El 19 de septiembre más largo de mi vida

Parecía una pesadilla. Ojalá lo hubiera sido. —¿Ahora sí está temblando?— dijo una voz que a la fecha no tiene dueño; teníamos apenas dos horas con 13 minutos de haber practicado un simulacro. De pronto fue como si un gigante se pusiera de pie, fúrico e implacable, que en un arrebato de ira golpeó una mesa e hizo vibrar todo alrededor, a todos nosotros, todo el octavo piso, todo el edificio, toda la ciudad, la mitad de México.

Los monitores, las sillas, y un cubo de metro y medio que cuelga del techo, comenzó a moverse como si fuera una piñata amarrada a un lazo. Los gritos de pánico empezaron a cimbrarnos tanto como el temblor mismo que no dejaba de sacudir las paredes, varias de ellas hechas de vidrio. Algunas partes del piso y barandales sucumbieron ante el terremoto.

Los rostros en la calle mostraban preocupación, histeria, confusión. Lagrimas y expresiones de asombro empezaban a verse y escucharse con más fuerza a medida que veíamos videos sobre cómo algunos edificios caían tan frágiles como casas de cartas. Seguíamos sin entender lo que había pasado. Tratamos de informar con la calma que brinda la escritura. Un par de equipos salieron a reportear el desastre que a un mes todavía no se alcanza a cuantificar, ni económica ni moralmente. Quise ir con ellos pero tenía que estar de apoyo en la redacción pues casi todos los empleados se fueron a sus casas.

Pasaron muchos minutos para que pudiéramos subir a nuestros lugares y seguir informando sobre lo ocurrido. En televisión y por transmisiones de nuestro equipo, supimos de la solidaridad de la gente. Estaba impaciente por conocer el destino de los míos. Preocupado, redacté notas tan rápido como daban mis dedos y permitía mi mente, en ese momento volcada hacia las principales zonas de desastre, una de ellas donde vivo desde hace casi tres décadas.

Las horas se escurrieron y por fin salí de mi trabajo, ansioso por llegar a casa aunque imposibilitado por el colapso del transporte. La solidaridad de la gente la sentí en carne propia cuando una camioneta nos llevó a mí y a un grupo de gente hasta la estación ‘La bombilla’. Su trayecto fue sobre Insurgentes sur que lucía abandonada, impensable para una vía de tal importancia. Desde ese momento comprendí la magnitud del suceso ante el panorama desolador que reflejaba la avenida. Pocas personas se veían en las banquetas, en las calles. La conmoción era evidente.

Tomé una bicicleta a la altura de Churubusco y pasé por algunas de las zonas derruidas por el sismo, pero como había observado, todo estaba solo, apocalíptico.

Las primeras señalas de movimiento las noté cuando llegué a Obrero Mundial. La gente era una sola: mujeres, jóvenes, adultos, millares, topos, rescatistas, paramédicos, por un momento olvidaron todo para manifestar la nacionalidad de su acta de nacimiento y ayudar al que estaba atrapado bajo los escombros de edificios que alguna vez vi, e incluso, entré.

La desarticulación, provocada por la ausencia de entrenamiento, se armonizaba con un solo movimiento, un brazo extendido con el puño cerrado que se volvió el estandarte de nuestra fuerza.


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Seguí mi curso, pues aunque para entonces ya tenía conocimiento de que mis seres queridos se encontraban a salvo, necesitaba palparlo por mí mismo. En mi trayecto me encontré con decenas de calles cerradas, una de ellas fue Morelia esquina con Tabasco, zona donde transito diario para pasear con mi perro.

Mi corazón se aceleró de tal manera que estuve a segundos de llorar. No podía creer que un edificio en el que soñaba vivir estuviera inclinado, con las puertas dobladas y su pared fuera parte de la acera. Sus inquilinos y dueños sólo lo veían como quien observa a un ser querido en su lecho de muerte, un pequeño coloso cuyos huesos de fierro estaban rotos y su piel de cemento ahora se encontraba descarnada.

Eran las 10:35 cuando llegué a casa. Abracé a mi familia como pocas veces lo hago y me percaté al fin de lo afortunado que era, por fin estaba seguro de que habíamos resistido el 19 de septiembre más largo del que tengo memoria; deseaba que llegara el mañana para ser parte de aquellos que se levantarían de cara al futuro, tal vez más claro que nunca para aquellos que que dudábamos tenerlo.

#Perfil Cri-Crí, el Disney mexicano

¡Uhuhuhu! Daba balidos el ‘Chivo ciclista’ mientras mi hermana –de tres años– y yo –de seis– competíamos por ver quién lo imitaba mejor durante los viajes familiares que hacíamos en el vocho azul, cada fin de semana.

‘El ratón vaquero’, ‘La patita’ y ‘Di por qué’ eran las otras canciones que coreábamos a nuestras edades, motivados por el cassette que mi papá nos compró para cantar al ritmo de Cri-Crí, el grillito prodigio que tuvimos la fortuna de conocer por sus sencillas piezas.

Poco (probablemente nada) sabía en ese entonces de don Francisco Gabilondo Soler, nacido el 6 de octubre de 1907 en Orizaba, Veracruz. A mí me gustaron sus canciones desde niño, como a muchos otros antes de mí, que crecieron con él y a quien debieron una infancia incomparable gracias a su programa de radio transmitido por la XEW durante 27 años.

Pero este hombre, genio en el sentido estricto de la palabra y que sólo llegó hasta el sexto año de primaria, dominó el piano como sólo los astros lo consiguen: por pasión. Influido por su breve estancia en Nueva Orleans, inició su carrera como compositor al ritmo de tango, fox-trot y danzón. Sin embargo, Orizaba era una ciudad muy pequeña para un talento tan grande, así que se instaló en la Ciudad de México en compañía de su primera esposa, Rosario Patiño.

Sus hijos fueron el motor que lo impulsó a componer para un público infantil olvidado por la industria musical, incluso hasta nuestros días. La petición de dirigirse a los niños, hecha por Emilio Azcárraga Vidaurreta, estuvo enfocada en esa dirección, entre otras cosas, para que Gabilondo no compitiera con Agustín Lara, por ello, su programa, que inició en octubre de 1934 sin patrocinios y con sólo 15 minutos al aire, cambiaría la historia musical nacional para siempre.


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Pero su mente inquieta no sólo era alimentada por estrofas, tonos y octavas; desde joven su lado científico se nutrió de Julio Verne, Emilio Salgari y los Hermanos Grimm, con quienes desarrolló su gusto astronómico y aventurero, de ahí que emprendiera un viaje a Sudamérica durante la cúspide de su carrera.

A su regreso, el público de México lo recibió con los brazos abiertos y continuó su emisión de ‘Cri-Cri, el Grillito Cantor’ hasta el 30 de julio de 1961, fecha en la que se transmitió el último programa.

Su vida estuvo nutrida por el boxeo, la natación y la tauromaquia, disciplinas que practicó pero que no tuvieron mayor impacto en su vida, porque lo suyo fue ser la voz de la infancia mexicana. Así pues, el 14 de diciembre de 1990, el hombre que se negó a vender a su grillito a Walt Disney porque era una herencia para las generaciones venideras, falleció a los 90 años en Texcoco, Estado de México.

El valor que surge de la tragedia

Indiferentes, apáticos, paranoicos, incapaces de hacer equipo, de seguir las reglas; todo eso ha desaparecido desde el terremoto del pasado 19 de septiembre. Los capitalinos, otra vez ante una tragedia, se volvieron una gigantesca colonia de hormigas cuyo único objetivo era rescatar al desconocido, al anónimo, al chilango.

La fuerza de la naturaleza no pudo con la fuerza mexicana, esa que permanece dormida cuando se trata de reclamar sus derechos o de recordar sus tropiezos, pero que despierta cuando se trata de ayudar, de ser solidarios, de enfrentar las adversidades codo a codo con el criticado, el señalado, el mal mirado.

Esta adversidad no hizo más que demostrar la grandeza de ese pueblo que se levanta las veces que sea necesario. Aquí no hubo luchas aisladas, individualidades sectarias, minorías oprimidas, ni clases privilegiadas. El sufijo “ismo” se derrumbó entre las más de 40 zonas afectadas, se volvió escombro de una sociedad que se reconstruye, afianza y encuentra entre sus diferencias, tan invisibles como palpables y profundas.

La ciudad descansó de su clasismo, racismo, machismo, autoritarismo e individualismo y mutó en un “comunismo”. En Mercedes, a pie, en motos o bicicletas, el ciudadano promedio no esperó a que el gobierno resolviera su tragedia, y fueron sus manos las que acarrearon piedras y sacaron de entre las ruinas a los atrapados por los colosos de concreto y varilla.

Como epidemia, la necesidad de ayudar se contagió entre jóvenes y generaciones que ya habían pasado por esto en 1985. Niños, señoras, maestros, soldados, policías, vecinos, profesionales e improvisados, conquistaron sus calles para levantar las rocas, llevar víveres, acarrear cubetas, cargar heridos.

En el mar de las redes, en el que opiniones y posturas parecen incapaces de comulgar, no hubo comentario alguno que no estuviera dirigido a mostrar solidaridad, deseos de ayudar y hacer frente a lo que nos golpea y recuerda la vulnerabilidad que sufrimos en nuestra tierra.

Las calles lucían solitarias, pero no por miedo, sino por valor. Cada esquina cercana a las zonas afectadas hacía remembranza a la obra maestra del cineasta David Fincher, en la que los clubes se formaban para hacer pelear a sus agremiados. Aquí también se formaban clubes, pero para organizarse, formar brigadas y contribuir con lo que hiciera falta, aunque sobrara.

El ruido desapareció de su zona habitual para trasladarlo a los sonidos de aquellos lugares donde se llevaron tortas, se prestaron palas, forraron cajas; salvaron vidas y aplaudieron por ellas.

Necesitábamos una tragedia que nos uniera para ir todos por un objetivo en común: reconstruir nuestra ciudad, probablemente nuestro país. Y es que el terremoto no nos hundió, nos levantó de entre las ruinas que nos enterraron desde hace más de 500 años, esas que nos hace parecer tan distantes y solitarios unos de los otros, pero que sin duda, en ocasiones como ésta, nos remite a aquello que sí somos y que constantemente olvidamos: mexicanos.

La naturaleza no sólo mostró la fragilidad de nuestra capital, sino la necesidad de ajustar los controles para edificar construcciones, porque aquellos que parecían invencible ante los temblores, se volvieron a caer con el sismo de 7.1 grados que sacudió la ciudad, coincidentemente 32 años después de aquella mañana de 1985 en la que nuestros padres y abuelos creyeron que era el final de sus días.

Enfrentamos la desgracia de pie, con heroísmo y sin protagonismo, sin la hipocresía de la partidocracia ni de las instituciones coludidas con la clase política. Porque aquí, en la Ciudad de México, el desastre no derribó paredes, levantó fraternidades, que quizá formen una nueva sociedad, con nuevos errores, pero sin los lastres del pasado.

Una dosis de… René Drucker

“Hasta aquí, pequeña una dosis de ciencia”, rezaba al final de una breve cápsula un hombre fornido, canoso, de prominente bigote, con playera polo que resaltaba sus bíceps pese a su edad. Con él se aprendía desde los beneficios del agua –y sus perjuicios–, sobre arañas y su desafío a la gravedad, hasta murciélagos.

Los episodios de no más de dos minutos me encantaban, es más, puedo decir que era de lo mejor que salía en el Canal 5 en aquellos tiempos en los que Televisa buscaba dar otra cara de su programación. Ese hombre incluso llegó a salir en la línea 1 del Metrobús, que aunque pasaban desapercibidas sus “Dosis de Ciencia”, la divulgación del doctor René Drucker Colín ahí estaba, entre la gente, como él lo deseaba.

Su trabajo era notorio y a la vista del mexicano promedio, mas no su persona. Fuera del círculo académico mexicano, poco se sabía de aquel hombre nacido en la Ciudad de México en 1937. Seguro tampoco él pensó durante su juventud que sería un estandarte para la difusión del conocimiento científico, ese que a tantos estudiantes aterra, pero que tanta falta nos hace, aunque sea en una pequeña dosis.

Al mero estilo del lugar común mexicano, el doctor Drucker se lesionó una rodilla y se tuvo que olvidar de correr (pero nunca del deporte), para fortuna de nosotros y de la ciencia. Su vida estudiosa, sin embargo, empezaría en la Facultad de Psicología de la UNAM. Pero no era un hombre conformista, su maestría en la Universidad de Illinois y su doctorado en medicina por la Escuela de Medicina de Saskatchewan, Canadá, lo confirmaron.

Fue ahí donde tuvo su primera plaza como asistente de investigación; su historia apenas empezaba, pues a su retorno a México fue contratado como investigador asociado al Instituto Miles de Terapéutica Experimental, y como profesor de asignatura en la Facultad de Fisiología de la UNAM, donde además fungió de jefe del Departamento de Sicobiología de 1972 a 1973.

Para 1985 ya se desempeñaba como jefe del Departamento de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular de la Máxima Casa de Estudios, puesto que ocupó durante cinco años. Entrada la década de 1990, se convirtió en jefe del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina hasta empezado este siglo. Sin embargo, el lugar donde varios lo recordamos, con mucho cariño, fue como conductor de la serie “Dosis de ciencia”, que inició en 2002.

A la distancia, podemos decir que sus cápsulas fueron pioneras de lo que ahora son los formatos de video repetidos hasta el cansancio por cientos de portales alojados en redes sociales: cortas, oportunas, ilustradas como si se tratara de un libro para niños; esos breves episodios nos transportaban a un mundo tan poco entendido en este país, siempre con un lenguaje sencillo y asequible para todos.

El doctor Drucker no sólo era un divulgador, era un científico cuya área de trabajo estuvo enfocada en el Parkinson; su primer trabajo en el área lo publicó en 1987, aunque en su haber tiene más de 400 artículos de investigación e incontables notas publicadas en La Jornada y distintos periódicos.

Su último cargo lo tuvo como secretario de Ciencia y Tecnología en la administración del actual Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera.

Carismático, imparable incansable, así fue René Drucker Colín; el creador de dosis de ciencia falleció el domingo 17 de septiembre a la edad de 80 años en su casa. A pesar de ello, su legado queda ahí en “400 Pequeñas Dosis de Ciencias”, libro gratuito en el portal de la UNAM y al alcance de todos, tal y como lo hizo siempre, en pequeñas dosis.

Un día después

Apenas se ve un cúmulo de gente en el zócalo. No usan adornos, disfraces o banderas.

El pequeño escuadron vino a trabajar y no a festejar. No hay motivo para hacerlo, aseguran. Sus uniformes naranja y escobas, dan fe de su labor.

—Qué vamos andar festejando, si lo que queremos es que nos rinda el dinero. De por sí ni tenemos y como para tirarlo en porquerías de ésas, como que no— reprochaba el barrendero con más años en el oficio.

—No se enoje Don Mario, pa’ qué hace bilis. Total, encabronándose ni gana nada— contestó el más joven.

—Tú deberías estar más molesto. Al menos yo estoy viejo y sin perro que me ladre, ¿pero tú?, tienes dos chamacos y la gallina echada. No sé cómo te gusta jugarle al pendejo recogiendo la basura de esta gente cabrona. Hubieras seguido vendiendo discos o estudiando de perdida.

—Eso tampoco deja mucho, jefe. Sácaba mis 400 varos en el metro pero sin seguro, y cuando Rita se embarazó, tuve que meterme aquí para asegurarla.

—Pues yo no sé. Esta gente me cae muy gorda. Bien patriotas en estos días y el resto del año les vale madre el país. Llenos de deudas pero con su teléfono bien caro. Ayer los hubieras visto. Con sus sombreros, llenos de espuma en la cara y gritando como si no pasara nada. Llevamos varios años sobreviviendo con migajas, pero en esta época, las carencias serán mayores. No hay trabajo para ustedes, mucho menos para los que estudian. Les preocupa más la tele que si se convierte el zócalo en estacionamiento para paleros. Hoy cuesta uno y la mitad del otro sacar pa’ un taco. Ya no digamos la luz, la renta o el gas. Cada vez más se convierte la gasolina en un lujo y no en una posibilidad.

