Dos poetas en un canto

“El derecho de vivir/poeta Ho Chí Minh/ que golpea de Vietnam/ a toda la humanidad/ Ningún cañón borrará el surco de tu arrozal: el derecho de vivir en paz”, le cantó Víctor Jara a Ho Chi Minh, poeta y líder del Frente para la Liberación de Vietnam (Viet Cong), ejército popular que buscaba la unificación en un Estado socialista y que luchó en contra del ataque estadounidense que prentendía impedirlo.

La Guerra de Vietnam se libró de 1955 a 1975 como una extensión de la Guerra Fría pues Estados Unidos quería evitar la expansión del régimen comunista sovético. Los vecinos del norte atacaron al país asiático “con genocidio y napalm”, como reza la canción. Cómo olvidar la dolorosa fotografía en donde Phan Thi Kim Phuc, una niña vietnamieta de nueve años, corre desnuda y quemada tras un ataque con esta arma química.

Estados Unidos, siempre metiendo la nariz (y todo su armamento) en donde no lo llaman para, so pretexto de ayudar, joder y apropiarse de todo lo que ve a su paso.

Tio Ho, como lo recuerdan con cariño o Ho Chi Minh, “el que enseña”, como se ha traducido el seudónimo del vietnamita (su verdadero nombre era Nguyen Sinh Cung), había muerto de tubercolosis en una cueva, sin ver a Vietnam unificado.

Foto: Especial, Wikipedia.

“El derecho de vivir en paz”, ese que también añoraba Jara para su patria, Chile, fue arrebatado también un 11 de septiembre de de 1973, cuando Augusto Pinochet dio el golpe de Estado que derrocó el gobierno de Salvador Allende.

Víctor Jara, quien era un cantautor de ideología comunista, fue detenido y llevado al Estadio Chile, y las manos que crearon los acordes de “Te Recuerdo Amanda” fueron destrozadas, uno a uno sus dedos quebrados; la voz que levanto su “Plegaria a un labrador”, quebrantada, su lengua cortada.

El 16 de septiembre fue encontrado acribillado, muerto de 44 disparos.

Ningún cañón borrará el surco del arrozal de Ho Chi Minh, como ningún dictador el canto universal de Jara.

“Es el canto universal
cadena que hará triunfar
El derecho de vivir en paz”.

Una ofrenda para el mundo

De algún modo hay que volver…

“Lleno un cazo de agua y lo dejo en la puerta/ para que vuelvas/ trigo y aceituna, miel y yerbabuena/ para que vuelvas”. “ Ofrenda ”, de Pedro Guerra, es una canción sobre la que quizá es la verdadera y única tradición mexicana, pero vista desde los ojos de un extranjero.

Pedro Guerra, nacido en Las Islas Canarias, es un cantautor que abarca los temas más diversos (migración, violencia, las vidas de grandes artistas, obras de literatura clásica, infancia, sexualidad) con cadencia única y letras profundas.

Cuenta la leyenda que “Ofrenda” fue escrita en un viaje que hizo Guerra a Oaxaca en el año 2000. Es por todos bien sabido que los pueblos que encarnan a lo que ahora se llama Oaxaca tienen el poder de cautivar a nacionales y extranjeros. La comida, las fiestas, los ritos, los idiomas, los sonidos y todo lo que se vive en Oaxaca es para dejar anonadado a cualquiera que no haya nacido ahí.

“Un humo de incienso y una luz de vela/ para que vuelvas/ beberás, mojarás tus labios después de tanto andar/ hablarás, contarás lo andado y después descansarás”.

En México, la tradición nos indica que nuestros muertos vuelven y, en efecto, comen y beben en la mesa que les tenemos dispuesta. Aunque se ha querido dar a esto miles de explicaciones antropológicas, psicológicas y hasta científicas, sólo es.

El Día de Muertos es la única y verdadera tradición mexicana porque no hay evento que haya sintetizado de tal forma la historia y diversidad de este territorio. ¿Qué es México sino una mezcla inquietante de culturas?

Dicen, los que saben (el INAH, por ejemplo), que la festividad no tiene que ver con algo prehispánico, y que se inventó en el siglo X, en Francia, cuando el Abad del Cluny decidió celebrar a los mártires católicos. En una mesa colocó sus reliquias como ropa y huesos. De alguna manera la celebración fue mutando y llegó hasta nuestro país. Aquí se ha ido trasformado, como todo lo que llega a nuestras manos (pregúntenle a la Navidad también), y nos quedó un mix memorable: aromático, emotivo, místico, solemne pero divertido a la vez.

La explicación más ortodoxa sobre el Día de Muertos es la fusión entre el catolicismo y lo relacionado a las celebraciones prehispánicas de veneración a los difuntos, así como la ritualidad por los ciclos agrícolas. A algunos les gusta incluso hacer memoria de cómo las culturas ancestrales concebían la muerte; los xoloitzcuintles que ayudaban a las almas a cruzar el río Chiconahuapan, o las diferentes regiones del Mictlán son parte de esta mitología famosa de origen mexica, pero hay cientos de relatos de las decenas de culturas que existen y existieron en México.


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Asimismo, la influencia de Estados Unidos le ha dado otro giro más a esta festividad, muy a pesar de la tirria que los nacionalistas puedan sentir por el Halloween. Estos días se han condimentado con las fiestas celtas que adoptó el vecino del norte. No podemos soslayar que todo es susceptible al cambio, hasta las tradiciones. La cultura está viva y se va alimentando de todo a su paso.

El Día de Muertos no es uno solo, cada comunidad, urbana o rural, tiene una forma específica de vivirlo. Si tan sólo en Oaxaca conviven 15 lenguas diferentes, que se traducen en una forma particular de ver y construir el mundo, ¿qué pudo haber visto Pedro Guerra para haberle declarado su amor eterno a este lugar?

“Agua, tierra, fuego y aire/ todo lo que esperas del amor y de la vida te daré en mi ofrenda/ para que vuelvas”.

La hiperrealidad política: el 1-O y la independencia de Cataluña

Diez de octubre de 2017. La luz del sol empieza a ocultarse en la ciudad de Barcelona y toda la población catalana está atenta a un anuncio que dará la Generalitat (gobierno) de la provincia española. En el estrado se visualiza a Carles Puigdemont, máxima autoridad política de Cataluña, quien empieza a dar un discurso. Los nervios de todos están desbordándose en la provincia mediterránea –no, no sólo en la provincia, en todo el Reino de España-.

Se escucha a Puigdemont decir lo siguiente:

“Asumo el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”.

Su frase es interrumpida por más de treinta segundos de aplausos, “¡ocurrió!”, piensan todos, el Estado español ha sufrido una desintegración y ha perdido una de sus territorialidades más icónicas. “¿Cómo responder a este evento? ¿Qué hacer?” A pesar de que ambas preguntas plantean una encrucijada terrible, no es necesario encontrar una respuesta, ni siquiera empezar a plantearla. Una vez terminados los aplausos, Puigdemont suelta la siguiente frase:

“Propongo que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos el diálogo.”

La frase genera la confusión: ¡¿qué demonios ha pasado?!

Esa es la interrogante en la cabeza de todos.

II

Desde el siglo X, Cataluña ha sido una provincia con un ethos social consolidado. Si bien tenía un pasado hispánico, herencia del Imperio Carolingio al que alguna vez perteneció, la provincia desarrolló una lengua, hábitos y rasgos culturales que siempre los han dotado de una identidad. A pesar de esta autonomía e identidad cultural, desde hace más de ocho siglos, su historia ha estado ligada al desarrollo de España como nación. Desde los acuerdos de Ramiro II de Aragón y Ramón Bernguer IV de Barcelona, la ciudad ha formado parte de España. De la Paz de Westfalia, a las Guerras Napoleónicas y el Congreso de Viena. De dos guerras mundiales a la Guerra Civil y el Franquismo, Cataluña es parte de la historia de esa nación.

III

La confrontación hacia lo español en el corazón de los catalanes nace de grandes períodos en los que el gobierno central de Madrid se ha comportado como un cretino con la provincia. El siglo XX representa un período en el que Madrid negó la identidad catalana, hecatombe que alcanza su máxima deslatad en los años del Franquismo, período en que el ataque a esta cultura alcanzó los límites de lo soez.

Durante el franquismo se prohibió la lengua catalana y su uso público. La dictadura presentó una política gubernamental para negar una sociedad y su cultura. El sentimiento de resentimiento acrecentó una emoción y capital que aún en nuestros días es un susceptible de ser manipulado por intereses políticos.

A la par de las groserías de Madrid, Cataluña siempre se ha reconocido a sí misma como una provincia rica y estratégica. Los catalanes sienten un gran orgullo por sus hábitos sociales, por su visión empresarial que ha construido una de las regiones más ricas a orillas del Mar Mediterráneo. Se reconocen a sí mismos como trabajadores, visionarios y ahorradores. En ocasiones, ese auge y riqueza económica los ha hecho tener la idea de que estarían mejor solos que formando parte del Reino de España. He ahí un área de oportunidad para manipular intereses políticos. Para catalizar una crisis política.

IV

“Me parece que el tipo se ha ahogado en un charco del que ya no sabe cómo salir”. Es la opinión que se ve y escucha el día de hoy en boca de un catalán, en un vídeo de un reconocido diario español. Cataluña se proclamó ayer como República independiente. Sin embargo, en menos de un minuto la Generalitat indicó que pedirían suspender esa acción a su parlamento para hacer: ¿un cesionismo más organizado?

El 11 de octubre Cataluña no tiene la más mínima idea de su estatus político como territorio. El gobierno de Madrid ha pedido a Cataluña que aclaré lo que ha pasado el 10 de octubre. La Generalitat no ha externado nada.

El silencio de la Generalitat se debe a lo cruento y dudoso del proceso. El referéndum se ha dado de una forma oscura y ajena a la idea de la democracia occidental y europea. Desde la petición turbia, en marzo de este año, de material electoral al gobierno central, hasta la aprobación inconstitucional de la Ley del Referéndum por el parlamento catalán el 6 de septiembre, la Generalitat y las instituciones catalanas han demostrado un comportamiento anti transparente para una nación democrática. Han manipulado las instituciones del gobierno y su poder político, violando o ignorando la Constitución Española, en aras de consolidar el mecanismo vinculante que les den la independencia que desean.

El gobierno de Madrid ha reprobado estas acciones, y a pesar del uso de fuerza policiaca el pasado 4 de octubre – que fue muy cuestionado-, algo es tangible para todos respecto al referéndum: se dio en condiciones dudosas, antidemocráticas e inconstitucionales para una república. Los catalanes lo saben. El resto de España también. La Unión Europea y el Consejo de Europa han reprobado este proceso. Las empresas han iniciado una fuga de capitales y el futuro de una Cataluña independiente es ahora oscuro y dudoso, quizás, ahora pinta más negativo que positivo.

El gobierno central de Madrid ha pedido a Puigdemont que aclaré si ha proclamado la independencia o no. De ser así, tendría que operacionalizarse el artículo 155 de la Constitución Española. Si Puigdemont acepta que la independencia se ha proclamado, el gobierno español iniciaría la suspensión de la autoridad de distintas instituciones de la Generalitat por incumplir sus obligaciones con el gobierno central, en pocas palabras, la Generalitat y Parlament estarían a expensas de perder su autoridad política y el gobierno central podría intervenir en Cataluña.

De ahí la lógica del silencio del Puigdemont. De ahí que ahora cada palabra o acción pueda tener una reacción en cadena capaz de destruir en segundos una nación entera, España, de forma semejante a que lo haría un arma nuclear.

El referedum del 1-O nos ha mostrado una nueva posibilidad de la política, el rostro de la hiperrealidad.

¿Escuchar a Mozart hace a nuestro cerebro más inteligente?

La fama del “efecto Mozart” se levantó como humo en los últimos años del siglo XX e inicios del XXI. La gente llegó a pensar que si ponía a sus hijos a escuchar las composiciones del músico austriaco mientras hacían tareas, serían dotados, con una inteligencia superior a la de otras personas.

La realidad es que todo el mito parte de una investigación realizada en 1993, hecha por la doctora Frances Rauscher y un grupo de expertos, en la que hicieron pruebas de inteligencia a tres grupos de niños; uno de ellos fue puesto a escuchar música de relajación, otro nada,y uno más a Wolfgang Amadeus Mozart; este último obtuvo resultados superiores al resto.


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Los hallazgos fueron publicados en una carta al editor de la revista Nature, no fue un artículo como tal, pero desencadenó muchas investigaciones posteriores, preguntas y críticas.

Cabe mencionar que no se trata de toda la música de Mozart, sino de una sola melodía: la sonata para dos pianos K 448, y que en los resultados obtenidos no se demuestra que mejore la inteligencia, sino la capacidad para desarrollar algunas actividades neuroespaciales.

Aunque se ha intentado encontrar otras canciones que provoquen los mismos beneficios al cerebro, sólo una ha asemejado la hazaña de la sonata y se trata de una melodía del griego Yanni: “Acroyali/Standing in motion”.

En 2012, se publicaron resultados de estudios realizados a pacientes con epilepsia, a quienes se les puso la sonata K. 448; tras seis meses de tratamiento, la mayoría presentó una disminusión en episodios convulsivos. A pesar de ésta y otras investigaciones, el llamado “efecto Mozart” sigue siendo muy cuestionado por la comunidad científica.

¿Cómo estará estructurada esta pieza para que se convirtiera en un enigma para la ciencia?

México, como la cigarra

“Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás
cuántas noches pasarás
desesperando.
Y a la hora del naufragio
y a la de la oscuridad
alguien te rescatará,
para ir cantando”.
Como la Cigarra, María Elena Walsh.

México, 21 de agosto de 2017, han pasado dos días desde que la tierra cimbró el centro del país, 14 de que lo mismo ocurriera en el sureste. Días de ver la destrucción y la incertidumbre en su máxima expresión.

México, todos los días víctima de saqueadores, usurpadores, corruptos, mezquinos y toda clase de especies rapiñeras y chupa sangre (de origen nacional e internacional), se levanta una y otra vez.

México, “tantas veces te mataron, tantas resucitarás”, me pregunto:“¿cuántas noches pasarás desesperando?” Lo que sí sé es que “a la hora del naufragio y a la de la oscuridad” miles de personas (nacionales e internacionales) te rescatarán “para ir cantando/ Cantando al sol como la cigarra / después de un año bajo la tierra/ igual que sobreviviente que vuelve de la guerra”.

México, tu gente es fuerte y solidaria, inteligente, valiente, talentosa, ingeniosa y amorosa.

