El provincialismo literario de América Latina

I. Hace un par de días terminé de leer la novela El mal menor, del escritor argentino Carlos Eduardo Antonio Feiling. El libro pertenece a la colección El Recienvenido, editada por Ricardo Piglia y el Fondo de Cultura Económica (FCE), en 2013. La obra de Feiling brilla por algo inusual en la literatura latinoamericana de nuestro tiempo: su originalidad. No se parece a nada de la región. Está alejada de la tradición del boom en su ejecución y género – es una novela de terror, ¡una novela de terror de América Latina!- perfectamente escrita. El libro fue publicado en 1991, 16 años después, de la mano de una gran editorial como FCE, llega a un público ajeno a la literatura argentina.

II. ¿Cuántas novelas de terror podemos citar en la tradición literaria de América Latina? Si somos concisos, me atrevo a decir que me sobran dedos en la mano. La colección El Recienvenido fue una obra de edición que realizó Piglia en sus últimos años de vida. La idea que tuvo junto con el FCE fue noble: juntar una serie de grandes novelas de la literatura argentina de los últimos treinta años que oscilaban en el limbo del olvido; una serie de grandes obras maestras de esa literatura nacional que no había sobrepasado los límites de lo local, que estaban condenadas al provincianismo.

 

III. Un tema recurrente en la literatura latinoamericana es la falta de originalidad. En la tradición de América Latina hay dos grandes figuras: Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño, y “Cien Años de Soledad” y “2666”, las dos grandes novelas con las que se minimiza la tradición entera de un continente. Para las editoriales comerciales el más grande gesto de mercado es publicar a los hijos del realismo mágico y a los bolañitos como estrategia segura de mercado. Sólo algunas grandes casas editoriales apuestan por autores más originales: Anagrama, Acantilado, entre otras. No obstante, la literatura latinoamericana parece muy homogénea, singular en temas y estructuras.

IV. ¿La literatura de América Latina es homogénea, repetitiva y poco inventiva? Si nos acercamos a ver lo editado por las grandes casas españolas encontraremos muchas similitudes. No obstante, ¿los autores de Anagrama, Alfaguara o Tusquets, representan lo que en verdad está pasando en la literatura local de cada país? De manera concisa diré que Iván Thays, Guadalupe Nettel, Juan Gabriel Vásquez, Andrés Neuman o Martin Kohan, no representan a sus países. Son casos aislados de éxito. Escritores que sobrepasaron los límites de lo nacional para ser leídos en todo el mundo hispanoparlante.

V. No le quito mérito a Nettel o Vázquez, son grandes escritores de sus respectivos países. Pero acercarme a Ceiling me ha hecho notar algo: hay una literatura indómita y desconocida ahora mismo en América Latina, una serie de narradores y obras que quizás brillan más por su originalidad que por ajustarse al canon. Eso les pasó a César Aira, a Rodrigo Rey Rosa, a varios escritores que innovaban las letras de la región pero que lo hacían desde las editoriales independientes, desde la marginalidad hasta que el peso de su prestigio los hizo ser publicados por grandes casas editoriales. En esta región del mundo, la cuestión comercial pesa mucho para abrir el paso a nuevos talentos.

Excepciones latinoamericanas. Especial.

VI. Ni el internet ni las redes sociales han dado proyección a los jóvenes de América Latina. Seamos sinceros, sólo hay una forma de que un argentino, peruano, uruguayo, mexicano o chileno sea leído en toda Hispanoamérica: ser editado por una casa editorial de Madrid o Barcelona. El poder de las casas editoriales de España, decidir que puede ser consumido, o no, por su público, condena a los autores al localismo.

VII. Pero, ¿qué hay de la literatura mexicana? ¿Quiénes son los jóvenes escritores de México? Desde hace años me he hecho esa pregunta al recorrer librerías de Donceles, al visitar la Casa del Lago, la Casa del Poeta o la Facultad de Filosofía o Letras. ¿Quién los publica? El camino más viable para los jóvenes talento son los fondos editoriales del gobierno: Tierra Adentro o ediciones de los ministerios locales de cultura de los estados, o las editoriales independientes. Hay poca cabida para ellos en las grandes editoriales, quizás, con los años, a la manera de Aira, llegué el reconocimiento tardío. Todo depende del mérito de lo que ahora mismo estén creando.

VIII. En diciembre del año pasado viaje a Hermosillo, Sonora. Visité el Centro Sonorense de la Cultura por una casualidad y compré un libro de un autor del Estado: “Kafka en Traje de Baño”, de Franco Félix. Contenía tres crónicas, una giraba en torno a la búsqueda de un familiar del famoso escritor checo en México, otra al relato de vida de un niño autista y la última a una estancia en argentina de un joven escritor. El libro era maravilloso, innovador, alejado del canon narrativo mexicano. Pero Félix sufre la maldición del provincianismo, quiénes que no visiten Sonora, ¿podrán leerlo?

IX. Después del viaje a Sonora fui hasta el otro lado del país: Mérida, Yucatán. Ahí compré otra novela: “Solo por ser mujer” de la escritora maya Sol Ceh Moo. La novela trata uno de los temas más tangibles de la vida mexicana, nuestro disfrazado racismo a las personas indígenas y el machismo imperante en nuestra sociedad. Es una novela desgarradora, editada por el Centro Cultural del Estado. La condena de Félix se aplica de nuevo.

X. En un viaje realizado a Uruguay, hace ya cinco años, compré un ejemplar de novelas de Felisberto Hernández; me encantó “Por los Tiempos de Clemente Colling”. Hernández es uno de los escritores más queridos y aclamados de Uruguay, sin embargo, a diferencia de Juan Carlos Onetti, es un desconocido en el continente. Es un autor de hace casi cien años que no supera las barrera física de las cataratas de Iguazú.

XI. ¿Qué hace que la literatura viva y naciente en Latinoamérica no llegué a todo el mundo hispanoparlante? La respuesta más concreta sería la cuestión comercial. La necesidad de las grandes casas editoriales de ver a la literatura como un negocio. Sin embargo, esa cuestión de dinero limita el flujo de las letras latinoamericanas. Desconocemos a nuestros contemporáneos. Somos incapaces de ver qué está pasando en el continente. El provincialismo es la norma de América Latina. Una región, que a pesar de la globalización, sigue incomunicada entre los países que la integran.

XII. Por ello, la labor de edición de Piglia ahora se muestra como un gesto humano y heroico. También, es una gran lección. Un acto de solidaridad entre nuestros contemporáneos, además de un gesto que pide espacios y justicia para los nuevos escritores de una región entera. Una invitación a abrirnos a leer a los nuevos escritores de un continente.

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