Navegar en tres patrias con la música como bandera (y arma) Entrevista con Inma Serrano

 

Un viaje, un sueño

“Si me provocas/ Pondré las cartas boca hacia arriba/ Yo te confieso tu presencia/ Te ha convertido ya en mi estrella/ Que tu luz te ha convertido en mi luz/ Que tu boca convirtió mi suerte”, dice un fragmento de “Si me provocas” de Inma Serrano, que más que una canción de amor, es una declaración, no a una persona, a ningún humano, sino a un país: México.

 

“Si me provocas” es una de las canciones que más han definido a Inma durante los últimos años, unos siete, que son los que lleva radicando aquí la cantautora originaria de Alicante, España, que, luego de viajar por Latinoamérica impartiendo talleres de composición, encontró en Valle de Bravo un Mediterráneo más personal.

 

“Estuve en Buenos Aires, estuve en Santiago de Chile, en Lima, en todos lados…, y resulta que llegué a México y me sentí como en casa, no sé, fue una cosa muy fuerte. Y entonces yo dije, bueno yo tengo que volver, yo tengo que provocar más excusas y entonces ya fui organizando más talleres, conciertos”.

 

Yo digo –continúa- que la señal es cuando dejas el boleto de vuelta a España y no lo utilizas, esa es la señal de que estás integrada a un país. Ya no te apetece tanto volver. Ha sido un cúmulo de vivir experiencias que me han hecho, al final, darme cuenta de que estoy viviendo en México”, dice la autora de “Cantos de sirena”.

 

La raíz de Serrano está muy marcada es su legado musical, pero el abanico sonoro de la Suave Patria influyó en el verso de la cantautora. “Nosotros hablamos muy duro. El hablar es mucho más bonito y se refleja en todo, el vocabulario es mucho más rico, allá hemos reducido muchísimo nuestro vocabulario, los adjetivos, para describir las cosas… El modo de decir, hola, qué tal, cómo estás… La liturgia de cuando te encuentras, te despides y eso me hace muy feliz. Es un modo de vida al que me he integrado perfectamente porque lo que vives es lo que traduces al final en las composiciones. Y como acá todo es música, las 24 horas del día, pues me ha venido muy bien”.

 

Al tiempo de su llegada a tierras mexicanas, la compositora lucentina edificó una unión atrevida y bien lograda de culturas que logra su cúspide en el disco Mi Sueño (2015). Ahí, canciones como “Volveré a Oaxaca” y “María Tepozteca” encuentran su fuerza entre violines de mariachi y palmadas flamencas.

 

En España se admira mucho la música de mariachi, explica Inma. “Fíjate que allá lo típico tiene que ser el flamenco y cada vez que hay fiesta en una casa, todo el mundo acaba cantando canciones José Alfredo Jiménez, el rey, con dinero, sin dinero… o sea que es una cultura muy cercana a cualquier español y entonces es cuando vienes aquí, te integras, lo vives y aprendes de muchos artistas que son fenomenales”.

 

A decir de la cantautora, en México los artistas son “muy redondos”, completos: “Puede ser actriz, actor cantante, puede ser conductor. Es toda una magia que envuelve el personaje. Por ejemplo, Susana Adicción es una mujer súper atractiva, divertida y tiene un coco brutal. Es una transgresora. Me gustan los artistas, artistas, que tienen algo qué contar”, confiesa Inma.

 

Uno que tiene mucho que contar y que hace mancuerna en la nueva producción de la cantautora española, es el mexicano Edgar Oceransky. “Se ha convertido en el embajador de todos los cantautores españoles, desde el Trova Fest”, asegura la artista.

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La música como arma

Una canción icónica de la española es “Princesa tú, princesa yo” (Mi sueño, 2015), una entrega que habla expresamente del romance entre dos mujeres. Al preguntarle a Inma sobre cómo vive ella, como artista, el contexto que vive México en la lucha por los derechos de la comunidad LGBT y concretamente sobre el matrimonio igualitario, ella describió la música como “un arma brutal” para la visibilización de la realidad.

 

“El punto es que el amor lo cura todo, el conocimiento, la visibilidad. No sólo en la cuestión lésbico gay, en muchas cuestiones cuando la gente se pone así de uñas es porque no conoce”, dice refiriéndose a los detractores de la adopción para parejas del mismo sexo.

 

“Por ejemplo, yo he escuchado cosas tan absurdas como «los gays no pueden adoptar… bueno, tú es otra cosa», pero a ver ¡cómo que yo soy otra cosa!, yo soy igual de gay que cualquier gay que quiera adoptar, pero como me conocen, hay amor, hay conocimiento, no hay miedo.

 

Entonces, el único paso para que se normalice la situación es visibilizándola, para que cuando alguien te conozca y da la casualidad que surja la conversación de «que tengo novio, tengo novia», haya un acercamiento, que surja la empatía, entonces la música es un arma brutal.