Esta gente no tiene remedio y, encima de todo, condenan a los que protestan o están en contra de su gobierno. Los mocosos son cada vez más burros, pero nunca es culpa de los poderosos, sino de los maestros.

Jaja quién diría que el peor enemigo del mexicano es él mismo. Como sea, mejor ponte a trabajar que tienes varias bocas por alimentar.

El joven barrendero tomó un periódico para recoger la basura de las fiestas, en la vieja plana decía “En pobreza 53.3 millones de mexicanos, informa el Coneval”.

 

El primer track de mi vida: Two of Us

“I Dig a Pygmy by Charles Hawtrey and the Deaf Aids Phase one, in which Doris gets her oats”

Con esa estrofa dicha por John Lennon empieza Two of Us, el track uno del Let it Be, último álbum publicado por The Beatles y que irónicamente fue la canción con la que conocí a la banda que a la fecha considero mi favorita sobre cualquier otra.

Tenía ocho años. Mis papás viajaban en un vocho blanco que tuvo varios colores antes de terminar en azul. Recuerdo bien que en ese pequeño carro, con el que muchas historias inician, había una funda grande con un cassette adentro.

No era la típica cajita donde se guardaban los ancestros de Spotify, era toda una pieza de colección en cuya portada aparecían cuatro caras, todas con cabello largo, dos con bigote, una barbada y otra con lentes circulares. En la contraportada, había otras cuatro fotos de las mismas personas pero a blanco y negro.

Puedo comentar que la tecnología en audio de nuestro sedán se basaba en un estéreo quitapón que consistía en quitar todo el aparato para evitar dejar tentaciones a los rateros. Esos cachivaches fueron remplazados más tarde por las carátulas.

Lo mejor de todo es que esa no era su única gracia, pues tenía un sistema autorreversible y de repetición de tracks. La memoria no me traiciona mucho, pues ese día, por alguna extraña razón, mi hermana y yo esperábamos solos a mis viejos en el carrito . Me acuerdo que quise molestarla y puse el cassette.

La canción la repetí tantas veces que hasta me la aprendí, evidentemente washasheada porque de inglés no entendía ni el “yes”, y torturaba más a mi carnala, tres años menor que yo, al decirle que esa música era para hombres fuertes que les gustaba la música ruda.

La historia concluye en que desde esa tarde esa cajita y su contenido se convirtieron en mi estandarte musical, pues al poco tiempo, mi abuelita materna me obsequió un walkman Coby por mi cumpleaños y evidentemente mi principal y único título era el Let it Be.

¿Cuántas veces habrá sonado que hasta la cinta se aflojo de tal forma que ya ni las bic me servían para enrrollarlo?

Definitivamente es un álbum al que le guardo mucho cariño, admiración y respeto, porque gracias a él conocí a The Beatles, su historia y a cada uno de los Fab four, pero en especial, a esa rola, Two of Us, cuya tonada me remite a la tarde en la que encontré el cassette que fue de mi papá y que desde ese momento fue mío para siempre, aun sin existir físicamente.

Rius… alfa y omega de la caricatura mexicana

Transcurría mi infancia. Yo tenía unos 12 años cuando me sentaba a leer el periódico con mi papá. Nunca tuvo uno favorito, aún así, yo siempre me iba a la sección de caricaturas; los monos me encantaban, en especial los que parecían más dibujados por mí que por grandes maestros autodidactas que durante su vida crearon mundos, biblias enteras capaces de retratar a México, su política y su vida cotidiana, tal y como lo hizo Rius.

Debo confesar que fue durante mi etapa universitaria cuando empecé a consumir más del trabajo realizado por Eduardo Humberto del Río García y otros imprescindibles de la caricatura nacional, herederos de la venerable tradición construida por José Guadalupe Posada desde el siglo XIX.

Mi época de coincidir ideológicamente con El Chamuco y La Jornada llegó y se volvieron lecturas obligadas sus intervenciones que, con ironía, sarcasmo, e incluso, cierta petulancia, hacía referencia a la clase política y las coyunturas sociales a través de sus Supermachos, Los Agachados y muchos otros personajes como Caltzontzin, a quienes conocí por mis visitas al Museo del Estanquillo.

Distintas exposiciones de sus dibujos (que probablemente en un futuro reciban un reconocimiento diferente) me hicieron ver el sencillo pero contundente lenguaje construido por Rius y que influyó, no sólo en la formación de moneros como José Hernández o Rafael Barajas, sino en el entendimiento de la “polaca” mexicana para la raza que no muchas veces se informa con letras, sino con imágenes, o en este caso, con trazos deformes, que exaltan lo peor de la clase política.

No por nada fue visto por Carlos Monsiváis como otro modelo educativo: “En México existen tres sistemas educativos nacionales: la Secretaría de Educación Pública, Televisa y Rius”, dice la frase del cronista a quien seguro le dará gusto ver en el otro allá, en el principio caótico, aquel que cuando Rius llegó lo puso peor, según El Evangelio de San Garabato, escrito por el Fisgón.

Por ello, la huella del michoacano nacido el 20 de junio de 1934, es imposible de rellenar, no sólo por tener incontables obras publicadas en diferentes editoriales entre las que destacan Marx para principiantes (Debolsillo, 1977), Santo PRI, líbranos del PAN (Grijalbo, 2011), La Biblia, esa linda tontería (Grijalbo, 1996), Rius en pedacitos: una antología personal de dibujos (Almadía 2014), sin dejar de mencionar los periódicos en los que colaboró y las revistas que vieron la luz por su imparable trabajo.

Hoy la luz se apagó para “el ateo más cristiano” en Tepoztlán, Morelos, sin embargo, a diferencia de otros nombres, su leyenda empezó desde hace más de 60 años entre dibujos, frases y libros de referencia obligada. Su trayectoria fue reconocida por múltiples premios de periodismo, por muchas personalidades del ámbito público y privado, y especialmente, por la gente que, con su pluma, recibimos clases de civismo sin querer.

Descanse en paz Eduardo Humberto del Río García “Rius”.

Para Siempre (Parte V)

En ese momento, mientras recórdaba, me di cuenta de que había sellado mi alma para siempre a esa bestia demoniaca. Me quedaría atrapada para siempre, en la mancha de donde salió ese monstruo, a su servicio, sin que mis padres, mi hermano ni mi abuela, pudieran ayudarme.

Recé porque ellos pudieran dejar este lugar, incluso, le pedí al monstruo que los dejara libres.

–Siempre y cuando te quedes aquí– dijo el amorfo ser.

–Sí, pero déjalos ir– le dije.

Mi familia cambió la expresión de su cara por completo. Ya no tenían esa expresión de dolor, ni sangre en su cuerpo. Sus ojos se volvieron normales y aprovecharon para tocarme la mejilla. Mi madre se veía preciosa, como nunca. Ellos se fueron tras la pared y yo me quedé con el monstruo a servirle por la eternidad.

Ahora espero a que lleguen otros inquilinos, que aunque ya han pasado varios años y han venido muchas personas, tendré que seguir cobrando suficientes almas para pagar mi deuda y poder reunirme algún día con los míos, con mi familia y en especial, con mi abuela.

Para Siempre (Parte IV)

A la mañana siguiente empacó sus cosas. Mientras le ayudaba a guardar su ropa, me pidió que si tenía alguna otra pesadilla le marcara para que no me sintiera sola, pero como no me vio convencida, me regaló un rosario y una estampita con el arcángel San Gabriel. Yo no quería que fuera, incluso le pedí irme con ella, pero se negó, al argumentar que yo tenía que estar en casa para cuidarlos a todos.

Mi papá la llevó a la central de camiones con mi hermano y volví a sentirme acechada, esta vez con más fuerza. Mamá notó mi aterrador semblante que demostraban mis ojeras y me preguntó que si quería ir al doctor. Me negué por completo, mi problema no era médico, tenía que ver con la casa, le dije, a lo que mi mamá volvió a replicar que esos eran cuentos de chamacos imberbes y que dejara de pensar tonterías.

Ese día estuve esperando toda la tarde la llamada de mi abuelita. Mis papás me invitaron con ellos y mi hermano para pasear en la plaza Reforma 222, pero no quise ir, tenía que hablar con mi abuelita. Al fin sonó el teléfono, era ella pero con un tono de voz diferente.

–¿Qué tienes, abue?

–Sal, sal de ahí ahora– me decía con mucho esfuerzo.

–No te entiendo, abue, qué pasa, me estás asustando.

–Sal, sal…

La llamada se cortó y quise devolvérsela cuanto antes pero estaba fuera de servicio. Marqué muchas veces pero nunca entró. Mis papás llegaron a los pocos minutos, mi mamá llorando y mi hermano tratando de abrazarla entraron corriendo hasta su cuarto.

–¿Qué pasa papá?– pregunté alarmada.

–Tu abuelita tuvo un accidente hace tres horas en la carretera hacia Querétaro. El camión se salió del camino y chocó contra un tráiler. Todos murieron. Ya tus tíos fueron a reconocer el cuerpo, aunque todo indica que era su transporte el que se estrelló.

Me quedé en shock. No podía creerlo, sobre todo porque acababa de hablar con ella. Traté de explicarle a mi papá las palabras que habíamos cruzado hacía unos cuantos minutos pero no me creyó, me pidió que me calmara y que estuviera al pendiete para cuando nos fuéramos al velorio. Me fui corriendo a mi cuarto y me quedé llorando toda la tarde hasta quedarme dormida.

Desperté en medio de la oscuridad. Los focos no encendían y en la casa no se oían ruidos, ni siquiera el llanto de mi mamá que era más fuerte que el mío. En la calle se escuchaba aullar a una jauría de perros, como si me alertaran de algo.

Grité por mi papá, por mi mamá y por mi hermano, pero nadie me respondió. Me paré para buscarlos, pensé por un momento que se habían ido al velorio. Toda la casa estaba oscura, apenas y podía ver con la luz de mi teléfono.

Busqué en las recámaras pero no encontré a nadie. Bajé a la sala y no estaban, así que volví a subir por mis llaves y salir a la calle pero ahí la vi de nuevo, era mi madre, parada de nuevo en frente de nuestra fotografía.

–Ya nos vamos. Todos tenemos que irnos, nadie debe faltar– dijo mi mamá con voz áspera.

Volví la mirada hacia mi cuarto y ahí estaban mi papá y mi hermano, tenían los ojos completamente blancos, la cara pálida y de sus cabezas y cuerpo escurría sangre. De un momento a otro mi madre ya estaba con ellos, justo a su lado.

De pronto, la mancha de la sala comenzó a crecer más y de ahí salió la misma criatura de mis pesadillas. Destrozó la pared como si se tratará de unicel y cuando se puso de pie comenzó a subir las escaleras hasta donde estábamos los cuatro. Despedía un olor pestilente, como a orines y a perro muerto. Era un aroma nauseabundo que me obligaba a tapar mi nariz y boca, aunque sin ningún resultado. La bestía se colocó justo entre mi familia, tocándolos a cada uno con su lengua.

–¡¿Quién eres y qué quieres?!– le grité al monstruo. Con sus garras señaló la misma fotografía que tanto veía mi madre y poco a poco se iba adhiriendo a ella. Su cara y su cuello se deformaron y empezó a hablar en un idioma que no conocía, aunque cambió poco a poco a un español no muy entendible.

–Recuerda, recuerda la navidad– dijo mi madre.

–Recordar qué. No entiendo– respondí.

Sin embargo, cuando vi la fotografía empecé a hacer memoria. Los momentos de ese 24 de diciembre. La tristeza que tuve por completo en esa fecha al enterarnos de que mi abuela había muerto camino hacia la Ciudad de México durante un accidente en la carretera.

Era la primer navidad que estábamos sin ella y no pude superarlo durante todo el año, no quería que llegara otro diciembre, pero llegó. No lo soportaría, no sin ella. Así que busqué hacer contacto para hablarle, aunque fuese sólo una vez. Le pedí a una amiga de la escuela, quien se dedicaba a leer cartas que me ayudara. Ella me llevó a una misa negra donde me dieron una tabla para invocarla en casa, y así lo hice.

Llegué y comencé. Le hablé una y otra vez pero no pude hacer que me respondiera, sólo una esfera en el árbol de navidad se movía, lo hacía como péndulo. Era normal para mí, a través de esa esfera me comunicaba con ella y pasaba horas. Así estuve varios días hasta que mis padres se preocuparon mucho, además, mi hermano veía cosas en la casa y decía que había siluetas blancas que confundía con la abuela.

Las cosas empeoraron y me llevaron a un hospital. Decían que hablaba en otros idiomas y que apestaba como si algo se estuviera descomponiendo dentro de mí, a pesar de que me bañaran diario, a veces hasta en dos ocasiones. Los medicamentos no me hacían mejorar, por el contrario, me ponían más violenta al grado de golpear a mis padres y lastimarlos. De hecho, fue en la última recaída cuando me tuvieron que llevar a urgencias. No respiraba y me estaba ahogando con mi saliva.

Mi familia completa iba en el carro tratando de ayudarme a no morir, un 24 de diciembre. Desafortunadamente no pudieron hacer nada, mi condición me hacía perder la cabeza y me volvía una amenaza por momentos, así fue que los hice chocar y todos murieron, incluyéndome.

Ramón Xirau, el filósofo y poeta que se integra a las estrellas

Ramón Xirau ahora es parte del polvo de estrellas del que tantos poetas han pensado, hablado y escrito. El también filósofo, ensayista, maestro e investigador falleció el miércoles 26 de julio a los 93 años.

De origen catalán, nació el 20 de enero de 1924. Tras la Guerra Civil Española, emigró a México con su familia a los 15 años como parte de los exiliados republicanos. Continuó con sus estudios de licenciatura, maestría y doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; de igual forma, tomó cursos de inglés y letras inglesas clásicas en el Instituto Anglo-Mexicano de Cultura, además de seminarios y estudios de especialización en El Colegio de México y la Universidad Sorbona.

La vida de Xirau estuvo centrada en la academia de tiempo completo pues desde 1949 impartió clase en la FFyL. Para 1973 ya era parte de la plantilla de investigadores del Instituto de Investigaciones Filosóficas. Su trabajo lo hizo dar conferencias en universidades mexicanas y extranjeras, especialmente en Oxford, Columbia, Bolonia y Barcelona.

Prolífico en su trabajo como filósofo, traductor, ensayista y poeta, y cuya bibliografía abarca más de 40 títulos entre los que destaca Naturalezas vivas (1997), Entre la poesía y el conocimiento (2002) y Lugares del tiempo (2002), Obras 5 (2014) y Genio y Figura de Sor Juana Inés de la Cruz (2016).

A lo largo de su vida obtuvo reconocimiento a través de numerosos premios y distinciones: destacan su nombramiento como Caballero de La Orden de las Artes y las Letras (1964) otorgada por el gobierno de Francia; fue designado miembro de la La Legión de Honor (1990) considerada como la distinción francesa más importante, además fue condecorado en 2009 con a Medalla Bellas Artes durante un homenaje realizado en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México por su cumpleaños ochenta y cinco, entre una docena de premios.

Xirau fue envestido como doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona (1984), la Universidad de las Américas y por la UNAM (2010), Investigador Emérito de la UNAM y Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores (1993).

Su principal línea de trabajo fue la poesía mexicana donde analizó la obra de Octavio Paz, Xavier Villaurrutia y Sor Juana Inés de la Cruz. Como filósofo se dedicó al análisis de la relación entre la filosofía y la poesía, al establecer la tesis de entender a la poesía como conocimiento, pues con ella no sólo se puede acceder a determinados aspectos de la realidad, sino que permite trascenderla a partir del lenguaje que se utiliza.

Descanse en paz, Ramón Xirau Subías.

Para Siempre (Parte III)

Durante los siguientes días todo empeoró. Las cosas cambiaban de lugar y en el techo de mi cuarto se escuchaba el sonido de canicas y martillos cayendo. A veces, entre los cuartos se escuchaban pisadas como si hubiera un ejército de niños corriendo por toda la casa y en ocasiones algunas siluetas blacas cruzaban entre los cuartos a plena luz del día. Llegué a confundirla con mi mamá pero cuando iba a la recámara de mis padres donde se metía, no había nada, sólo una atmósfera fría.

