Carta abierta a los mexicanos y los miembros del PRI: El plagio de Peña y la necesidad de la autocritica

Conozco a mucha gente que milita en partidos políticos. La mayoría, sino es que todos aquellos a quienes aprecio y considero mis amigos y amigas, son personas inteligentes y brillantes. Asimismo, la mayoría creen en la política como un vehículo de consenso y como un instrumento de cambio, creen en la posibilidad de mejorar la vida política de nuestro país, así como mejorar sus instituciones.

 

Jamás he militado en un partido político, porque considero que exige de una expresión de fidelidad que muchas veces no comparto, en la cual, debido a la afinidad o deuda con una institución política de este tipo se debe renunciar a nuestra capacidad de crítica, a nuestro derecho de alzar la voz y mostrar nuestro malestar en contra de aquello que es incorrecto. Si bien mantenernos callados lo considero ya como un hecho desleal, defender lo indefendible y abogar por aquello que no merece el más mínimo alegato me parece un hecho aún más deplorable.

 

No sé cómo se entienda la lealtad en los partidos políticos, y quizá es por eso que nunca he militado en ellos, pero creo que cuando perdemos nuestra capacidad de crítica y autocrítica renunciamos a uno de nuestros máximos derechos y fortalezas: pensar que las cosas pueden ser diferentes y mejores. Al aceptar esto, renunciamos también a modificar las instituciones y la calidad de nuestros gobernantes, funcionarios públicos y ciudadanía.

 

Lo acontecido con la cuestión del plagio del Presidente de la República me ha molestado en el sentido de que una gran mayoría de las personas lo han aceptado como un hecho del más mínimo interés. Se han manifestado opiniones que argumentan que si el mismo Peña Nieto ha hecho eso, ¿por qué no lo podemos hacer todos nosotros?

 

Se han compartido cientos de imágenes desvalorizando el esfuerzo de los estudiantes universitarios, de posgrado, y aquellos que se dedican a la docencia y la investigación a razón de una persona que obtuvo su título de licenciatura con una tesis plagiada al 29 por ciento. En ese sentido ¿para qué deben esforzarse los demás? Si la máxima autoridad política de nuestro país lo hizo y hoy es presidente.

 

De forma inevitable, los militantes de ese partido político han salido en defensa del Presidente de la República y lo han hecho sin la más mínima reflexión de la gravedad de lo que implica este hecho. De forma personal diré que para mí son admirables aquellas personas que tienen una ideología, que la defienden y la utilizan como recurso para el cambio político y el consenso. Lo que no comparto es que esa ideología se convierta en fanatismo, que se pierda la capacidad del reclamo.

 

Sé que mucha gente milita en el partido del presidente Enrique Peña Nieto, dado que su historia, sus plataformas políticas y sus grupos de militantes, lo consideran el mejor vehículo para abrir la posibilidad de un cambio dentro del sistema y la vida política.

 

Lo que se me hace inadmisible es que defiendan a una persona que no vale absolutamente nada en lo más mínimo. Y ante esto, los invito a una reflexión, si son verdaderos militantes de ese partido, si creen en la política como un instrumento de cambio y consenso, no den la cara por un personaje como Enrique Peña Nieto. Ese partido político ha tenido grandes miembros a través de su historia como Antonio Ortíz Mena, Jesús Reyes Heroles, Jesús Silva Herzog, Miguel de la Madrid Hurtado o Isidro Fabela. Muchos de ellos académicos, escritores, periodistas y diplomáticos mexicanos. Si quieren defender algo de esa institución política defiendan el legado de estas personalidades, que independientemente de su color e ideología, aportaron algo valioso al desarrollo de México como nación.

 

A la par reflexionen qué tan alejados están nuestros operadores políticos de los nombres que menciono anteriormente. Reflexionen que tan alejado está Enrique Peña Nieto de un personaje como Isidro Fabela, fundador del grupo Atlacomulco, o de Miguel de la Madrid Hurtado, quien también fue presidente de México.

 

Sólo en ese punto, tal vez puedan entender mi malestar y la crisis política y social que existe en nuestro país y los grandes retos que lo esperan. Así como entender y abrazar, que es lo que espero con todo el corazón ya que los aprecio mucho, una visión más noble y autocrítica de la política.

 

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