Los otros Marco Antonio

Ya pasaron más de 15 días desde que el joven Marco Antonio Sánchez fue detenido, desaparecido y después encontrado por las autoridades de la Ciudad de México, las mismas que mantienen la opacidad del caso -por decir lo menos-.

La presión de las redes sociales fue un factor detonante para hacer reaccionar al gobierno de Miguel Ángel Mancera, quien a la fecha, busca desvirtuar el caso y señalar como único responsable de su desvarío al estudiante de Prepa 8.

Primero, con su negativa de investigar a profundidad a los “policías”; segundo, con su insistencia en negar la desaparición forzada; tercero, con criminalizar al menor de edad. Videos, conferencias de prensa y hasta testimonios de los responsables han sido utilizados como ariete en llamas para negar toda responsabilidad de la situación.

De lo perdido, lo ganado, el joven se encuentra cerca de su familia, y aunque pareciera que su testimonio sobre lo ocurrido el 23 de enero no lo conoceremos pronto, Marco apareció vivo, con lesiones quizá permanentes, pero vivo. Sin embargo, cabría reflexionar sobre la cantidad de casos similares que ocurren todos los días en el país.

Apenas el 31 de enero de este año, la Secretaria de Gobernación publicó las cifras de desaparecidos en el país. Los números son escalofriantes.

La medición abarca de enero de 2014 a diciembre de 2017; en ese tiempo, hubo 33 mil 513 desaparecidos en territorio nacional. Y eso que no atendemos la cifra negra que en delitos del fuero común ronda el 93 por ciento según el Observatorio Nacional Ciudadano.

Sin embargo, en ningún momento habla de cómo fueron esas desapariciones, quiénes las ejecutaron y cuáles fueron sus motivos. Los gobiernos se lavan las manos acuñándole todo al crimen organizado, cuando ellos mismos, sus agentes, sus presidentes municipales, sus gobernadores, han sido ejecutores materiales e intelectuales de las desapariciones.

Será muy difícil y costoso —empezando por las vidas de periodistas y activistas— conocer a profundidad el panorama completo de lo que implica este delito. Por lo pronto no quitemos el dedo del renglón sobre lo ocurrido a Marco y aprovechemos el potencial de las redes sociales que, con todos sus asegunes, parece ser la única vía para hacer un contrapeso para los gobiernos.

De a tuit

Se acabaron las precampañas y ahora sigue un período larguísimo de spots y basura electoral, que después del 1 de julio, quedarán como testimonio de la costosa democracia mexicana.

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