Una canción para las voces que nunca se van a cansar de gritar

“Mandé amplificar tu foto para marchar por las avenidas, tu nombre en la cartulina y mi voz que nunca se va a cansar de gritar”.

Un coro lleno de rabia y de tristeza, de convicción e historias. Las historias de las familias de los miles de desaparecidos que han dejado los gobiernos priistas y panistas en nuestro país. Las historias de todas las mujeres que fueron asesinadas y olvidadas bajo la impunidad del Estado e, incluso, hasta con el consentimiento de éste.

“Girasoles en el desierto” es la canción y homenaje que hace el cantautor Leonel Soto para las víctimas de violencia feminicida y sus familias que, con el dolor tatuado, emprenden la búsqueda de sus hijas, esposas, hermanas o amigas.

Recuerdo la puerta abierta
nos vemos hasta la noche
tu falda de girasoles
y esa sonrisa que aún me despierta.
Perderte me abrió una herida, pero encontrarte me mutiló…

Esmeralda Herrera, de 14 años, llegó a Ciudad Juárez con su familia, en búsqueda de mejores oportunidades, como las que representaban las maquilas, donde trabajaba su madre, Irma Monreal.

La joven trabajó dos meses haciendo labores de limpieza para contribuir a los gastos y tenía la intención de estudiar una carrera para mejorar su situación.

El 29 de octubre de 2001, Esmeralda fue a su trabajo, pero no volvió.

El 7 de noviembre, el cuerpo de Esmeralda, sin cabello ni rostro, fue hallado en un sitio llamado “Campo Algodonero”, donde también se encontraron los restos de Laura Berenice Ramos Monárrez, María de los Ángeles Acosta Ramírez, Mayra Juliana Reyes Solís, Merlín Elizabeth Rodríguez Sáenz, María Rocina Galicia, Claudia Ivette González y otra mujer de la que aún se desconoce su identidad.

Las irregularidades en la investigación, la persecución y violaciones a los derechos humanos que sufrieron las familias de las víctimas, a raíz de su exigencia de justicia, convirtieron al caso Campo Algodonero en el indignante ícono del feminicidio en México.

El caso Campo Algodonero también mostró a Chihuahua como uno de los estados más peligrosos para las mujeres. De 2006 a 2016 en la entidad fueron asesinadas aproximadamente 3 mil 92 mujeres, sin embargo, es el Estado de México donde se registran más feminicidios. En el mismo periodo de tiempo se contabilizaron, aproximadamente 7 mil cuatro asesinatos de mujeres por motivos de género.

Cada día aumentan los crímenes contra mujeres y en general contra toda la población. El Estado, omiso o culpable, nos está matando. Campo Algodonero, Acteal, San Fernando, Aguas Blancas, Ayotzinapa… ¿cuántos íconos del dolor necesitamos para darnos cuenta de que nos están matando?, ¿cuántas hijas, esposas, hermanas o amigas necesitamos perder?

 

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