A la sombra del jardín

que el polvo

guarde la dicha

      de esta realidad

 

¿realidad cuál?

 

¿la que mece las

jacarandas cuando

roban el aire de mi sueño?

 

que entre

por esta puerta

         a ningún lado

                     el que siente

 

el de a lado

 

el de abajo

 

y si es posible, el de arriba

 

el que se encorva cuando

llueve seco, y las ramas danzan

para alcanzar la luz que perfora su crespa piel

 

es un tanto de cierto

que la tierra del jardín

es el fantasma de la memoria,

 

de mi memoria, creo

 

y se sume, se bambolea

y ruge cuando pasan

las patas del viento

 

pasan los invitados

a la perpetua fiesta

de las hormigas

 

          sangre viva

          de las entrañas

          de mi carne, y la sombra del árbol

 

en el arbusto,

la hoja que come luz

 

               la savia hambrienta

              que arde cuando una cascada de nidos

               se arroja contra el suelo, y se torna en un dulce abono de plumas

 

trato de dibujarme

un poco como los gatos se miran

en la luna mientras duermen

 

así yo lo intento

 

con saliva en mis dedos

 

con el polvo de piedras

en los ojos

 

y queda este rostro

irreconocible

 

apedreado por el lomo del mundo

 

sangre falsa en la carnosidad

 

solo pálida sombra de un pétalo

Eco de lumbre

Et ellu è bellu e radiante cum grande splendore:
de Te, Altissimo, porta significatione…
San Francisco de Asís, “Cantico delle creature”

en un discreto precipicio
una lágrima de oro

 

el dardo apunta
sobre lomos de piedra y concreto

 

piel y espejo de ángel

 

en silencio
guarda su palabra la lluvia

 

grieta en las rama
y rama de grietas

 

raíz de relámpago
en su profunda y lejana distancia

 

inmanencia
de rueda dorada:

 

con delicadeza abre su boca
una naranja de brazos luminosos

 

sombra de su nombre:

 

aquí todo acontece
en la significación de su presencia

 

ritmo de la ventisca
y salto de aire

 

en los corazones de jade
aguarda
la tormenta de su imagen

Akai

la sangre

lleva puesta

una diadema

de agua y tierra

 

es sed

 

azulejo de yerba

inmaculado

 

le cuesta galopar adentro

 

una mujer

en un cuarto

 

sobre su sombra

se mira

 

“calla

que la

entraña

grite sin boca”

 

espejo en un cuenco

 

la tiza del crepúsculo en su rostro

 

dardos

que bailan

entre el eco

 

un enjambre de oscuridad

en su espalda

 

el entrecejo

de una grieta colorada

 

se adormecen

los talones

en la palidez

de la violencia

 

un pétalo

en forma

de manecilla

 

colapsa

 

huele

a hierro húmedo

 

todas las puertas enrojecen

 

un lirio de infinitas raíces

despierta sobre el azulejo

 

aquella mujer

ya no es una sombra

 

es el alba