Procuraba pasar la menor cantidad de tiempo en casa, le inventaba cualquier pretexto a mi mamá para llegar tarde, incluso le decía que tenía que hacer tarea pese a estar ya de vacaciones, sobre todo porque cada vez era más perturbador el hecho de que nadie lo notara. Mi mamá incluso negó haberse parado en aquella noche y lo atribuyó a mi pesadilla, por lo que me recomendó que me portara bien sino quería seguir soñando con eso.


Para siempre Parte I

Tanto a mi papá como a mi hermano les preguntaba seguido si escuchaban lo mismo que yo, pero no, me tachaban de loca y decían que inventaba cosas sólo para asustarlos. Tanto me lo dijeron que hasta les creí.

Llegó el 24 de diciembre y con ello la visita de mi abuelita. Estuve esperándola desde que supe que su camión salía a las 7:00 horas. Ella me creería, no me tildaría de loca y trataría de ayudarme a entender lo que estaba pasando con los ruidos, la sensación de miradas que me perseguían por toda la casa, así como la extraña cosquilla que sentía en mi cabeza y mis hombros cada vez que estaba en la mancha de la sala.

Cuando vi a mi abuelita bajar del taxi corrí para saludarla, sin embargo, en cuanto abrí la puerta ella se quedó parada, petrificada, como si algo le impidiera pasar. Ni siquiera volteó a verme para abrazarme, sus ojos recorrían el marco de la puerta y después los cuartos de la primer planta hasta que se detuvo en la sala, en la mancha.

–Tenemos que irnos de aquí cuanto antes– dijo sin bajar sus cosas.

–¿Qué dices, abue?– respondí sin entender nada.

–Vámonos, ahorita que todavía no está tan fuerte– replicó con susto.

Una mano tocó mi hombro y con sorpresa me di cuenta de que era mi mamá. Ella convenció a mi abuelita de pasar. La tranquilizó un poco, a final de cuentas, sabía cómo tratar a su propia madre a pesar de ser tan diferentes. Mi abuelita, por ejemplo, era fiel creyente de los santos, la religión y el más allá; en cambio mi madre era escéptica por completo y se había reforzado más, según mi propia abuela, cuando estudió piscología en la Universidad de Guanajuato, aunque nunca ejerció debido a que se casó con mi papá en el último semestre.

Nunca había visto a mi abuelita tan nerviosa. La pierna derecha le temblaba tanto que hacía saltar su bolsa de mano. Trataba de tranquilizarse con el té que mi mamá le sirvió, pero era inútil.

–¿Por qué Eduardo te trajo a esta casa, Dulce?– cuestionó mi abuelita.

–Porque no le queda muy lejos del trabajo. Es céntrica esta zona y me da tiempo para tomar natación en la delegación Cuauhtémoc, además estuvo más barata que otras casas, incluso que varios departamentos de por aquí– dijo mi mamá sin ninguna preocupación.

–No debieron venirse para la Ciudad, mucho menos a esta casa. Hay algo que no me gusta de este lugar. Tiene una vibra muy pesada.

–¡Ya vas a empezar, mamá! Tú y tus cosas. Ya te he dicho que no existe eso y ahora hasta Victoria lo cree. Anda inventando historias de que se mueven las cosas, que cambian de lugar y que hasta se pasean personas adentro– replicó mi mamá.


Para siempre II

Mi abuelita sabía quién era su hija. No quiso discutir más y le dijo a mi mamá que quería ir a comprar fruta. Ella se ofreció a acompañarla al Mercado de San Cosme pero mi abuelita prefirió que fuera yo y así lo hicimos. En el camino, me preguntó sobre lo que veía y escuchaba. Puso atención a cada palabra que le conté sin interrumpirme ni una sola vez. Le hablé de cómo se prendían las televisiones a distintas horas y cómo se cerraban las puertas, sobre todo en la noche.

Ya en el mercado, mi abuela fue con una hierbera. Le pidió una botellita de un líquido rosa y unas plantas secas que escondió entre la fruta para que no se diera cuenta mi mamá. De regreso me dijo que fuera fuerte porque yo era más susceptible de ver ese tipo de cosas. Me contó de que, como a mí, a ella nadie le creía cuando hablaba de las sombras que se asomaban entre las criptas del Templo Expiatorio, ni de las personas que veía en los nichos del panteón, muchas veces con los ojos en blanco y la boca seca.

–Me tenía que voltear y sólo así desaparecían. Aunque a veces eso no funcionaba y aunque ya no estuvieran ahí, se ponían justo a mi lado o en frente. Era algo que nunca pude controlar y que a veces todavía veo.

–¿Y cómo le hago para ya no ver?– respondí.

–Ahorita llegando vamos echar esta agüita que sirve para sacar a los malos espíritus, y estas ramitas son para tu cama, las pones abajo y te van a dejar de molestar esos ruidos.

Sus consejos me calmaron y en un momento que mi mamá salió a comprar unas viandas, mi abuelita aprovechó para echar el agua rosa y rezar un “Padre Nuestro” y un “Ave María”.

Esa noche la pasamos muy bien, disfrutamos de la cena y los juegos que hacíamos como cuando estábamos en León. Los siguientes tres días que ella estuvo en la casa también estuvieron normales, como al principio. Mi abuelita dormía conmigo y no sentí más miradas hasta la última noche que ella estuvo.

Eran poco después de la 1 de la mañana cuando me desperté. Vi mi reloj del buró y me alarmó el sentir una presión en el pecho. Voltée a ver a mi abuela y ella seguía dormida. A lo lejos, unos rechinidos se escuchaban, venían de la sala. Lo que hice fue acostarme y taparme con las cobijas, me abracé fuerte a mi abuelita pero cuando la tomé, me di cuenta de que estaba muerta, más que muerta, estaba momificada. Me levanté gritando de inmediato pero just  detrás de mí estaba esa criatura, la misma de mi sueño. El tremendo animal producía unos gemidos extraños y sentía su saliva en mi hombro. Apreté muy fuerte mis ojos pero sentía unas pequeñas hormigas entre mis parpados que me obligaban a verlo, ahí estaba, justo delante de mí.

Sus horribles brazos me acechaban y perfecto vi que en las astas de su cabeza estaban los cráneos de mi familia. Grité desesperadamente y traté de ponerme de pie para salir cuanto antes del cuarto y de la casa, sin embargo, en cuanto crucé la puerta me di cuenta que todo el lugar estaba cubierto de sangre, con los cuerpos de todos mis seres queridos tirados en el suelo. La bestía me tomó de la pierna y volví a ver sus ojos rojos, brillantes, puestos al costado de su hocico como de caballo que lo dislocaba cada vez que lo abría.

–Hija, despierta. Tranquila, aquí estoy– me dijo mi abuelita con la cara angustiada –fue un sueño, Vicky, no pasa nada, aquí estoy.

Para Siempre (Parte II)

Esa noche apenas pude dormir. Entre sueños veía una bestia que cambiaba de forma cada vez que volteaba. Era un perro sin pelo con cola de gato en un momento, y en otro, era un pájaro de dos cabezas cuya mirada roja me dejaba inmóvil.

Recuerdo que trataba de salir de un lugar muy parecido a la casa, pero sólo encontraba muros en vez de puertas. La bestía volvía a cambiar mientras me perseguía. Producía sonidos de puercos en matadero, y en momentos, sonaban risas de niños que retumbaban como eco en las paredes.

Por un momento, el engendro desapareció de mi vista. Aproveché para salir tan rápido como daban mis piernas pero antes de llegar a la puerta, me tropezaba con un hoyo en el piso. El ambiente se ponía denso y lo único que se veía claro era la esquina de la sala de donde la bestía mutante salía desesperadamente, sus brazos, ahora como de simio con enormes garras de lobo, trozaban el muro. Me levantaba rápidamente pero al abrir la puerta, ahí estaba. Un error de la naturaleza con forma humanoide que me tomaba de la cara y abría su hocico para devorarme. Entre sus fauces, había pequeñas cabezas ensangrentadas que rezaban mi nombre.

Me desperté mucho antes de lo habitual. Salí corriendo de mi recámara para tomar un poco de agua y eliminar la pesadilla. Crucé el pasillo que dividía los cuartos de mis padres y mi hermano, cuando antes de llegar a mi recamara vi a mi mamá. Estaba parada frente a un muro viendo una foto de nosotros. Me quedé tiesa por unos instantes.

–¿Mamá?– pregunté sin recibir respuesta.

–¡Mamá!– grité de nuevo.

–Ahí están todos– susurraba mi madre.

Mi reacción fue voltear a la imagen. Era una foto que nos tomaron a los cuatro afuera del Expiatorio, unos minutos antes de ir rumbo a la capital. Cuando mi mirada volvió hacia ella, su cuerpo había desaparecido. Caminé rápidamente hacia su cuarto y ahí estaba, dormida, roncando como si nunca se hubiera levantando.


Para siempre parte I.

 

Para siempre (Parte I)

Todo empezó por una esfera:

Llegamos a la casa el 15 de noviembre. Mi papá estuvo buscando dónde vivir desde antes que le avisaran en el trabajo que debía mudarse a la Ciudad de México. Era gerente general de la empresa para la que laboraba desde hacía 15 años. Se dedicaban al ensamble de computadoras para una marca que ya dejó de existir. Nosotros éramos de León. Vivimos durante toda mi infancia y parte de mi adolescencia en la calle Juan Valle, justo a una cuadra antes de llegar al Templo Expiatorio.

Debo decir que nunca antes nos pasó nada parecido en nuestra tierra, pese a que se contaban infinidad de historias sobre las criptas y nichos que había en esa iglesia. Ni siquiera nos llegó a ocurrir algo parecido a lo que una reportera chilanga de nombre Diana Ramírez Luna escribió cuando visitó el panteón San Nicolás.

La nueva casa donde llegamos estaba en la calle de Ignacio Manuel Altamirano, en la colonia San Rafael. Una morada muy normal de dos plantas, fachada azul, ventanas sencillas, piso de lozeta rosa con algunas raspaduras y varias recámaras. Nada salía de lo común. Algunos detalles en las paredes y una mancha con varios tonos de gris y negro en la esquina de la sala, quizá por alguna filtración de agua.

Mi papá buscó una casa donde mi hermano y yo tuviéramos independencia de cuartos; él apenas iba a entrar a la adolescencia y yo ya tenía 17. Definitivamente se cumplieron la mayoría de las cosas que mi mamá pidió. Una cocina grande, dos baños y hasta un balcón donde puso un par de macetas.

En principio no estábamos muy seguros de vivir en la capital. Mi hermano iba a entrar en una secundaria cerca de casa y yo iría a Prepa 4. Hablábamos con acento y sabíamos que no sería del todo fácil pasar desapercibidos entre los nuevos compañeros, sin embargo, por un tiempo todo pareció de lo más cotidiano. Mi mamá hacía las labores de la casa y mi papá siempre llegaba a cenar a las ocho. Teníamos la costumbre de dormirnos temprano; por lo general antes de las 11 ya estábamos en la cama.

Durante tres semanas esa fue nuestra rutina. Hasta nos empezaba a gustar la ciudad pese al trafico, la contaminación y los pelafustanes que me decían cosas obscenas, sola o acompañada por mi mamá, cada vez que me ponía un vestido, un short o simplemente cuando salía a algún mandado.

Llegó la época decembrina. Mi familia tenía todas las tradiciones de las fechas: adornar un árbol, poner nacimiento, arrullar al niño y organizar las posadas cuando vivíamos en Guanajuato. Extrañábamos a mi abuela porque ella nos ayudaba a montar las posadas; añorábamos hacer piñatas y repartir fruta. Con excepción de eso, fueron días normales hasta aquel jueves.

Una vecina invitada por mi mamá estaba sentada junto al árbol. La había pasado a tomar un café y no eran siquiera las siete cuando mi mamá se paró a servirle otro poco. A doña Lety le gustaba ver el nacimiento cada vez que iba y en esa ocasión no fue la excepción. Mientras mi mamá estaba en la cocina, doña Lety veía los detalles de nuestros adornos. Siempre se admiraba, pero aquel día, la sorpresa fue diferente.

–Dulce, esa esfera se mueve– dijo doña Lety con cierta incredulidad.

–¿Cómo que se mueve?– contestó mi mamá.

–Sí, mírala– volvió a decir con cierto susto.

Mi mamá revisó el árbol para creer lo dicho por la señora Leticia. Por un momento creyó que había una corriente de aire pero las ventanas más cerca estaban cerradas. La esfera, en forma de gota, se movía como péndulo de reloj con la misma cadencia como si tuviera energía propia. Mi madre tomó la esfera y la puso en la mesa.

–Mira Dulce, ¡ahora se mueve la otra!– gritó Leticia.

Mi mamá volteó rápidamente para comprobarlo. Su sorpresa aumentó cuando después de quitarla, la esfera contigua también empezaba a moverse. Leticia se puso de pie, histérica ante tal cosa. Mi mamá por su parte se hincó para rezarle al adorno y preguntar si le hacía falta algo.

–Descansa, te pondré una veladora, pero ya no estés entre los vivos– le dijo mi mamá sin quitarla. En automático dejó de moverse, parecía que habían apagado un interruptor. La reunión acabó tan rápido que hasta doña Leticia abandonó su monedero. Y aunque al poco tiempo se acordó, prefirió mandar a su hijo mayor para que lo recogiera.

Durante la cena, el tema de conversación fue el acontecimiento. Mi mamá nos contaba cómo de un momento a otro la palidez en el rostro de doña Leticia se hizo presente. Cuando terminó de contarnos, la puerta del baño de la planta baja se azotó.

Vengador anónimo

“Vámonos Luisa, ya empezó a llover y el tráfico va a estar de a peso”, le dijeron sus compañeros a la empleada de gobierno.

La robusta joven apresuró el paso. Guardó los cosméticos y un chocolate mordido. Alcanzó a sus amigas en la entrada del edificio y se cubrieron con el paraguas de una de ellas.

Sentadas en la parte trasera del autobús, dos de ellas platicaban los chismes y trivialidades de la oficina: desde la nueva amante del jefe hasta la vestimenta de las agraciadas y las no tanto.

Luisa aprovechaba las pausas para probar su golosina empezada y con una discreta mirada alcanzó a notar a un hombre de traje sentado en el asiento derecho del transporte.

A causa de la fuerte granizada, el avance de los coches era más lento de lo normal. La morena oficinista ya no seguía poniendo atención a la plática. Le llamaba más la barba cerrada del otro pasajero y prefería mirarlo. Siempre le gustaron los hombres barbados. Aunque estaba cómoda con ver al tipo, el sueño atrasado de días anteriores cobraban la factura y un cabeceo repentino traicionaba su equilibrio.

Conforme el autobús avanzaba, perdía pasajeros pero no los suficientes para que todos fuesen sentados. En un semáforo a pocas cuadras de la estación de metro donde las tres compañeras bajaban, dos tipos subieron y un grito histérico adelantó lo que ya se esperaba:

—A ver jijos de su puta madre, aflojen los teléfonos y carteras o se los va a cargar la chingada—, gritaba el sujeto armado mientras el acompañante despojaba de las pertenencias a todos.

—Tú sigue manejando culero, y cuidado y te pases de pendejo porque te carga la verga—, amenazaba al chofer sin dejar de apuntar a los demás.

El sueño de Luisa salió corriendo y ella también quiso hacer lo mismo pero no podía. El pánico era igual de intenso que el de sus amigas.

—Cálmate Vero, ahorita se bajan— trataba de consolar a su compañera que tenía un tremendo ataque de pánico.

Mientras la calmaba, veía cómo la pierna del joven sentado a su izquierda temblaba de forma incontrolable.

—A ver cabrón, dale baje a esa pinche gorda culera y a la pendeja que ladra como perro. El cómplice, bañado en sudor, atendió enseguida la orden y fue hacia el asiento.

De pronto un estallido estremeció el camión y Luisa ya no pudo contener los gritos. El tipo encapuchado cayó justo frente a ella, inundó con sangre sus botas y el terror la dejó petrificada.

Tres disparos se volvieron a escuchar y el primer asaltante ya no pudo bajar. Su cuerpo quedó tendido en los escalones de la puerta de subida. Los gritos enmudecieron la tormenta y una voz madura alcanzó a decir: “Váyase antes de que llegue la policía. Aquí nadie lo va a denunciar”.

