#Perfil Cri-Crí, el Disney mexicano

¡Uhuhuhu! Daba balidos el ‘Chivo ciclista’ mientras mi hermana –de tres años– y yo –de seis– competíamos por ver quién lo imitaba mejor durante los viajes familiares que hacíamos en el vocho azul, cada fin de semana.

‘El ratón vaquero’, ‘La patita’ y ‘Di por qué’ eran las otras canciones que coreábamos a nuestras edades, motivados por el cassette que mi papá nos compró para cantar al ritmo de Cri-Crí, el grillito prodigio que tuvimos la fortuna de conocer por sus sencillas piezas.

Poco (probablemente nada) sabía en ese entonces de don Francisco Gabilondo Soler, nacido el 6 de octubre de 1907 en Orizaba, Veracruz. A mí me gustaron sus canciones desde niño, como a muchos otros antes de mí, que crecieron con él y a quien debieron una infancia incomparable gracias a su programa de radio transmitido por la XEW durante 27 años.

Pero este hombre, genio en el sentido estricto de la palabra y que sólo llegó hasta el sexto año de primaria, dominó el piano como sólo los astros lo consiguen: por pasión. Influido por su breve estancia en Nueva Orleans, inició su carrera como compositor al ritmo de tango, fox-trot y danzón. Sin embargo, Orizaba era una ciudad muy pequeña para un talento tan grande, así que se instaló en la Ciudad de México en compañía de su primera esposa, Rosario Patiño.

Sus hijos fueron el motor que lo impulsó a componer para un público infantil olvidado por la industria musical, incluso hasta nuestros días. La petición de dirigirse a los niños, hecha por Emilio Azcárraga Vidaurreta, estuvo enfocada en esa dirección, entre otras cosas, para que Gabilondo no compitiera con Agustín Lara, por ello, su programa, que inició en octubre de 1934 sin patrocinios y con sólo 15 minutos al aire, cambiaría la historia musical nacional para siempre.


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Pero su mente inquieta no sólo era alimentada por estrofas, tonos y octavas; desde joven su lado científico se nutrió de Julio Verne, Emilio Salgari y los Hermanos Grimm, con quienes desarrolló su gusto astronómico y aventurero, de ahí que emprendiera un viaje a Sudamérica durante la cúspide de su carrera.

A su regreso, el público de México lo recibió con los brazos abiertos y continuó su emisión de ‘Cri-Cri, el Grillito Cantor’ hasta el 30 de julio de 1961, fecha en la que se transmitió el último programa.

Su vida estuvo nutrida por el boxeo, la natación y la tauromaquia, disciplinas que practicó pero que no tuvieron mayor impacto en su vida, porque lo suyo fue ser la voz de la infancia mexicana. Así pues, el 14 de diciembre de 1990, el hombre que se negó a vender a su grillito a Walt Disney porque era una herencia para las generaciones venideras, falleció a los 90 años en Texcoco, Estado de México.

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