Atenderlo es un placer

Hoy tuve que ir al Palacio Municipal de Texcoco a realizar un trámite burocrático. Al llegar ahí, me sorprendió el desconcierto de los trabajadores. Como yo, no tenían la más mínima idea de dónde o con quién podía dirigirme para el documento que necesitaba; su desconcierto me perturbó, parecía que nunca hubieran trabajado ahí. Ante esta situación me transformé en un Padre Brown texcocano, sólo que a diferencia del cura católico de Chesterton, yo no buscaba al criminal más peligroso de Europa, sino a alguien que me diera razón de mi trámite.

Después de interrogar a unos cuantos inocentes, una mujer de mediana edad me dijo:

– Ve con Andrómaca (nombre clave de la susodicha que tenía las respuestas).

Con sus instrucciones llegué al lugar. Ahí, me acerqué y pregunté por Andrómaca, pero una señora de unos sesenta años me contestó:

-Salió, regresa en media hora. – Ante ese comentario miré mi reloj. Tenía tiempo suficiente para ir al supermercado y comprar algo pendiente. -Regreso en 30 minutos – le contesté a esa dama de la tercera edad.


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Salí del Palacio Municipal. Caminé hasta mi casa. Tomé mi coche. Conduje al supermercado. Compré lo que necesitaba. Regresé y lo dejé en su sitio. Todo eso lo hice con una paz decimonónica. Al ver mi reloj me dije a mi mismo “¡vaya!, ya pasó más de media hora, debo regresar para encontrar a Andrómaca.”

Al pisar de nuevo el Palacio Municipal le pregunté de nuevo a la anciana “¿está Andrómaca?” y ella me contestó con voz de momia:

-Regresa en media hora. – Aquello me sorprendió y decidí sentarme en un silla de esa oficina gubernamental a esperar, quizás regresaría pronto. En ese lapso saqué mi celular, perdí neuronas y tiempo en Twitter, en Facebook; luego saqué un libro que llevaba, leí dos cuentos. Después de varios minutos, una chica más joven apareció en las oficinas, le consulté si era Andrómaca y me contestó: “no, regresa en media hora”.

Ahí me puse a pensar que Cronos conspiraba en mi contra… O la comprensión del tiempo era diferente en esa habitación. Saqué de nuevo mi libro y leí otros dos cuentos. En ese punto me sentí desesperado y me acerqué de nuevo a la anciana y le dije “¿tardará mucho Andrómaca?”, ella me dijo, con la voz de un monje shaolin, “regresa en media hora”.

Abrumado, me senté, ¿podría ver a Andrómaca? ¿Podría realizar mi engorroso trámite burocrático? No obstante, mientras me sumía en mis reflexiones, una chica llegó. La anciana volteó a verme y me dijo “Ella es Andrómaca”. Al parecer los maleficios de Cronos no sólo prolongan el tiempo mortal, también lo acortan, en esa oficina.

En menos de dos minutos le di mi documentación y salí del Palacio Municipal. Al ver la luz del sol sentí cómo esa oficina de gobierno había absorbido toda mi energía vital.

Por suerte, el trámite está ya hecho y vencí a la burocracia:

Aguilar 1

Burocracia gubernamental 0

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