El hombre abandonó el camión. Luisa alcanzó a ver su traje negro y cómo caminó en sentido contrario de la calle. El chofer orilló la unidad y pidió a todos no delatar al anónimo. La gente se bajó y poco a poco la calma llegó. “Qué bueno que los mataron. Es la tercera vez en el mes que me roban”, confesaba una señora a otra.

Luisa trataba de no recordar la situación. En cuanto pudo metió en un charco su pie derecho y limpió la sangre del asaltante. Recordaba la cara del sujeto. Era muy joven, casi un adolescente. “Se notaba muy nervioso. A lo mejor era su primera vez”, se decía a sí misma.

Entre las víctimas del robo, alcanzó a ver al hombre de barba. Lo miró con desprecio. Creyó que él sería el salvador pero en vez de eso estaba arrinconado, al borde del llanto.

—Tranquilas chicas. No nos quitaron nada.

—Eres muy valiente Luisa—dijo Verónica.

—Seguido me pasa. Por eso ya sólo traigo un celular barato y lo justo para mi pasaje, escondido entre el brasier para agarrar otro camión. Lo malo de todo esto es que nos tenemos que esperar hasta que llegue la policía y no quiero. Ya estoy muy cansada y mañana tenemos mucho trabajo.

¿Pesadillas?

 

Recuerdo que pasaban las 12 de la noche. No, espera, debió ser antes porque alcancé el último tren. Ingenuo, como niño por viajar sentado en el metro, subí en el último vagón a pesar de estar prácticamente vacío. Mi parada era hasta Taxqueña, así que me acurruqué con mi suéter y mi mochila.

Hacía frío y por más que me tapara no podía acomodarme, aunque fuese para cerrar los ojos.

Era tal la penumbra de la noche que ni siquiera distinguí cuando pasamos (pasábamos) los túneles. Pero no le di importancia. Las cosas se volvieron más extrañas cuando ella se sentó justo en frente de mí. Me llamó la atención sus pies tan blancos. Apenas había diferencia entre sus huaraches y sus dedos.

Trataba de no verla, me compararía con un degenerado, pero de reojo alcancé a notar que su mirada estaba fija, insistente, en el fondo del vagón.

Voltee en la misma dirección que ella y en los asientos no había ni polvo. Agaché la mirada y no vi más las pálidas piernas.

Mi sorpresa fue mayor cuando sus manos rozaron mi brazo izquierdo. De saber lo que pasaría me habría salido por la ventana.

Como en cámara lenta, recorrí su cuerpo hasta llegar a su cara. Su vestido liso, como hojas de papel y sus delgadas manos, donde sus dedos bien podrían ser remplazados por popotes, no me impresionaron.

La sorpresa se dio cuando llegué a su rostro.

Sus facciones de porcelana se iban resquebrajando, y como el nacimiento de un huevo, se iba mostrando una criatura irreproducible.

Ahora su piel era una calle de grietas con pedazos de cartón colgando y ojos color asfalto. En un instante su ropa se volvió harapos momificados y sus pies trozos de carne podrida. Moscas salían de su entrepierna y un olor a desagüe casi logró hacerme desmayar.

Tomó mi muñeca con estridente fuerza y al oído me susurró “No corras, de nada servirá”.

Traté de soltarme pero a medida que luchaba, su mano, ahora convertida en corteza firme, me apretaba más. Cientos de voces y ruidos empezaron a retumbar en mi cabeza.

Las luces de los vagones se apagaban y creí que moriría, sin embargo, las lámparas de la estación iluminaron el tren y éste empezó a detenerse. Las puertas se abrieron y como pude me liberé.

Corrí hasta que el corazón partiera mis venas. El miedo venció el cansancio de días atrasados.

Aun así no podía perderla de vista. Sentía su respiración en mi espalda.

Al final desperté. Nunca volví a soñar eso, pero estuve aterrado mucho tiempo.

—¿Entonces ya no tienes pesadillas sobre eso?

—No, por fortuna duermo tranquilo. Pero fue tanto mi miedo que inclusive oriné mi cama. —Jajajaja, encantadora historia.

—¿De qué te ríes? No es gracioso.

—Para empezar, no lo soñaste, fue real. En segunda, te creo porque yo también vi a esa mujer. Y en tercera, nadie que la ha visto vive para contarlo. También llevo varios años muerto.


Texto publicado en nuestro blog Los ojos del Tecolote. Puedes consultarlo aquí: Pesadillas.

 

Interruptus, una novela que no interrumpe la muerte

Imaginen que ya no tienen dónde ir; que su única escapatoria es huir tan lejos que nadie se acuerde de ustedes; o tal vez, que la única manera de desaparecer sea morir, quizá por accidente, probablemente, a manos de un policía.

Interruptus, editado por Luzzeta editores, es una novela negra arriesgada que en más de una ocasión confundirá al lector entre su narrativa y sus personajes, particularmente por la vida del doctor Agustín Guerra que en un giro inesperado nos provocará más preguntas que respuestas y que, probablemente, queden sin resolver aun después de concluirla varias veces.

Corrupción, delincuencia organizada e impunidad, son los temas que Josemaría Camacho busca plasmar a lo largo de sus 321 páginas. La ciudad de Córdoba, Veracruz, donde pasó muchos inviernos y primaveras, es el escenario perfecto para mezclar la ficción con la realidad y profundizar, desde la literatura, en el contexto de inseguridad que hace palidecer a la tierra jarocha y en general a todo el país.


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“Traté de innovar en la forma porque no es una novela que se lea de corrido porque justo a la mitad de la novela sucede el acto central y, a partir de la segunda mitad de la novela, comienza una segunda historia donde los personajes se relacionan con la primera parte aunque no son los mismos”, reveló Josemaría, quien buscó concretar una novela de metaficción.

Este proyecto nació como una necesidad que Camacho deseaba realizar para eliminar las dificultades técnicas que él como lector tiene, especialmente, con aquellas obras que tienen una voz narrativa omnisciente pues, aseguró, muchas veces no tienen justificación del porqué están ahí y vuelven torpe el ritmo de la lectura.


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Y aunque personajes y el antro donde se desencadena la historia es ficción, todo lo que ocurre pareciera haber salido de diarios locales que constantemente nos muestran la fragilidad de las instituciones policiacas y la falta de justicia que abunda en el país. Por ello,Interruptus nos tocará fibras que en muchas ocasiones parecieran anestesiadas por la indiferencia.

“Empecé a escribir en forma a los 30”

Con un período de cuatro años de preparación, según sus propias palabras, que dio por resultado las obras Imaginé un pez (Foc, Barcelona, 2013) y Los que hablan a gritos (Tierra adentro, México, 2015), el egresado en Filosofía plástica por la Universidad Panamericana escogió el género de la novela negra al descubrir al estadounidense Dennis Lehane.

“Yo tengo 37 años y aunque mi primera publicación fue con el Fondo Editorial Tierra Adentro en 2013, yo venía escribiendo desde que cumplí 30. Me inscribí a varios talleres y el más importante que tomé fue con autor ecuatoriano de nombre Leonardo Valencia con quien estuve trabajando durante un año mi segundo libro”, confesó Camacho.

Esa formalización de su concepción literaria lo llevó a explorar la novela negra.

“A mí lo que me gusta del formato dentro de la literatura es que parece muy fijo pero no lo es. Porque ese mismo formato te da a ti como escritor retos para hacer algo nuevo a partir de ese formato, a mí me encanta”, aseguró.

Su gusto por el estoicismo se nota en la manera de llevar al personaje principal que en una parte del libro pareciera ya no girar la historia en torno a él, por lo que el lector tendrá que ser muy constante y deberá seguir con la lectura para entender lo que ocurre con los personajes secundarios.

Interruptus ya se encuentra disponible directamente en el portal de la editorial luzzeta.worpress.com


Recuerda: Presentan colección “René Avilés Fabila”


 

A una alumna

Fue mi primer grupo. Mis primeros alumnos y alumna (s). La primera clase que di durante mi paso por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, tarea que realicé incluso después de egresar.

Emocionado, conocí a un grupo de segundo semestre que a la fecha me trae muchos recuerdos, de entrada porque fue de las últimas generaciones que, considero, tuvieron una participación y gusto por la clase, pese al profesor, cuyo interés por ellos era nulo, –dado que impartía sólo una hora de clase (las asignaturas en Políticas duran dos en promedio) y les daba el examen ¡con las respuestas!–.

Sin embargo, yo hacía mi parte y ellos la suya. Daba los contenidos en la medida de lo posible y ellos participan y entregaban las tareas…, en la medida de lo posible. Sin duda, haber estado con ellos, me trae gratos recuerdos.

Situaciones, preguntas, y rostros vienen a mi memoria, en particular uno, el de una joven que sólo era bajita de estatura, porque de actitud e ímpetu, era bastante alta: Jessica Lisouli Vázquez Jácome. De carita singular, con pequeñas cicatrices como salpicaduras, era la que se dirigía a mí con mayor cercanía, de joven a joven, y no de profesor adjunto a alumna. Seguramente porque era mayor que yo.

–¿Qué pedo con las exposiciones, güey?– recuerdo que me llegó a reclamar por los trabajos dejados por el maestro. Mi respuesta se la daba con una invitación a quedarse a recibir la otra hora que no daba el maestro. Ella fue de las entusiastas que se quedaba para aclarar dudas, en compañía de varios de sus compañeros, debo confesar con gusto que era la mayoría.

Mi paso por esa materia concluyó; puedo decir que ella, Lisouili, fue de las personas con quien mejor me llevé, incluso después de que egresé. Cuando la encontraba entre pasillos platicábamos. Recuerdo muy bien su tono de voz y lo coloquial con lo que me hablaba de sus compañeros, de sus materias y de sus amigos. Siempre fue una persona que tuvo mi aprecio, por ser tan sincera, tan ‘derecha’, como se le conoce a ese tipo de gente.

Hace unos días me enteré de su sensible fallecimiento. Quedé estupefacto, atónito, no sabía cómo responder a la pregunta “’¿la conocías?”. Aparentemente fue atropellada en Eje Central por alguien que todavía no se conoce; su caso no se ha resuelto, ni siquiera en lo elemental, pues pareciera que busca ser archivado entre las múltiples investigaciones de la Procuraduría de la Ciudad.

Por ello, estas líneas, más que un homenaje póstumo a una sencilla, pero directa compañera, es un llamado de atención a las autoridades para que esclarezcan los hechos y se encuentre al o responsables de esta situación que despojó de la vida a una mujer que siempre respeté y de quien llevo memorias sólidas.

En este día, que se conmemora en México el día del estudiante, quiero sumarme al llamado de justicia por esta situación, pero, sobre todo, para que las autoridades cumplan con lo único que deben hacer: su trabajo.

Hasta siempre Jessica Lisouli Vázquez Jácome, mi primera alumna.


Nota de editor

Alrededor de la una de la mañana del pasado domingo, 14 de mayo, Jessica Lisouli Vázquez Jácome fue atropellada; el culpable se dio a la fuga. Los hechos ocurrieron en el Eje Central, a la altura de la Plaza de las Tres Culturas.

Amigos y familiares de la joven solicitan información a todo aquel testigo de los hechos, donde lamentablemente Lisouli falleció. Si lo presenciaste o conoces a alguien que lo haya hecho, favor de comunicarse a:

amigoslisoulijacome@gmail.com

A los celulares: 044 5545 6475 99 y 044 6651 3302 68.

O en la página de Facebook: Justicia para Lisouli Jácome.

#HastaSiempreLisouli

#HoyPorLiso


 

Agua que no sobra en el mundo al revés

Es bien sabido que desde la subasta de la Ciudad de México a las inmobiliarias, en el sexenio de Marcelo Ebrard, cientos de edificios brotaron a lo largo y ancho de nuestra capital como mala hierba.

Más allá de la contaminación del paisaje, la saturación de las vías y el aumento en la polución, hay un tema que no se trata mucho en los medios de comunicación: la escasez de agua.

Debo decir que en la zona donde vivo, pocas veces falta. El abasto es constante y muchos vecinos, incluso mi propio padre, se dan el lujo de desperdiciarla cada vez que pueden.

Sin embargo, desde hace unos meses, el agua ha empezado a escasear. Durante los 27 años y cinco meses que llevo viviendo en ese lugar, jamás se había tenido que recurrir a la compra de pipas hasta hace un mes.

Alarmados, muchos inquilinos comenzaron a convocar juntas para tomar medidas, pues entre sus argumentos, salió que debido a la constante construcción de departamentos a lo largo de la calle y la colonia, el agua ha dejado de llegar. Cosa que no es incorrecta, aunque tampoco tocaron otro tema.

Resulta que lo surreal del asunto no es la compra del agua o la disminución en nuestros edificio o que personas que llevan décadas viviendo ahí no tengan agua para bañarse, sino que pese a la situación, varios de mis vecinos continúan como el despilfarro de nuestro recurso.

Así es, mientras habitantes de otros departamentos buscaban contratar pipas y poner letreros por la falta de agua, hay señoras que lavan varias veces a la semana, lavan escaleras con cubetadas indiscriminadas y riegan sus plantas poco antes del medio día (cuando es bien sabido que eso se debe hacer en la noche para evitar la evaporación) sin que se inmuten ante tal circunstancia.

Mientras tanto, el letrero sigue ahí, la escasez se agudiza y la consciencia no llega. Historias cotidianas que ocurren en el mundo al revés.

 

Lepra contemporánea

Hace un par de semanas, una policía de tránsito me detuvo a escasas seis cuadras de casa. La situación ocurrió tras darme una vuelta prohibida con mi auto, sin embargo, la relevancia del suceso se debió a lo ocurrido después de una discusión de casi una hora, con ocho patrulleros rodeándome y el arrastre de mi coche hasta el corralón de Avenida Talismán y Gran Canal (muy lejos).

Insisto, el hecho por sí mismo es intrascendente, dado que tan sólo en 2016 se registraron 455 mil multas, según datos de Hiram Almeida, secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México.

Lo importante viene con las reacciones de gente con la que convivo a diario, pues sus comentarios iban encaminados al porqué no le di una “mordida” a la oficial, dado que no sólo fueron los más de 2 mil pesos de multa (un exceso desmedido) sino el tiempo que perdí para recoger mi carro hasta el depósito de vehículos.

Me puse a reflexionar acerca de esos comentarios, porque la mayoría eran en tono de reclamo por negarme a sobornar a la gendarme en cuestión. Con ello, me di cuenta del arraigo que tenemos tratándose de prácticas deshonestas y la facilidad con la que las aplicamos. Pareciera que traemos en nuestro ADN la costumbre de practicar cotidianamente refranes como “el que tranza no avanza” o el popular “el año de Hidalgo, chingue a su madre el que deje algo”.

Y es que esa manera de vivir se ha vuelto tan necesaria que nos sorprende (incluso apenan) aquellos que actúan con honestidad; nos es irreconocible un policía que no pida su “mochada”; se nos hace utópico (irrisorio, ingenuo y hasta condenable) un político cuyo único interés sea el de servir con honor a su cargo y no enriquecerse a costa del presupuesto. Y a pesar de ello, desdeñamos la corrupción, la señalamos, la vemos como lo que es: la lepra de las sociedades contemporáneas.

¿Pero cómo sacar la suciedad de la casa si nuestros zapatos están llenos de estiercol? Justo a finales de enero de este año se dio a conocer el Índice de Percepción de la Corrupción 2016 de Transparencia Internacional en el que se ubicó a México como uno de los países más corruptos: es la posición 123 de 176. Escándalos vinculados con el presidente Peña Nieto, así como desvíos y monstruosidades de gobernadores salientes, hicieron que México cayera 28 posiciones, con respecto a 2015.

Es obvio que nos indigna, agobia y nos hace perder la credibilidad en las instituciones la impunidad de estos casos, sin embargo, no nos molesta ¨darle para su refresco¨ al policía; jamás nos cuestionamos sobre la procedencia de la mercancía vendida en varios tianguis, pese a tener una certeza de su origen ilegal; no dejamos de aprovecharnos de las “oportunidades” de recibir algo del gobierno a cambio de regalar nuestro voto. Y así podríamos seguir con una eterna lista, señalada por muchos, pero corregida por muy pocos.