México, tantas veces te mataron, sin embargo estás aquí resucitando. Gracias doy a la desgracia porque te mató tal… “y seguí cantando/ Cantando al sol como la cigarra / después de un año bajo la tierra/ igual que sobreviviente que vuelve de la guerra”.

México, respira, vamos a seguir cantando.

De luto

El Tecolote está de luto no sólo por Mara, sino por los cientos de mujeres que son asesinadas en México. Hoy nos sentimos tristes no sólo por el miedo con el que las mujeres vivimos, sino por esa normalización de la violencia con la que tenemos que lidiar, porque si decidimos alzar la voz, entonces somos feminazis y exageradas.

Este equipo, conformado por hombres y mujeres, está de luto porque no sólo se trata de asesinatos, sino de feminicidios, esa palabra que ni siquiera reconoce el diccionario de los dispositivos. Porque aunque sí, los hombres también sufren diferentes tipos de violencia, a ellos no los violan antes de asesinarlos, y porque si de cifras hablamos, los primeros superan a éstos por mucho.

Ningún tipo de violencia está bien, no se trata de una cuestión de género, se trata de despertar, de dejar de echar culpas, de educar a nuestros hombres para que bajo ninguna circunstancia se atrevan a perpetuar este tipo de actos que son viles y cobardes, se trata de cuidarnos entre nosotros, mexicanos, sociedad. Se trata de erradicar el entorno de violencia y recordar que todos somos humanos.

Una relectura de Diderot

Dennis Diderot es uno de los pensadores más apasionantes de la modernidad, y sin duda, el más trascendental de la ilustración. Desde la arena del ensayo, la novela, o en su labor de enciclopedista, deslumbra al lector con la agilidad de su estilo, la agudeza de sus argumentos y la fuerza en cada palabra de su escritura.

Mi primera lectura de Diderot se dio con su novela “Jacques, el Fatalista”, contranovela que viola todas las leyes y reglas de este género de la narrativa en pleno siglo XVIII y es una de las pocas obras herederas directas del Quijote. Al estilo de una escritura cervantina, en la que parecen decirse muchas locuras -todas fundamentadas con elegancia, por supuesto-, el francés se ha transformado en uno de los pensadores más subversivos de todos los tiempos.

La semana pasada releí su libro “Pensamientos filosóficos”, y a pesar de que me siguen pareciendo un escritor genial, esta relectura me ha dado nuevas interpretaciones sobre este pensador:

  1.  La razón como pasión: en su juventud Diderot coqueteó la idea de volverse clérigo y dedicarse a una carrera en la iglesia. En el siglo XVIII, la carrera eclesiástica y los estudios en teología eran un camino natural e implícito hacia el conocimiento. No obstante, esa idea es desechada para ir a la universidad y doctorarse en la Universidad de Paris. El giro abrupto de Diderot se da también por su completa transformación a utilizar la razón y el conocimiento como sus principales instrumentos para analizar y cuestionar el mundo.Pronto, toda esa gran sabiduría teológica es utilizada como un recurso para satirizar la fe y las creencias católicas de su país y sociedad. La ironía de Diderot es excelsa en el sentido de saberse un perfecto conocedor de las escrituras bíblicas y detectar cuáles son los puntos endebles de la fe cristiana. No obstante, en el primer apartado de los Pensamientos Filosóficos, cuando él posiciona a la ciencia y la razón como recursos por encima de la fe, se pueden detectar síntomas pasionales hacía este nuevo dogma. Al final, Diderot es un precursor de los valores de la modernidad, un pensador que tiene una fe ciega en el conocimiento positivista (síntoma que crítica de los católicos) y que promueve una ideologización y creación de un nuevo credo y dogma: la ciencia.
  2. El desmantelar las metafísicas como deporte: Diderot es un gran discípulo de Descartes, sus escritos, más allá de querer edificar un dogma o forma de pensamiento, buscan cuestionarlo todo. En su forma de hacer filosofía brilla el recurso de la “duda metódica” del gran pensador holandés. También, este método es de un corte mayéutico y precursor del falsacionismo, Diderot cree que el error debe existir en toda forma de pensamiento para alcanzar el verdadero conocimiento. Y sólo a través de lograr visualizar lo endeble de nuestros razonamientos, podremos lograr alcanzar ideas claras, racionales y certeras.El método de pensamiento crítico de Diderot se refleja en su misión enclopédica dentro la ilustración, que permea en la incipiente nueva ciencia que se gesta en su siglo. Las ciencias aplicadas o duras, como la física y la química, adoptaran con el pasó del tiempo la utilización del error como el fin más efectivo para encontrar respuestas certeras a los problemas que atienden.
  3. El pensamiento y la escritura sin miedo: en el fragmento XIV, de los pensamientos filosóficos, hay un comentario de Diderot que me ha dejado asombrado:

“Pascal mostraba rectitud, pero era miedoso y crédulo. Elegante escritor y razonador profundo, habría esclarecido sin duda el universo, si la Providencia no le hubiese abandonado entre gentes que sacrificaron sus talentos a sus odios. ¡Qué deseable habría sido que hubiera abandonado a los teólogos de su tiempo y se hubiera entregado a la búsqueda de la verdad, sin reservas y sin miedo a ofender a Dios…!”

En mi nueva lectura, el párrafo anterior se ha presentado como una discusión de carácter metaliterario o metaescritura. A través del tiempo, la expresión de nuestras ideas o lo que en verdad pensamos ha sido uno de los debates más fuertes en torno a los límites de la libertad de expresión. Hoy en día, en la era de los opinólogos de las redes sociales y los influencers, la gente se siente con la libertad de expresarlo todo. Estas manifestaciones, con mucha regularidad, exaltan el odio, la segregación o discriminación, y se da el escenario de que muchos individuos piensen que sus opiniones son valiosas – cuando no lo son – y simplemente son válidas en el contexto de una sociedad liberal.

De forma paradójica, las personas que contemplan a la escritura como una parte esencial de su vida, son quienes más temor tienen de plasmar con sinceridad muchas de sus ideas y opiniones.

El texto de Diderot nos revela una realidad tangible en la escritura, que no es otra cosa, que el escribir las cosas desde nuestra subjetividad o visión de la realidad. Nuestro miedo a expresar lo que en verdad sentimos y pensamos, porque reconocemos a la escritura como un acto político, como un acto en el que van inmersas nuestras emociones, orígenes y aspiraciones sociales.

Ernest Hemingway utilizó anécdotas de su vida para escribir “The Sun Also Rises”, su primera novela, con cambios en los nombres de los verdaderos protagonistas de esos relatos, pero sin modificar los hechos. Por esto, fue recriminado por muchos de sus amigos a tal grado que ellos nunca volvieron a dirigirle la palabra. Gabriel García Márquez decía que la vida no sé asemejaba a lo que vivimos, sino a cómo recordábamos lo que vivimos, idea que abre una puerta para modificar las historias que utilizan los autores de ficción a la hora de escribir.

Sin embargo, algo que señala Diderot en ese fragmento es el miedo que experimentamos quienes escribimos. Porque a diferencia de la palabra oral, la escritura es algo que permanece en el tiempo, y la expresión de cualquier idea o emoción en el presente puede volverse contra nosotros en el futuro, cuando por una circunstancia o evento de la vida, entremos en contradicción con lo que alguna vez expresamos en nuestros escritos.

Ante ese dilema, Diderot propone el pensamiento y la escritura sin miedo, un pensamiento crítico que no tema las recriminaciones – e incluso, persecuciones – de expresar nuestras ideas ante el tiempo y la sociedad.

Ahí está una de las máximas cumbres de este pensador: el razonamiento y la crítica real, sin miedo, como máximos instrumentos de subversión y libertad. Decir lo que en verdad creemos y pensamos, aunque tengamos rendirle cuentas, incluso, a un Dios.

Oración Caribe

Un murmullo que va acercándose de entre la selva. Cadencioso, pero triste y profundo como un lamento que redime: Oración caribe, el canto de los negros… escrito por ¿blancos? O por uno: el inolvidable Agustín Lara.

Fue en el año de 1929 cuando el “Flaco de Oro” conoció a una de sus más grandes intérpretes, Antonia del Carmen Peregrino, Toña la Negra.

Originaria de Veracruz, Toña logró atrapar al auditorio con su voz y con las letras del músico poeta, quien le escribió canciones como “Lamento Jarocho” y “Palmera”.

Piedad, piedad para el que sufre/ Piedad, piedad para el que llora/ un poco de calor en nuestras vidas/ y una poca de luz en nuestra aurora”. ¿Quién no recuerda este estribillo que se levanta justo como una oración?

Javier Solís, Los Panchos, Vicente Fernández, Betsy Pecanins, Natalia Lafourcade y otros muchos han invocado a “la negritud” en este emblema pero sin tener mucho que ver con ella. Y no hablo de su piel, sino de la cultura de las comunidades afrodescendientes.

Asumirse como el vocero del desvalido siempre nos brinda un aire de superioridad moral y nos quita un poco la responsabilidad social de estar, sin pedirlo, en el lugar de los beneficios. Un ejemplo de ello es la caridad, o el 80 por ciento de la antropología/etnología desarrollada en todo el mundo bajo la lupa occidental.

En “Oración Caribe”, por lo menos con la instrumentación y la intérprete original, se encarna al negro exótico y sufriente. ¿Pero qué es lo exótico sino un desconocimiento y una fantasía sobre el Otro?

El escritor Gabriel Weisz dice que “la elaboración de un imaginario exótico trae consigo un conocimiento del otro como enigma y recipiente de diferencias. Pero es un conocimiento que construye al otro como objeto, por tanto es siempre un conocimiento superficial y simplificado”.

Oración Caribe” puede ser memorable y hasta sublime, pero no deja de ser una narrativa de lo ajeno, una fantasía. 

El enemigo perfecto (o “canciones enfermas”)

¡Cuánto escándalo no se hizo por el movimiento alterado, heredero del narcocorrido! En estados como Coahuila y Sinaloa, de donde la mayoría de sus intérpretes son originarios , se prohibió por hacer “apología a la violencia”, pero a pesar de ello, y quizá por las mismas razones, se mantiene.

Sus letras aterran a algunos y a otros les llena la mente de fantasías; de ser el patrón, un “cabrón” que se forjó “desde abajo”, al que se le admira y se le respeta por la forma en la que se hizo de poder, ejerciendo la violencia…

“Aquí se sienta, no hay duda, pese a quien le pese/ no se enreden plebes/ no hay quien lo supere/ cardiaco demente/ destroza remanga al que brinca en caliente”, como dice la canción Enemigo Perfecto de Rogelio Martínez, “el RM”, uno de los exponentes del citado movimiento musical.

¿Qué es detentar el poder si no un ejercicio de violencia? Ya el mismo Max Weber definía al Estado como el monopolio legítimo de la violencia, ¿no? Aquí, el asunto es que ésta y otras canciones hacen explícito algo que es evidente pero que algunos no queremos ver: el ejercicio “ilegítimo” de la violencia.

Pues bien, a estas alturas del partido, y luego de una larga historia de gobiernos y partidos coludidos con cárteles, el hecho de que ellos sean legales, no significa que sean más legítimos que los otros porque, y aquí cito a “el RM”, “por su mente va el peligro y en su cuerno hay rabia/ le buscan la espalda/ gobiernos y lacras controlan la plaza, defiende su vida a capa y espada”. O sea, los unos y los otros son traicioneros e hipócritas.

La llamada “narcocultura”, como la han bautizado, comparte la misma historia y la misma perspectiva moral con la que se han diseñado las políticas antidrogas en nuestro país.

La prohibición del consumo de sustancias psicoactivas sólo ha propiciado el tráfico clandestino y “calentado” el ambiente para otros crímenes como trata de personas, secuestros, extorsiones, entre otros. No se ha pensado en la prevención, en el suministro y consumo responsable, ni en dejar de estigmatizar a los usuarios.

Así, las prácticas prohibidas y la satanización construyen su propio altar en contra de la moral occidental. Entonces, podemos hablar que el movimiento alterado es una especie de propaganda a un estilo de vida que los mismos “buenos” crearon y del que ahora se espantan.

Mientras, los marginados, los lastimados de la sociedad, buscan una esperanza: tener el poder “a la mala”, a pesar de su falta de estudios, a pesar de lo injusto que resulta este sistema, a pesar del racismo, de la pobreza.

Soñar que eres un “viejón”, como Dámaso, “el hijo del licenciado”, y andas de “Culiacán a Guadalajara/  jalar la banda/ aguas heladas, la empresa paga/ y que a mi gente no le falta nada”.

Eso, acompañado de una banda de viento muy potente, con unos arreglos que en las bandas tradicionales de tambora no existían, dibuja un panorama muy difícil de divisar en México: el triunfo.

A su música, los del movimiento alterado también le llaman “canciones enfermas”, y, en efecto, la música es síntoma de la enfermedad que viven las sociedades, pero no sólo este tipo de música, sino toda, porque el arte es expresión, una forma de interpretar la realidad.

En alguna entrevista, “Los Cuates Valenzuela”, integrantes de este movimiento explicaban que lo de “canciones enfermas” surgió como un modismo de lo que se vivía en Sinaloa: “pura enfermedad”. Por ello, el movimiento alterado no es el “enemigo perfecto” de la  “buena música”, como tampoco es el reggaetón ni la bachata ni el metal.

Latinoamérica, Calle 13 y la voz de Calibán

“Si algo me inquieta hoy en la expresión «Tercer Mundo»,
es la degradación que acaso involuntariamente supone. No
hay más que un mundo, donde luchan opresores y oprimidos,
y donde estos últimos obtendrán más temprano que tarde la
victoria”. Roberto Fernández Retamar

“Tú no puedes comprar al viento. Tú no puedes comprar al sol. Tú no puedes comprar la lluvia. Tú no puedes comprar el calor”. ¿Te suena? Claro, “Latinoamérica” de Calle 13.

Para muchos todo un himno, para otros discurso gastado. Lo cierto es que vuelve a poner el dedo en la dolorosa llaga de la colonialidad que arrastramos los países de hablahispana y portuguesa; llaga que nunca se ha de borrar porque nos nombra: Latinoamérica.

Los pueblos que conforman América Latina han sido denominados así porque sus lenguas oficiales, lenguas impuestas por España o Portugal, derivan del latín. La lengua nos nombra y nos define. Aunque Calle 13 quiera apuntar a la interculturalidad invitando a Totó la Momposina (Colombia), Susana Baca (Perú) y María Rita (Brasil) -que hasta se echa su palomazo en portugués-, en el videoclip apenas aparece una pequeña participación de la lengua quéchua, hablada en Bolivia.

