La eternidad

Sé que desde niña vivo con un reluciente rechazo a la alegría.

Nunca tuve el tacto para amar las ilusiones,

mutilaba flores porque la soledad de su centro era más bello que sus pétalos.

 

Sé que nací con un miedo antiguo:

una angustia enternecida sudando sobre la piel.

 

Heredera de la devastación,

mis pasos aniquilan seres inocentes a causa de mi propio temor.

 

He vivido con manos de piedra y pupilas huecas que conjuran los más grandes peligros.

El mundo pro ere rechazos apenas mi canto les acaricia los cabellos.

 

Y todo eso no es peor que mi verdadera desgracia:

no poder apresurar mi muerte.

 

El fracaso constante a la renuncia es el único fruto que crece sin tregua a cada intento

y que, a costa de mi voluntad, me alimenta.

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    Por: Adriana Dorantes

    Es maestra en Literatura Hispanoamericana. Primer lugar del Certamen Relámpago Internacional de Poesía Bernardo Ruiz, 2009. Ha colaborado en algunas revistas impresas y digitales y suplementos culturales con poesía y artículos sobre literatura, como: Destiempos, Dos Disparos, Valenciana, Mexicanísimo, Casa del Tiempo, Moria, Revarena, entre otras. Autora de los libros de poemas Quién Vive (UAM, México, 2012) y Entre mares alados (Ediciones y punto, México 2014) y del libro de cuentos Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (Sediento, México, 2014). Segundo lugar del Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero 2015.

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