En el amor, la cagas (“La canción más alegre del mundo”)

 

¿Alguna vez has sentido un chispazo de alegría al ver a esa persona a los ojos? No hablamos de amor, hablamos de algo menos azotado…

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“La canción más alegre del mundo” nos presenta una relación como cualquier otra (no mentimos, como cualquiera; la tuya o la mía). Entonces, ¿qué es lo que hace tan entrañable el trabajo de Adriana Nájera (dramaturga)?. Sencillo, el ingrediente base de cualquier historia de amor que vale la pena contar: la mentira, la incertidumbre y esa esperanza fallida que crece en tu interior cuando estás consiente que, a veces, el querer no basta.

 

Esta comedia es el pretexto perfecto para exponer el maleficio del amor sin tener que acabar con lágrimas en los ojos (aunque a decir verdad, no fuese yo el único dentro del público a quien los suspiros y los lagrimales traicionaron su subconsciente).

 

Con un trabajo de dirección formidable, los actores acaban por exponer que no hacen falta recursos rimbombantes en escena. La magia que crean Mario Rendón (Oswaldo) y Fernanda Enemi (Wendy) al interactuar entre sí, es más que suficiente para volver a creer en el amor. Aunque sea sólo por unos momentos.

 

Cabe destacar el excelente trabajo de musicalización que representa y determina pautas fundamentales en las acciones dramáticas. El trabajo hecho por Brandon Torres y la interpretación de Oscar Braun te envuelven invariablemente en aquel monstro de miel y limón.

 

“La canción más alegre del mundo” es una obra con la que indudablemente te vas a sentir identificado hayas o no amado, hayas o no encontrado qué carajos significa el amor. Lo único indudable es que, hagas lo que hagas, en el amor, la cagas.

 

Sólo tres viernes. 14, 21 y 28 de octubre en Casa Actum ubicada en la calle Héroes del 47 número 9, casi esquina con Tlalpan a las 20:30 horas. Muy cerca del metro General Anaya.

UN NOVIO PARA MI NIETO: “En todas las familias hay un ratero y un homosexual”

Un novio para mi nieto se presenta en Casa Actum. Mírala este 9 de octubre. Imagen: Facebook.
Un novio para mi nieto se presenta en Casa Actum. Mírala este 9 de octubre. Imagen: Facebook.

Incursionar en el teatro es una suerte de osadía en el México actual. Las desventajas y contratiempos dentro del gremio están por demás dichas. Y es por eso que el talento joven debería ser cobijado por los más experimentados. Sin duda, los hacedores teatrales contemporáneos merecen un espacio en marquesina para exponer las inquietudes propias de su realidad.

 

Algo curioso y ciertamente agradable sucede en la obra “Un novio para mi nieto”: la experiencia y juventud se reúnen para exponer lo mejor de estos dos aparentes antónimos.

 

– “Callado sólo haces más fuerte el silencio. A veces es mejor decir pendejadas a dejar que el silencio grite sus verdades.” –

Los personajes principales son encarnados por Micho Camacho e Israel Ramos, ambos jóvenes menores de 25 años y guiados por la mano del maestro Luis Felipe Pacheco, nos ofrecen una historia en ocasiones cómica y en muchas otras intrigante.

 

Bajo el género del melodrama, “Un novio para mi nieto” aborda temáticas complejas con una naturalidad perturbadora. Las vueltas de tuerca dentro de la historia no se hacen esperar, pues a cada momento podemos encontrar las justificaciones a una premisa poco común y hasta incoherente: pagar por un amor fársico.

 

En cuestiones técnicas se agradece la escenografía ostentosa que, de manera obligada, nos hace estar dentro del hogar donde se representa la ficción.

 

– “No tiene razón el sufrimiento si no hay quien te consuele” –

El libreto es certero respecto a cuándo y cómo sembrar la intriga en el espectador. Luis Felipe Pacheco, director y dramaturgo de la obra, tiene a bien no abandonar al público y tomarlo en cuanto al momento de develar, a lo largo del montaje, las verdaderas intenciones de sus personajes.

 

El compromiso por parte de todo el equipo es claro. Muchas cosas hay que aprender de estos chicos; de las más destacables: la honestidad con la que hacen su trabajo y el amor desinteresado y sin pretensiones por parte de los tres actores.