Tan solo en este país andino hay 38 lenguas originarias, como en Colombia hay 68 y en México  una cantidad similar , así como en otros países de la citada Latinoamérica. ¿Qué significa esto? Que no somos ni lo que creemos ser, pero somos más que eso.

Algo similar reflexionaba el poeta cubano Fernández Retamar en los setenta, cuando escribe sobre los personajes de la obra clásica de Shakespeare “La tempestad”. La historia de Calibán, el bárbaro esclavizado por Próspero, quien invadió su isla, es reflejo fiel de colonizadores y colonizados, de acuerdo con el pensador.

“Próspero invadió las islas, mató a nuestros ancestros, esclavizó a Calibán y le enseñó su idioma para entenderse con él: ¿Qué otra cosa puede hacer Calibán sino utilizar ese mismo idioma para maldecir, para desear que caiga sobre él la «roja plaga»?

“Me enseñaron su lengua, y de ello obtuve/ El saber
maldecir. ¡La roja plaga/ Caiga en ustedes, por esa enseñanza!”
(«You tought me language, and my profit on’t/ Is, I
know to curse. The red plague rid you/ For learning me your
language!»)

Latinoamérica reclama en español: “Tú no puedes comprar las nubes. Tú no puedes comprar los colores. No puedes comprar mi alegría. Tú no puedes comprar mis dolores”. En resumen, “¡Mi tierra no se vende!” y “No puedes comprar mi vida”.

Las pugnas coloniales por hacerse de territorio y población homogénea (misma lengua, misma ideología y costumbres) que definieron al Estado-Nación son, desde épocas neoliberales, transformadas en las pugnas entre las empresas por los recursos naturales que yacen en la tierra a la que fueron desplazando a las comunidades ancestrales, a las que no se quisieron someter.

Neocolonialismo: Desde hace algunos años, grandes empresas transnacionales se disputan agua, minerales, árboles, animales y todo lo que puedan vender procesado, incluso a los pueblos a quienes se los arrebatan, usándolos como esclavos de esta producción.

Lo que queda a Latinoamérica, masacrada incluso en sus propias identidades, es reencontrarse, reafirmarse y organizarse:  “Vamos dibujando el camino”… “¡Que viva Latinoamérica!”, nos remontaría a algo transhistórico; de Tupac Amaru, Simón Bolívar, Emiliano Zapata, Ernesto Ché Guevara, Violeta Parra, Ernesto Cardenal, Guillermo Bonfil… “¿Qué es nuestra historia, qué es nuestra cultura, sino la historia, sino la cultura de Calibán?”, se pregunta Fernández Retamar.

 

Nacho Padilla, el cuate del Crack

En 2010 viaje a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, fue una de mis primeras salidas en solitario y esa travesía tenía como fin alimentar mi sed de lector y mis vacilaciones de adolescente que deseaba escribir.

Tenía dieciocho años, un año terminado en la universidad y un poco de dinero que había sacado de un verano al trabajar como mesero. En ese tiempo, era un fiel visitante de la Biblioteca Vasconcelos, ubicada en la Colonia Buenavista, de la Ciudad de México, y en ella había descubierto cientos de autores que deseaba conocer en la FIL.

Por los pasillos de la Vasconcelos se cruzaron conmigo los libros de Juan Villoro, Sergio Pitol, Mario Vargas Llosa, Daniel Sada, y algunos poemarios de Juan Gelman. Autores que había leído con mucho beneplácito y que hacían tentadora la idea de viajar al bajío mexicano con tal de poder verlos.

Entre mis lecturas ininterrumpidas y cientos de préstamos bibliotecarios, uno de los descubrimientos más significativos fue “Tres Bosquejos del Mal”, un pequeño volumen editado por Siglo XXI que contenía tres pequeñas novelas de escritores que, para mí, todavía eran desconocidos, la generación del Crack, pero en específico: Ignacio Padilla, Eloy Urroz y Jorge Volpi.

La Generación del Crack. Especial.

Las novelas contenidas en “Tres Bosquejos del Mal” me divirtieron, asombraron e hicieron sentir que estaba en contacto con una literatura desconocida. La prosa y temas de los narradores se me hicieron frescos y pensé que leía a nuevos y desconocidos autores de la literatura mexicana.  No obstante, pronto me enteré que el manifiesto del Crack, con sus cinco novelas significativas, se había publicado en 1996, y que esos autores eran los nuevos “maestros” de la prosa mexicana, de la siguiente generación de escritores nacionales que encabezaba Juan Villoro.

De ahí empezaron mis lecturas de Nacho Padilla, Volpi y Urroz. Por mis ojos pasaron libros suyos como: Amphitryon, En Busca de Klingsor, La Gruta del Toscano, Memorial del Olvido, Un Siglo Detrás de Mí y Fricción.

En mis primeros acercamientos, la generación del Crack me parecía innovadora, sus temas se alejaban de la realidad nacional, no tenían un compromiso netamente político y para ellos primero estaba el compromiso literario y narrativo, antes que nada. Ante los ojos del canon mexicano, se presentaron como un grupo de ruptura, pero el tiempo, y mi opinión, han hecho ver que eran buenos discípulos y continuadores de la tradición solemne mexicana.

A pesar de que cambiaron la tonalidad de sus novelas, había mucho de la tradición de Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Salvador Elizondo y Augusto Monterroso en sus letras. Juan Villoro era una figura cercana a ellos, pese a que cada uno de ellos intentó forjarse a sí mismo como un nuevo perfil del plano de las letras mexicanas.

De los tres, el que siempre me pareció menos innovador fue Volpi. Desde la lectura de En Busca de Klingsor pensé que ahí estaba una novela que entendía a la perfección el mecanismo de los best-sellers o long-sellers (que hace a un libro amistoso y de pretensiones pedagógicas) pero que se dota de los suficientes atributos y méritos de estilo para no caer en esa clasificación y detentar un “valor literario”. Fórmula que Volpi ha usado de forma ininterrumpida hasta “La Buscadora de Sombras”, última novela que intenté leer de él.

Eloy Urroz fue el más experimental de los autores del Crack y el que apostó más a la fórmula de la metamorfosis de la novela. Sus libros trataban de jugar siempre con la estructura narrativa y la forma. Aunque a veces los resultados no son los mejores, hecho evidente en  “Fricción”.

Las descripciones anteriores me llevan finalmente a Nacho Padilla. Sobre su narrativa puedo decir que nunca buscó las fórmulas complacientes y efectivas de Volpi. Y que cada una de ellas, si bien no trato de ser “innovadora” o “subversiva” en sus estructuras, siempre fue original como se ve  Amphitryon y La Gruta del Toscano.

En la FIL de 2010 se iba a presentar el libro “La Isla de las Tribus Perdidas”, un excelente ensayo de Nacho Padilla, que ganó el premio debate de ese año, sobre la ausencia del mar como escenario y tema en la literatura latinoamericana. Planifiqué asistir.

Una noche antes de la presentación del libro de Nacho, en la FIL se vivió la famosa venta nocturna en la que se pueden encontrar viejos ejemplares, rarezas de libros y buenas ofertas para hacerse con un buen botín literario. Entre mis búsquedas asistí al panel de la editorial Siglo XXI con la esperanza de encontrar un volumen de “Tres Bosquejos del Mal”, para hacerlo mío y que Padilla me lo firmará al día siguiente junto con sus dos secuaces, que, con seguridad, asistirían la presentación. Lamentablemente, no encontré el libro.

Al día siguiente, me sorprendí de la poca concurrencia de asistentes a la presentación. Éramos unas quince personas. Volpi, el premio Debate del año pasado, comentaba el libro junto con Nacho en el escenario, mientras Eloy Urroz estaba sentado entre el público.

Al terminar el evento me acerqué a los tres y les externé mi pretensión fallida de encontrar un volumen de “Tres Bosquejos del Mal” el día anterior, así como había descubierto la narrativa de los tres, hacía unos años, en ese volumen. De forma interesante Eloy Urroz se emocionó y empezó a platicar conmigo, Nacho Padilla también, ante lo cual saqué mi ejemplar de “La Isla de las Tribus Perdidas” que terminaron por firmar los tres.

La dedicatoria, que aún conservo, junto con la literatura de Nacho, considero, es un gran reflejo de la persona que fue este escritor en vida.

“Para Juan Manuel, cómplice generoso en tus lecturas y palabras. Con mi amistad,

Nacho Padilla.”

El pasado 20 de agosto se cumplió un año de la muerte de este maravilloso narrador mexicano. Un escritor que muchos extrañamos y tuvimos la fortuna de conocer, pero más que nada, de leer su obra, hecho que le sobrevive y que aún nos hace ver que sigue con nosotros.

Las mejores caricaturas de mi infancia (y quizá de la tuya también)

¿Será cierta esa creencia de pensar en la frase todo tiempo pasado fue mejor es síntoma de que uno está envejeciendo? No estoy segura que así lo sea, sin embargo, de lo que sí estoy segura es que mi infancia estuvo marcada por las que, para mí, fueron las mejores caricaturas.

Sí, ya sé que todos pensamos eso, sin embargo, en un intento por persuadirme de que no es vejez, sino convicción, explico por qué para mí Hey, Arnold!, Bob Esponja y 31 minutos, entre otras, son caricaturas tan representativas de una de las últimas generaciones que todavía crecimos con la televisión…

Hey, Arnold!

Cuando era niña no me explicaba cómo hacía esta caricatura para que al terminar generara esa sensación de vacío, y es que sus tramas están tan bien estructuradas, que no podría ser de otra manera. Fue aquí donde experimenté, por primera vez, algo similar a cuando se termina de leer un buen libro, pues todo estaba tan bien conectado y la historia tenía tal redondez, que cada capítulo te obligaba a pensar más allá de lo que veías en pantalla. Así que esperemos que el guion de la película sea igual de bueno.

Ginger

Quizá esta caricatura no era tan popular porque estaba dirigida a las niñas, específicamente, a niñas ñoñis, cero populares y fácilmente buleables, como yo, por lo que generaba empatía a aquellas que, por más que nos esforzábamos, no éramos bonitas ni cool. El valor de la caricatura estaba en que siempre quedaba demostrado que lo realmente importante se hallaba en cosas más trascendentales como la familia, los valores o la amistad verdadera.

Jhonny Bravo

Una de las caricaturas que nos comenzó a empoderar como mujeres. Sin las enseñanzas de Jhonny, quizá nos hubiera costado más aprender que los “piropos” que nos dicen en la calle no están bien y que está bien defenderse ante ellos. Este personaje es el paradigma de un patán al que siempre me divertía ver cómo bateaban por insolente.

Las chicas superpoderosas

Otra de las caricaturas que nos hacía sentir fuertes, ya que mostraba a tres chicas como heroínas, quienes no sólo defendían a una ciudad entera, sino al alcalde, un hombre mayor, indefenso, cobarde y -por qué no decirlo- rabo verde, que no podía hacer más sino recurrir a ellas cuando Townsville corría peligro. Sin duda, se trataba de una caricatura que nos hacía sentir capaces de combatir la adversidad.

Dientes de lata

Se trata de un caso similar al de Ginger, aunque un poco más dirigida hacia adolescentes que a niñas. Dientes de lata, una joven con brackets, se enfrentaba a las burlas de sus compañeras de escuela y a lo molestos que pueden ser los alambres en la boca, lo cual, al final, quedaba demostrado que no es tan malo.

Bob Esponja

Este caso es bipolar, ya que Bob y Patricio son odiados y amados por la gente. Yo estoy en el grupo de quienes los aman por una sencilla razón: tienen frases y chistes bobos para cada ocasión. Quizá eso es lo que molesta a algunos, lo que no ven, me parece, es que a veces sólo hace falta una frase tonta que nos haga reír en momentos complicados.

“Pobre cosita fea”; “¿Qué es más gracioso que veinticuatro? / Veinticinco”; “Era una vez un percebe tan feo que todos se murieron. Fin”; “Puede que sea tonto, pero también es estúpido”.

31 minutos

Uno de los programas de televisión para niños mejor producidos. Al igual que Arnold, su guion es inteligente y tiene aportes de cultura general para los niños y no tan niños. Nunca había pensado por qué me gustaba tanto ese noticiario junto con sus canciones y quizá sea porque con él jugábamos a ser grandes, sin dejar de recordar lo pequeños que siempre seremos.

Una rola al día: manual de uso

Uno de los eventos más sobrenaturales para mí, es encontrar personas que piensan que la música no es importante. Esta extrañeza se remonta a mis años como adolescente, cuando cursaba el bachillerato, y la música se presentó como uno de los elementos más vitales, de los que me dieron identidad.

Charles Baudelaire decía que la música excava el cielo, aunque yo también considero que se adentra al interior de nuestras vidas, nuestra memoria, deseos, emociones y anhelos. Después de todo, ¿acaso no en más de una canción, letra o melodía, hemos encontrado lo que sentíamos la primera vez que viajamos o pasamos un buen rato con nuestros amigos? ¿Las ocasiones que descubrimos nuestra capacidad de amar y nuestro deseo de unirnos a otra persona?

Lo que recuerdo de la adolescencia son años de confusión y otredad autoimpuesta. Todos los jóvenes nos rebelamos ante nosotros mismos como un mar de dudas y preguntas sobre quiénes somos, qué nos gusta y cómo deseamos manifestar nuestras primeras experiencias. En esos años están los primeros enamoramientos, las consecuencias de nuestras decisiones, el sabor desconocido de la victoria y el sentir inédito de la derrota.

En esa retrospectiva de mi pasado, están cientos de canciones que escuché, una vez tras otra, que describieron mi vida. Música que va desde el jazz, rock, blues, salsa, metal o música mexicana. Por lo que para mí, la vida, además de tener color y sabor, también tiene ritmo, letra y melodía.  

Y hasta estos días, cuando una de esas canciones vuelve alcanzar mis oídos, a la forma del té de Marcel Proust, mi memoria presenta ante mí una vez los momentos que acompañaron esos sonidos.

Al oír a Lou Reed me veo caminar por primera vez a solas con mis amigos por la Ciudad de México. Led Zeppelin me recuerda los años de una banda de rock en la que toqué durante la preparatoria. Javiera Mena trae a mí mente la imagen de una chica de la que estuve enamorado por muchos años y con la que tuve uno de los mejores bailes de mi vida. Dave Brubeck me suena a las calles de Praga y algunos rincones de Londres. Sergio Mendez a una plática que tuve con una dama en Panamá. El General a películas que veía los domingos con mi familia cuando era un niño.

