Alvarado no sólo cayó por sus dedos, sino por sus acciones

Érase una vez una televisora muy chiquita, llamada TV UNAM, donde existían muchos sueños pese a la desigualdad salarial y la falta de compromiso de parte de muchos de sus trabajadores. Esta historia, lamento decirles, no es una ficción sino una realidad que existió mientras formé parte de sus filas.

 

En ese canal, el cual quiero mucho porque me formó profesional y personalmente hablando, había una clara falta de voluntades en los diferentes niveles de trabajo, que pasaba desde los de intendencia hasta los tomadores de las decisiones importantes.

 

Pero no voy a hablar de lo que fue en ese momento. Cada uno de los que trabajó conmigo en ese periodo sabe lo que hizo, lo que no hizo y sus diferentes por qué. Hablaré de las aspiraciones que tenía este modesto canal cuando su ahora ex director Nicolás Alvarado tomó las riendas.

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Desde el jueves 21 de enero que Alvarado llegó para presentarse en las instalaciones, había mucha incertidumbre, misma que fue fabricada por él mismo, pues en vez de dar a conocer su nombramiento en la propia Universidad Nacional, prefirió dar la primicia, el 18 de enero, en Primero Noticias, el extinto noticiero de Carlos Loret de Mola, donde colaboraba con su sección “Primero Cultura”.

 

La presentación con los trabajadores no trascendió, nunca buscó un encuentro individual con los integrantes de la dependencia universitaria, pues sólo se limitó a observar los pasillos de la primera y segunda planta del edificio principal, en esos escasos recorridos donde lo llegué a ver. Soberbio desde el primer día.

 

Lo que vino después ocurre cuando inician nuevos ciclos: el despido de personas para favorecer el proyecto de quienes asumen el control del lugar, entre ellas la subdirectora de Información, destacada líder en todo el sentido de la palabra.

 

Fueron momentos de mucha tensión, de constantes fricciones entre nosotros (los que formábamos parte de esa subdirección) incluso de algunas traiciones causadas por el desconocimiento absoluto del rumbo que tomaría TV UNAM, a pesar que Alvarado puso a alguien que se hiciera cargo de nuestra área y nos “informara”, muy superficialmente, sobre lo que él quería.

 

Sin embargo, se trató de salir adelante, aún sin conocer el propósito real de varias decisiones tomadas, entre ellas, eliminar el “noticierito” Inventario (así de despectivo fue siempre Nicolás Alvarado con lo producido en el canal) que varios reporteros, conductores, realizadores y staff, construyeron durante poco más de 10 años.

 

Pasaron las semanas y los únicos cambios que se veían eran de personal. Cada vez se iban más personas y aumentaba la división, sin importar las promesas de trabajo y los “aumentos” que algún día llegarían. Todo era incertidumbre. Así continúo, incluso después de mi salida del canal, decisión que tomé a motu propio sin ninguna clase de presión.

 

La gente que se quedó, a quienes les guardo un afecto muy especial dado que a varios de ellos los considero mis amigos, siguieron bajo la misma inercia: sin información, sin motivaciones, aunque eso sí, las promesas de una nueva página de internet y de una señal más dinámica nunca faltaron.

 

Se hacían castings y al mismo tiempo se hablaba que el presupuesto no favorecía a los planes para relanzar TV UNAM. Pero nada, sólo se seguía ‘mareando’ a la gente, por lo que algunos incluso prefirieron irse, en especial becarios, ya que se les exigía mucho más de lo pactado por sus 2 mil pesos mensuales.

 

Un par de “cambios” llegaron: la instalación de la Cafetería 3/8 y la desaparición de varios programas, entre ellos Inventario. Pero más allá de eso, nada. Las promesas de la dichosa página sólo se postergaba tanto como el relanzamiento, alegando que la falta de dinero era el principal obstáculo, razón por la que se buscaban co-producciones con facultades y otras dependencias dentro y fuera de la UNAM.

 

Llegó el día de la presentación de TV UNAM. Con bombo y platillo se dijo, el 3 de agosto, que el canal se volvería un productora con 18 horas de contenido semanal. Parecía que Alvarado por fin lograba callar las bocas que lo criticaron por venir de Televisa y estudiar en la Universidad Iberoamericana, y de los sindicalizados, quienes en ligeros intentos de protesta mostraban su rechazo.

 

Para entonces, sus subordinados directos ya habían hecho varias tropelías: despidos y jubilaciones forzadas que fueron parte de los movimientos solapados por el director. Unas ocurrieron apenas esta semana, donde varias personas con plaza de confianza fueron liquidados.

 

Hoy, Nicolás Alvarado Vale fue retirado de su cargo, aparentemente por una columna publicada en Milenio donde mostró su desdén por Juan Gabriel. Pero más allá de eso, Nicolás no le entregó la renuncia al rector Enrique Graue por decir que no le gustaba JuanGa “me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas, su sintaxis no por poco literarias sino por iletrada”, más bien, esa declaración fue la gota que derramó el vaso. No sólo cayó por sus dedos, sino por sus acciones.

 

Alvarado le ha salido muy caro a la Universidad (económica y públicamente hablando). La ausencia de humildad, las liquidaciones, los movimientos y la falta de acuerdos, son parte de la factura que hoy le toca pagar a la UNAM, especialmente a aquellos que se quedaron sin trabajo, pues, justificado o no, es un lujo que no se podía dar nuestra casa de estudios en esta época.

 

Así termina otro ciclo para TV UNAM, pero no la historia de esta televisora fundada en 1985, y que durante todo este tiempo ha salido avante pese a las carencias técnicas y económicas, pues ante todo, mucha de su gente ha tenido corazón para producir material para Canal 22, Foro TV y RTC, y ésta vez no será la excepción. Sin duda, vendrán tiempos mejores para el canal cultural de los universitarios.

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