 

Inma pone el ejemplo de sus conciertos, cuando interpreta “Princesa tú, princesa yo”. “Siempre se la dedico a los chicos, para que saquen esa parte femenina que tanto nos gusta a todas, y entonces que cante con nosotras. Nosotras hemos cantado toda la vida a ellos con el género masculino. Que ellos canten “Princesa tú, princesa yo” no pasa nada. Te prometo que cantan y se la pasan bomba ¡y funciona! La música es una forma de ir allanando el camino”, explica entusiasmada.

 

“Se me hace tan surrealista en el 2016 tener que explicarle a alguien que tienes sentido común, que eres respetuosa, que no has matado a nadie, que el pecado es un invento absurdo”.

Viaje a Inmalandia

En Inmalandia (2016), material que se presentará el 16 de noviembre en el Lunario del Auditorio Nacional, se dan cita 14 artistas muy diversos en diálogo musical con Inma Serrano. Nada más y nada menos que Pedro Guerra, Thaliszmente, Tontxu, Vivir Quintana, Anne Yvker, Lu Miranda, Mai Meneses, Los Love Kills, Diana Vanoni, El Valentino, Carlos Quezada, Ramón Ruiz y Vicente Segui y el mencionado Edgar Oceransky, con quien comparte el tema “Yo me quedo con tu amor”, primer sencillo del disco.

 

Inma cuenta que este material reúne a cantautores que la han influido artísticamente y con los que, además, estableció una relación amistosa. En “Te invito”, la compositora le canta a Pedro Guerra: “Nunca te lo había dicho, pero te admiro” y él mismo le contesta, “estoy encantado de estar aquí de frente”.

 

“A Pedro le pregunté si quería, y le compuse una canción dedicada a él. Le hice una canción de admiración, y fue muy gracioso porque se la envié y le gustó mucho. Somos de la misma hornada que salimos de cantautores. En España parecía que se había parado toda la cuestión de cantautores después de los grades, de Aute, de Víctor Manuel… En ese momento se abrió una puerta y entramos Javier Álvarez, Pedro Guerra y yo. En ese primer año sacamos los tres el disco a la vez y coincidimos mucha veces pero no nos habíamos visto hace mucho tiempo”.

Todos los artistas reunidos en Inmalandia tienen un porqué. Tontxu, por ejemplo, es casi un hermano musical de la cantautora: “Tenemos una gran amistad, aparte de admiración mutua. Cuando hablo del «parchis», resulta que él tiene una canción que es una partida de risk. “Mezclar tus fichas con las mías/ Bajo la mesa/ Tramposas tus caricias”, cantó Tontxu.

 

Ahora, Inma mezcla las fichas de estilos, ritmos y temas. “Hay una parte más moderna, más transgresora que tiene que ver con Raúl Ruiz, que ha sido el coproductor e integrante de Los Love Kills, y él fue el que la animó hacer este disco «pero vete no con cinco temas, vete con un LP entero». Fue un flechazo de disco, marzo decidirlo, venirme de España, acabarlo. Love Kills le da un punto súper moderno al disco”.

 

Las compositoras Thaliszmente, Anne Yvker y Vivir Quintana son una parte fundamental de la producción. Inma refiere que el año pasado conoció a las dos últimas en el encuentro de mujeres cantautoras de la Ciudad de México. “No podía dejar que ellas estuvieran fuera porque son dos tipazas. Ellas vienen de otros lados, entonces el disco ha sido como un collage del «mundo de Inma», que era la broma, de todos los palos que yo puedo tocar, de todas las relaciones que puedo tener y al final queda: Inmalandia, que es sobre estilos diferentes pero porque nadie se queda en una cosa fija”.

 

Para Serrano, Inmalandia no es sólo es su tierra ni su creación, “es el mundo que cualquiera tiene en su imaginación, puede ser cualquier nombre poniendo «landia»”: Marthalandia, Pedrolandia, Betylandia…

 

“Es el mundo que tiene cualquiera de las personas en su corazón, en su interior y además esa parte que te cuesta mostrar, es el mundo que muchas veces nos cuesta pudor mostrar porque es el de los sentimientos, la diversión, sin complejos; es un disco para divertirse dando palmas, para cantar a todo pulmón, para contar historias sobre amistades, sobre amores.

 

Lo que tiene que es un disco muy ameno –continúa-, muy de verdad porque al ser orgánico, acústico, es la prueba de fuego: las canciones funcionan o no y la colaboraciones funcionan o no. Tú te lo pones en el coche y se te pasa volando, te lo pones para trabajar y se te pasa volando, si vas a un concierto, se te pasa volando porque te involucras con cada letra, en cada amor, en cada acorde, violín y en los artistas que me acompañan, que cada uno es genial en su estilo”, expresa la cantautora.

 

Hay quienes le cuestionan el nombre Inmalandia, “es un poco extraño”, “chistoso”… “Sólo se te ocurre a ti, Inma”. “Se me ocurre a mí con el apoyo de todos: «el mundo de Inma», «las cosas de Inma», «Inmalandia, Inmalandia», ¡qué divertido!, a que sí, a que es Inmalandia. Pero se quedó con ese nombre. Creo que refleja una apertura, un sin complejos”, concluye Inma así, fresca, sin complejos.

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