Agua que no sobra en el mundo al revés

Es bien sabido que desde la subasta de la Ciudad de México a las inmobiliarias, en el sexenio de Marcelo Ebrard, cientos de edificios brotaron a lo largo y ancho de nuestra capital como mala hierba.

Más allá de la contaminación del paisaje, la saturación de las vías y el aumento en la polución, hay un tema que no se trata mucho en los medios de comunicación: la escasez de agua.

Debo decir que en la zona donde vivo, pocas veces falta. El abasto es constante y muchos vecinos, incluso mi propio padre, se dan el lujo de desperdiciarla cada vez que pueden.

Sin embargo, desde hace unos meses, el agua ha empezado a escasear. Durante los 27 años y cinco meses que llevo viviendo en ese lugar, jamás se había tenido que recurrir a la compra de pipas hasta hace un mes.

Alarmados, muchos inquilinos comenzaron a convocar juntas para tomar medidas, pues entre sus argumentos, salió que debido a la constante construcción de departamentos a lo largo de la calle y la colonia, el agua ha dejado de llegar. Cosa que no es incorrecta, aunque tampoco tocaron otro tema.

Resulta que lo surreal del asunto no es la compra del agua o la disminución en nuestros edificio o que personas que llevan décadas viviendo ahí no tengan agua para bañarse, sino que pese a la situación, varios de mis vecinos continúan como el despilfarro de nuestro recurso.

Así es, mientras habitantes de otros departamentos buscaban contratar pipas y poner letreros por la falta de agua, hay señoras que lavan varias veces a la semana, lavan escaleras con cubetadas indiscriminadas y riegan sus plantas poco antes del medio día (cuando es bien sabido que eso se debe hacer en la noche para evitar la evaporación) sin que se inmuten ante tal circunstancia.

Mientras tanto, el letrero sigue ahí, la escasez se agudiza y la consciencia no llega. Historias cotidianas que ocurren en el mundo al revés.

 

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