Una silueta en la ventana: la bruja de Huexotla

1

Corre el año de 1963. Mi padre tiene menos de dos años. Ha empezado el mes de octubre y su cuerpo muestra múltiples hematomas. No es un niño maltratado, sus padres lo procuran y cuidan. La situación es común en la comunidad de Huexotla y empieza a finales de septiembre y se prolonga hasta inicios del invierno.

Mi abuela, Socorro, se sume en la desesperación. La respuesta al maltrato que presenta su hijo se la da su suegra: una bruja.

-El invierno es una prueba de sobrevivencia para las brujas. En el otoño deben devorar el alma de algún mortal para sobrevivir. Siempre buscan almas débiles o inconscientes. Los niños son su presa natural – escucha Socorro.

La explicación es simple, antes de los tres años, los niños no son conscientes de su existencia. Su alma es débil, en ellos aún no se desarrolla la voluntad. Tampoco de manera completa, el sentido de supervivencia. Antes de los tres años el alma de los niños está fresca. Es tierna y dulce como la más deliciosa de las frutas. Un manjar para toda bruja.

La respuesta ante la amenaza, Socorro la ejecuta inmediatamente. El niño debe ser bañado en una solución de agua con sal y ajo. Debe poner debajo de su almohada y colchón un objeto punzocortante remojado con el mismo líquido.

Socorro ejecuta la acción como último recurso. En sus días de niña había escuchado historias de brujas, pero jamás se había enfrentado a una.

Para su sorpresa, en unas cuantas semanas los golpes desaparecen de la piel de su hijo.

2

La explicación más lógica a las bolas de fuego, que se observan por la noche en los montes cercanos a Huexotla, es la de los fuegos fatuos. Un fenómeno que se origina a razón de la inflamación de elementos que están en el aire como el fósforo y metano.

Si caminas por los cerros cercanos al poblado, es común ver cómo, a lo lejos, se elevan las bolas de fuego hasta desaparecer. Con seguridad, se ve al menos una por noche. ¿Es todo un simple fenómeno natural? La explicación científica olvida un hecho relevante, el metano y fósforo son elementos químicos que tienen un origen orgánico, es decir, provienen de la descomposición de compuestos fósiles, animales o vegetales. Lo más común a campo abierto: de la putrefacción de un cuerpo.

Antes de morir, mi abuela me explicó que esos fuegos que se elevan hacia el cielo no son precisamente las brujas.

Lo que observamos, a lo lejos, desde la ventana de nuestro hogar, es cómo una bruja ha tomado el alma de un ser viviente. Cómo la devora y se alimentan de la vida de un animal o persona para prolongar su vida.

3

Los niños no son el único alimento para las brujas. A menudo, comen animales del bosque: coyotes, liebres o zorros. También, es común que se alimenten de mujeres y hombres adultos. No obstante, la lucha es más fuerte.

Los adultos tienen bien desarrollado su sentido de supervivencia. Se aferran a la vida con obstinación. La forma más común de devorarlos es cuando están ebrios. Cuando su mente flaquea.

El único adulto que conocí, que me indicó fue presa de una bruja, se llamó Otilio. Era un ex policía retirado que regresó al pueblo para vivir sus últimos años.

Otilio era un bebedor empedernido, que abusaba del alcohol para acelerar las horas de los días que causaban un gran tedio.

Una noche, cuando estaba completamente ebrio, escuchó a alguien caminar sobre el techo de su casa. Los pasos eran repetidos y parecían estar en círculos. Como si alguien esperara pacientemente a que él cayera rendido por el alcohol.

El ruido lo alteró y privó del sueño. Envalentonado, tomó una vieja escopeta que tenía y empezó a lanzar insultos al techo. Pronto, el sonido de los pasos se detuvo. Otilio pensó que había asustado al ser que se encontraba sobre su casa.

No obstante, en pocos segundos se escuchó un fuerte impacto desde el exterior. Primero fue en uno los muros de la habitación, luego en otro, ininterrumpidamente, hasta que las cuatro paredes fueron golpeadas. Lo que siguió fue presenciar cómo ese impacto provenía del techo. El golpe era tremendo, como si una bola de demolición se impactara contra el concreto.

Todo en la habitación empezó a moverse. Polvo y pequeños escombros empezaron a caer desde el techo, a tal grado que Otilio pensó que la losa se reventaría.

Con miedo y decisión, abandonó la habitación; salió al exterior. Afuera, vio una silueta negra sobre su hogar, medía más de dos metros y era extremadamente larga. Lo único que estaba en discordancia con ese cuerpo dilatado era su cabeza. Una cabeza extraña, con la forma de un ave y un largo pico que acaba en una afilada punta.

-¡Malnacida! – gritó Otilio y disparó con su escopeta directamente a ella.

Para su suerte, la bala pareció dar en el blanco.

Ante el ataque, la sombra corrió sobre el techo y dio un salto enorme para caer a unos cuantos metros de él. Otilio se sorprendió, no entendía qué trataba de hacer el ente. Pensó que lo atacaría pero éste corrió hacia el campo, en dirección a un gran árbol, al que saltó una vez que estuvo a un par de metros de él.

