Cuaderno de viaje III

Nota de la autora: Los siguientes poemas fueron escritos mientras viví en Veracruz como parte de un intercambio académico en la Universidad Veracruzana. Pertenecen a un poemario inédito titulado “Cuaderno de viaje” que se compone de poemas breves y sin título.


Hay veces que me canso
de esta hambre tan cierta del polvo.
Hay veces también en que mi estómago
registra con lentitud los sentimientos
y me quedó inmóvil
un poco piedra
un poco sol de mediodía en el aire
casi en mi mano sobre mi cabeza
las sombras parecen más profundas de lo que son,
casi un abismo.
Hay veces, sólo hay veces.
El resto del tiempo procuro ofrecer mutaciones
continuas de mi ánimo, volver oro el plomo,
en medio del cenit, de camino a casa.

Cuaderno de viaje II

Nota de la autora: Los siguientes poemas fueron escritos mientras viví en Veracruz como parte de un intercambio académico en la Universidad Veracruzana. Pertenecen a un poemario inédito titulado “Cuaderno de viaje” que se compone de poemas breves y sin título.


Aquella ciudad fue un pedazo de lluvia
el perfume del jugo fresco de la mandarina
y la arquitectura mítica de la niebla.
Fue el murmullo de un dios.
Aquella ciudad que fue un caleidoscopio,
una nube derruida,
el olor a tierra durante la lluvia,
la pata de un chapulín entre mis dientes,
el divorcio de la luz y la piedra,
seguirá siendo sólo en mi memoria.

Cuaderno de viaje I

Nota de la autora: Los siguientes poemas fueron escritos mientras viví en Veracruz como parte de un intercambio académico en la Universidad Veracruzana. Pertenecen a un poemario inédito titulado “Cuaderno de viaje” que se compone de poemas breves y sin título.


No ha habido luna en esta tierra de extravíos
la lluvia parte con providencia de verdor
la tibieza de un sol lastimado.
Agradezco las mentiras
esta afirmación que hacen del vacío.
Aquí vienes a esparcir tu cuerpo
a besarme con el blanco de tus ojos,
en esta tierra donde un dios de piel oscura suspira.
Me quedo en una esquina del mundo
siguiendo la luz que se oculta en mis heridas.
Como un ciego o un hambriento
me mantengo a la orilla de las personas:
soy eso que los otros
no saben que han olvidado.
Y no es el tiempo, menos cierto que la niebla,
es la secreta noción de ruptura en aquel café
o el verde del bambú y el lago.
Es saber que sólo habitamos la memoria.

Un poema con la palabra albañil

Hay veces que la ansiedad ancla
en la garganta y uno calla,
porque hablar es ponerla de frente
decirle: existes
y me llevas los ojos por las muñecas,
los ojos afilados como una hoz blanca.

El cenit hiere los dorsos con su ceguera.
Un albañil cuenta las monedas, los billetes,
duplicados en el reflejo inacabable
del deseo y recuenta en murmullos:
los niños, el gas, la luz, el agua,
unos calzones nuevos para su mujer.
Se mira los zapatos cansados de cemento,
la sombra sangrada bajos sus pies
luego se queda quieto,
viendo al vacío como si lo entendiera.


Revive: La eternidad (Adriana Dorantes); La ciudad fabulada (Ulises Paniagua).