Y aunque suene idealista e ingenuo, prefiero pagar lo que me cueste mi falta, no porque me sobre el dinero (dudo que a muchos millenial les sobre) es más por una situación de ética, de valores, pues ¿cómo señalar a los Duarte, a los Borge, a los Romero Deschamps o a los Moreira, si cuando cometemos alguna falta tratamos de escabullirnos y soslayar el castigo de alguna manera?

Como quiera que sea, creo que podemos dar pasos sencillos para desterrar estas prácticas al asumir nuestras responsabilidades y, sobre todo, dejar de pensar que en este país no hay faltas sin castigos, pues no importa cuántas leyes se hagan, el número de funcionarios públicos que hagan su 3 de 3 ni las denuncias en la prensa si no empezamos a corregir nuestras malas costumbres. Sólo así podremos salir del agujero que cuesta 347 mil millones de pesos al año, según IPC.

De a tuit

Inician las campañas en el Edomex y en la baraja hay un rico, una maestra, una tercerona y el resto ¿hay para escoger o todos son lo mismo?

La no razón de Mars

Definitivamente, desde la masificación de internet hemos tenido acceso a trillones de terabytes. Contenido mega diverso que puede ser de interés, relevante, pero que también puede ser muy vacío, sin mensajes o propuestas de trascendencia colectiva, de mero entretenimiento para acabar pronto. En ese universo virtual se encuentran los videoblogueros, una ‘especie’ de internautas conocidos por acumular varios miles de visitas tras publicar videos divertidos y que, con el paso del tiempo, se convierten en esos entes llamados “influencers” creados con cierta malicia comercial por el marketing.

Desde la aparición del ‘Anticristo 2007’ en Youtube hasta Chumel Torres, decenas de jóvenes (y algunos no tanto) han buscado esta plataforma para dar a conocer sus opiniones sobre varios temas. Algunas muy concienzudas y otras no tanto, cabe señalar. Ahora Facebook e incluso Scorp hacen lo propio y abren la puerta a millenials para que digan y transmitan lo que sea, incluso suicidios. Entre esos ‘botones’ que brotaron de estas redes sociales apareció Mars Aguirre, una joven de Mexicali, Baja California de 16 años nacida el 27 de septiembre quien suele “hacer pendejadas frente a la cámara y hacerte reír ocasionalmente”.

Su fama no la alcanzó por grabar ocasionalmente lo que dice su descripción de su perfil, sino porque aparentemente dejó la escuela en el tercer cuatrimestre de la preparatoria y lo expresó entre sus seguidores. Su video subido la mañana del 22 de marzo ha alcanzado hasta hoy alrededor de 6.4 millones de reproducciones y logró una ola de memes y miles de comentarios furiosos en su contra. Sin embargo, lo que hizo (criticable o no) toca dos puntos importantes que han sido objeto de análisis de esta intermitente columna: la educación en México y la falta de oportunidades que enfrentan los millenials.

El modelo educativo actual ha demostrado que no es apto para las exigencias globales contemporáneas, pues, como ya se ha dicho anteriormente, no permite explotar las habilidades y aptitudes de niños y jóvenes, situación que a la larga se ve reflejada de diferentes maneras, visto en la frustración al momento de buscar empleo. Esto ha permitido que muchos chavos dejen sus estudios bajo los argumentos de que nunca aplicarán lo aprendido, situación que no es falsa, pues muchos comunicólogos (rama que estudié y ejerzo) no aplican fórmulas químicas o el álgebra básica.

La linealidad de la educación mexicana ha creado “idiotas útiles” incapaces de reflexionar sobre su propio entorno, condenados a repetir los errores del pasado y a no tomar en serio el papel que ejercen dentro de la sociedad. Ese esquema ha caducado desde hace tiempo, pero no es hasta hace poco que mostró su falta de viabilidad, pues los jóvenes nacidos del 90 al 2000 son renuentes a seguirlo, situación que los hace ver como personas indiferenes, rebeldes, consumistas y con muy poco sentido de la resposabilidad.

Bajo ese tenor y con la popularización de las redes sociales y los teléfonos inteligentes, estos ciudadanos demuestran (intensionalmente o no) que los esquemas de aprendizaje no son los correctos y que las oportunidades no son suficientes, mas sí, muy deficientes. Año con año leemos que alrededor del 90 por ciento de jóvenes aspirantes a estudiar en universidades públicas son rechazados, en buena medida, por una falta de preparación académica, y en otra, porque el modelo social dicta que para ser alguien deben tener una carrera y por lo tanto tienen que buscar un lugar que probablemente no quieran.

Sin embargo, nadie se pregunta qué pasa con esos que sí concluyeron y que están desempleados, mal pagados o bajo esquemas de trabajo trampozos ante la ley que no cubren sus necesidades básicas. Tal vez si a los jóvenes se les encaminara con otras normas que les permitiera ser tomados en cuenta, se sentirían arropados para continuar con sus estudios y alcanzar sus sueños.

Quizá si eso pasara no hablaríamos de los 75 mil chavos reportados por grupo Cauce Ciudadano que fueron reclutados por el narco; de los 7 de cada 100 embarazos que son entre adolescentes, según el Inegi; de la violencia creciente, de la frustración constante. Probablemente no hablaríamos de Mars porque probablemente su mayor aspiración no sería convertirse en videobloguera, actividad a la que por cierto, muchos se quieren dedicar pues es la única forma en la que se consideran escuchados.

De a tuit

Humberto Moreira, visto por Forbes como uno de los 10 mexicanos más corruptos, busca a ser diputado ¿qué tanto deberá para que quiera fuero?

Poema millennial

Tal vez no soy de memes o gift tiernos,
Quizá no te he dicho suficientes veces “te quiero”,
Seguramente nunca he sido el novio perfecto.
Hemos peleado tanto que ya he perdido la cuenta,
Unas por mi culpa
Y otras porque no te entiendo.

 

Hoy te noto agobiada,
Probablemente aburrida,
Peor aún sería decepcionada.

 

Pero no importa,
Porque yo seguiré para ti hasta el último de mis días,
Hasta que el cielo me alcance
Y la vida se acabe.

 

Porque espero que nunca olvides,
Que pese a mis fallas,
Mis incontables torpezas,
Mis infinitas descortesías,
Y mis absurdas decepciones
Yo te amo.

 

Por cada cosa que eres,
Por cada meta que logras,
Por cada sonrisa que me regalas
Por cada momento que me das,
Por la vida que me inyectas.

 

A ti, amante preciosa
De mejillas rojas,
Gracias infinitas,
Por haber llegado a mi presencia.

#Calaverita a los #Chavorrucos

Entre redes, computadoras, teléfonos y tabletas
Vieja y obsoleta se sentía la calavera,
Ella todavía con guadaña y capa,
Mientras que los millennials de Facebook y Twitter no se desconectan.

 

Obsesionada por entender a la “chaviza”
La muerte quiso actuar enseguida,
Y con cuentas de Snapchat e Instagram
Trató de ganarse su simpatía.

 

Los likes de los jóvenes nunca llegaron
En vez de eso, sus perfiles denunciaron,
Por contenido inapropiado y aburrido
Sus escasos seguidores la abandonaron.

 

Triste y derrotada,
La Parca desistió de su objetivo,
Pues en Internet las viejas mañas
Tienen otro sentido,
Eso de querer llevar al hoyo a los chavos
Con fotos de hospitales y panteones,
No convence ni a los desahuciados.

 

Sin más intentos, la Catrina siguió con su destino,
Que es alimentar al camposanto con difuntos
Especialmente de los chavorrucos.

Los otros ninis, ¿a quién le importan?

Es bien sabido que una de las grandes deficiencias del modelo educativo público en México es la cultura del emprendimiento. No nos preparan, jamás, para buscar la manera de generar nuestros propios proyectos; nos preparan para ser empleados, simples “objetos” parecidos al unicel o botellas de pet cuya utilidad se mantiene hasta que llegan los nuevos desechables.

 

Así, bajo una inercia impuesta por la economía de mercado, donde cada vez se consume con mayor velocidad, los nuevos cuadros de profesionistas (quizá más capacitados que los de mi generación pero menos interesados por lo que ocurre a su alrdedor) van ocupando espacios con tal fuerza que desplaza no sólo a quienes tienen 30 años en servicio, sino a los que llegan a ser considerados como “obsoletos”, a pesar de estar en plena edad productiva, por algunas empresas mezquinas y que prefieren desecharlos para traer a nuevos trabajadores de menor costo.

 

Este tema ya lo he abordado de manera superficial en el artículo “Becarios… la nueva figura de la esclavitud de los millenials”, sin embargo, lo que importa ahora es entender qué pasa con aquellos que sencillamente no encuentran trabajo y tampoco estudian. Me refiero a los “ninis”, pero no precisamente a los más 7.5 millones de jóvenes que viven en el desamparo y cuyo refugio muchas veces lo encuentran en el crimen organizado, sino a los que terminaron una carrera y trabajaron y ahora no tienen empleo.

 

Si bien, el término se le atribuye de manera generalizada a estos grupos de chavos que abandonaron los estudios o que simplemente no encuentran un trabajo que les permita subsistir de manera suficiente (identificados de manera jocosa en algunos portales de facebook con los nombres de “Brayan” y “Britany”); este problema va más allá de lo que podemos imaginar, dado que no sólo encapsula a esta población, sino a aquella que está en una edad económicamente activa y que se encuentra actualmente desocupada sin obtener ingresos económicos.

 

Es de alarmarse que varios de estos centenares de miles hayan tenido algún tipo de experiencia laboral, pues según cifras del Inegi reportadas en sus Indicadores de ocupación y empleo al segundo trimestre de 2016, al menos un millón 903 mil 013 de los más de 2 millones de desocupados, cuentan con antecedentes laborales. Estamos hablando que más del 90 por ciento de los desempleados ha trabajado al menos una vez en su vida.

 

La cosa se torna más complicada cuando vemos que de los 51 millones de personas que laboran en México, poco más de 185 mil son empleadores, el resto son empleados, trabajan por su cuenta o no son remunerados (cosa que todavía complica más el panorama para al menos 223 mil personas que se ubican en esta categoría).

 

Es claro que nuestra educación viene empaquetada bajo un esquema de contratación, mismo que es inculcado desde antes de pisar un aula de clases, pues muchas veces, en vez de orientar a los hijos para que ellos sean quienes desarrollen sus propios proyectos e ingresos, se les dirige de manera inconsciente que deben ser contratados, en buena medida, porque los padres tampoco tuvieron el conocimiento necesario para crear una empresa.

 

Claro que los candados burocráticos del Estado mexicano son sumamente engorrosos y se vuelven un martirio para aquellos que se arriesgan, sin mencionar que la competencia no es del todo leal en algunos sectores, sin embargo, me parece que muchos universitarios egresados deberían optar por esta vía y no estar a la espera de una vacante que muchas veces no es precisamente justa con su actividad.

 

No descalifico a quienes han logrado encontrar un empleo, por el contrario, celebro a quienes son felices con lo que hacen y que además les alcanza no sólo para sobrevivir, sino para vivir. No obstante, analizo a todos aquellos que viven bajo los enunciados “es que no hay trabajo” o “no estudio porque me rechazaron de la UNAM”, pues más allá del lugar común de sus frases, deberían preguntarse sobre lo que hacen (hacemos) para aplicar los conocimientos obtenidos en su experiencia y en la academia.

 

Para eso, será necesario quitarnos del tímido cuasi genético que traemos muchos mexicanos y arriesgarnos con nuestras ideas, nuestros proyectos. Tal vez eso nos quite de la lista peyorativa que clasifica a quienes no “producen” pero sí “consumen”, y con ello, reduzcamos esa brecha gigante trazada por la desigualdad y la falta de oportunidades.

 

De a tuit:

El cinismo del PRI es olímpico tras suspender los derechos de priistas que no lo eran. Es claro que su idea es la justicia es mediática, no moral, pues hasta ahora ¿alguien sabe dónde está Roberto Borge y por qué no se le aplicó el mismo procedimiento?

Urge educación sexual fomal: activistas

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A raíz de la polémica generada por la marcha ocurrida el pasado sábado, donde distintos grupos sociales mostraron su descontento por la iniciativa de establecer los matrimonios entre personas del mismo sexo en toda la República, asociaciones civiles urgieron a las autoridades una educación sexual laica, científica y humanista.

 

La Asociación Internacional de Familias por la Diversidad Sexual y el Movimiento por la Igualdad en México, comentaron que estos grupos que salieron a las calles el 10 de septiembre, congregados por el Frente Nacional por la Familia, no entienden el problema de rechazo al que se enfrentan los jóvenes LGBTI, causado por la falta de educación entre la población y que muchas veces deriva en el suicidio.

 

Aseguraron que la probabilidad de suicidio respecto a las personas heterosexuales es ocho veces superior; seis veces mayor la probabilidad de depresión; más de tres veces mayor de infectarse por el VIH o contraer enfermedades de transmisión sexual, y todo eso derivado de la homofobia y la falta de educación, según datos de la Universidad Estatal de San Francisco.

 

“Incluir en los programas científicos de educación sexual a todos los niveles, la temática relativa al cuerpo y sus funciones, pero también, a la perspectiva de género, la equidad entre mujeres y hombres.

 

“No solamente incluir aspectos puramente reproductivos, sino también, aspectos placenteros acorde al grado académico y acorde a la edad de la persona”, aseguró el investigador y académico del Centro Integral de Sexualidad y Educación Sexual, David Barrios Martínez.

 

Comentaron que cuando el núcleo familiar provee de atención y cuidados, el desarrollo profesional de la persona no presenta diferencias de las personas heterosexuales, por lo que una educación que promueva el respeto por los homosexuales en todos los niveles académicos, debe ser prioridad en la educación.

 

Aseguraron que es necesario desmitificar que la homosexualidad no es una enfermedad, que no se contagia y que, principalmente, las familias homoparentales que adoptan a menores de edad, no influyen sobre sus preferencias sexuales, pues según datos recabados por la Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés), esta información se ha confirmado reiteradamente, aunque no suele ser tomada en cuenta por grupos de ideologías conservadoras.

 

Aunque actualmente se considera que entre el 8 y el 12 por ciento de la población total del País pertenece a la población LGBTI, todavía no se tienen datos concretos sobre esta minoría, en buena medida porque, aseguran, la falta de educación respecto al tema ha hecho que no sean considerados dentro de los censos realizados por las instituciones correspondientes.

 

Apuntaron que pese a la apertura que se tiene actualmente, muchos homosexuales todavía siguen omitiendo sus preferencias para evitar señalamientos y agresiones en su profesión y sus círculos sociales.

Dublín… una obra para reflexionar riendo

 

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Sin importar si es 1904 o 2016, Dublín es una obra cuya vigencia se mantiene intacta gracias a los problemas económicos y políticos que enfrentó Irlanda y que hoy padece México.

 

Esta comedia de humor negro e inteligentes chistes, aborda la visita del rey Eduardo VII a la capital irlandesa, situación que es aprovechada por el dramaturgo Wily Hayes, y un grupo de actores, para abrir el “Teatro Nacional de Irlanda”, aunque no saben todos los contratiempos que enfrentarán para llevar a cabo su objetivo.

 

“Es una obra que habla de una situación específica, de un Dublín en 1904, pero, tiene una característica que creo que es muy particular ya que es perfectamente en nuestro contexto social y temporal.

 

“Porque la problemática que vivían en ese tiempo al ser un país explotado y colonizado por Inglaterra, es muy parecida a la vivimos nosotros los mexicanos, en nuestra realidad política, social y económica diariamente” . aseguró Omar Medina.

 

Mostrar similitudes, objetivo de Dublín

 

Fernando Bonilla aprovecha el texto de Michael West para dirigir un trabajo cuyo contenido social demuestra las similitudes entre la Irlanda imperialista y el México previo a la Revolución. Una manera de hacer que la gente reflexione entorno al sistema que vivimos actualmente.

 

Esto se logra a través de la ágil interpretación que el elenco, formado por Omar Medina, Yuriria del Valle, Alejandro Morales, Juan Carlos Medellín, Mario Alberto Monroy y Sonia Couoh, logran al representar a 30 personajes.

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“Es un trabajo exhaustivo pero muy divertido. Puede ser muy rico para todos y es un trabajo polifacético que permite explotar las capacidades actorales”, agregó Omar Medina.

