los desaires, los feminicidios, las desapariciones, la corrupción, afloraba como mala hierba.

 

No obstante, no todo está perdido. Pues mientras el país se desmorona, pequeños destellos iluminan el paraje brumoso nacional. El pasado domingo 6 de diciembre, los habitantes de la delegación Cuauhtémoc salieron a las calles para votar en contra del Corredor Cultural Chapultepec. Obra de carácter privado que sin pies ni cabeza, pretendía edificar un segundo piso peatonal con fines lúdicos y de esparcimiento, cuyos costos y beneficios estuvieron empañados desde el primer momento. La respuesta de los ciudadanos fue no. Y su rechazo ordenado, pacífico y puntual, fue respaldado por poco más de 14 mil votantes.

 

Ahora, los habitantes de las colonias donde se tenía pensado levantar una obra que nadie pidió, están a la espera de la confirmación por parte de las autoridades capitalinas sobre la declinación de este proyecto.

 

Así pues, en la sociedad navega entre mares turbios y ríos caudalosos.

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