Becarios… la nueva figura de la esclavitud de los millenials

Tal vez más de uno sepa que trabajé en TV UNAM. Para quienes no, estuve al servicio de la televisora de la universidad por cuatro años como reportero cultural. Renuncié hace un par de semanas, en buena parte por la necesidad de tener oportunidades laborales diferentes y también por falta de claridad en el proyecto actual, pero no ahondaré en esa situación.

 

Resulta que como cualquier desempleado, he tenido que tocar varias puertas para desempeñar mi profesión. En ese andar tuve una entrevista el pasado lunes 28 de marzo. En ella había ocho aspirantes a redactor para una revista cuyo nombre prefiero omitir. La reclutadora, de nombre Cristian, fue en principio clara con quienes estábamos ahí: “No hay promesa de contratación y la vacante es para ser becario”.

 

No me molestó. Por lo general los becarios pueden ganar desde mil 500 hasta siete mil pesos por medio tiempo o menos dependiendo el lugar y las tareas. Lo dramático de esta “vacante” no fueron los 600 pesos mensuales que dan como “apoyo económico” (sí, 600 monedas de a peso por 30 días de trabajo, eso sí, hay que asistir cinco días a la semana y cubrir el turno de cuatro horas si se quiere cobrar), sino la disposición de varios jóvenes por trabajar ahí después de haber oído tal monstruosidad.

 

Mi expresión, interna y externa, fue de absoluto asombro. Insisto, más allá de la miserable paga que ni para los pasajes debe alcanzar, me impresionó la intención de algunos chavos, la mayoría con estudios concluidos (dicho por ellos mismos), de querer trabajar en tan raquíticas condiciones. Una de ellas incluso comentó que venía de San Miguel de Allende, Guanajuato, y que le interesaba mucho incorporarse a la revista.

 

Me vinieron muchas preguntas a la cabeza: ¿por qué los jóvenes deprecian tanto sus conocimientos?, ¿acaso la idea de “empezar desde abajo” les ha borrado de la cabeza el concepto “pago justo”?, ¿es esta la razón por la que los periodistas y comunicólogos en general son vistos como recursos desechables y por ello tantas injusticias laborales, económicas, sociales?

 

Francamente quedé aterrado. En efecto, por la insensibilidad de parte de las empresas por desdibujar la figura del “becario” y verlo como un trabajador más, sólo que más barato, sin prestaciones y por supuesto, sin seguridad social, vaya, un simi trabajador. Por otro lado, me parece inaudito que los jóvenes se prostituyan de esa manera sólo por “hacer experiencia”, como si recibieran un favor de quienes los contratan.

 

En efecto, dependencias públicas y privadas han olvidado a propósito la definición de becario por meros intereses económicos. Lo desesperante es que los millenials (me choca haber pertenecido a esta generación), también olviden que esto debe ser visto como un apoyo y no como un sacrificio. Espero que en el futuro esto pronto se regule por las autoridades correspondientes, porque de seguir bajo esta senda, México está en riesgo de convertirse en un país de becarios/esclavos del siglo XXI.

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