La música termina por ser memoria, recuerdo y posibilidad. Su ritmo, es el ritmo de nuestras vidas. ¿Por qué no rescatar las experiencias vividas, nuestros momentos, con esas canciones que nos han marcado, que hoy nos gustan y nos hacen mover la cabeza y sentir un suspiro de felicidad, melancolía y tristeza?

Esa es la misión de esta nueva sección de El Tecolote. Unir la música a las letras, al contar historia, rescatar memorias y revivir recuerdos.

Así que tenga aquí, querida lectora y estimado lector, una canción (a los tecolotes nos gusta la palabra rola) cada día. Conozca qué significa para quien escribe cada entrada y comparta con nosotros nuestras historias. Lo único que deseamos, es ponerle ritmo y sonido, a este evento extraño que es el vivir. Que una  a sus experiencias sus propias canciones, mientras le compartimos las nuestras.

La primera rama del nido

El nido es un lugar donde se gesta la vida. En el nido, las aves crían a sus polluelos, pero además, es un sitio que construyen por sí mismas, con la dedicación, el amor y el oficio de quien sabe que ésa es una de sus misiones en la vida: proteger y resguardar aquello que ama.

Es por eso que este Tecolote ha comenzado a construir un nuevo nido, un Nido de Poesía que será alojo para las palabras que apenas cobran vida y un punto de encuentro para aquellos poetas que comienzan a volar con sus propias alas.

¿Por qué apostar a la poesía?

En El Tecolote siempre hemos estado abiertos a la diversidad de propuestas, no sólo escritas sino visuales, vamos desde las notas deportivas hasta los cuentos, pasando por los fotorreportajes y las imágenes, en algunos casos excesivamente crudas, de la semana, pues esa fue la semilla de este proyecto: el periodismo narrativo.

Sin embargo, con el tiempo hemos comprobado que en ocasiones el lenguaje narrativo no nos basta y que la propia realidad no alcanza, de manera que consideramos imperiosa la necesidad de nutrirnos de una realidad distinta a la periodística, de la fusión de imágenes con palabras que sólo nos brinda la poesía.

Dice Johannes Pfeiffer en su libro La poesía que “la metáfora poética logra fundir en unidad convincente imágenes que en la experiencia están separadas, y hasta son incompatibles. […] Aquello que para nuestra experiencia está y permanecerá siempre rígidamente separado se une y se mezcla en virtud del hechizo poético”.  

Por ello, creemos que las certezas que ofrece la poesía y esa otra forma de lenguaje son motivo suficiente para abrir este nuevo espacio en el que converjan estilos e ideas, porque es éste el género en el que “todas las dudas desaparecen ante la conciencia de que [algo] es realmente así, de que así y no de otro modo es…”.

Así que en ese intento por conjugar aquello que pareciera inconcebible unir y por dar un respiro estético a nuestros lectores, decidimos poner todo nuestro  esfuerzo en echar a andar este Nido de Poesía.

Porque “basta que se escuchen estas palabras, para que en el mismo instante ocurra una transformación en toda la Existencia”, El Tecolote coloca esta primera rama con toda la confianza y la calidez necesaria para que cada una de las plumas que aquí lleguen en busca de abrigo, lo hagan crecer con sus letras e ideas y, con el tiempo, seguir fortaleciendo esta gran familia de jóvenes y no tan jóvenes que no dejamos de creer que las palabras siempre serán el camino.

Enhorabuena y gracias a todos los poetas que ya forman parte de este proyecto. La redacción les da la bienvenida y los invita a sentirse parte de esta, que ya es su casa.

La fecha de caducidad de mi playlist

Soy una persona que escucha música todo el tiempo. Cuando me detengo a pensar en las horas del día que me acompañan melodías en mis oídos, contaría de cuatro a cinco. Al caminar, mientras tomo un baño, al manejar, leer o trabajar, necesito de la compañía de mis canciones favoritas.

Con orgullo, en más de una ocasión, me he llamado a mí mismo un melómano. Y la música que escucho explica a menudo mi vida y hace eco de las emociones y situaciones que estoy atravesando. Desde hace ya varios meses integré un playlist en mi celular y las canciones incluidas en él fueron por casi medio año el soundtrack de mi vida.

He perdido el número de ocasiones en que las escuché, y aun hoy, cuando las pongo, siguen diciéndome muchas cosas sobre mí, sólo que ahora en retrospectiva. En esas canciones hay mucha ansiedad e incertidumbre. Emociones que se materializaban en mí y que me dejaban a la deriva a razón de muchos retos que tenía que encarar. También había fe, ilusión y unas terribles ganas de vivir y amar.

Siempre que el tiempo y la intimidad me lo permite, me doy el gusto de gritar las letras que compusieron Jarvis Cocker, David Bowie, Keith Richards o los temas de Arcade Fire. Y siempre, no dejo de maravillarme de esa magia que posee la música, de ese vigor que encontramos en las guitarras y voces de nuestros cantantes favoritos, de esa fuerza que tienen sus composiciones y que nos llenan de energía.

Desde que inicié el año me había propuesta una meta, ésta se presentó como un reto que se prolongó en el tiempo más de lo que yo mismo esperaba, sin embargo, ha llegado. Está ahora frente a mí y el momento de tomar decisiones llegó.

Nuevos miedos me invaden, nuevos retos, para los que necesitaré valor. Las canciones de mi playlist ya no son la música que necesito en esta etapa. Y esto no significa que dejarán de gustarme, sino que ahora deberé encontrar la música para este nuevo momento.

El Tecolote cumple TRES años de volar con ustedes

Estas son las mañanitas que cantaba el rey David, hoy por ser día de tu santo te las cantamos a ti. Despierta, Teco, despierta, mira que ya amaneció, ya los otros tecolotes cantan la luna ya se metió…


Nuestros primeros colaboradores le dedican un mensaje muy especial a El Tecolote en su cumpleaños.

Diana Ramírez Luna

¿A los tres años qué hace uno? Más o menos ya camina bien, comienza a adquirir un poco de autosuficiencia, ya es capaz de entablar comunicación con otros niños y se divierte mucho, aunque aún no sabe de qué va la vida en realidad.

Lo mismo le sucede a este Tecolote que ya comienza a volar, a abrir sus propias alas, a crear lazos de amistad con otros medios y con aquellos que lo han impulsado, y al igual que un niño, se divierte y obviamente, a nosotros, sus padres y padrinos, nos llena de orgullo y alegrías.

Es muy complicado decir en tan poco espacio cuánto me ha dado este proyecto, sin embargo, entre las primeras cosas que se me vienen a la mente, es que a través de sus ojos he tenido la oportunidad de conocer más allá de lo que yo sola podría haber visto, me llevó en sus alas hasta la hermosa ciudad de León donde conocí gente extraordinaria, me ha brindado sus plumas para expresarme con libertad, me ha puesto en manos de editores de los que cada día aprendo y, sobre todo, me ha hecho parte de este nido, de una familia de gente con talento, pero sobre todo con ganas y valor para crear, investigar, ayudar y compartir.

De manera que hoy no canta El Tecolote, porque esto apenas empieza; hoy nosotros le cantamos a él: ¡feliz cumpleaños y que vengan muchos más!

Juan Pedro Salazar

Hace tres años iniciamos esta aventura con la idea de tener un espacio para dar vuelo a nuestras ideas. Hoy cumplimos tres años de haber emprendido este vuelo. Tres años de conocer a personas muy valiosas que nos han aportado sus ideas, sus letras y su confianza para crecer. Sin ellos, y sin la gente que dedica unos minutos a leernos, poco sentido tendría continuar.

Tenemos muchos retos por venir, más letras que escribir e ideas por desarrollar. Ojalá nos acompañen en esta aventura, prometemos entregarnos en cuerpo y alma para que volar juntos se la mejor experiencia que puedan encontrar en la red.

Gracias a Rafa, a Diana, Juan Manuel; Mariana, Ilse, Eloísa, Aideé, Laura, Salvador, Isaac, Denise, Lucero, Miguel, Gerson, Daniela Esquivel y Daniela Razo; Anel y Ramsés. Y, sobre todo, a la gente que nos dedica una parte de su tiempo para volar. ¡Feliz cumpleaños, Tecolote!

 

México: la distopía política perfecta

En 1990, Mario Vargas Llosa, definió a México como la “dictadura perfecta”. Después de una breve descripción del sistema político mexicano, el escritor peruano fue reprimido por Octavio Paz a razón de su comentario, dado que el poeta de Mixcoac había condenado las dictaduras militares en Latinoamérica, y exoneró a nuestro país como una nación ajena al totalitarismo.

Veinte siete años después, y en plena decepción de lo acontecido en las elecciones del 4 de junio, podemos decir que hoy, más que nunca, México es una distopía política en la que la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) nos tiene atrapados y sin opciones.


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Pero, ¿qué ha hecho tan bien el PRI? ¿Cómo funciona su maquinaria política? ¿La disciplina de sus militantes, digna de un análisis de Michel Focault? ¿Qué trampas existen al interior del sistema político? ¿Qué tan diferentes es el México del 2017 al de 1990, que describió Vargas Llosa?

I

Para empezar, debemos decir que el PRI detenta una hegemonía política en el sistema electoral. Es el partido que recibe más recursos públicos y ha establecido un régimen fiscal aceptado por el Congreso que promueve siempre una gran dádiva de dinero para el tricolor. Ninguna fuerza política puede competir contra él, en temas de dinero para campañas políticas o juegos sucios, lo que deja a la oposición en clara desventaja.

Segundo, la militancia del PRI es un ejército perfectamente ideologizado y que practica una mezcla de disciplina y complicidad con la maquinaria política, cuyo único fin es ganar. El militante promedio del PRI no tiene el más mínimo sentido de autocrítica para el partido, y si lo tiene, lo guarda para sí, en aras de que el tricolor gane. No condena los errores de Peña Nieto, los robos de Duarte, Yarrington, Moeira o Borge. No les interesa que en México existan más de 50 millones de pobres y que las políticas clientelares de su partido sean responsables de ese escenario.

No piensan que existan injusticias sobre hechos históricos como Ayotzinapa o Tlataya. Están convencidos de que la política es corrupta, de que hay que lucrar con la pobreza y la ignorancia para ganar, para obtener posiciones políticas y acceder a un pequeño cargo político o posición que les dé poder y les permita tener una fuente mínima de ingresos. Como dicen ellos “tener un pedazo del pastel”. En pocas palabras, no creen en la democracia, ni en el bien común.


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Tercero, el PRI ha promovido la creación de un sistema de partidos en el que los actores inmersos en él pelean para dividir el voto, pero nunca atacar al tricolor. Desde los pequeños partidos satélites, como Nueva Alianza, el Partido del Trabajo, o el Verde Ecologista, hasta el PRD y el PAN, y la nueva dinámica de los candidatos independientes, todos dividen al electorado pero nunca tocan al dinosaurio. Todos, inevitablemente, terminan por servirle en su posicionamiento electoral.

Cuarto, ochenta y ocho años de priismo en México han creado una sociedad apática y despolitizada. El mexicano promedio no merece ser denominado con la etiqueta de “ciudadano”, a razón de que no le interesa en lo más mínimo la política. Su postura se debe a las decepciones que se han vivido el país ante la participación ciudadana, desde 1968, a los halcones de 1971, el fraude de 1988, la decepción de la transición en el 2000, y un sin número de casos más. Sin ciudadanía, sin un electorado crítico, en cada elección, el PRI sólo manda a llamar a su viejo ejército para votar y hacerse con el poder.

II

Las elecciones, en el Estado de México, muestran, de forma clara, la maquinaria distópica del PRI en pleno funcionamiento. La campaña de Alfredo del Mazo fue la que más dinero recibió, a la par de apoyos incondicionales del gobierno federal, que lo posicionaron a pesar de la mala reputación del tricolor. El ejército priista, desde primeras horas del 4 de junio, se encontraban en la calles para votar, o vigilar las casillas, y defender a diestra siniestra a su partido. También, estaban las prácticas sucias, la compra de votos que el tricolor ha perfeccionado por 88 años.

A eso se suman otros dos factores: la división del voto y la apatía política. De un electorado de 11 millones de personas, sólo 5.5 salieron a votar, el 52 por ciento, 4 por ciento más que en 2011. Es decir, 4.5 millones de mexiquenses le dieron la victoria al partido PRI porque mandaron al demonio la elección.

También, el voto se dividió entre varios actores que no tenían la más mínima oportunidad de ganar: 11 por ciento de votos para el PAN; 17 para el PRD; 2 para una candidata independiente -con un discurso vacío-. ¡Incluso, el PT, cuyo candidato había declinado, obtuvo 1 por ciento de los votos! ¡100 mil sufragios que se fueron a la basura, porque la gente que los utilizó desconocía que no servirían para nada! Y para terminar, 2 por ciento de votos nulos.

Quizás, sería exagerado pedir a todos los votantes que supieran de ciencia política y comprendieran los mecanismos electorales de México. No obstante, es deplorable que una gran parte los ignore, y que esa ignorancia, sirva para que el PRI se siga alzando con la victoria.

III

La novela “Conversación en la Catedral”, de Vargas Llosa, empieza con una de las frases más famosas de la literatura latinoamericana: “¿En qué momento se había jodidó el Perú?”

Los mexicanos deberíamos hacernos la misma pregunta. “¿En qué momento se jodió México?” Para el escritor Antonio Ortuño, las nuevas opciones políticas pueden ser un peligro para México, sin embargo, el PRI es la garantía de la destrucción porque ese partido nos ha demostrado su incapacidad para gobernar, para atender los retos en todas las esferas de nuestro país. Y a pesar de todo, sigue obteniendo la victoria. Nos tiene atrapados y a su merced.

IV

Desde el Partido Socialista Unido de Venezuela, al Partido de los Trabajadores en Brasil; del Partido Justicialista de Argentina, hasta al Movimiento al Socialismo de Bolivia; incluso, hasta el Partido Rusia Unida, han expresado, en más de una ocasión, su admiración al PRI. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que un partido político pueda mantener por tanto tiempo el poder, a pesar de sus errores, de su ineptitud, de su corrupción y desvergüenza? ¿Cómo hacen para conservar el poder a capa y espada?

El PRI ha sido objeto de análisis de cientos de politólogos desde su creación. Los analistas han dicho: ¡qué partido más singular, qué coopta intelectuales, qué toma elementos de la izquierda o derecha según su conveniencia, qué se alza con el poder contra todo viento y marea!

