¡Ya estoy harto!

En las últimas semanas nos hemos enterado de múltiples casos de abusos contra mujeres. Desde el ataque en la Condesa a la colaboradora de Vice, Andrea Noel, hasta las violaciones de jóvenes ocurridas en Veracruz por hijos de influyentes, lo que nos dan una enorme lista que desafortunadamente todos los días se va nutriendo y que la hace interminable. Cada violación, manoseo, chiflido, mirada, deja en evidencia la falta de civilidad y el absoluto machismo en el que la sociedad mexicana está hundida.

 

Algunas situaciones han superado nuestra propia indiferencia y nos han dejado cicatrices profundas, no sólo a las víctimas, sino a quienes estamos de alguna u otra forma un poco más cerca de ellas, a quienes considero las valientes, las fuertes, las que cambian el país al no callar. En lo particular, casos como el de la editora de El Universal o la estudiante de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, me ponen a reflexionar sobre lo que estamos haciendo mal y llego a una sola conclusión: todo.

 

Lo digo de esta manera porque en vez de contarrestar, mas no victimizar, muchos “hombres” se han dedicado a sobajarlas y amenazarlas. Pero esto no viene solo. Se da desde pequeñas e inofensivas situaciones como dividir las tareas y atribuciones en casa de acuerdo al género, hasta aquellos que creen tener derecho sobre las mujeres, conocidas y extrañas, quienes por el simple hecho de ser “hombres”, consideran que pueden estar por encima, y por ende, dirigirse a ellas de maneras despectivas, con connotaciones sexuales, o simplemente, con intención de demostrar que ellas no son nadie sin que el género masculino las proteja.

 

Toda esta normalización de la violencia contra la mujer, ha vuelto “invisibles” nuestras reiteradas ofensas hacia ellas, mismas que sin plena consciencia, ocurren entre mujeres y que no se arreglan con un “perdón, no me di cuenta”. Tal vez por eso nos causa tanto revuelo los casos antes señalados, no sólo por las terribles agresiones, sino porque nos hemos dado cuenta de lo cerca que estamos de esas vejaciones y de las monstruosidades de las que somos capaces.

 

En lo particular, estoy harto de que las mujeres vivan con limitaciones en cuanto a su vestimenta y comportamiento, sólo para evitar ser tachadas de “putas”; estoy harto de que los padres de violadores y acosadores señalen, acusen y evadan la responsabilidad de sus críos para decir que ellas son las incitadoras y provocadoras. Considero que debemos tomar partido en todas y cada una de esas acciones, porque definitivamente, todos somos parte de ellas de alguna u otra forma, incluso si nos quedamos callados, pues hasta la omisión nos hace cómplices de la violencia. Quizá si cambiamos eso, lograremos mejorar nuestro entorno, no sólo en ese aspecto, sino en nuestra manera de ser ciudadanos, de ser mexicanos.

Violencia contra la mujer

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