 

Tenemos una última oportunidad de verlos, después de su primera exitosa temporada, el domingo 9 de octubre a las 18:00 hrs. en CASA ACTUM: Héroes del 47 #9 casi esquina con Tlalpan.
Elenco: Luis Felipe Pacheco, Israel Ramos, Micho Camacho. Dramaturgia y dirección: Luis Felipe Pacheco.

Un hombre a la Altura, comedia romántica de Francia. París. Amor.

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Francia, París. Amor. La fórmula perfecta para una comedia romántica. Todo parece una agradable coincidencia, pero no, hablamos del Tour de Cine Francés, muestra itinerante que presenta la mejor selección del séptimo arte galo contemporáneo, previo a su estreno comercial en salas.

 

Del 9 de septiembre al 13 de octubre, en varias salas de la Ciudad de México, se proyectará la película Un hombre a la Altura (Un homme à la hauteur), filme de Laurent Tirard que nos habla de los complejos y prejuicios que la sociedad tiene de las personas de baja estatura.

 

La fórmula es conocida y reconocida por todos. El filme no innova en la manera de presentar personajes anímicamente inestables ni respecto a cómo se desarrolla la progresión dramática de la historia. Una película hecha de fórmula y que nos recuerda, de sobremanera, a cualquier chick flick producido en Estados Unidos.

 

La historia nos relata la vida y peripecias de un hombre con estatura más baja al promedio de un hombre adulto. Su encantadora personalidad y vida perfecta de millonario generoso se ve ensombrecida por el prejuicio que la sociedad tiene sobre su estatura. Todo cambia cuando, por azares del destino, logra entablar relación con una guapa y exitosa abogada a quien le irá robando el corazón pese a todas las dificultades que su baja estatura representan durante el idílico juego del cortejo.

 

Dentro de la fórmula de las comedias románticas logramos apreciar una constante en cuanto a la tipología de personajes. En esta ocasión es el rol masculino quien se ve inmiscuido en una serie de acontecimiento que merma su estabilidad emocional.

 

A pesar que la película tiene el acierto de no prejuzgar la condición física del actor, y, por el contrario, embellecer al personaje con grandes virtudes, es justo ese punto donde encontramos una clara disonancia debido a la falta de verosimilitud al revestirlo con dinero, una agradable personalidad, honestidad, una familia perfecta…; es decir, un hombre que no tiene nada que perder, lo que en gran medida lo vuelve un personaje de poco interés.

 

Si eres una persona de suspiros fáciles y que logras apagar el switch de tu cerebro que detecta y prejuzga las situaciones y consecuencias lógicas que prácticamente cualquier comedia romántica pasa de largo, Un hombre a la Altura representará un rato agradable. Sin embargo, es importante recalcar que dentro de la vasta oferta de películas que el Tour de Cine Frances nos trae en su edición número 20, existen otras opciones tanto de géneros cinematográficos, como del clasificado “cine de arte”.

El Demonio Neón o como reconcebir el horror en el cine

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He escuchado a más de uno decir “El Demonio Neón no es para todos”. Difiero. A lo largo de casi dos horas de película, el esteticismo desarollado por Nicolas Winding Refn es ejecutado de forma aterradora y sublime a la vez; lo que hace de la película una pieza que, a diferencia de lo que muchos piensan, debería ser vista por todos debido a lo transgresora que resulta su mezcolanza como propuesta para una industria comercial. Para ser breves, un fenómeno que puede fungir como parte aguas en la forma de concebir el género del horror por parte del espectador.

A últimas fechas, la sociedad ha tratado de convencernos que la belleza no refleja superioridad ni poder. Vale la pena reflexionar, de ser lo anterior cierto, por qué a lo largo de la historia hemos encontrado grandes representantes (históricos y ficcionales) de íconos obsesionados con poseer la belleza hasta decretarlo como un don y un todo.

La película representa la industria del modelaje en sus más grandes ligas. Los Ángeles funge como esa inmensa ciudad cubierta de luces neón que, para más de uno de los personajes, se convertirá en el demonio que acabará con sus aspiraciones de vivir.