Ahora, en pleno 2017, más que estudiar al PRI, los sociólogos y politólogos deberían analizar a México como un todo. Su sistema de partidos, su oposición divida, su población apática, el ejército de militantes del tricolor sin sentido de crítica.

Porque México ya no es una dictadura, es una distopía política perfecta.

Junot Díaz: la voz de los dreamers en Estados Unidos

Hace algunos años, en una conferencia en torno a la narrativa de Estados Unidos, escuché un comentario del escritor Francisco Goldman que me dejó marcado:

“Estado Unidos es un país bilingüe, una nación en la que se habla inglés y español, y es un hecho que sus gobernantes, y gran parte de su población, no ha podido aceptar”.

Lo externado por Goldman señala un evento que ha superado la realidad. En Estados Unidos viven más de 40 millones de personas que hablan la lengua española, de acuerdo con el Bureau Census de ese país, es la segunda comunidad de hispanoparlantes más grande del mundo, sólo por detrás de México, y es el único país a nivel global que posee una Academia de la Lengua Española que no ha decretado a ese idioma como una lengua oficial.

No obstante, lo difícil para los hablantes del español, en el vecino del norte, es que, la mayoría de las veces, tienen que recurrir a ese idioma como una expresión de la intimidad, un medio que sólo pueden utilizar con su familia y en espacios personales, a razón de que a un gran sector de la población anglosajona le molesta oír ese idioma en las escuelas, lugares de trabajo, etcétera, ante lo que deben contener el uso de su lengua madre.


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Esa situación me ha puesto a pensar en las ideas de Ferdinand de Sausurre, uno de los padres de la lingüística moderna, quien dice que la lengua es un vehículo vivo, un hecho social que va mutando por quienes que lo encarnan y utilizan en su expresión diaria. Con el paso del tiempo, las lenguas terminan por transformarse y nuevas palabras surgen o cambian de significado, a razón de la nueva connotación que le dan los hablantes, porque el idioma está vivo y mutando, reinventándose y cambiando como un ser viviente.

La expresado por Sausurre se materializa, en nuestro tiempo, en la obra narrativa del escritor Junot Díaz, un inmigrante de República Dominicana que ha reinventado la literatura de Estados Unidos y ha dado voz a quienes han tenido que contener algo innato a su vida diaria e identidad.

En su novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, Díaz da voz a un joven de sus características, un joven negro, inmigrante, proveniente de un país inestable (el mismo de su autor), que crece en Estados Unidos y se enfrenta a los problemas del racismo, la identidad y el uso de la lengua.

Del mismo modo que Kafka, y pese a que su lengua materna es el español, Díaz decidió escribir su obra en inglés, como el escritor checo publicó sus libros en Alemán. Y una vez más, la ironía de la historia y la realidad se hace presente, ya que así como Kafka se transformó en el novelista más importante de la lengua alemana del siglo XX, Díaz se ha transformado en uno de los narradores más transcendentes de Estados Unidos, al grado de que el ex presidente Barack Obama, escogió la novela de este autor como uno de sus libros preferidos y que ha marcado su vida.

A pesar de que el libro fue traducido al español, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao es un texto que debería leerse en su edición en inglés, pues en ella desfilan palabras y expresiones como “dulce de coco”, “tío Miguel”, “hija”, “cigüapas” o “muchacha del diablo”, con todo lo demás escrito en inglés.


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También, cuando los personajes de la novela hablan en los diálogos, se encuentran frases escritas en inglés, pero con una sintaxis española, como es común que hablen muchas personas de la comunidad migrante de Estados Unidos. Un error típico de los hablantes de la lengua de Cervantes, que al llegar a un país anglosajón, no perciben y puede confundir a quienes tiene como lengua madre al inglés.

Lo importante de la publicación de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, hace ya diez años, es lo que representa. En 2007 se alzó con el premio Pulitzer y fue elegida como la mejor novela del año por varios medios literarios de Estados Unidos.

Si un fundamentalista del idioma inglés leyera el texto se horrorizaría, sólo vería un texto en el que hay palabras extranjeras y nefastos errores de concordancia gramatical. No vería lo que hemos visto muchos, y lo que debería ver toda la población de Estados Unidos: un texto innovador, producto de la multiculturalidad, un pedazo de la lengua viva a la que se refirió Sausurre, y un producto que está transformando la cultura de una nación.  Pero más que nada, una novela que ha dado voz a millones de personas, en un país, donde aún no se ha aceptado a su idioma como un producto innato de la identidad de Estados Unidos.

A una alumna

Fue mi primer grupo. Mis primeros alumnos y alumna (s). La primera clase que di durante mi paso por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, tarea que realicé incluso después de egresar.

Emocionado, conocí a un grupo de segundo semestre que a la fecha me trae muchos recuerdos, de entrada porque fue de las últimas generaciones que, considero, tuvieron una participación y gusto por la clase, pese al profesor, cuyo interés por ellos era nulo, –dado que impartía sólo una hora de clase (las asignaturas en Políticas duran dos en promedio) y les daba el examen ¡con las respuestas!–.

Sin embargo, yo hacía mi parte y ellos la suya. Daba los contenidos en la medida de lo posible y ellos participan y entregaban las tareas…, en la medida de lo posible. Sin duda, haber estado con ellos, me trae gratos recuerdos.

Situaciones, preguntas, y rostros vienen a mi memoria, en particular uno, el de una joven que sólo era bajita de estatura, porque de actitud e ímpetu, era bastante alta: Jessica Lisouli Vázquez Jácome. De carita singular, con pequeñas cicatrices como salpicaduras, era la que se dirigía a mí con mayor cercanía, de joven a joven, y no de profesor adjunto a alumna. Seguramente porque era mayor que yo.

–¿Qué pedo con las exposiciones, güey?– recuerdo que me llegó a reclamar por los trabajos dejados por el maestro. Mi respuesta se la daba con una invitación a quedarse a recibir la otra hora que no daba el maestro. Ella fue de las entusiastas que se quedaba para aclarar dudas, en compañía de varios de sus compañeros, debo confesar con gusto que era la mayoría.

Mi paso por esa materia concluyó; puedo decir que ella, Lisouili, fue de las personas con quien mejor me llevé, incluso después de que egresé. Cuando la encontraba entre pasillos platicábamos. Recuerdo muy bien su tono de voz y lo coloquial con lo que me hablaba de sus compañeros, de sus materias y de sus amigos. Siempre fue una persona que tuvo mi aprecio, por ser tan sincera, tan ‘derecha’, como se le conoce a ese tipo de gente.

Hace unos días me enteré de su sensible fallecimiento. Quedé estupefacto, atónito, no sabía cómo responder a la pregunta “’¿la conocías?”. Aparentemente fue atropellada en Eje Central por alguien que todavía no se conoce; su caso no se ha resuelto, ni siquiera en lo elemental, pues pareciera que busca ser archivado entre las múltiples investigaciones de la Procuraduría de la Ciudad.

Por ello, estas líneas, más que un homenaje póstumo a una sencilla, pero directa compañera, es un llamado de atención a las autoridades para que esclarezcan los hechos y se encuentre al o responsables de esta situación que despojó de la vida a una mujer que siempre respeté y de quien llevo memorias sólidas.

En este día, que se conmemora en México el día del estudiante, quiero sumarme al llamado de justicia por esta situación, pero, sobre todo, para que las autoridades cumplan con lo único que deben hacer: su trabajo.

Hasta siempre Jessica Lisouli Vázquez Jácome, mi primera alumna.


Nota de editor

Alrededor de la una de la mañana del pasado domingo, 14 de mayo, Jessica Lisouli Vázquez Jácome fue atropellada; el culpable se dio a la fuga. Los hechos ocurrieron en el Eje Central, a la altura de la Plaza de las Tres Culturas.

Amigos y familiares de la joven solicitan información a todo aquel testigo de los hechos, donde lamentablemente Lisouli falleció. Si lo presenciaste o conoces a alguien que lo haya hecho, favor de comunicarse a:

amigoslisoulijacome@gmail.com

A los celulares: 044 5545 6475 99 y 044 6651 3302 68.

O en la página de Facebook: Justicia para Lisouli Jácome.

#HastaSiempreLisouli

#HoyPorLiso


 

El silencio no es opción, por ello gritamos #NiUnoMás

El periodismo mexicano está de luto. Javier Valdez fue asesinado. Y sí #NosEstánMatando. Pero la violencia, sus balas e impunidad, no sólo buscan silenciar a periodistas o defensores sociales, sino a todos los mexicanos.

#NosEstánMatando y hoy, más que nunca, debemos decir #NiUnoMás. Hoy, quienes integramos El Tecolote, gritamos: ni un periodista más asesinado, que ningún defensor de causas sociales caiga, que ningún mexicano más sucumba ante la violencia.

Por ello, hoy exigimos que las autoridades castiguen a los responsables de la violencia que azota a México, que sus declaraciones no se conviertan en palabras vacías o pronunciamientos de 128 palabras; que demuestren su compromiso con aquello que tanto cacarean defender: el estado de derecho y la libertad de expresión.

Porque Javier, Miroslava, Rubén, Moisés, Cecilio, Ricardo, Maximino, no deben convertirse en números, sino en el aliento para exigir justicia, para continuar evidenciando el dolor y la injusticia de este México tan herido.

Porque los nombres de cada uno de los compañeros caídos nos lleva a decir: el silencio nunca será opción.


Nacionalidades (o cuando no saben de qué país vienes)

Uno de los eventos más divertidos al viajar ha sido el que confundan mi país de origen. En más de una ocasión he sido identificado como un connacional de diferentes latitudes del mundo, desde Sudamérica hasta el Medio Oriente, la personas han jugado “el adivina de dónde soy” conmigo. He aquí los más interesantes.

Venezolano: pasó en la ciudad de Logroño, en la provincia de la Rioja, España. Resulta que hace varios años tenía una novia que me invitó a pasar con ella dos meses al país ibérico. Una tarde fuimos a comer las famosas “patatas bravas” de la región, que sus amigos aseguraban picaban, incluso, para un mexicano.

Cuando las bravas estuvieron frente a mí, me llevé una inmediatamente a la boca. La patata estaba recién horneada y ardía, me quemé de forma horrible el paladar. En ese punto, mientras agonizaba por el ardor y hacia muecas de dolor, un simpático riojano se acercó a mí y me abrazó, una vez que su brazo estaba sobre mis hombros gritó al cocinero “¡tráeme una bravas igual de picosas que las que diste a mi amigo venezolano!”

Resulta que la gastronomía venezolana tiene una base de sabores dulces, he ahí el origen de que me adjudicaran como un hijo de la cuenca del Orinoco.


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Indio: fue en Lisboa, poco antes de que mi primera visita a ese país terminara, me metí a una tienda de “souvernirs”. Una vez que tuve los suficientes recuerdos para todos los seres queridos fui a la caja y le pedí al dueño de la tienda que los envolviera. El vendedor era un chico de unos treinta años de origen indio, mientras envolvía cada regalo me miraba de reojo con un poco de curiosidad; de repente me preguntó: “¿de qué provincia eres?”.

En mi rostro se dibujó la extrañeza. Le dije que era de la Ciudad de México (es un lio tremendo explicar a los extranjeros que existe una Ciudad, un Estado y un país llamado México). Ante mi respuesta empezó a carcajearse. “¡Hubiera jurado que eras de la India!”. Pronto me comentó que venía de Kolkata, llevaba quince años en Portugal y me dijo que si algún día viajaba a la India, en el aeropuerto me recibirían al grito de “Welcome Home!”.

Mi amigo indio, llamado Aryam, tenía un hobby: coleccionar billetes de diferentes países. En su mostrador tenía de Sudáfrica, Nueva Zelanda, Argentina, Rusia y Afganistán, añadí a su colección un billete de cincuenta pesos, con la imagen de Morelos “el siervo de la nación”. Le expliqué que era un héroe de la independencia de México, sonrió feliz y me estrechó la mano con mucho cariño antes de salir de la tienda.

Brasileño: fue un gritó que escuché en la calles de Porto. Empezaba a anochecer y las calles se llenaban de personas en busca de diversión y de un poco de vida nocturna. Había un bar donde ponían música latinoamericana que empezaba a llenarse y unos chicos afuera hacían promoción para invitar a los transeúntes a pasar. Casi cuando caminaba frente a la puerta del bar una chica me gritó con emoción: “¡Brasil!”.

Lo único que hice fue mirar a los lados, diez segundos después, entendí que me lo había dicho a mí. Le dije que era mexicano y se sonrojó por el error.


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Pakistaní: me lo dijeron como pasajero de un taxi en Dusseldorf, Alemania. Camino al aeropuerto, varios chicos del grupo de mochileros decidimos viajar en auto para llevar más cómodamente el equipaje. Yo iba sentado en el asiento del copiloto, el chofer era de rasgos árabes y me empezó a decir que extrañaba Azab Kashmir, región de la que era originario. Me preguntó si no me pasaba lo mismo, si iba a viajar para visitar a la familia en el Levante. Con simpatía le dije que viajaba a la Ciudad de México, al igual que Aryam, me miró sorprendido.

Colombiano: fue en Montevideo, cuando revisaba los anaqueles en una librería de segunda mano. Un señor veía a mi acompañante y a mí con simpatía; hizo la consulta “¿Son colombianos?” Al decirle que veníamos del país de los aztecas y los mayas nos contó las maravillas de la Rivera Maya y las “mejores vacaciones de su vida”, hacía unos años.

Por fin….Mexicano: apenas alguien acertó el año pasado en Londres.  Caminaba junto a mi madre y mi hermana sobre el puente Westminster, hacia el barrio de Lambeth, cuando un vendedor de souvenirs me gritó “¡viva México!”. Sorprendido lo volteé a ver, quizás, hasta se me iluminó la cara. Era un buen vendedor, fue tan buena su estrategia de venta y su encanto que los tres le acabamos por comprar un souvenir.

Epilogo

Con el tiempo me he dado cuenta que soy un mexicano de aspecto particular. La primera vez que entré en razón de esto fue cuando viajé a Zacatecas, a los dieciocho años. La recepcionista quedó maravillada conmigo, me dijo que tenía fisonomía de veracruzano, la estatura de un sonorense y el acento de un chilango. Entre varias bromas me dijo “eres el jarocho más alto que he visto”.

También, desde la universidad mis amigos me nombraban árabe y hacían broma respecto a ese hecho. Todas estas piezas encajan para explicar las nacionalidades que se me adjudicaron alrededor del mundo.