 

“Estamos muy contentos con nuestro trabajo y esperamos que al público le guste porque estamos presentando una obra muy profesional”, finalizó.

 

Dublín permanecerá en cartelera hasta el 16 de octubre en el Teatro Milán de la colonia Juárez. Las funciones son los viernes a las 20:00 horas, los sábados a las 19:00 y los domingos a las 18:00 horas.

 

Galería

 

Alvarado no sólo cayó por sus dedos, sino por sus acciones

Érase una vez una televisora muy chiquita, llamada TV UNAM, donde existían muchos sueños pese a la desigualdad salarial y la falta de compromiso de parte de muchos de sus trabajadores. Esta historia, lamento decirles, no es una ficción sino una realidad que existió mientras formé parte de sus filas.

 

En ese canal, el cual quiero mucho porque me formó profesional y personalmente hablando, había una clara falta de voluntades en los diferentes niveles de trabajo, que pasaba desde los de intendencia hasta los tomadores de las decisiones importantes.

 

Pero no voy a hablar de lo que fue en ese momento. Cada uno de los que trabajó conmigo en ese periodo sabe lo que hizo, lo que no hizo y sus diferentes por qué. Hablaré de las aspiraciones que tenía este modesto canal cuando su ahora ex director Nicolás Alvarado tomó las riendas.

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Desde el jueves 21 de enero que Alvarado llegó para presentarse en las instalaciones, había mucha incertidumbre, misma que fue fabricada por él mismo, pues en vez de dar a conocer su nombramiento en la propia Universidad Nacional, prefirió dar la primicia, el 18 de enero, en Primero Noticias, el extinto noticiero de Carlos Loret de Mola, donde colaboraba con su sección “Primero Cultura”.

 

La presentación con los trabajadores no trascendió, nunca buscó un encuentro individual con los integrantes de la dependencia universitaria, pues sólo se limitó a observar los pasillos de la primera y segunda planta del edificio principal, en esos escasos recorridos donde lo llegué a ver. Soberbio desde el primer día.

 

Lo que vino después ocurre cuando inician nuevos ciclos: el despido de personas para favorecer el proyecto de quienes asumen el control del lugar, entre ellas la subdirectora de Información, destacada líder en todo el sentido de la palabra.

 

Fueron momentos de mucha tensión, de constantes fricciones entre nosotros (los que formábamos parte de esa subdirección) incluso de algunas traiciones causadas por el desconocimiento absoluto del rumbo que tomaría TV UNAM, a pesar que Alvarado puso a alguien que se hiciera cargo de nuestra área y nos “informara”, muy superficialmente, sobre lo que él quería.

 

Sin embargo, se trató de salir adelante, aún sin conocer el propósito real de varias decisiones tomadas, entre ellas, eliminar el “noticierito” Inventario (así de despectivo fue siempre Nicolás Alvarado con lo producido en el canal) que varios reporteros, conductores, realizadores y staff, construyeron durante poco más de 10 años.

 

Pasaron las semanas y los únicos cambios que se veían eran de personal. Cada vez se iban más personas y aumentaba la división, sin importar las promesas de trabajo y los “aumentos” que algún día llegarían. Todo era incertidumbre. Así continúo, incluso después de mi salida del canal, decisión que tomé a motu propio sin ninguna clase de presión.

 

La gente que se quedó, a quienes les guardo un afecto muy especial dado que a varios de ellos los considero mis amigos, siguieron bajo la misma inercia: sin información, sin motivaciones, aunque eso sí, las promesas de una nueva página de internet y de una señal más dinámica nunca faltaron.

 

Se hacían castings y al mismo tiempo se hablaba que el presupuesto no favorecía a los planes para relanzar TV UNAM. Pero nada, sólo se seguía ‘mareando’ a la gente, por lo que algunos incluso prefirieron irse, en especial becarios, ya que se les exigía mucho más de lo pactado por sus 2 mil pesos mensuales.

 

Un par de “cambios” llegaron: la instalación de la Cafetería 3/8 y la desaparición de varios programas, entre ellos Inventario. Pero más allá de eso, nada. Las promesas de la dichosa página sólo se postergaba tanto como el relanzamiento, alegando que la falta de dinero era el principal obstáculo, razón por la que se buscaban co-producciones con facultades y otras dependencias dentro y fuera de la UNAM.

 

Llegó el día de la presentación de TV UNAM. Con bombo y platillo se dijo, el 3 de agosto, que el canal se volvería un productora con 18 horas de contenido semanal. Parecía que Alvarado por fin lograba callar las bocas que lo criticaron por venir de Televisa y estudiar en la Universidad Iberoamericana, y de los sindicalizados, quienes en ligeros intentos de protesta mostraban su rechazo.

 

Para entonces, sus subordinados directos ya habían hecho varias tropelías: despidos y jubilaciones forzadas que fueron parte de los movimientos solapados por el director. Unas ocurrieron apenas esta semana, donde varias personas con plaza de confianza fueron liquidados.

 

Hoy, Nicolás Alvarado Vale fue retirado de su cargo, aparentemente por una columna publicada en Milenio donde mostró su desdén por Juan Gabriel. Pero más allá de eso, Nicolás no le entregó la renuncia al rector Enrique Graue por decir que no le gustaba JuanGa “me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas, su sintaxis no por poco literarias sino por iletrada”, más bien, esa declaración fue la gota que derramó el vaso. No sólo cayó por sus dedos, sino por sus acciones.

 

Alvarado le ha salido muy caro a la Universidad (económica y públicamente hablando). La ausencia de humildad, las liquidaciones, los movimientos y la falta de acuerdos, son parte de la factura que hoy le toca pagar a la UNAM, especialmente a aquellos que se quedaron sin trabajo, pues, justificado o no, es un lujo que no se podía dar nuestra casa de estudios en esta época.

 

Así termina otro ciclo para TV UNAM, pero no la historia de esta televisora fundada en 1985, y que durante todo este tiempo ha salido avante pese a las carencias técnicas y económicas, pues ante todo, mucha de su gente ha tenido corazón para producir material para Canal 22, Foro TV y RTC, y ésta vez no será la excepción. Sin duda, vendrán tiempos mejores para el canal cultural de los universitarios.

“Triste está el palomar” un adiós a Juan Gabriel

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“Jefa, vamos a ver a ‘Juanga’ ahora que regresa a cantar” le dije a mi mamá a principios de 2015 cuando me enteré de que iba a estar en el Auditorio Nacional para presentar su más reciente material. Y más por mi madre, lo hacía por mí, moría de ganas de ver al “Divo de Juárez” en vivo. Sin embargo, y como todo millenial (bendito término) no quise ir solo por el ‘qué dirán’.

 

Me daba pena andar gritando en un concierto de Juan Gabriel. Estúpidamente me negué a pagarme mi boleto, sólo por pensar que era un gusto culposo y que tenía que ir con mi mamá para cantar “Sólo sé que fue en marzo”, “Te lo pido por favor”, y las más famosas como “El Noa-Noa” o “Amor eterno”, por mencionar sólo algunas de sus mil 800 canciones escritas.

 

Para mi fortuna (o desfortuna a estas alturas, si ustedes quieren) reflexioné mucho sobre su música. Me di cuenta de que haber crecido con sus canciones, producto de la herencia de mi mamá y mi abuelita Lidia, no era algo ‘cool’; se trataba de algo padrísimo y quería ver a quien me permitió conocer la música popular mexicana a través de discos como “El Alma Joven”, “Siempre en Mi Mente”, “Cosas de Enamorados”, “Pensamientos”, “El México Que Se Nos Fue” y muchas recopilaciones más que todavía tenemos en casa.

 

En una de ellas encontré un librito donde se narraba la historia de un tal Alberto Aguilera Valadez. Un hombre cuya vida fue azarosa desde que nació el 7 de enero de 1950, pues no sólo por ser el menor de 10 hermanos sufrió la crueldad de la vida; la pobreza y permanecer internado en escuelas durante su infancia a causa del rechazo de su mamá, lo marcaron para escribir canciones que ahora se consideran clásicos de la música contemporánea. A pesar de todo eso, se convirtió en ídolo de masas al componer y cantar para distintos géneros musicales como la balada, la ranchera, el bolero, la banda y el pop.

 

Supe por qué vendió más de 100 millones de copias en todo el mundo (la serie “Hasta que te conocí” dice que son más de 250 millones) por qué se tradujeron sus canciones en distintos idiomas, por qué era el ídolo de muchas generaciones que ahora le echaremos de menos, y por qué, pese a los escándalos de impuestos, su preferencia sexual que le generó críticas y demandas, su reclusión en el Lecumberri y sus posturas políticas vinculadas al PRI, no dejaremos de admirarlo.

 

A él, al que vino de la nada y nos lo dejó todo, le escribo estas humildes líneas como su origen, como su persona, pues no sólo es inspiración de músicos, es el ejemplo de que si un sueño es legítimo se puede alcanzar, sin importar los tropiezos. Alberto Aguilera Valadez, Adán Luna, Juan Gabriel, ahora descansan para siempre a consecuencia de un infarto que les cerró los ojos, pero que no apagó su espíritu. Ese nada lo apagará.

 

Hasta siempre, querido JuanGa. Gracias por enseñarnos que no se necesita dinero para amar, para entender que lo pasado ya no interesa, y que pese a la muerte de un palomo, podemos agradecer que todas las mañanas entre por nuestras ventanas el señor sol para que seamos mejores y hagamos las cosas siempre con amor.

Conquista un barco de papel Casa Actum

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Sobre un barquito de papel, habla de cómo las cicatrices forman a los humanos. En la imagen, Ela y Ángel, los protagonistas de la obra. Foto: Aldo Gutiérrez.

Una pequeña gota va haciendo surco en la mejilla maquillada de una espectadora, ella busca impedir que llegue a la comisura de su boca y prefiere limpiarla desde su fuente para evitar que salgan más, sin embargo, sus esfuerzos son inútiles pues la obra “Sobre un barquito de papel o crónicas de una herida”, ha tocado sus emociones.

 

Con una dramaturgia sencilla y una escenografía sin pretensiones, Alejandro Miranda y su equipo logran que el público se identifique con el dolor de Ela (María Rivera) y Ángel (Abraham Lindoro), quienes buscan sanar las heridas que la distancia y el tiempo han provocado en su romance.

 

La partida de Ángel para buscar sus sueños, es la razón que detona este drama donde intervienen la conciencia, los recuerdos y las dudas, personificadas por José Eduardo Plata, quien, sin tener un personaje en específico, traslada al público las situaciones de dolor que provoca el amor.

 

“La obra gira entorno a cómo nos formamos como humanos a partir de nuestras cicatrices, no como algo negativo, sino como algo positivo. Durante el proceso se hizo una investigación de diferentes formas de hablar del cuerpo, la voz y las historias que nos recordaban algunas situaciones y que nos provocaban esas heridas”, aseguró el director, Alejandro Miranda.

 

“Una persona sin heridas es una persona sin historias”

De esa premisa parte la puesta, cuyo hilo conductor es un barco de papel que representa lo frágiles y efímeras que son las relaciones de pareja, y que pese a saber que en cualquier momento pueden hundirse, los seres humanos tratan de cuidarlas para que duren el mayor tiempo posible.

 

Los protagonistas de “Sobre un barquito de papel” aseguraron que manejar las emociones resulta complicado, ya que se deben reconocer las propias para poder expresarlas de manear honesta ante el público y, de esta forma, la gente pueda reconocerse.

 

Por ello, el concepto de la obra se define a partir de la creación de un corazón humano, donde el texto, la música, la escenografía y el trabajo corporal de los actores, están pensados para que existan un diálogo vivencial entre el público y la representación.

 

Aunque la obra resulta un poco lenta al principio y los elementos escenográficos no logran establecer referencias del todo claras, el trabajo de la compañía Teatro Ermitaño, compuesta y formada por jóvenes talentos egresados de distintos talleres y carreras universitarias, hace un trabajo independiente de alta calidad.

 

“Es indispensable apostar al talento joven que, si bien no es nuestro primer proyecto, no podemos hablar de una trayectoria larga. Sin embargo, trabajar con personas que, independientemente de lo laboral, permiten establecer un ambiente armónico, se logra conformar un equipo sólido que realiza buenas obras”, expresó Martín Camacho, coproductor de la puesta en escena.

 

La primera temporada de “Sobre un barquito de papel” concluyó el pasado 30 de junio con un lleno en Casa Actum, y se espera que en próximas fechas se defina el rumbo de futuras presentaciones, ya que el equipo se encuentra analizando distintas propuestas de espacios y festivales que les permita mantener el mismo elenco y ritmo de trabajo.

Avispero, festival de poesía que hermana a México y Colombia

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Un “avispero” de poesía se lanzará en Chilpancingo, Guerrero, para aliviar con picaduras de versos el síndrome de la violencia, tal y como se ha hecho en Medellín, Colombia, desde 1991.

 

Con la participación de poetas de diversas partes del continente, el primer Avispero. Festival de Poesía de Chilpancingo, buscará crear conciencia sobre los problemas a los que se enfrenta Guerrero, a partir de la reactivación de la cultura en la zona.

 

“Colombia se parece mucho a Guerrero, la diversidad cultural, social, racial e histórica que tiene el estado es parecida a la que tiene Colombia”, comentó Pedro Serrano, organizador de este encuentro.

 

De esta manera, se busca crear un lugar donde todas las voces dialoguen y discutan entorno a la sociedad, el narcotráfico, el espacio público y el medio ambiente, pues según Serrano, hasta en su geografía son similares ambas regiones.

 

“El poema te cambia un poco la manera en la que piensas, y si vamos haciendo eso poco a poco, podemos hacer mucho por nuestras comunidades”, afirmó el también editor del Periódico de Poesía de la UNAM.

 

En tanto, Fabio Jurado, coordinador de la Cátedra Colombia-México de la Universidad Nacional de Colombia, comentó que Guerrero es el escenario donde se reflejan todos los problemas que el País ha enfrentado en la última década.

 

“La poesía, la literatura y las artes, son experiencias decisivas para promover la reflexión y los acuerdos sociales”, aseguró Jurado, “aquí es fundamental el proyecto cultural de los países y sus regiones.

 

“No veo otro modo de alivianar esta situación tan compleja que vivimos tanto en Colombia como en México, si no es a partir de un proyecto potente, en el que las prácticas culturales, sobre todo la poesía, se utilice para relativizar esta situación que hemos padecido”.

 

Medellín estuvo sitiado por militares y narcotraficantes a principios del siglo XX, donde los coches bomba cobraban vidas civiles, y la guerra entre el Cártel de Pablo Escobar y el Estado colombiano presentaba su punto más álgido.

 

Sin embargo, el Festival Internacional de Poesía de Medellín ha contribuido en la disminución de la violencia, así lo demostró en 2011 a través de una encuesta donde el 89 por ciento de sus asistentes aseguraron que la lírica ha cambiado la vida en la ciudad.

 

“La importancia del Festival de Poesía de Medellín, que lleva 25 años, se realiza donde hay extrema pobreza y no por eso la gente deja de asistir, así que mientras haya esta apertura a la cultura, hay una posibilidad de aminorar esos problemas”, comentó el poeta originario de esa región, Fernando Herrera.

 

Se espera que este festival se convierta en una tradición de la capital guerrerense, que permita borrar la percepción que se en cuanto a violencia, pues en 2015, Chilpanchingo se ubicó entre las cinco ciudades más peligrosas de México, según el Índice de Paz México 2015 del Instituto para la Economía y la Paz (IEP).

 

El Avispero se llevará a cabo del 22 al 24 de julio, con la participación de Colombia como país invitado, cuyas actividades estarán nutridas con charlas y talleres coordinados por poetas y distintas entidades gubernamentales locales y federales.

Ritmo Bonobo mueve el Nirvana con ska

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Ritmo Bonobo llena de ska al Nirvana. Foto: Aldo Gutiérez.

Al escenario subieron seis chavos medio uniformados de blanco, tomaron sus instrumentos. Escasas personas había en la explanada del Parque de los Venados. La música empezó y la gente estalló, arremolinándose en torno a ellos: Ritmo Bonobo estaba tocando.

