El sueño de viejos tiempos

Es el día esperado. Sé que tendré la oportunidad de hacer lo que desde hace tiempo he soñado. Me preparo y reviso por enésima vez las alineaciones del encuentro. Busco en internet cómo pronunciar los nombres croatas y trato de ensayar el grito de gol. Deseo tanto narrar, gritar un gol mexicano, que llevo días soñando con la jugada que le abrirá la puerta de la victoria al Tricolor.

Para muchos puede parecer una exageración lo que estoy diciendo. Para mí es el momento de materializar un sueño que comenzó en mi infancia. Recuerdo que me tendía en el piso y simulaba un partido de futbol protagonizado por mis juguetes. Completaba mi fantasía, narrando el juego y determinando quién ganaba. Bajo mi batuta, México fue campeón del mundo un sin fin de veces.

Hoy puedo transmitir lo que significa, para mí, la pasión del futbol. Seguramente pensarán que estoy enajenado. Les juro que cuando tenga las palabras perfectas para describir la emoción que me significa ver y narrar un partido se las compartiré. Por lo pronto podré decirles que por 90 minutos las 28 personas (si los dos equipos hacen sus tres cambios) hacen del rectángulo verde una metáfora de la vida. No siempre gana quien merece. No siempre gana el que todos esperan. Pero, ¿no es la vida igual, con vueltas, con esperanzas, sueños y desilusiones?

Así que prometo no decepcionarlos. He practicado mucho y hoy que me dan la oportunidad no pienso desperdiciarla.

Llegó la hora. Tomo las hojas de las alineaciones y me dirijo a donde estará el monitor y el micrófono. Saludo a mi amigo Roberto, quien me acompañará en esta aventura, y doy un vistazo hacia abajo para mirar si ya hay gente.

No puedo contener la emoción al ver a mis padres, hermanos, amigos y algunos vecinos sentados en la plazoleta del palacio municipal. Levantó el índice y mi papá me responde de igual manera. Vaya forma de darme confianza y animarme a empezar.

No, no estoy en el estadio brasileño que arde de pasión ni formo parte de una de las grandes cadenas de televisión, pero sé que es mi día. Y no lo voy a desperdiciar.

Los himnos han sonado y no puedo sentir que estoy en el palco destinado a la prensa. Me lleno los oídos con el canto de los mexicanos y siento adrenalina en el cuerpo. El árbitro se prepara para pitar el inicio del partido y yo me alisto para hacer realidad un sueño de viejos tiempos.


Puedes consultar esta entrada en nuestro blog Los ojos del Tecolote: El sueño de viejos tiempos.

 

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