Debo decir que me sentí feliz cuando ese londinense por fin dio en el clavo. ¿Había algo diferente que percibió ese británico que no habían notado los demás? La respuesta es sí. En ese viaje a Reino Unido estrenaba mi barba de viajero. Mis recorridos anteriores habían sido como un imberbe o perfectamente rasurado adolescente. Mientras me reía de sus bromas y me mostraba una sudadera que terminé por comprarle, me preguntaba cómo había descubierto mi nacionalidad, en un segundo encontré la clave “debe ser por el bigote”.

Sí, a veces los clichés de la Revolución Mexicana son afortunados.

Sin consecuencias para nadie

A estas alturas del mes, es ajeno para muy pocas personas lo ocurrido con Lesvy Berlín Osorio, la joven de 22 años que fue encontrada sin vida en las instalaciones de Ciudad Universitaria.

El hecho indignó a muchos sectores, no sólo por ser un feminicidio, sino por la torpeza de la Procuraduría capitalina que buscó dar “señales de su compromiso con la justicia” al dar de manera innecesaria datos sobre el estilo de vida de la universitaria. Esto provocó la indignación de muchas jóvenes que desataron su ira en redes sociales y dentro de CU.

La situación desató un sinfín de discusiones y debates en varios niveles y en diferentes aristas. Desde aquellas que sin fundamento se vertieron en redes sociales, hasta quienes dedicaron espacios en medios de comunicación tradicionales y virtuales. Todos para asumir una postura, la mayoría apostó a ser políticamente correcto y solidarizarse con Lesvy aunque en el fondo no muchos lo creyeran en realidad.

Pero más allá del feminicidio ocurrido en la UNAM, puesto que el hecho por sí mismo es escandaloso y más si ocurrió dentro de las instalaciones de la institución, lo que preocupa es la impunidad en todos los sectores, en todos los sentidos, para todas las situaciones.

Empecemos por los feminicidios. De acuerdo con reportes del Inegi, publicados por Animal Político y el Economista, del 2000 al 2014 se registaron 26 mil 267 crímenes de género en México, de los cuales, menos del 20 por ciento de los asesinatos son reconocidos en México, según datos de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), en colaboración con la plataforma CONNECTAS y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés).

Otro sector duramente lastimado en el país son los periodistas. Del 2000 a la fecha fueron asesinadas 104 personas dedicadas a este oficio, situación que ubica a México en el nivel de países como Afganistán y Somalia, según el New York Times. Y no sólo esa es la principal señal de alarma, sino la cantidad de casos resueltos, pues de 117 casos revisados por entidades federales, sólo se investigaron ocho y únicamente se resolvió uno.

Así podríamos pasar cuartillas enumerando a los sectores vulnerables y sus cifras, sin embargo, aunque todos tienen diferencias considerables, hay un problema en común: la impunidad.

Y es que esta situación provoca no sólo la desconfianza hacia las autoridades, sino el incremento de los crímenes y las faltas, pues ya no hablamos de investigaciones contra Humberto Moreira, Roberto Borge o César Duarte, sino de la ausencia de castigo al delito común, lo que aumenta la desconfianza en la justicia mexicana.

Pero esto es sabido por muchas personas, sin embargo, sobre lo que no se ha querido reflexionar a profundidad es sobre esa impotencia que se convierte en el generador perfecto de un círculo vicioso, cuyos patrones se reproducen desde las faltas más pequeñas, desde aquellas que son meramente administrativas, hasta los delitos más rapaces y dañinos para sociedad.

Y es que, deténgamonos en esto un momento, pues si la corrupción es la lepra contemporánea, la impunidad es la influenza. La sociedad esta sumida en esta gripe mientras se le hacen llagas grandes repletas de pus. Y la lista de víctimas sigue con nombre y apellido; Lesvy Berlín Osorio ya es parte de ese horror.

Así que mientras estas prácticas se reproduzcan de manera común, viviremos en una sociedad enferma cuya única cura no son las expresiones de furia contra paredes, vidrios o autos, sino las exigencias de justicia ante quienes nos representan para que dejen de ser timoratos, omisos y brinden paz a este país que está tan lejos de conocer el verdadero significado de ese concepto.

Infamia y miseria: lo eterno en el arte

 

En el tercer tomo de En busca del Tiempo perdido: el mundo de los Guermantes, Marcel Proust señala una acepción que por su aplicabilidad y vigencia a cualquier contexto artístico pareciera una regla o axioma eterno a cumplirse. El gran novelista francés indica  que siempre que un conjunto de hombres se congreguen en torno a una disciplina, podrá vislumbrarse en ese contexto atisbos de envidia, descrédito, celos, rabia, rivalidad y deshonra. Es decir, imágenes humanas de la infamia y la miseria. Y es que en esos dos conceptos puede resumirse una gran parte de la historia y el comportamiento humano, debido a que ambos tienden a complementarse y a coexistir en todos los escenarios que enfrentamos en la vida, que pueden ir desde la esfera familiar, laboral, sentimental y artística.

En ese sentido, se puede argumentar que tanto la miseria e infamia no son sólo motores del arte, sino que son grandes catalizadores de toda renovación en cualquier campo de la sociedad.

Para explicar esto de forma más clara tendremos que detallar qué representa cada una de las palabras y el sentido que se le da, además de citar algunos ejemplos. Para empezar, mencionaremos que la infamia representa la noción de lo establecido. Aquello que se ha perfeccionado e institucionalizado en el tiempo, al grado de que cada sentencia o juicio que emane de un actor que la ejerce es incuestionable.

La infamia es la culminación de un largo camino que ha sobrepasado todo ser hasta consolidarse como una autoridad, alguien que refleja el respeto aunque esa característica no implica que por haberse transformado en una personalidad respetable, él se comporte de la misma forma.

Respecto a ésta perspectiva podríamos retomar al autor señalado al inicio de este texto: Marcel Proust, quien escribió una de las más colosales obras de la literatura del siglo XX y que a pesar de esa cualidad, no logró ser publicado por nadie. Producto de ese hecho, no puede evitar pensarse ¿Qué pasaría por la mente de Andre Gide, quien formaba parte de la Editorial Galimard, al rechazar el primer volumen de En Busca del Tiempo Perdido? ¿Qué sentirían sus entrañas y juicio al descubrir que le cerró la puerta a la novela francesa más importante de su siglo?

Lo cierto es que cuando Gide entró en razón de su error, no pudo negar que había fallado en aquel ideal bajo el cual fundó la Nouvelle Revue Française, que era el de abrir una ventana a nuevos autores desconocidos, donde pretendía enseñar la desconfianza en el éxito, la primacía del estilo literario y el total repudio a lo establecido. Frente a eso, Gide fracasó en su anhelo de convertirse en un padre generoso. La lectura arbitraria que realizó al manuscrito se convirtió en la más grande de sus deshonras al sobreestimar su juicio y su papel como autoridad. Inevitablemente, la infamia había terminado por presentarse.

Lo contrario de la infamia sería entonces la miseria, debido a que es su consecuencia. Sobre esto basta recordar que las decisiones derivadas de la infamia tienen resultados impredecibles, ya que que causan desgracia e infortunios en el alma de los hombres que reciben estos actos.

Para ejemplificar esto, podemos citar la reflexión con la que Jorge Luis Borges inicia su libro Historia Universal de la Infamia, al expresar que cuando Fray Bartolomé de las Casas propuso al emperador Carlos V la importación de esclavos negros a las colonias de las Indias, no premeditó en ningún aspecto su decisión.

Para el sacerdote, aquel hecho suponía un acto piadoso que disminuiría las cargas de trabajo y abusos que sufrían los indios americanos, y, en teoría, era más valioso para la católica corona española: procurar a estos nuevos fieles que se habían convertido al cristianismo, por encima de los nativos del continente africano, el cual estaba repleto de salvajes a quienes aún les era ambigua la noción de sociedad.

Bajo esta perspectiva, Bartolomé nunca alcanzó a entender las consecuencias de la recomendación que hizo a su rey. No conoció que por medio de esa resolución surgirían distintas formas de expresión artística que se derivarían en el continente americano, todas producto de su determinación, tales como el blues, el jazz y la samba en la música, el capoeira como disciplina física, o la increíble poesía de Nicolás Guillén.

El producto final de aquel consejo fue una renovación y transformación social que nutrió en distintos aspectos a las nacientes sociedades americanas, que desde Estados Unidos, hasta Brasil, se vieron transformados por los ecos de la miseria que los esclavos tuvieron que soportar por décadas en un continente al que no pertenecían y fueron llevados, despojados de su voluntad y libertad.

La miseria simboliza así la imposibilidad de ejercer nuestros deseos en situaciones de desventaja, donde una decisión ajena y tomada por alguien de una autoridad mayor a la nuestra nos impide encontrar la satisfacción de nuestros anhelos. En un punto en el que si el alma del individuo no logra ceder ante esos impactos, y a pesar de la desgracia y el dolor, con el tiempo nuevos caminos para expresar su sentir le serán revelados. Todos de carácter marginal, es decir, con cualidades, métodos, formas y estructuras que nunca antes habían sido vistos, con lo que finalmente se habrá abierto una nueva ventana de renovación por encima de la infamia y donde empezará a gestarse un nuevo momento del arte.

Los ejemplos sobre la renovación a través de la miseria son amplios en cualquier campo, sólo mencionar la sordera de Beethoven, producto de las golpizas que le propinó su padre, o la psicosis de Van Gogh, derivadas de la incomprensión de una sociedad a la que no comprendía pero no podía abandonar.

Por último, citaremos una tercera posibilidad más allá de las que se han mencionado, para la cual tendremos que retomar la dicotomía miseria e infamia, las cuales representan dos lados de una misma moneda.

Como ya se mencionó, el primer concepto señala a los nuevos e incomprendidos artistas, que en su afán de abrir paso a su vanguardia, se enfrentan a los viejos creadores, quienes por otra parte, se les asocia con la voz de la razón y la experiencia. Así, la juventud del arte simbolizaría la noción de lo intangible, de aquello que no ha sido y quiere nacer. Mientras los segundos harían el papel de lo realizado, lo que ha creado un espacio y ahora se le identifica como el status quo o el canon.

De esta forma, al referirnos al artista joven hablaríamos de un ser con una voz autentica pero débil, la cual tiene que buscar su fortaleza y madurar en cierto grado. Capacidad que detentan las vacas sagradas quienes hacen el papel de sus contrarios debido al largo trayecto que han recorrido.

Ante esto, una tercera posibilidad recaería en algún individuo que lograra representar ambas cualidades, la noción de una vanguardia legítima que desde sus inicios ostentara una fuerza colosal y bien formada. Un artista que ya en sus inicios posea una capacidad por encima de los viejos creadores, y dadas estas circunstancias, superara en todos los sentidos a los hombres caducos. Si lográramos ubicar el mejor ejemplo de este caso escogeríamos al del poeta simbolista Artur Rimbaud y esa explosión que fue su libro de prosa Una Temporada en el Infierno.

Rimbaud ejemplificó como nunca la noción del Enfant Terrible: el joven creador que despreció a sus maestros y les hizo explícito el hecho de que eran obsoletos por medio de su insolencia y a través de su alquimia del verbo. Sin embargo, una hecatombe de ese grado nunca es asimilada y aceptada en cualquier momento histórico, y a pesar de que Rimbaud logró materializar por sí solo a un artista que encarnara tanto la infamia como la miseria, la segunda triunfo durante el tiempo que estuvo vivo.

Esto debido a que a los viejos poetas lo sepultaron y olvidaron hasta su muerte y sólo el tiempo reivindicó su obra, mostrándola en una magnitud más terrible por el drama con el que culminó la vida del niño simbolista. Cimentando nuevamente ese eterno ciclo del arte, en el que independientemente del surgimiento de nuevas vanguardias, de los elementos de la creación o de cualquier nueva línea de estilo, aquel campo minado jamás logrará desprenderse de la deshonra y la desgracia. De lo eterno en el arte, que no es otra cosa, que lo mísero e infame.

El provincialismo literario de América Latina

I. Hace un par de días terminé de leer la novela El mal menor, del escritor argentino Carlos Eduardo Antonio Feiling. El libro pertenece a la colección El Recienvenido, editada por Ricardo Piglia y el Fondo de Cultura Económica (FCE), en 2013. La obra de Feiling brilla por algo inusual en la literatura latinoamericana de nuestro tiempo: su originalidad. No se parece a nada de la región. Está alejada de la tradición del boom en su ejecución y género – es una novela de terror, ¡una novela de terror de América Latina!- perfectamente escrita. El libro fue publicado en 1991, 16 años después, de la mano de una gran editorial como FCE, llega a un público ajeno a la literatura argentina.

II. ¿Cuántas novelas de terror podemos citar en la tradición literaria de América Latina? Si somos concisos, me atrevo a decir que me sobran dedos en la mano. La colección El Recienvenido fue una obra de edición que realizó Piglia en sus últimos años de vida. La idea que tuvo junto con el FCE fue noble: juntar una serie de grandes novelas de la literatura argentina de los últimos treinta años que oscilaban en el limbo del olvido; una serie de grandes obras maestras de esa literatura nacional que no había sobrepasado los límites de lo local, que estaban condenadas al provincianismo.

 

III. Un tema recurrente en la literatura latinoamericana es la falta de originalidad. En la tradición de América Latina hay dos grandes figuras: Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño, y “Cien Años de Soledad” y “2666”, las dos grandes novelas con las que se minimiza la tradición entera de un continente. Para las editoriales comerciales el más grande gesto de mercado es publicar a los hijos del realismo mágico y a los bolañitos como estrategia segura de mercado. Sólo algunas grandes casas editoriales apuestan por autores más originales: Anagrama, Acantilado, entre otras. No obstante, la literatura latinoamericana parece muy homogénea, singular en temas y estructuras.

IV. ¿La literatura de América Latina es homogénea, repetitiva y poco inventiva? Si nos acercamos a ver lo editado por las grandes casas españolas encontraremos muchas similitudes. No obstante, ¿los autores de Anagrama, Alfaguara o Tusquets, representan lo que en verdad está pasando en la literatura local de cada país? De manera concisa diré que Iván Thays, Guadalupe Nettel, Juan Gabriel Vásquez, Andrés Neuman o Martin Kohan, no representan a sus países. Son casos aislados de éxito. Escritores que sobrepasaron los límites de lo nacional para ser leídos en todo el mundo hispanoparlante.