 

Al sonido de estrofas como “Debemos de bailar ska, ska…” los metales hacían lo suyo y provocaban que los asistentes empezaran a multiplicarse. Un poco de slam por aquí, baile por allá y mucha raza moviendo la cabeza, se empezó hacer visible para presenciar la energía de una de las cartas más fuertes de la segunda edición del Nirvana Festival.

 

Sin palabras (no se necesitaban) la gente mostró su éxtasis al escuchar rolas como Patatas y Anhelo. –¿Quiénes son?– preguntaban por Periscope los espectadores que aumentaban como mercurio, únicamente para verlos y escucharlos. Durante más de media hora, las personas que se contaban en principio con los dedos de una mano, ahora eran docenas bailando; niños, señoras, todos estaban bailando las pegajosas mezclas.

 

“Estamos empezando nuestro tour ‘Acabamos de llegar’, para promover nuestro primer material discográfico ‘Acabamos de llegar’. Queremos que sea un proyecto bien consolidado, bien fuerte, estamos apuntando al Vive Latino 2017 y a otros festivales, y a que la gente se dé cuenta que en Puebla se hacen buenas cosas”, señaló su bajista, Héctor, en entrevista para El Tecolote.

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En acción, Ritmo Bonobo en el Nirvana. Foto: Aldo Gutiérrez.

La “familia simia”, como se hacen llamar entre ellos, comentaron que ya están componiendo nuevo material, pero que mantendrán la promoción de su nuevo disco en un tour con presentaciones en su tierra, Oaxaca y Baja California, mismas que arrancarán a partir de este 24 de junio.

 

La presentación de Ritmo Bonobo en el Nirvana dejó un estupendo sabor de boca a los asistentes. Además, dejaron en claro que el ska sigue vigente, propositivo, independiente, y el que se hace en Puebla, es tan bueno como la mejor talavera que se produce en la heróica tierra, hogar de Gregorio Chino y su eterna enamorada dormida.

 

Escúchalos en nuestra play list de Spotify:

La escencia de lo alternativo: el Nirvana

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Un imponente guardián, con astas en la cabeza que muestran el linaje de su sangre, mira permanentemente al oeste para resguardar el jardín que le rinde tributo a su raza. Vigila a quien entra a las entrañas del Parque de los Venados, en su mayoría son familias, globeros y parejas de novios que acuden ahí cada fin de semana.

 

Sin embargo, el sábado 17 fue diferente. Algo alteró por completo la cotidianidad del lugar. El sonido de guitarras y bajos, acompañado de saltos en barras, giros sobre rampas y varios intentos de 180 BunnyHop, realizados en bicicletas que bien podrían ser para niños, son parte del espectáculo que fusiona el deporte, la música y la cultura. El Nirvana Festival había empezado.

 

En su segunda edición, el festival mantuvo su esencia, su juventud, su espíritu, y volvió a ser una ventana importante para que nuevos talentos tengan un espacio para mostrar la pasión que los mueve, que los impulsa, que los envuelve.

 

Eso enseñaron en el escenario las 14 bandas que pisaron el Teatro Popular Hermanos Soler; ellos dejaron de lado las distancias largas, borraron fronteras entre delegaciones, estados, incluso países, para hermanar a la gente que se interesa en los chavos y que cree en sus propuestas, incluso sin conocerlas.

 

Lo mismo fue con los de bmx, quienes eran aplaudidos sin importar las caídas. Y así, el apoyo se esparcía como virus hacia las expresiones de danza y parkour presentes, que daban un color diferente al ambiente familiar que ahí se desarrolló; sin alcohol, ni drogas, sólo lo mejor de ellos, los marginados, los que no tienen los medios para que su voz sea escuchada, pero que tienen garra para seguir en la lucha.

 

El baile y los aplausos se los guardan sus colaboradores, que no se reduce a un número en específico, porque el motor es de todos. Esa maquinaria cuyo botón de inicio se encendió en Tláhuac con un propósito y que, ahora, ya no lo apaga nadie, porque hasta en eso, el Nirvana es innovador, al ser organizado con y para chavos.

 

La satisfacción de pertenecer a tan noble proyecto es inborrable. El Tecolote vuela por los mismos campos vírgenes de oportunidades que traza el Nirvana y nos da aliento para seguir en el sendero de lo alternativo, lo nuestro, lo de ellos, lo de todos.

 

Nos veremos hasta el otro año, Nirvana Festival, para compartir la esperanza de hacer nuestra vereda un camino más justo, felices de ir hombro con hombro para mantenernos diferentes hasta que el tiempo nos alcance.

La democracia adolescente crece

El domingo se llevaron a cabo elecciones en 14 estados, donde se eligieron a 12 gobernadores. Más allá de las campañas repletas de lodo en lugares como Tamaulipas o Veracruz, lo importante fueron los resultados, pese al abstencionismo avasallador.

 

El Partido Revolucionario Institucional auguraba alcanzar nueve de las 12, sólo tuvo cinco. Las demás se las llevaron dos partidos, algunas en alianza y otras el PAN por si solo; que si bien son instituciones enteramente cuestionables en sus procedimientos, sus integrantes y sus gestiones, las actuales y las que han pasado (en específico las dos a nivel federal de Acción Nacional), llama la atención la manera en la que gente castigó al PRI.

 

Reprimenda que le salió barata, pues pudo haber perdido Oaxaca y Zacatecas por un Morena que crece y crece. Sin embargo, se quedó con esas dos, Tlaxcala, Hidalgo (que es casi por antonomasia) y Sinaloa. Lo importante de esto, más allá de los partidos y los inadvertidos independientes, fue la gente. Sin más, dieron muestra de que cuando los mexicanos se lo proponen, puede conseguir un cambio (si quieren sólo de color), pero que le hace la vida menos fácil a los que toman las decisiones.

 

Efectivamente, no hay nada que festejar, sobre todo cuando en la Ciudad de México menos del 30 por ciento participó en la elección para el Congreso Constituyente. Como quiera que sea, el cinco de junio será una fecha para recordar y analizar que pese a nuestra desconfianza, apatía y desánimo (completamente justificado), tenemos la oportunidad de hacer las cosas diferentes.

 

Nuestra responsabilidad es, ahora más que nunca, hacernos presentes en la vida política a través de la información, la exigencia y el compromiso con nuestro papel como ciudadanos, que si bien no tenemos muchas armas, el voto nos permitirá darle un cachetadón a esos que nos “representan”. Felicidades hemanos mexicanos, sigo teniendo esperanza en ustedes, en nosotros.

 

De a tuit:

Ya detuvieron a #lordrollsroyce. Casual que fue después de las elecciones cuando el PRI pierde todo; más casual que Eruviel lo anuncie con tambores en Twitter. ¿Será acaso que EPN ahora más que nunca exige resultados para no perder su joya más preciada el siguiente año?

Ali, el símbolo de la rebeldía

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Muhammad Ali, todo un símbolo de rebeldía. Imagen: Especial.

En homenaje a Muhammad Ali, el símbolo y cuyo nombre se enmarca de manera muy especial, porque es más que un guerrero.

 

Una de las cosas que siempre me emocionaron desde que era niño, son las películas de Rocky. Mi papá me las puso desde los cinco años. Me encantaba ver al ‘Semental italiano’ contra Apolo Creed, ‘Clubber’ Lang o Ivan Drago, box en su mejor representación cinematográfica. Lo interesante, más allá de los rounds repletos de emociones, era lo que mi padre me decía siempre al verlas: “Stallone le copió a Cassus Clay”. Y eso era cada vez que las poníamos en la vhs y después en la era de los discos versátiles digitales.

 

Nunca entendí mucho por qué me lo decía hasta que un día, cuando yo me encontraba cerca de la pubertad, mi viejo compró un disco en la calle titulado “Las mejores peleas”. En la portada estaban leyendas del boxeo como Salvador Sánchez, Wilfredo Gómez, el “Mantequilla” Nápoles y Julio César Chávez.

 

Cuando terminamos de ver las carnicerías entre esos gladiadores, mi papá volvió a hacer referencia a su ídolo: “quiero que veas cómo peleaba Cassus Clay”. Para ese momento, mi afición por el pugilismo se volvió eterna.

 

La curiosidad llegó de nuevo y empecé a preguntarme (y preguntarle) sobre el tal Clay. ¬–Es Muhammad Ali, el que pegaba como avispa–, me decía. Poco a poco se me quedó guardado ese nombre. No pasó mucho tiempo cuando vi la película Ali, protagonizada por Will Smith. Ahí conocí la versión holliwoodense de la leyenda, el mejor boxeador de la historia.

 

En mis recuerdos, alimentados por mi señor padre a partir de sus memorias, había imágenes del medallista de oro en la categoría de peso semicompleto durante los juegos olímpico de Roma en 1960; de sus guerras contra Foreman, Frazier y Norton, por mecionar algunos; del rebelde que se había negado a ir a Vietnam a matar gente que “nada le había hecho”; de aquel que se cambió el nombre porque su apellido era de esclavos; del único bailarin del cuadrilátero.

 

Poco a poco me volví un fanático de Ali. Vi varias veces los episodios que tuvo contra Sonny Liston, Joe Frazier y Leon Spinks. Verdaderas golpizas que bañaron en oro al boxeo durante esas décadas y que su principal patrocinador se llamaba Ali: el hombre que sabía conectar dentro y fuera de la arena; lo demostró varias veces pero fue más evidente durante su “duelo” en un set de televisión contra Michael Parkinson, en aquella maravillosa entrevista de 1971.

 

Ahora nos toca despedirnos de una leyenda. Del maestro que pese a volar como mariposa, no pudo escapar en 1984 de la Enfermedad de Parkinson. Alguien a quien sólo vi luchar a través de Youtube y en algunos especiales que salieron por televisión para recordar a los reyes del cloroformo, y que pese a ello, mantengo sus peleas como si hubiera estado en la primera fila.

 

Su nombre se enmarca de manera muy especial, porque más que un guerrero, Ali es un símbolo. Uno que nos demuestró que se puede ir contra el sistema y que aún así puede lograr ser respetado, admirado y seguido por todo el mundo. Descanse en paz Cassius Marcellus Clay Junior (Louisville, Kentucky, 17 de enero de 1942- Phoenix, Arizona, 3 de junio de 2016), el único Muhhamad Ali.

Lázaro Lugo: la música es lo que somos

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Lázaro Lugo en entrevista con El Tecolote. Foto: Aldo Gutiérrez.

Hoy en día es raro encontrar proyectos multidisciplinarios que no sólo se limiten a raspar las cuerdas de una guitarra y dar de tamborazos en la batería. No es muy usual que sean integrados, en su mayoría, por hermanos de sangre. Pero lo que sí sale de lo cotidiano, es ver una banda tan sólida y con la clara idea de hacer música, sin importar el exterior ni lo que pase como consecuencia de las acciones de “la máquina”. Porque ellos no hacen sonidos, los traen en la piel, la sangre, el ADN. Así son Lázaro Lugo.

 

Conformado por Ian, Pedro, Erika, Fernanda y Alejandra, este proyecto tiene una historia que se remonta varios años atrás, justo tiempo después que su líder, Ian, saliera de la secundaria y decidiera formar su grupo en compañía de su hermano menor, Pedro, para tocar covers. “Desde que somos niños siempre hemos sido muy allegados a la música. Nuestro papá sabe un poco de música y nos influyó demasiado” recuerda el también guitarrista.

 

Una broma local entre los miembros originales que hacía alusión a un cacique de su zona les dio el nombre. Y al mero estilo de Pedro Páramo se aventaron con ese distintivo, sin saber cómo los recibirían. Al final el resultado dio éxito.

 

Sin embargo, el cambio de alineaciones los orilló a reposar un poco y trazar un nuevo rumbo. Así es como se integraron Fernanda, Alejandra y la hermana de ambos: Erika, para que a través de la experimentación y las influencias de Rool, Rise Againts the Machine, Radiohead, The Mars Volta y un poco de Juan Rulfo, decidieran ir por el sendero de las secuencias y el garaje sin caer en la monotonía de un solo género o una marca, sino de integrar varias ideas para mantenerse siempre ajenos a otras bandas alternativas.

 

“La música es lo que somos”

Quizá el inicio del camino se lo deben a sus padres, quienes les ensañaron por dónde ir. Por ejemplo, Su mamá, quien tocaba la mandolina en su juventud, es parte de la esencia de estos tres hermanos. Tal vez, sus padres querían tomar el camino de la música, pero que en sus tres hijos lo veían mejor.

 

Los integrantes de Lázaro Lugo lo tienen claro: la música es lo que son, forma parte de su naturaleza. Si bien no es un plan a largo plazo, sí forma parte de su línea de vida. Cada uno de ellos, afirman, tienen su propio camino. Ninguno se parece, pero todos van hacia el mismo lugar. Ian (guitarra y voz), por ejemplo, redactor y le encantan las letras; Erika (secuencias y teclados), enfermera enriquecida en la parte humana, y Pedro (guitarra y voz) estudió veterinaria. La misma diferencia aplica con sus integrantes, Fernanda (bajo) y Alejandra (batería), quienes no tienen profesión parecida a los hermanos Islas. Quizás, por eso, el proyecto explora tantas vías al mismo tiempo.

 

Sin embargo, la banda confiesa que en su primer EP, las seis rolas tenían un estilo más homogéneo y no había esas diferencias que tendrá el nuevo material, Monstruo, pues en las 10 canciones que presentarán en este material retomarán parte de su gusto por el garaje, aunque aceptan que será mucho más oscuro.

 

Autenticidad para combatir a la máquina

Desde hace varios años, el escenario de la música alternativa es poco alentador para las bandas que deciden ir por este camino. Lázaro Lugo es consciente del panorama al que se enfrentan y por eso le apuesta a ser un proyecto multidisciplinario. Son críticos con ellos y con su entorno, el cual ven carente de propuestas, de ideas, de algo verdaderamente revolucionario y fuera del lugar común.

 

“Creemos que es como una crisis general. Los músicos independientes tendemos a quejarnos de la falta de apertura de espacios, pero de pronto existen muy pocas propuestas. Lázaro busca ser un proyecto multidisplinario que involucre la onda literaria, la visual y la música, porque creemos que todo proyecto debe ser consistente para que tenga apertura y debe proponer en varias direcciones” argumentó Ian.

 

“Tenemos la ilusión que por ser músicos esperamos que las puertas se nos abran pero en realidad nos comprometemos muy poco por nuestro contenido y el concepto. Esa es una de las situaciones que más afecta a la escena independiente, porque es difícil colgarte de algo que se parece a todo” complementó Pedro quien también dijo que entre tantas bandas es difícil seguir a una, dado que todas suenan muy parecido.

 

Aun con todo estos síntomas, ellos le apuestan a lo literario, a lo visual y a ser propositivos sin esperar respuesta de la industria que maneja la música. Tal vez eso les da un poco de mayor razón para hablar de autenticidad. Quizá por eso no buscan competencia, sino jalar otras propuestas y crecer juntas para intercambiar ideas y no dejarse llevar por la corriente de la competencia, tan arraigada en nosotros últimamente.

 

Con esa idea se metieron al estudio y desarrollaron una propuesta más conceptual, aterrizada en lo que ellos, para crear una reacción en la gente; tal vez lo logren, tal vez no, lo saben, aunque su idea nunca ha sido esa sino mantener la esencia de la banda y darle la espalda a la máquina, al sistema que olvida a quienes distan mucho de su ideal robótico, sin alma ni espíritu.

 

El reto de ser Lázaro Lugo

Al igual que otros miembros del escenario musical alternativo, su principal reto es evitar navegar por aguas comerciales. Estos piratas de Tláhuac le apuestan a las actuaciones en vivo para nacer conexión con la gente. Cosa nada sencilla pues sus sonidos no son pegajosos o alegres, hasta cierto punto podrían ser hasta complicadas, pero así les gusta,  son lo que son.

 

Y aún así han tratado de lidiar con la falta de empuje y entusiasmo, conceptos que por su fragilidad se diluyen con mucha facilidad. Sin embargo, ellos mantienen el orgullo de querer llegar; se aferran y le siguen; es su sello, mismo que se adapta a las circunstancias del contexto.

