The Whonder Wheel, el paso del tiempo y el desamor en la visión de Woody Allen

El paso del tiempo, la negación, infidelidad y los triángulos de amor y afecto son los temas que aborda de Whonder Wheel (2017), el último filme de Woody Allen.

La historia se centra en Ginny –interpretada de forma magistral por Kate Winslet- una mesera que durante su juventud fue una promesa de la actuación, que vio eclipsada su carrera por el suicidio de su esposo (catalizado por una traición suya), y la responsabilidad de hacerse cargo de su hijo (un niño con un trastorno pirómano).

La trama se desarrolla en el parque de diversiones de Coney Island, a inicios de la década de los cincuenta. Momento en que la afamada estación turística de Brooklyn empieza su decadencia como destino de ocio, después de la Segunda Guerra Mundial.

La elección de la isla como escenario de la trama le sirve a Allen para hacer un paralelismo entre el ocaso de Coney Island como una playa de ensueño y diversión, que en pocos años caerá en el olvido, y la belleza de Ginny, quien se acerca a la madurez mientras se eclipsa su belleza.

Poco antes de cumplir cuarenta años Ginny vive junto a su hijo en un departamento desvencijado con Humpty (Jim Belushi), su nuevo esposo, quien es un hombre agresivo y alcohólico, con el que es claramente es infeliz, pero frente al cual trata de convencerse que quiere, e incluso expresa, la ha “salvado”.

La situación de su matrimonio se tensa con el arribó de Carolina (Juno Temple), la hermosa hija de Humpty, que huye de un mafioso que es su ex pareja.

Al integrarse a la vida familiar, Carolina se vuelve la personificación del afecto y protección de su padre. Hecho que releva a Ginny a un plano secundario del cariño de Humpty.

En ese punto de desazón, cuándo ha sido desplazada de la devoción de su marido, Ginny conoce Mickey (Justin Timberlake), un salvavidas que sueña con ser escritor y es una década más joven que ella, con el que inicia un romance que se ve truncado cuando su amante conoce a Carolina y cae rendido ante ella.

Narrada como un monologo a la cámara por Mickey, la película avanza de forma lenta y tediosa. En ese lapso hay episodios de sarcasmo y humor típicos de las comedías de Allen, que no terminan por definirnos si el filme es una broma o tragedia.

Conforme pasan los minutos, el personaje de Ginny se vuelve más complejo. En sus acciones reconoce la ruina de su primer marido. Y se culpa por haber cometido la infidelidad que lo orilló a la muerte. A pesar de eso, no puede evitar repetir sus acciones del pasado en aras de “volver a enamorarse”.

A momentos Ginny nos recuerda a Jasmine Francis (Cate Blanchett, Blue Jasmine, 2013), en el sentido que es una mujer que evade la realidad hasta llegar a la ruina. Y el conflicto que vive ella respecto a Carolina, al ser desplazada de la pasión de su amante y el amor de su esposo, tejé un triángulo de enemistad y amor más espinoso que el desarrollado por Allen en Cafe Society, su trabajo anterior que trata el mismo tema.

Poco después de la mitad del filme Allen consolida el aura fatídica del personaje de Winslet. Y la trama se revela en su completo dramatismo cuando Ginny toma una decisión que se transforma en una venganza promovida por su infortunio.

El final del filme es sombrío y nos deja con emociones encontradas. Nos hace odiar a Ginny, pero no puede evitar que sintamos empatía por ella ante el patetismo de su existencia.

Si bien no se compara con lo mejor del trabajo de Allen, exalta al espectador al demostrar la miseria de las acciones humanas derivadas del desamor. Hecho que hace que la visita al cine para ver la película haya válido la pena.

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