Entre las ramas y la oscuridad de la noche, la sombra se ocultó. Otilio apuntó de nuevo con su escopeta. Le quedaba una bala y sabía que la bruja se encontraba en la copa del árbol. Disparó y cientos de aves volaron de entre las ramas.

No esperó a ver si había dado en el blanco y regresó a su casa.

Al día siguiente, ya con la luz del sol, se acercó al árbol de la noche anterior. Sobre su tronco y ramas había un extraño líquido negro que aún estaba fresco. Tenía un olor desagradable, a azufre. No se atrevió a tocarlo.

4

Durante el año de 1963 tres niños murieron. Un médico del pueblo diagnosticó como causa de su muerte la enfermedad de hemofilia. Pero, ¿era posible que tres niños murieran por esa misma enfermedad en una comunidad tan pequeña como Huexotla?

Socorro decía que mi padre pudo haber sido uno de los niños devorados por las brujas ese año. Sin embargo, se salvó.

5

Respecto a animales sólo tengo la certeza de conocer a un perro que fue devorado por una bruja. Su nombre era “Sancho” y era un perro callejero que todos, en mi colonia, queríamos cuando yo era un niño.

“Sancho” llegó como cachorro a la calle y estuvo entre nosotros hasta que cumplió ocho años y adquirió sarna; su salud tambaleó.

La enfermedad lo atacó y no logramos hacer nada por él. Pronto empezó a verse como un animal demacrado. La última vez que lo vi caminaba con dolor cerca de un camino de tierra cercano a mi casa. A pesar de su mal estado, su piel se veía con vida.

A la mañana siguiente, uno de mis amigos me indicó que habían encontrado a “Sancho” muerto en un terreno baldío. Cuando fui al lugar a ver su cuerpo me sorprendí, parecía una momia canina, la piel estaba completamente pegada al hueso, como si hubieran extraído hasta la última gota de sangre de sus venas.

No nos atrevimos a tocar el cadáver, y en pocos días, se transformó en polvo.

6

La historia entre la bruja y mi padre se prolonga hasta que él cumplió cuatro años de edad. Es extraño porque mi padre me contó un evento que mi abuela negó su existencia o no recordaba haber vivido. Aunque mi padre aseguraba que era verdad y no un sueño como le dijeron en más de una ocasión.

La anécdota se da una noche que él tenía problemas para dormir. En ese entonces, mis abuelos y él vivían en una casa de un solo cuarto, en Huexotla. Su cama estaba al lado de la de sus padres y la habitación sólo tenía una ventana.

Al no poder dormir, mi padre observaba la ventana. Era de noche, había un poco de luz de luna. A lo lejos se veían las ramas de los árboles, hasta que la poca luz, proveniente del exterior, fue eclipsada por una silueta, una igual a la descrita por Otilio, alargada y con cabeza de ave y un pico pronunciado. Por varios minutos se queda inmóvil, fija en ese punto.

Mi padre sintió temor, ¿es real eso que ve, o su mente le está jugando una mala pasada? La respuesta la encontraría pronto, la cabeza de esa sombra se mueve a los lados, como si deseara investigar qué hay al interior de la casa.

“¡La sombra es real!”, se dice a sí mismo. De repente, nota que no puede moverse. Ha perdido el control de todos los miembros de su cuerpo. Sólo logra ver fijamente hacia la ventana.

La sombra lo ve directamente a los ojos y atraviesa los vidrios y el muro. Mi padre siente terror y pánico. Trata de mover sus brazos y piernas, pero están congelados. La bruja se acerca hasta postrarse de frente. Extiende dos grandes garras con las cuales parece que va tocarlo pero no siente nada. Las garras están muy pegadas a su piel, mas no lo tocan, él flota a unos centímetros de ellas. La sombra da vuelta y empieza a avanzar de nuevo hacia el punto por el que entró a la habitación.

La desesperación es mayor, el miedo a morir empieza a correr como adrenalina a través de su cuerpo. Pronto logra mover el cuello y voltea a ver la cama donde duermen sus padres. La bruja mueve la cabeza, a él le parece una señal de desaprobación. Empieza a luchar por su vida y ve cómo el cuerpo de la bruja se agita. Su avance se hace cada vez más lento, aunque ya casi llega de nuevo a la ventana. Poco antes de que logré salir, mi padre alcanza a gritar:

-¡Mamáááá! – y quiebra el silencio de la noche.

Mi abuelo se levanta y ve directamente a la sombra. Corre hacía ella para lanzarle un puñetazo. Pero antes de que las manos de mi abuelo la toquen, desaparece.

El niño cae y se estrella contra el piso. Empieza a llorar. Sus padres se acercan y lo abrazan. Los tres están muy asustados. Mi abuelo saca un pequeño revolver que tiene guardado y se acurrucan en su cama. Después de varias horas, logran dormir, mientras mi abuelo se queda en vela.

Al día siguiente, mi padre se despierta aturdido. Su papá ya no está. Su madre está en la cocina preparando el desayuno.

-Volvió la sombra – le pregunta a su madre.
– ¿Qué sombra? – le responde mi abuela.

Se queda perplejo. Nunca más vuelven a hablar de este evento.

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