El Muelle de las Columnas (y por qué Bob Marley nos unió en un solo canto)

Hay imágenes de lo cotidiano que, sin desearlo, terminan por presentarse ante nosotros como momentos poéticos. Para mí, uno de esos instantes está unido a uno de mis sitios favoritos en la tierra: el Muelle de las Columnas, en Lisboa, Portugal.

Lisboa es una ciudad calurosa, un perfecto destino en el Mediterráneo para visitar en verano. No obstante, por azares de la suerte, mi primera visita a Portugal se dio en invierno.

En esa ocasión, la ciudad me pareció un sitio en el que, a cada paso, se respiraba melancolía, las calles estaban vacías y un fuerte viento soplaba por ellas. Al grado que si te detenías a escuchar con atención, se oía una música creada por las ventiscas al atravesar los callejones y escales del casco viejo de la ciudad.

Después de andar por horas, llegué a sentarme en el Muelle de las Columnas para descansar. Frente a las olas, cientos de niños jugaban, había parejas que platicaban, y a pesar de los fuertes vientos y el frío, una paz relajante llegaba a todos, promovida por el sonido de las olas.

Aquel escenario, ya de por sí maravilloso y agradable, se vio potenciado por la presencia de un trovador que llegó al muelle. Desde sus primeros acordes, todos nos maravillamos y sorprendimos por la canción que escogió para interpretar:“Redemption Song”, de Bob Marley.

En un abrir y cerrar de ojos, más de una decena de personas nos encontrábamos cantando los versos de Marley:

Won’t you help to sing

These songs of freedom?

‘Cause all I ever have

Redemption songs

¿Qué unió a todos para cantar la melodía? Es una pregunta que me hago a menudo. ¿La belleza de las olas del mar, la sensación de frío, la paz del invierno? Todas y cada una de esas pudieron haber sido el motivo.

Pero todo es más simple: la música tiene un poder integrador y unificador. Una belleza que une almas y voces.

 

 

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