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Si quieres sentirte culpable por pedir un combo nachos extra grande, esta película lo logrará con creces. La belleza innata de Elle Fanning, dentro del papel de Jesse, una inocente aspirante a modelo, aunado a las grandes actuaciones no sólo de ella en el rol protagónico, sino también del restante elenco, te provocarán odiar a cada uno de los personajes.

Encontramos una ruptura argumental clara entre la primera mitad del filme y su desenlace. Un quiebre tan evidente que si no logramos adentrarnos por completo en el complejo universo que Winding nos proporciona, entonces será fácil perdernos en el mundo de la belleza hipnótica y lo innecesariamente grotesco. Hay que evidenciar que ambos polos únicamente representan la parte superficial de la película.

El Demonio Neón aún se encuentra en cartelera. No vamos a hondar en lo que ya todos sabemos: la experiencia de vivir las películas en el cine es completamente diferente a hacerlo en un dispositivo móvil o una pantalla en la comodidad del hogar. Los detalles en la fotografía, la propuesta plástica y los encuadres tan finamente cuidados valen la pena ser apreciados en todo el esplendor que el cine nos brinda.

El trailer:

La delgada línea amarilla o la naturaleza empática del cliché

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El cliché es generalidad sustraída de la vida diaria. Como una suerte de estigma, hemos denigrado los trabajos artísticos que reducen su línea conceptual a estos malditos (o benditos cuando se saben hacer) recursos creativos. Creo no estar loco al pensar que los clichés son una de las formas más democráticas de expresar el pensamiento.

 

Existe una clara diferencia entre los clichés que son marcados por una sociedad en donde la exposición peyorativa se encuentra a la orden del día (cómo se debe comportar un naco, un albañil, un putito, la gente fresa), y los comportamientos rozan el plano superficial dentro de la construcción del ser humano.

 

La delgada línea amarilla es una película plagada de clichés. El amor, las relaciones filiales, el compañerismo, la empatía, la hermandad. Ya saben, esos clichés tan humanos que inminente tocan las fibras del espectador. Sin embargo, y muy dentro del pesar de quienes se encargan de realizar críticas cinematográficas destructivas, no les quedará más que aceptar su necesidad, al otorgar una naturaleza empática con la audiencia. Lo anterior me lleva a reflexionar: no todos los clichés son malignos para la creatividad.

 

Es reconfortante ver cómo las películas mexicanas adquieren más espacios dentro de las carteleras del duopolio de complejos cinematográficos. En general, La delgada línea Amarilla es una película entrañable y, con la mano en la cintura, de lo mejor que se ha visto últimamente dentro del cine mexicano; sería justo mencionar un inconveniente de doble filo: las actuaciones.

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Me explico. Un personaje protagónico interpretado por el aún verde Américo Hollander, aunado a ver a Damián Alcázar hacer lo que Damían Alcázar mejor sabe hacer: ser Damián Alcázar. Este último un actor maravilloso, innegable, pero que se ha (y lo han) encasillado dentro la misma tipología de personajes. ¿Error de casting o ese deseo de seguir realizando una fórmula sin riesgos? Queda a consideración del espectador.

 

La fotografía es afortunada; la historia, a pesar de poder ser contada en no más de dos párrafos, es contundente; el argumento es plasmado genialmente a partir de una obvia pero compleja construcción de personajes y una honestidad que verdaderamente agradezco. Ahora que si nos queremos poner exquisitos, sí encontraremos errores dentro del tratamiento del guión. Una revisada extra no habría hecho mal, recordemos que recurrentemente dentro del arte, menos es más.

 

Esta película es uno de esos raros casos donde uno, como espectador, agradece saber, desde inicios de la película, hacia dónde se perfilará el final; eso sí, unos últimos diez minutos maravillosos y repletos de alegorías audiovisualmente bien planteadas y conmovedoras.

 

Si aún no han visto La delgada línea Amarilla, háganlo. Recuerden que las primeras semanas son fundamentales para cualquier largometraje y éste, en particular, merece varias semanas en cartelera.

Da gusto ver cómo una película mexicana se convierte en un digno rival para El demonio Neón, un filme del que pronto les esteremos hablando.