Lashenka, el Metro y un mural en Garibaldi

El metro. El gran y versátil metro. Contiene un microuniverso reservado para aquellos que realmente quieran mirar. Tiene pizzerías, panaderías, cafés internet, murales, obras de arte, espejos, monumentos, mosaicos, luz y oscuridad; ricos y pobres; niños y ancianos; morenos y güeros; guapos y feos; altivos y humildes.

Habitan en él  todos los estilos de personas: chacas y punks; fresas y rockerillos; andrajosos y Godínez; monjas y drags; doctores y analfabetas.

En el metro chilango convive todo aquello que podría considerarse opuesto (aunque realmente no lo es tanto. Todos somos personas, todos sentimos y sufrimos).

Y el metro es de los pocos, sino es que el único lugar que te permite observar tanta diversidad junta, tanta diversidad encerrada de manera subterránea, que es interesante de observar y que es aún más bella de fotografiar.

Y es aquí donde tomé el retrato de mi amiga Lashenka, en un mural de la estación Garibaldi. Espero les guste, y les anime a voltear la próxima vez que se encuentren en una estación, con la intención de buscar un poco de aquel microuniverso que no disfrutamos por ir en la prisa, y en el infernal calor.

Un pedacito de Tlanepantla

Todo en ésa plaza tenía un tenue toque de magia. El carrito fue ésa tarde lo primero que llamó mi atención. No sé si fueron sus colores, su aspecto viejo, o su ubicación; con la catedral de fondo. Tal vez fue todo, pero ése carrito tenía magia. Para terminar de hacer especial ése día y mi recuerdo de ése lugar; en la noche se reunieron en el kiosko algunos músicos, (rondaban por ahí de los 20 años) que tocaron jazz por  amor al arte, sin nadie que los oyera, y con una pasión indescriptible. Les dejo, junto con mi foto, un pedacito de ésa tarde. Un pedacito de Tlalnepantla de Baz.