Un pedacito de Tlanepantla

Todo en ésa plaza tenía un tenue toque de magia. El carrito fue ésa tarde lo primero que llamó mi atención. No sé si fueron sus colores, su aspecto viejo, o su ubicación; con la catedral de fondo. Tal vez fue todo, pero ése carrito tenía magia. Para terminar de hacer especial ése día y mi recuerdo de ése lugar; en la noche se reunieron en el kiosko algunos músicos, (rondaban por ahí de los 20 años) que tocaron jazz por  amor al arte, sin nadie que los oyera, y con una pasión indescriptible. Les dejo, junto con mi foto, un pedacito de ésa tarde. Un pedacito de Tlalnepantla de Baz.

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    Por: Alejandra Saman

    Un día entendí que la fotografía era un momento que no acaba nunca. Y ese día hice como 100 disparos en el intento de inmortalizar todo, incluida yo.

    El hecho que algunas culturas crean que por medio de una cámara se les roba el alma, tuvo más sentido, e incluso también algo de magia.

    Ya tomaba fotos con mi Nikon, pero oprimir el obturador con esa certeza fue diferente. Capturé, entonces, paisajes, amigos y lugares, tratando de mostrar la forma en que estos se presentaban para mí, en un intento de que mi mirada traspasara los siglos, volviéndose eterna.

    Y comprendí, entonces, otras formas de mirar, e incluso me cuestioné ciertas técnicas fotográficas, o hasta la ética dentro de la fotografía. Llegué a la conclusión de que, a pesar de todo, no siempre es bueno disparar el obturador. Pero cuando se dispara, hay que tener una certeza: tu mirar ha quedado plasmado para siempre.

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    Fragmento

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