V. No le quito mérito a Nettel o Vázquez, son grandes escritores de sus respectivos países. Pero acercarme a Ceiling me ha hecho notar algo: hay una literatura indómita y desconocida ahora mismo en América Latina, una serie de narradores y obras que quizás brillan más por su originalidad que por ajustarse al canon. Eso les pasó a César Aira, a Rodrigo Rey Rosa, a varios escritores que innovaban las letras de la región pero que lo hacían desde las editoriales independientes, desde la marginalidad hasta que el peso de su prestigio los hizo ser publicados por grandes casas editoriales. En esta región del mundo, la cuestión comercial pesa mucho para abrir el paso a nuevos talentos.

Excepciones latinoamericanas. Especial.

VI. Ni el internet ni las redes sociales han dado proyección a los jóvenes de América Latina. Seamos sinceros, sólo hay una forma de que un argentino, peruano, uruguayo, mexicano o chileno sea leído en toda Hispanoamérica: ser editado por una casa editorial de Madrid o Barcelona. El poder de las casas editoriales de España, decidir que puede ser consumido, o no, por su público, condena a los autores al localismo.

VII. Pero, ¿qué hay de la literatura mexicana? ¿Quiénes son los jóvenes escritores de México? Desde hace años me he hecho esa pregunta al recorrer librerías de Donceles, al visitar la Casa del Lago, la Casa del Poeta o la Facultad de Filosofía o Letras. ¿Quién los publica? El camino más viable para los jóvenes talento son los fondos editoriales del gobierno: Tierra Adentro o ediciones de los ministerios locales de cultura de los estados, o las editoriales independientes. Hay poca cabida para ellos en las grandes editoriales, quizás, con los años, a la manera de Aira, llegué el reconocimiento tardío. Todo depende del mérito de lo que ahora mismo estén creando.

VIII. En diciembre del año pasado viaje a Hermosillo, Sonora. Visité el Centro Sonorense de la Cultura por una casualidad y compré un libro de un autor del Estado: “Kafka en Traje de Baño”, de Franco Félix. Contenía tres crónicas, una giraba en torno a la búsqueda de un familiar del famoso escritor checo en México, otra al relato de vida de un niño autista y la última a una estancia en argentina de un joven escritor. El libro era maravilloso, innovador, alejado del canon narrativo mexicano. Pero Félix sufre la maldición del provincianismo, quiénes que no visiten Sonora, ¿podrán leerlo?

IX. Después del viaje a Sonora fui hasta el otro lado del país: Mérida, Yucatán. Ahí compré otra novela: “Solo por ser mujer” de la escritora maya Sol Ceh Moo. La novela trata uno de los temas más tangibles de la vida mexicana, nuestro disfrazado racismo a las personas indígenas y el machismo imperante en nuestra sociedad. Es una novela desgarradora, editada por el Centro Cultural del Estado. La condena de Félix se aplica de nuevo.

X. En un viaje realizado a Uruguay, hace ya cinco años, compré un ejemplar de novelas de Felisberto Hernández; me encantó “Por los Tiempos de Clemente Colling”. Hernández es uno de los escritores más queridos y aclamados de Uruguay, sin embargo, a diferencia de Juan Carlos Onetti, es un desconocido en el continente. Es un autor de hace casi cien años que no supera las barrera física de las cataratas de Iguazú.

XI. ¿Qué hace que la literatura viva y naciente en Latinoamérica no llegué a todo el mundo hispanoparlante? La respuesta más concreta sería la cuestión comercial. La necesidad de las grandes casas editoriales de ver a la literatura como un negocio. Sin embargo, esa cuestión de dinero limita el flujo de las letras latinoamericanas. Desconocemos a nuestros contemporáneos. Somos incapaces de ver qué está pasando en el continente. El provincialismo es la norma de América Latina. Una región, que a pesar de la globalización, sigue incomunicada entre los países que la integran.

XII. Por ello, la labor de edición de Piglia ahora se muestra como un gesto humano y heroico. También, es una gran lección. Un acto de solidaridad entre nuestros contemporáneos, además de un gesto que pide espacios y justicia para los nuevos escritores de una región entera. Una invitación a abrirnos a leer a los nuevos escritores de un continente.

La política exterior de Trump en 14 puntos: desconcierto y falta de doctrina

Los bombardeos de Estados Unidos a Siria, el pasado 6 de abril, son la primera intervención internacional ejecutada por Donald Trump desde el inicio de su mandato, he aquí 14 reflexiones sobre su política exterior.

I. Hasta abril de este año vivimos una ausencia de EE.UU. como actor internacional. Por casi cien días, las noticias no presentaron notas sobre la potencia militar y económica más grande del mundo. Vivimos una relativa paz global con la ausencia del liderazgo yanqui.

II. Contrario a la tendencia de los últimos 40 años, las noticias sobre EE.UU. eran referentes a su situación y política interna con temas de una concisa singularidad como: la re-negociación del techo de la deuda y la reforma migratoria de la era Obama; el affaire Lewinski de Clinton; el escándalo Watergate; la disolución de los sindicatos por Reagan o la protesta interna en los sesentas; antes de Trump, poco salía a los medios internacionales sobre la política interna de Washington. Los 100 primeros días del magnate fueron una confrontación directa entre el iluso empresario, que pensó que la política funciona igual que sus franquicias y empresas, y la opinión pública. Todos lo encararon, desde las ciudadanas que marcharon en su contra, hasta los jueces locales para negar sus vetos migratorios. Tardó cien jornadas, pero Trump entendió que ser el presidente de su país no lo hace omnipotente en la tierra elegida por Dios.

III. Los cien primeros días de Trump son una porquería si se le compara con los de su antecesor, Obama. También, la política interna mostró males de “democracias imperfectas” como las que siempre criticó EE.UU., con males como violencia social, intolerancia política, falta de libertad de expresión y apertura por la clase dirigente (Trump callando a todos los periodistas de CNN o NYT), inercia política y un gobierno y sociedad divididos.

IV El contexto interno no han sido miel sobre hojuelas para Trump. Según la encuesta Gallup, el empresario tomó posesión de la presidencia con una de las aprobaciones más bajas de la historia: 45 por ciento, una de las más adversas para un presidente de EE.UU. Al tercer mes, bajó ya a 35 por ciento, la más baja que ha tenido jamás un presidente del vecino del norte (ahora sabemos que hay alguien que puede perder su popularidad más rápido y más bajo, que Enrique Peña Nieto). Se duda de su capacidad de liderazgo, se han hechos visibles todas las carencias que no posee como político.

V. ¿Cómo debe enfrentar esa crisis mediática y de aprobación un gobierno que no va bien en nada? Estados Unidos es un pueblo fuertemente ideologizado, con mitos sobre el destino de una gloriosa nación que nacen desde su creación, con sus padres fundadores, y que fueron pulidos y perfeccionados hasta la Guerra Fría (época de máximo esplendor del siglo americano). Cada estadounidense lleva dentro de sí mismo esos dogmas, ese llamado patriota. En los cuatro meses del presente año, en palabras de Nelson Mandela, los estadounidenses han sido la escoria del mundo por las acciones de su presidente. ¿Por qué no recurrir al papel de policía global, paladín de la democracia y libertad, en época de crisis de credibilidad?

VI. El bombardeo a Siria como acción en contra de los ataques químicos fue una reacción idiota si se analiza a detalle. Siria tiene meses de pacificación desde que Bashar Al Assad retomó el poder, incluso los opositores, que se levantaron contra el régimen en vísperas de la primavera árabe, aceptaron el retorno del dictador con tal de alcanzar la pacificación (también, es verdad que no tenían otra opción). Después de la toma de Alepo, el pasado diciembre, el país iba camino a una re-estructuración interna bajo el viejo dictador, anti-democrático, pero pacífico. En ese contexto, ¿alguien en verdad cree que Al Assad es tan idiota como para atacar a su población?

EEUU disparó misiles sobre Siria, tras un supuesto ataque químico. Foto: Especial.

 

VII. La reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), del 10 de abril, fue un espectáculo ejemplar. Ahí estaban las potencias occidentales, Francia, Reino Unido, Suecia y Alemania, pidiéndole a Estados Unidos retomar su rol del pasado. La OTAN vio su probabilidad de sobrevivir y planteó una alianza anti Assads de occidente; Ucrania dio un breve suspiro de nuevo ante el aliado militar que lo había abandonado. Los medios de comunicación inmediatamente se inundaron de noticias sobre la tensión militar entre Occidente y Oriente. Los viejos némesis, Rusia y EE.UU, estaban en conflicto una vez más. La imbecilidad del ataque ha sido tan grande, así como la provocación y la respuesta internacional, que se habla del advenimiento de la III Guerra Mundial. También, podemos considerar que desde el triunfo de Trump en la elección de EE.UU., no habíamos tenido noticias tan trascendentes en el plano de la política internacional, eso explicaría el sobresalto del ánimo mediático.

VIII. Las provocaciones de Trump no son a Rusia y a Medio Oriente, son netamente a Oriente como un todo, incluyen a China y Corea del Norte, una manifestación tangible de ese discurso fanático y ideologizador que es el Choque de Civilizaciones, de Huntington. Hace unas horas, portaaviones estadounidenses avanzaron hacía el mar de Corea para poner fin al problema del régimen militar de Kim II Sung, una clara provocación a China. ¿Para qué demonios confrontar al régimen socialista norcoreano? En el pasado, las tensiones entre de Corea del Norte y Estados Unidos iban en la dirección Oriente-Occidente, cuando el régimen socialista amenazaba con la aniquilación de Corea del Sur a través de sus armas nucleares como instrumento de chantaje y retorsión de política internacional; nunca iban en dirección contraria. Dicha situación es contradictoria para el presidente que prometió reducir el gasto militar de Estados Unidos. De cualquier forma, los hechos actuales van en sincronía con la lógica de sus primeros cien días de gobierno: no ha cumplido, ni ha podido cumplir, ni quizás cumpla, nada de lo que prometió.

Consejo de Seguridad de la ONU. espectáculo a favor de EEUU. Especial.

IX. Querer confrontar a Rusia, Irán, Siria, Corea del Norte y China, se asemeja una poco a lógica de Hilter en la II Guerra Mundial: declarar la guerra a todos, -al final, el Reich es la entidad más poderosa que jamás ha existido-. Por suerte, aún no hay una guerra multinacional (por no decir mundial). Sí se detiene a analizar con detalle la lógica de Trump en política exterior, ésta se asemeja un poco a la lógica de su política interna: acciones idiotas sustentadas en una visión despótica del poder y la política. No obstante, Trump aprendió pronto que no podía hacer lo que le diera la gana en su contexto interno. Lo más natural es que pronto aprenda a que tampoco lo puede hacer a nivel de política exterior.

X. Hay dos escenarios visibles (y completamente dispares) en el contexto de la nueva política internacional. 1) Estados Unidos bajo la era Trump aprenderá que hay otros polos de poder que limitan sus acciones internacionales. A pesar de que la anarquía internacional es la ley de la política entre las naciones el sentido común o de sobrevivencia brillará por encima de la autodestrucción. En unos meses, quizás Trump aprenda las reglas del juego y contenga las acciones de su país. 2) Las provocaciones llevan a una confrontación directa: la tan aclamada III Guerra Mundial, que citan los medios y redes sociales en estos días, un escenario claramente aterrador.

XI. Si el segundo escenario se da, vale la pena preguntarnos: ¿Estados Unidos es en verdad tan poderoso como cree? Si se hace una retrospectiva histórica de su historia bélica se encuentra lo siguiente: sufrió una derrota contra el imperio más grande del mundo en el siglo XIX (Reino Unido) en la guerra anglo-estadounidense en 1812. Sólo ha podido derrotar a potencias débiles o en decadencia como México o España. Su participación en la II Guerra Mundial fue intrascendente en relación a lo que pasaba en el frente oriental (enfrentamiento soviético-alemán). Perdió una guerra contra un país pobre, débil y atrasado (Vietnam). Su intervención en Irak causó una catástrofe económica a nivel interno y geopolíticamente en Medio Oriente. Sus más grandes éxitos militares serían la Guerra de Corea y la Guerra del Golfo, en la primera terminó con la división de un país en dos, la segunda, con la salida de las tropas iraquíes de Kuwait en 1991 y la supervivencia del régimen de Saddam Hussein, que cayó hasta 15 años después, por la ejecución del dictador.

XII. La idea del poderío estadounidense se funda en su arsenal nuclear. Esa idea nace del uso de las bombas Little Boy y Fatman sobre Japón, en 1945. Pero si se hace un análisis de Estados Unidos en confrontaciones bélicas directas, la historia es cruda y severa con esta nación. No detenta grandes victorias militares como la toma de Berlin, la Batalla de Waterloo, Austerlitz o Trafalgar, como otras naciones (Rusia, Francia y Reino Unido por citar algunos casos). Asimismo, hoy sabemos que existe un país con más arsenal nuclear que Estados Unidos y es Rusia. También, sabemos que la tercer nación con mayor número en armas nucleares es China. Confrontar a los dos parece irracional carente de sentido común. Ante esto sólo queda la carta de la racionalidad, aquella que nos reveló en la crisis de los misiles, en 1962, que la razón puede salvar al mundo.

Relaciones dañadas. Especial.

XIII. Los grandes éxitos en política exterior de Estados Unidos se parecen más a lo plasmado y pensado por Maquiavelo en “El príncipe” y “Las 33 estrategias de la guerra” de Robert Greene. Es decir, usar la manipulación, la discordia, las debilidades y divisiones internas de sus enemigos para destruirlos, en vez de confrontarlos directamente o hacer uso de la fuerza. El máximo éxito de la política de Estados Unidos fue destruir a la URSS sin lanzar una sola bala durante la presidencia de Ronald Reagan, en las alianzas que hizo con los talibanes contra la nación soviética. También, su control y poderío sobre América Latina se cimienta en tejer alianzas con los traidores locales, en causar inestabilidad interna y echar a pelear a los demás, pero nunca pelear directamente. Estos es una herencia de su cultura anglosajona y de Reino Unido, quien con su política de contingencia puso a pelear a la Europa continental mientras ellos se cruzaban de brazos. De forma personal, creo que Trump no entiende esto claramente.

XIV. En un mundo de hiperrealidad y posverdad, los medios pueden causar una tensión innecesaria. Las analogías recientes a una III Guerra Mundial puede que no sean más que un divertimento y paranoia que en unos días pasará. No obstante, lo trascendente es notar que Estados Unidos sigue ahí, con una política exterior nada razonada y que deberá encontrar su mesura en un mundo cada vez más multipolar. También, me atrevo a decir que los amantes de la política internacional y los medios de comunicación habían sentido un desamparo estos tres meses de vivir un mundo sin “Estados Unidos”. Al final, sólo el tiempo decide.

