Las fiestas de los poderosos, las cruces de los pobres

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Primero que nada me quiero disculpar. Llevo varias semanas sin publicar nada y si hay algo que critico en cantidad es la falta de constancia. Sin más, el circo regresa y traerá funciones cada semana.

 

Es curioso como la ingenuidad (no le llamemos estupidez) de los políticos hacen que caigan por su propio dedo y conexión a internet. Resulta que el fin de semana, Diego Fernández de Cevallos festejó su cumpleaños 75. El ex senador, ex diputado y ex candidato a la presidencia decidió hacer una fiesta con la crema y nata nacional donde políticos de todas las facciones, ex presidentes, empresarios, gobernadores y periodistas, se dieron cita para celebrar a “El Jefe Diego”.

 

El festejo se dio a conocer gracias a Xochitl Gálvez Ruiz, delegada de Miguel Hidalgo, quien mediante Periscope mostró a los invitados. Entre los asistentes figuran Carlos Slim, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Navarrete, Felipe Calderón Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva, por mencionar algunos.

 

La fiesta per se no importa. Cualquiera tiene el derecho a celebrar su cumpleaños e invitar a quien mejor le plazca. Es más, ya no sorprende siquiera que políticos de ideologías “opuestas” se reúnan tan abiertamente. Lo que indigna, lo de siempre, es la desfachatez con la que estos, los de arriba, los que deciden, se exhiban en comidas rimbombantes para demostrar que México está controlado por cínicos cuya relación simbiótica les permite estar en ese lugar.

 

Simplemente y, de acuerdo con cifras publicadas en 2015 por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el porcentaje de población en pobreza subió de 45.5 a 46.2 por ciento. En el mismo informe se menciona que en 2014 el poder de compra de las familias por hogar se redujo, desde 2012, a un 3.5 por ciento.

 

Y no hablemos del desempleo, que si bien de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las tasas de desocupación descendieron a 4.1 por ciento, no ha sido suficiente para crear siquiera la mitad de los trabajos que el país necesita.

 

Eso sí, los poderosos se siguen reuniendo bajo esquemas de inmunidad e impunidad, demostrando que en México lo que falta no es dinero sino igualdad. Y mientras más largas sean las fiestas, más pesada será nuestra cruz.

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