 

Monstruo es el nombre de su primer LP. La producción del mismo fue hecha por ellos. Saben que hay muchas cosas que hacer, entre ellas, mantenerse tocando y componiendo para continuar por el camino, para no perderse en el mapa como un recuerdo de un poema mal escrito. Han superado muchos momentos y su principal satisfacción será tener un disco que simbolice no sólo el desmadre de su producción, sino las victorias cosechadas desde que inició su proyecto.

 

El clímax llegará con el Nirvana Festival. Será su punto de partida, la oportunidad para que espectadores y músicos tengamos una válvula de escape ante la lucha constante que significa vivir en el siglo XXI. Al final, todos vamos hacia el mismo lugar.

 

Después, vendrán los planes a futuro: las tocadas para no perderse en el mapa, las composiciones y el refresque mental. Ellos lo tienen claro, la música es uno de sus múltiples destinos y Lázaro Lugo, el camino.

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Camino al Nirvana Festival: Lázaro Lugo

Lázaro Lugo son: Ian-guitarra y voces; Pedro-guitarra y voces; Erika-secuencias teclados y coros; Fernanda-bajo; y Alejandra-batería

 

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The Froys… ellos y nada más (Camino al #NVN16)

Aldo Rafael Gutiérrez

 

El escenario fue la Biblioteca México. Ahí llegaron tres chavos con melenas ochenteras. Hermanos todos. Nos sentamos en unas pequeñas bancas de piedra afuera del edificio y empezamos la charla. —De dónde salió el concepto de The Froys— pregunté a Dilan, Kevin y Brandon. —El nombre salió de nuestro abuelo y nuestro papá, así se llaman— contestó el guitarro y seguimos con la entrevista.

 

Este trío, tirado más al stoner rock que al rock and roll, lleva un rato tocando. Y no es que sean muy viejos, sino que desde los 13 años Dilan tomó una lira y ya no la soltó. “Lo que pasó es que mi hermana tenía una guitarra eléctrica en su etapa de prepa, pero no la usaba. A mí me gustaba un buen pero no sabía ni que onda, sin embargo mi hermana me dijo que tenía algo, así que le di”, recordó el vocalista y líder de la banda.

 

Y aunque al principio les costó acoplar sus tiempos y cambiar de alineaciones, lograron encontrar un camino: el suyo. Finalmente con las influencias de The Mars Volta, Kings of Leon y Wolfmother, con un ensamble bien amarrado y con los instrumentos pedidos a sus “reyes magos”, se lanzaron a tocar en fiestas para ir por la senda de lo alternativo.

 

“Tanto musicalmente como en la actitud, sólo somos nosotros tres. Nunca hemos tomado más de tres meses de clases. Así es The Froys, todo es ‘hazlo tu mismo'”, dijo su bajista Kevin. Ese concepto no es una broma para ellos. Su preparación consta de ver videos y conciertos para aprender del arte escénico, así como ensayar toda la semana. Para ellos no hay otro mundo más allá de la música y lo demuestran al haber dejado la escuela y dedicarse a una marisquería sólo fines de semana. Con The Froys todo es música.

“No nos vemos en una oficina. O es música o es música”

Los minutos se escurrían entre preguntas, respuestas, risas y chinos desenfrenados. El calor me cobraba la factura de usar saco negro y mi cabeza parecía fuente por el sudor. Ellos, más frescos que yo en espíritu y piel, seguían contándome de su futuro, esperando siempre lo mejor.

 

“La neta no sabemos, pero igual no buscamos ponernos obstáculos, no hay límites. Esperamos que salga lo que sea porque no nos vemos en un futuro en una oficina. O es música o es música, aunque tampoco no nos visualizamos ganando millones de pesos por dedicarnos a esto”, aseguró Dilan, también vocalista del proyecto.

 

Y así es como salen a tocar. Sin esperar nada. La gente se los retribuye con energía aunque no los conozcan, pues aseguran, rompen con la inercia de otras bandas de edad parecida a la de ellos. El punch y su idea empírica de tocar les ha abierto puertas. La más importante: el Nirvana Fest. “Le tenemos mucha fe porque nunca hemos tocado en un festival así. Estamos seguros de que se pondrá muy ‘vergas'”, dijo Brandon, baterista y miembro más joven de la agrupación.

 

The Froys se acabará cuando ya no haya inspiración

No hay nadie atrás de The Froys. Quizá por eso han tardado tanto en sacar un EP. A pesar de ello y de cocinar sus primeros dos sencillos desde enero, ya están listos para el siguiente paso y grabar al menos cinco de sus rolas.

 

“Las letras son sobre experiencias y del tiempo en el que la banda estuvo estancada” dijo Dilan. Sin apoyo ni patrocinadores se meterán al estudio. Siempre divertidos y con sus lazos familiares como punto de apoyo, están dispuestos a continuar haciendo lo único que les gusta hasta que dejen de disfrutarlo. “The Froys se va a acabar el día que ya no nos soportemos y cuando ya no haya inspiración”, concluyó Dilan.

 

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¿¡Y nosotros por qué!?

Y sí, volvió el tema de la polución en la capital. Otra vez dobles hoy no circula, otra vez saturación en los transportes, otra vez quejas. Todo eso que trae consigo la prohibición del tránsito de, al menos, dos millones de coches.

 

Pero mientras escuchaba y leía un sinfín de comentarios llenos de bilis sobre las medidas adoptadas por el impopular Miguel Ángel Mancera, me llegó a la cabeza una pregunta relacionada con el tema y con una declaración desafortunada (por no decir pendeja) de la Secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano, Rosario Robles, con respecto a la movilidad de los mexicanos y que gracias a sus programas, el 80 por ciento de la gente puede llegar a sus trabajos y escuelas en bicicleta.

 

Más allá de la sandez de esta señora y de su absoluto desconocimiento por la vida cotidiana de la perrada, donde todos estamos incluidos, me puse a pensar y contestar sobre por qué tenemos que pagar nosotros ambas situaciones y todo lo que se deriva de ello.

 

Retrocedamos el reloj a unos 15 años atrás. Ustedes y yo ya teníamos uso de consciencia, seguramente no desarrollado del todo, en la mayoría de nuestros casos, pero de mínimo ya contábamos con pleno control de nuestros recuerdos.

 

Apelando a la memoria, me gustaría que se detuvieran un segundo y recordaran cómo era su vida en la primaria. Y no estoy hablando de que hagan un análisis sesudo de la situación política y económica del país en ese entonces. Hablo de que recuerden los trayectos en coche que hacían, la gente que veían en las calles cuando caminaban con sus papás, la “saturación” de las vialidades.

 

Probablemente sus imágenes sean parecidas a las mías, donde en efecto, había tráfico, muchísima gente y hasta me atrevo a decir que hubo veces en una lejana época noventera en la que mis compañeros y yo no salíamos a hacer educación física. Definitivamente el caos es el nombre de pila, sino que hasta el apellido de nuestra ciudad. Pero si nos remitimos a cifras concretas, de acuerdo con el INEGI, de 1900 a 2015 pasó de 700 mil habitantes a 8.9 millones. Y falta lo mejor, en las últimas dos décadas, se incrementó en un millón de nuevos pobladores. Y eso sólo en la capital. No estamos contando a los que vienen todos los días del Estado de México.

 

¿Qué significa eso? Más problemas en la seguridad pública, saturación de vías y transportes, escasez de agua en zonas como Iztapalapa, inestabilidad en los mantos acuíferos por falta de recarga, inundaciones, hundimientos, y bueno, un mil y largo etcétera.

 

Todo esto es consecuencia de una sola cosa: la falta de planificación por parte de autoridades. La responsabilidad, enteramente compartida entre ex presidentes, regentes (ahora jefes de gobierno), delegados y la gente inconsciente de que la situación es insostenible y que pese a ello siguen viniendo a vivir a nuestra ciudad. Así que no importa la cantidad de dobles hoy no circula, ni las veces que uno se queje, si el problema se ataca con soluciones simplistas y no de raíz.

 

Así de noble es el ex Distrito Federal, que pese a estar más cerca de China que de Tenochtitlan, sigue recibiendo a los hijos del éxodo provocado por el narcotráfico, la desigualdad y la pobreza. Mientras tanto, nos toca seguir respirando la contaminación, pues alguien tiene que pagar y quien más que los verdaderos capitalinos.

 

De a tuit:

 

México en su eterna búsqueda de héroes, le da la estafeta a las ladys, sin importar sus valores ni sus pecados.

 

Por: Aldo Rafael Gutiérrez.

¡Ya estoy harto!

En las últimas semanas nos hemos enterado de múltiples casos de abusos contra mujeres. Desde el ataque en la Condesa a la colaboradora de Vice, Andrea Noel, hasta las violaciones de jóvenes ocurridas en Veracruz por hijos de influyentes, lo que nos dan una enorme lista que desafortunadamente todos los días se va nutriendo y que la hace interminable. Cada violación, manoseo, chiflido, mirada, deja en evidencia la falta de civilidad y el absoluto machismo en el que la sociedad mexicana está hundida.

 

Algunas situaciones han superado nuestra propia indiferencia y nos han dejado cicatrices profundas, no sólo a las víctimas, sino a quienes estamos de alguna u otra forma un poco más cerca de ellas, a quienes considero las valientes, las fuertes, las que cambian el país al no callar. En lo particular, casos como el de la editora de El Universal o la estudiante de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, me ponen a reflexionar sobre lo que estamos haciendo mal y llego a una sola conclusión: todo.

 

Lo digo de esta manera porque en vez de contarrestar, mas no victimizar, muchos “hombres” se han dedicado a sobajarlas y amenazarlas. Pero esto no viene solo. Se da desde pequeñas e inofensivas situaciones como dividir las tareas y atribuciones en casa de acuerdo al género, hasta aquellos que creen tener derecho sobre las mujeres, conocidas y extrañas, quienes por el simple hecho de ser “hombres”, consideran que pueden estar por encima, y por ende, dirigirse a ellas de maneras despectivas, con connotaciones sexuales, o simplemente, con intención de demostrar que ellas no son nadie sin que el género masculino las proteja.

 

Toda esta normalización de la violencia contra la mujer, ha vuelto “invisibles” nuestras reiteradas ofensas hacia ellas, mismas que sin plena consciencia, ocurren entre mujeres y que no se arreglan con un “perdón, no me di cuenta”. Tal vez por eso nos causa tanto revuelo los casos antes señalados, no sólo por las terribles agresiones, sino porque nos hemos dado cuenta de lo cerca que estamos de esas vejaciones y de las monstruosidades de las que somos capaces.

 

En lo particular, estoy harto de que las mujeres vivan con limitaciones en cuanto a su vestimenta y comportamiento, sólo para evitar ser tachadas de “putas”; estoy harto de que los padres de violadores y acosadores señalen, acusen y evadan la responsabilidad de sus críos para decir que ellas son las incitadoras y provocadoras. Considero que debemos tomar partido en todas y cada una de esas acciones, porque definitivamente, todos somos parte de ellas de alguna u otra forma, incluso si nos quedamos callados, pues hasta la omisión nos hace cómplices de la violencia. Quizá si cambiamos eso, lograremos mejorar nuestro entorno, no sólo en ese aspecto, sino en nuestra manera de ser ciudadanos, de ser mexicanos.

Violencia contra la mujer

Ayotzinapa 26, una mirada colectiva

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“Ayotzinapa 26” se integra de velas, marchas, gritos y lágrimas. En 32 cortometrajes, compilados por Amnistía Internacional, el descontento y duelo de las familias por lo ocurrido en Iguala, la noche del 26 de septiembre de 2014, toman forma.

 

El productor, Sergio Ortiz, comentó que este proyecto “es una película que invita a la acción para que no solamente desde de la comunidad artística, sino que todos tomen acción en relación a los 43 desparecidos de Ayotzinapa. Creo que todas y todos podemos exigir justicia, tanto para este caso, como para los más de 27 mil desparecidos que hay en el país”.

 

Esta idea se originó a consecuencia del primer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal Isidro Burgos. A partir de la edición de imágenes, videos y testimonios, personajes como Fernando Eimbcke, Bruno Bichir y jóvenes realizadores, contribuyeron al armado de este filme que también denuncia la violencia que azota gran parte de la república mexicana.

 

Por su parte el egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), Alejandro Moreno-Novelo, quien dirigió el cortometraje Seres Queridos, comentó que buscó “hacer un cuestionamiento directo a Enrique Peña Nieto, (a través de) una especie de brevísima carta abierta. Con ese fundamento, yo presento en retratos a mis seres más queridos y le planteo qué es lo que él se pregunta de verdad, más allá de la política, cuando piensa en la cantidad de personas desaparecidas”.

 

En tanto, la actriz de teatro Ana Karen Ávila, protagonista de Yo lo vi aseguró que participar en este proyecto, significó para abrir los ojos a la realidad contemporánea. “A veces voy por la vida pensando que nada pasa cuando realmente sí pasa, y no porque no me ocurra a mí, no significa que no sucede; más que nada me hizo entrar en este análisis entre lo que pasa y lo que puede pasar.

 

Esta convocatoria, hecha de boca en boca no ha concluido, pues de acuerdo con el productor Sergio Ortiz, se seguirán aceptando trabajos cinematográficos, con el objetivo de mantener la honestidad del proyecto. Ayotzinapa 26, tendrá proyecciones en distintas sedes de la Ciudad de México, además será parte de Ambulante Gira de Documentales 2016.

Becarios… la nueva figura de la esclavitud de los millenials

Tal vez más de uno sepa que trabajé en TV UNAM. Para quienes no, estuve al servicio de la televisora de la universidad por cuatro años como reportero cultural. Renuncié hace un par de semanas, en buena parte por la necesidad de tener oportunidades laborales diferentes y también por falta de claridad en el proyecto actual, pero no ahondaré en esa situación.

 

Resulta que como cualquier desempleado, he tenido que tocar varias puertas para desempeñar mi profesión. En ese andar tuve una entrevista el pasado lunes 28 de marzo. En ella había ocho aspirantes a redactor para una revista cuyo nombre prefiero omitir. La reclutadora, de nombre Cristian, fue en principio clara con quienes estábamos ahí: “No hay promesa de contratación y la vacante es para ser becario”.

 

No me molestó. Por lo general los becarios pueden ganar desde mil 500 hasta siete mil pesos por medio tiempo o menos dependiendo el lugar y las tareas. Lo dramático de esta “vacante” no fueron los 600 pesos mensuales que dan como “apoyo económico” (sí, 600 monedas de a peso por 30 días de trabajo, eso sí, hay que asistir cinco días a la semana y cubrir el turno de cuatro horas si se quiere cobrar), sino la disposición de varios jóvenes por trabajar ahí después de haber oído tal monstruosidad.

 

Mi expresión, interna y externa, fue de absoluto asombro. Insisto, más allá de la miserable paga que ni para los pasajes debe alcanzar, me impresionó la intención de algunos chavos, la mayoría con estudios concluidos (dicho por ellos mismos), de querer trabajar en tan raquíticas condiciones. Una de ellas incluso comentó que venía de San Miguel de Allende, Guanajuato, y que le interesaba mucho incorporarse a la revista.

 

Me vinieron muchas preguntas a la cabeza: ¿por qué los jóvenes deprecian tanto sus conocimientos?, ¿acaso la idea de “empezar desde abajo” les ha borrado de la cabeza el concepto “pago justo”?, ¿es esta la razón por la que los periodistas y comunicólogos en general son vistos como recursos desechables y por ello tantas injusticias laborales, económicas, sociales?

 

Francamente quedé aterrado. En efecto, por la insensibilidad de parte de las empresas por desdibujar la figura del “becario” y verlo como un trabajador más, sólo que más barato, sin prestaciones y por supuesto, sin seguridad social, vaya, un simi trabajador. Por otro lado, me parece inaudito que los jóvenes se prostituyan de esa manera sólo por “hacer experiencia”, como si recibieran un favor de quienes los contratan.

 

En efecto, dependencias públicas y privadas han olvidado a propósito la definición de becario por meros intereses económicos. Lo desesperante es que los millenials (me choca haber pertenecido a esta generación), también olviden que esto debe ser visto como un apoyo y no como un sacrificio. Espero que en el futuro esto pronto se regule por las autoridades correspondientes, porque de seguir bajo esta senda, México está en riesgo de convertirse en un país de becarios/esclavos del siglo XXI.