Arrested Development en tiempos de Trump

Ya que se me ha confiado la tarea de recomendar series (y de sentir que así sirven de algo las horas, días, semanas que he pasado viéndolas), pensé en hablarles de una que en su concepción se pensó como una sátira de la familia Bush, cuando George W. era presidente de Estados Unidos (2000-2008).

La serie se estrenó en 2003 e inicialmente contó con 3 temporadas, lo cual –para sus fans hardcore- fue una vida muy corta. Tanto, que se convirtió en una serie de culto al grado que Netflix la revivió en 2013 con una cuarta temporada.

La trama gira en torno a la Familia Bluth, adinerada y totalmente desconectada de la realidad. Los personajes son excéntricos, egoístas, insensibles e incluso racistas y discriminatorios; repito, es una sátira. Y si la recomendación va con referencia a Mr. Trump, es porque hoy en día la encuentro igual de relevante que en su estreno (los estoy viendo, familia Drumpf1), esto pensando en la discriminación, el racismo no tan sutil contenido ocasionalmente en la serie y ese estereotipo de familia blanca gringa adinerada e intolerante. Ya saben, como la que habita la Casa Blanca, same old ‘Murica.

El personaje principal es el primogénito, Michael Bluth –interpretado por el encantador Jason Bateman-, a quien pintan como el miembro de la familia que tiene los pies más cerca del suelo, aunque nunca lo pisa completamente. Les diré que para mí el elenco funciona de maravilla, realmente da profundidad a los personajes, más allá de la narrativa superficial que son sus vidas. Tienen a Jeffrey Tambor como el patriarca George Bluth (¿cachan el nombre?), a Jessica Walter, Tony Hale, Will Arnett, Portia de Rossi, David Cross, a un joven Michael Cera (pre-banda y pre-fotos sosteniendo un pepino gigante) y a una de mis actrices jóvenes favoritas: Alia Shawkat. Todos dan vida a la familia Bluth a partir del arresto del padre por fraude financiero mediante la compañía familiar; aunque luego se le suman algunos cargos más graves y divertidamente exagerados.

Además, tienen a Ron Howard como narrador que sin duda es el elemento que une todas las piezas. Realmente le da un toque brillante a la serie.

Una de las cosas que inmediatamente me viene a la mente al hablar de este programa es su humor tan inteligente. A lo largo de las primeras tres temporadas hay un sinfín de bromas que se repiten y tienen continuidad con una coherencia perfectamente lograda; los running gags que les llaman. De hecho, al verla en repetidas ocasiones, se advierten de manera anticipada giros en la trama que estuvieron frente a una/o todo el tiempo. Y es que la serie es de una agilidad tremenda. Incluso, sé de comentarios y críticas a la misma porque “es difícil seguirle el ritmo”. Personalmente, no lo veo de esa manera, sino como una narrativa que reta a sus espectadores y que agradezco porque eso la hace poco predecible y jamás aburrida, además de estúpidamente graciosa.

La cuarta temporada, la primera producida por Netflix, perdió parte de su encanto. Simple y llanamente me parece soporífera; muchas de las bromas o punch lines se sienten forzadas y para nada a la altura de las temporadas originales, pero puede ser que esto sea por el hype que despertó al darse a conocer que la compañía de streaming la traería de vuelta a la vida. Y es que cuando las expectativas son muy altas, es complicado llenarlas. Si no, pregúntenle a los fans de “Gilmore Girls” (o pregúntenme a mí, que ahí estoy incluida).

Actualmente, se encuentra en producción la 5ª temporada de la serie, nuevamente bajo el sello de Netflix y con su reparto original. Habrá que tener la mente abierta y esperar lo mejor. Sino, siempre tendremos las primeras tres temporadas que, por mi parte, van altamente recomendadas.
La serie la pueden encontrar en su totalidad en Netflix.