Burbu no era mi mascota, pero la quería como si lo fuera. Ella se marchó hace ya un par de años y cada que toco la puerta de la casa en la que vivía, recuerdo cómo me ayudaba a anunciar mi llegada: rasgaba la puerta con sus uñas.

En otras ocasiones, jugábamos con la jerga de la casa. Ella la tenía y yo se la quitaba. En cierto momento, me gruñía, como recordándome que debía regresarle el trapo.

Hace unos días la volvía recordar por medio de un video musical, situación que me lleva a recomendarles esta canción: Si volvieras hoy.

En el clip de la banda Higiene Mental, al final aparece una foto reconstruida de Burbu, un perrito blanco, con el pelo medio chino y los ojos más grandes que he visto en un can.

Tras mirar el video, una ola de recuerdos llegaron a mí, momentos en los que la vida era más sencilla:

Mariana y yo paseábamos con Burbu bajo un cielo nublado. La lluvia azotaba y teníamos que correr para regresar a casa. Llegamos empapados, nervios por una posible gripe que, por fortuna, no sucedió.

En otros momentos, estaba sentado, alrededor del comedor, y Burbu  recargaba su hocico en mi rodilla, como pidiéndome comida.

Los días que me quedaba a dormir, entraba al cuarto y me olfateaba; lo más gracioso es que una vez hasta se llevó mi calcetín, cosa que recuerdo con una sonrisa.

También vino a mí el día en que la acompañé a su último viaje al veterinario…

De ella nunca tuve una foto, solo el recuerdo de sus enormes ojos cafés y su nombre que la perpetúa en esas bombas de jabón que circulan por los parques los tardes de domingos.

Cómo te extraño, Burbu. Si volvieras hoy, quizá podríamos volver a empezar, “aunque ya nada sea igual…”

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