Punto de quiebre, la novela política de Liceaga

 

Portada Punto de quiebre

Punto de Quiebre, novela de reciente aparición de Cristina Liceaga, nos muestra que la relación entre política y relaciones no es tan distante como pensamos. La memoria personal, al igual que la colectiva, siempre corre el riesgo de extraviarse un poco, de perdonar y de caer en círculos viciosos infinitos. La autora nos habla del proceso de escritura de esta novela, de sus influencias y de la relación que guarda con los personajes.

 

¿Cómo se gestó la novela Punto de quiebre?

Punto de quiebre es una novela que tuvo un proceso un poco largo y complicado, el cual inició en septiembre de 2013. Surgió después de dos puntos de quiebre importantes en mi vida y en la del país. Por un lado, yo estaba saliendo de una relación muy complicada y larga, además de que el 2012 fue un año extraño para mí a nivel laboral. Por el otro, a mí, como imagino a millones de mexicanos, me pegó que el PRI regresara a la presidencia después de que había salido en el año 2000 y, más sabiendo lo que su regreso significaba. Sentí que la sociedad no tenía memoria y que nuestra historia era un círculo vicioso del que no queríamos salir.

 

Creo que la frase de “la historia es cíclica y el engaño también”, que está al inicio de la novela, es muy acertada para resumir lo que digo. Y a raíz de todo esto tuve la necesidad de plasmar ambos puntos de quiebre en una novela en la que pudiera mezclar lo político con lo amoroso.

 

El primer borrador lo terminé muy rápido, en seis meses. Cuando lo finalicé, ingenuamente pensé que ya estaba listo, cuando en realidad era sólo un primer borrador muy malo, que tuve que rehacer casi completamente después de someterlo a varios informes de lectura profesionales. La versión final me tomó otro año, desde diciembre de 2014 a diciembre de 2015. Esta versión también la sometí a informes de lectura y a la opinión de amigos escritores, quienes me ayudaron a corregir los últimos detalles. En diciembre del año pasado sentí que la novela ya estaba lista para publicar, por lo que en enero la mandé a cinco editoriales y cinco agentes literarios, con los que pensé que habría posibilidad de publicar. Afortunadamente, Acribus se interesó por ella y para febrero de 2016 ya estaba firmando contrato.

 

¿Cuál era tu mayor preocupación al momento de escribir Punto de Quiebre?

Cuando escribí el primer borrador, ninguna, porque realmente escribirlo fue una catarsis. Vomitaba palabras aunque no tuviera claro hacia dónde iban. En la reescritura empezaron las preocupaciones. Sobre todo temía que los saltos de tiempo y persona en la primera y tercera parte no se entendieran, que los personajes principales no se diferenciaran, que el lenguaje cayera en lo cursi. Lo que más me costó trabajo fue soltar la novela, ponerle un punto final, en cada relectura le encontraba errores y trataba de corregirlos. De hecho, la novela está ya publicada y le sigo encontrando detalles.

 

¿Qué relación guarda esta historia con tu vida personal?

Muy poca. Aunque Mercedes y yo tenemos rasgos biográficos similares, como haber trabajado en un periódico o haber vivido en Italia, hasta ahí llegan las coincidencias.

 

Tal vez sí tomé prestadas dos o tres cosas de mi vida personal, pero nada más. Lo que sí es que me inspiré en varias personas que he conocido para crear a los personajes secundarios. El ejemplo más claro es el de Nuris, la colombiana que defiende los derechos de los inmigrantes en Italia, ella es el único personaje cien por ciento real, que está basado en una amiga que conocí cuando yo vivía en ese país.

 

¿Qué opinas de los periodistas llamados “chayoteros” en la actualidad?

El “chayo” sigue existiendo en diversas modalidades. No necesariamente es que un periodista reciba un sobre con dinero, o regalos ostentosos. También existe bajo formas más sutiles como comidas que las instituciones políticas ofrecen a los periodistas después de ciertos eventos o desayunos con la fuente, los cuales no son muy humildes que digamos.

 

Un ejemplo es el que pongo en la novela, cuando Matías invita a los periodistas de la fuente de presidencia a cenar a un restaurante elegante y, al final, les da recomendaciones para que escriban sus notas.

 

Algunos medios prohíben esas comidas, pero los periodistas siguen aceptándolas. Creo que está en ellos ir o no y, sobre todo, dejarse influir por estos “chayos sutiles” para ejercer su libertad de expresión.

 

Para ti ¿cuál es la función de la novela en la actualidad?

Creo que todas las novelas, independientemente de su género, tienen una función, que puede ir desde entretener o brindar ciertas herramientas o conocimientos, hasta poner el dedo en la llaga de nuestra realidad socio-político-cultural. Esas son mis favoritas, las que nos hacen reflexionar acerca de cierta problemática contemporánea.

 

Afortunadamente en nuestro país hay varios ejemplos. Nombro a grandes novelas del siglo pasado que cuestionaron la efectividad de la Revolución Mexicana, como La muerte de Artemio Cruz de Fuentes o en el género de dramaturgia tenemos Felipe Ángeles de Elena Garro. Ambas son obras brutales que expusieron y desenmascararon el discurso oficial.

 

¿Cómo resuelven sus contradicciones tus personajes en Punto de Quiebre?

Creo que no las resuelven; por el contrario, las aceptan y transgreden para lograr sus propósitos. Matías traiciona su ideología política, sus sentimientos hacia Mercedes y sus sueños de juventud con tal de tener poder y no alejarse de las cúpulas gobernantes.

 

Mercedes, por su parte, aunque se aleja de Matías dos veces, siempre regresa con él por amor o por costumbre. Aunque hay una parte de la novela en que Mercedes traiciona sus principios y cae en esta espiral de excesos a costa del poder, no lo hace por iniciativa propia, sino por lo engaños de Matías, a quien siempre acaba perdonando pese a todo.

 

Es ahí donde trato de hacer una alegoría de la sociedad con el gobierno, sea del partido que sea. Mercedes es como gran parte de la ciudadanía que perdona al gobierno, el cual en el caso de la novela está representado por Matías, mientras que Mercedes simboliza a una sociedad que no es capaz de reaccionar, movilizarse y proponer para mejorar, que no va más allá del voto y que, como el personaje, a veces se va con otros, pero no hace nada para que las cosas cambien de fondo.

 

¿Quiénes son tus influencias en el mundo literario actual y qué autores te influyeron en la escritura de esta novela?

La gran influencia de Punto de quiebre es La guerra de Galio de Héctor Aguilar Camín. De hecho, la protagonista se llama Mercedes en honor a Mercedes Biedma, la protagonista de La guerra. Leí la novela en la universidad y me trastocó la forma en que se mezclaban política, periodismo y la relación que hay entre Vigil y Mercedes.

 

Otra influencia fue El vuelo de la reina de Tomás Eloy Martínez, que también mezcla periodismo con una relación de pareja.

 

Mis influencias literarias, en general, son más bien autores ya fallecidos como Faulkner o Dostoyevski. Entre los autores que me han sacudido está Coetzee con su Diario de un mal año, Evelio Rosero con Los ejércitos, Emiliano Monge con El cielo árido o mi maestro Edson Lechuga.

 

Pero, sobre todo, me considero una promotora y lectora de plumas femeninas. Me parece que hay escritoras maravillosas que me han marcado y que influyen en mi trabajo como Virginia Woolf, Clarice Lispector, Elena Garro, Herta Müller, Alejandra Pizarnik o Agota Kristof.

yo

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