Un poema con la palabra albañil

Hay veces que la ansiedad ancla
en la garganta y uno calla,
porque hablar es ponerla de frente
decirle: existes
y me llevas los ojos por las muñecas,
los ojos afilados como una hoz blanca.

El cenit hiere los dorsos con su ceguera.
Un albañil cuenta las monedas, los billetes,
duplicados en el reflejo inacabable
del deseo y recuenta en murmullos:
los niños, el gas, la luz, el agua,
unos calzones nuevos para su mujer.
Se mira los zapatos cansados de cemento,
la sombra sangrada bajos sus pies
luego se queda quieto,
viendo al vacío como si lo entendiera.


Revive: La eternidad (Adriana Dorantes); La ciudad fabulada (Ulises Paniagua).


 

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    Por: Arely Jiménez

    Arely Jiménez, Aguascalientes, 1992. Estudiante de Letras Hispánicas. Enferma renal y feminista. Fue becaria del Curso de Verano para Jóvenes Escritores 2012 de la FLM en Xalapa, ese mismo año ganó el Premio Nacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”. Fue becaria del PECDA Aguascalientes 2013-2014 en la categoría de Jóvenes Creadores, y del Encuentro “Los signos en rotación” del Festival INTERFAZ-ISSSTE 2015, Región Centro-Occidente. Le gustan las jacarandas.

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