Lepra contemporánea

Hace un par de semanas, una policía de tránsito me detuvo a escasas seis cuadras de casa. La situación ocurrió tras darme una vuelta prohibida con mi auto, sin embargo, la relevancia del suceso se debió a lo ocurrido después de una discusión de casi una hora, con ocho patrulleros rodeándome y el arrastre de mi coche hasta el corralón de Avenida Talismán y Gran Canal (muy lejos).

Insisto, el hecho por sí mismo es intrascendente, dado que tan sólo en 2016 se registraron 455 mil multas, según datos de Hiram Almeida, secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México.

Lo importante viene con las reacciones de gente con la que convivo a diario, pues sus comentarios iban encaminados al porqué no le di una “mordida” a la oficial, dado que no sólo fueron los más de 2 mil pesos de multa (un exceso desmedido) sino el tiempo que perdí para recoger mi carro hasta el depósito de vehículos.

Me puse a reflexionar acerca de esos comentarios, porque la mayoría eran en tono de reclamo por negarme a sobornar a la gendarme en cuestión. Con ello, me di cuenta del arraigo que tenemos tratándose de prácticas deshonestas y la facilidad con la que las aplicamos. Pareciera que traemos en nuestro ADN la costumbre de practicar cotidianamente refranes como “el que tranza no avanza” o el popular “el año de Hidalgo, chingue a su madre el que deje algo”.

Y es que esa manera de vivir se ha vuelto tan necesaria que nos sorprende (incluso apenan) aquellos que actúan con honestidad; nos es irreconocible un policía que no pida su “mochada”; se nos hace utópico (irrisorio, ingenuo y hasta condenable) un político cuyo único interés sea el de servir con honor a su cargo y no enriquecerse a costa del presupuesto. Y a pesar de ello, desdeñamos la corrupción, la señalamos, la vemos como lo que es: la lepra de las sociedades contemporáneas.

¿Pero cómo sacar la suciedad de la casa si nuestros zapatos están llenos de estiercol? Justo a finales de enero de este año se dio a conocer el Índice de Percepción de la Corrupción 2016 de Transparencia Internacional en el que se ubicó a México como uno de los países más corruptos: es la posición 123 de 176. Escándalos vinculados con el presidente Peña Nieto, así como desvíos y monstruosidades de gobernadores salientes, hicieron que México cayera 28 posiciones, con respecto a 2015.

Es obvio que nos indigna, agobia y nos hace perder la credibilidad en las instituciones la impunidad de estos casos, sin embargo, no nos molesta ¨darle para su refresco¨ al policía; jamás nos cuestionamos sobre la procedencia de la mercancía vendida en varios tianguis, pese a tener una certeza de su origen ilegal; no dejamos de aprovecharnos de las “oportunidades” de recibir algo del gobierno a cambio de regalar nuestro voto. Y así podríamos seguir con una eterna lista, señalada por muchos, pero corregida por muy pocos.

Y aunque suene idealista e ingenuo, prefiero pagar lo que me cueste mi falta, no porque me sobre el dinero (dudo que a muchos millenial les sobre) es más por una situación de ética, de valores, pues ¿cómo señalar a los Duarte, a los Borge, a los Romero Deschamps o a los Moreira, si cuando cometemos alguna falta tratamos de escabullirnos y soslayar el castigo de alguna manera?

Como quiera que sea, creo que podemos dar pasos sencillos para desterrar estas prácticas al asumir nuestras responsabilidades y, sobre todo, dejar de pensar que en este país no hay faltas sin castigos, pues no importa cuántas leyes se hagan, el número de funcionarios públicos que hagan su 3 de 3 ni las denuncias en la prensa si no empezamos a corregir nuestras malas costumbres. Sólo así podremos salir del agujero que cuesta 347 mil millones de pesos al año, según IPC.

De a tuit

Inician las campañas en el Edomex y en la baraja hay un rico, una maestra, una tercerona y el resto ¿hay para escoger o todos son lo mismo?

Yuri Gagarin: la utopía viva de la URSS

“La comisión gubernamental me ha elegido para ser el primer hombre en viajar al espacio. No sabes, querida Valiusha, lo feliz que estoy, y quiero que tú también lo estés. A una sola persona le han encargado una tarea tan enorme: ¡Allanar el camino al espacio!”. “¿Puedo soñar con algo mayor? ¡Esto es historia, es una nueva era! En un día despega mi vuelo”.

Carta de Yuri Gagarin a su esposa Valentina escrita el 11 de abril de 1961.

Uno de los proyectos nacionales que más ha sido rezagado en la historia del siglo XX es el que representó la Unión Soviética. Desde su fundación en 1922, hasta su derrumbe en 1991, la URSS fue un actor internacional marginado y hecho de lado por el discurso hegemónico de Occidente.

Consecuencia de esto es que no identifiquemos la estatua de la Madre Patria con la misma familiaridad que símbolos nacionales como la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel o el Cristo Redentor. Que el arte de Kandinsky sea sólo reconocido y apreciado por unos cuantos neófitos y no por una parte de la cultura popular como los nombres Dalí, Van Gogh o Picasso. Que la música de Igor Stravinsky y Dmitri Shostakóvich sea vista como una expresión sinfónica compleja y poco accesible, a diferencia de sus contemporáneos Maurice Ravel y Johan Strauss. Que el futurismo sea un movimiento artístico y poético poco conocido, al menos no como el surrealismo o cubismo.

En cambio, sobre la URRS tenemos más presenté la imagen de Yosef Stalin, uno de los genocidas más grandes de todos los tiempos; las prisiones Gulag, donde eran condenados los individuos contrarios a los ideales socialistas, o la KGB, la policía secreta que perseguía y limitaba las libertades de los soviéticos.

Pocos saben que la URSS fue la única nación que no sufrió altibajos durante la crisis económica de 1929, evento que puso en shock al mundo entero y fue el catalizador del surgimiento del fascismo en Europa. El papel crucial que desempeñó en la II Guerra Mundial,, en la que prácticamente venció a la Alemania Nazi. Su importante aportación a la literatura con poetas como Vladimir Maikosky; o al cine en la dirección de Sergei Eisenstein o Andrei Tarkosky. Sus aportes a la ciencia y tecnología, materializados en sus logros en la carrera espacial, y el hecho que fueron ellos quienes conquistaron el espacio antes que nadie, de la mano del primer cosmonauta: Yuri Gagarin.

Para entender la importancia de Gagarin en la ciencia y tecnología, y por ende en la historia de la humanidad, debemos sobrepasar el discurso de las sociedades capitalistas que siempre se han atribuido los grandes avances tecnológicos. También, entender el papel que jugó la Unión Soviética como proyecto de país que desafió al mundo entero.

Desde su génesis, la URSS materializó la idea de Karl Marx de transformar el mundo. Como proyecto de Estado-nación, durante más de setenta años, cargó sobre sus hombros la efigie de un país que trató de consolidar un régimen más allá del capitalismo. Aspiró a la destitución de las clases sociales y la posibilidad de crear una nueva sociedad. Su máximo anhelo era consolidar una utopía, un sueño ideal. Así, la URSS fue la máxima hazaña del pensamiento de la modernidad, de ese paradigma que profesaba que las sociedades del siglo XX se dirigían hacia el progreso y el bienestar generalizado de todos.

No obstante, este proyecto, al encarnar ese papel, se transformó en la decepción más grande de la historia. Para la década de los ochentas, la URSS era un país atrasado y con dificultades de sobrevivencia. La nación que había limitado las libertades de su población y no había consolidado el progreso prometido por el sueño socialista.

A pesar de su inminente final, de forma personal, debo decir que el máximo punto de gloria de la nación soviética radica en la conquista del espacio, realizado por Gargarin el 12 de abril de 1961. En esa jornada, la nave Vostok 1, producto de un largo proyecto de desarrollo tecnológico de la Unión Soviética, cruzó los cielos de Moscú hacia la estratosfera. La noticia fue anunciada a nivel mundial, países como Reino Unido, Francia y los mismos Estados Unidos se quedaron boquiabiertos, ¿era cierto que los socialistas conquistarían el espacio, que habían desarrollado una tecnología capaz de esa hazaña? También, el pueblo soviético estaba al tanto de la odisea.

Desde las calles de Leningrado hasta el más recóndito poblado de Siberia, se sabía de la proeza que estaba a punto de materializar su país, producto de la ardua labor de cientos de científicos soviéticos y la inversión del gobierno en la industria aeronáutica. El viaje de Gagarin lo llevó a observar, en pocas horas, el estrecho de Magallanes, los Andes latinoamericanos, la Antártida y el desierto del Sahara; ciudades del Medio Oriente como Bagdad y Beirut.

A pesar que la travesía maravilló al mundo, el vuelo de Gagarin no estuvo exento de complicaciones; cerca del continente africano, la aeronave sufrió fallas mecánicas que por diez minutos amenazaron con acabar con la vida del cosmonauta, sin embargo, factores meteorológicos no previstos y considerados por los soviéticos le salvaron la vida. El vuelo terminó por ser un completo éxito, hasta su aterrizaje en la provincia de Sarátov. La noticia se anunció a la población de la URSS y luego ante el mundo.

Las imágenes de los festejos en la Unión Soviética son bellas por la expresión del pueblo. Desde las universidades al Kremlin, hasta los campos de cultivo y las siderúrgicas, se ve a la gente sonreír, darse abrazos de fraternidad y camaradería, saltar al aire de emoción. No era en balde, el socialismo había transformado heroicamente la historia de la humanidad y una nación que había tratado de ser contenida y aislada, había logrado un hecho que ningún otro país en la historia. Quizás, en ese punto, el ciudadano soviético vivió en carne propia una emoción que nunca podemos experimentar muchos individuos en nuestra vida. La sensación de que somos testigos de un evento que ha cambiado la historia y que formamos parte de un proyecto, de un sueño, que puede gestar un mundo diferente.  

 

El valor de un “para siempre”

A Ro, que ya me prometió un por siempre

¿Quién no ha prometido amar por siempre a alguien? ¿O quién no ha jurado estar al lado de aquel que alguna vez fue su mejor amigo? ¿Acaso es tan detestable aquel que no cumple esos por siempre? ¿No se trata de dos palabras demasiado violentas?

Todos en alguna ocasión hemos hecho promesas, en el mejor de los casos, con la convicción que habremos de cumplirlas, mismas que, ya sean de amor, de amistad, de compromiso o de lealtad, a terceros e incluso a nosotros mismos, en buena parte de las veces no logramos cumplir. Y no, no se trata (únicamente) que la persona o la situación carezca de importancia para nosotros, y aunque un poco dolorosa, acaso la respuesta sea sencilla: todo cambia.

Las circunstancias, las personas, las necesidades, nosotros mismos, cambiamos y nos reconfiguramos constantemente, proceso en el que corremos el riesgo de no calificar para la siguiente etapa en la vida de los demás, incluso de aquellos para quienes parecíamos imprescindibles.

Y claro, es complicado pensarse lejos de quien solía ser tu mejor amigo, imaginar que no tendrás más sus consejos y esas visitas a su casa, o que el amor de tu vida quizá no era el amor de tu vida y cada uno deberá seguir sin volver a mencionar alguno de los ridículos apodos a los que ya se habían acostumbrado.

El peligro de una promesa sin cumplir siempre estará latente, sin embargo, aquellas personas que cruzan en nuestras vidas y nos hacen sentir que incluso el riesgo de un adiós vale la pena con tal de atesorar las experiencias vividas a su lado, son las que dan sentido a eso que somos y, como decía el zorro del Principito, quienes nos domestican, para así dejar de ser uno más en el mundo y convertirnos en únicos para alguien.

Es difícil pensar que el valor de esos por siempre que alguna vez se mencionaron con vehemencia se evapore, pues en algún momento fueron dichos con la genuina convicción de ser cumplidos, pero finalmente aquellas presencias constantes en la vida, las escenas que se repiten una y otra vez sin volverse monótonas, las conversaciones que pueden ser las mismas o distintas y aún así no pierden ese halo de amistad ni nos dejan de reconfortar, aquellas cervezas, cafés o malteadas compartidas que con el paso del tiempo cobran un sabor distinto, son los verdaderos por siempres, aquellos que ni siquiera hace falta pronunciar porque ya están sucediendo.

Mi libreta: porque el silencio no es opción, aprendamos a decir basta

El pasado jueves nos despertamos con una terrible noticia: Miroslava Breach había sido asesinada afuera de su casa. Ocho disparos acabaron con su vida y el nombre de la otrora corresponsal de La Jornada en Chihuahua, se sumaba a una lista interminable y dolorosa de periodistas ultimados en los últimos años.

Solamente en las primeras tres semanas de marzo, dos periodistas más fueron asesinados en Guerrero (Cecilio Pineda Brito) y Veracruz (Ricardo Monlui). La profesión no sólo atraviesa una crisis económica generada por el cambio en el modelo de negocio, también sufre porque los encargados de elaborar la información son silenciados.

Hace 11 años, Felipe Calderón inició la llamada Guerra contra el Narcotráfico. Desde entonces, México transita por caminos sangrientos. Se estima que la violencia ha cobrado la vida de más de 186 mil 682 personas de 2006 a la fecha, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Y no hemos sumado la cantidad de personas desaparecidas, que ascienden, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, a 28 mil 937, las y desplazadas tras el inicio de la cruzada contra los cárteles de las drogas.

Del 2000 a la fecha, 103 periodistas han caído, la mayoría por ejercer su profesión, según estadísticas dela organización Artículo 19. ¿Quién ha fallado? ¿Los gobiernos, la sociedad, el periodismo, el Estado?

¿Nos hemos acostumbrado a la violencia? ¿Acaso hemos perdido la capacidad de asombro? ¿Por qué un asesinato, la desaparición de personas o el descubrimiento de fosas no nos mueve para modificar el entorno en el cual nos desarrollamos? ¿Hemos perdido la batalla?

El Estado y sus gobiernos han fallado, sus mecanismos no funcionan y su compromiso por resolver los crímenes contra la prensa, se vuelven promesas. Para muestra un botón: existen 798 denuncias por agresiones a periodistas -50 por asesinato-, y sólo tres han sido castigadas.

Como sociedad, quizá hemos fallado en el compromiso y exigencia con la profesión: compromiso para exigir la protección de los comunicadores y la libertad de prensa; exigencia en el rigor de los contenidos.

A pesar de todas sus aristas, el periodismo es una de las profesiones más nobles y de las más necesarias en países como el nuestro donde la corrupción, el cinismo gubernamental-empresarial y la falta de empatía abundan.

Por ello, debemos aprender a decir basta, a exigir castigo para los responsables, a dar seguimiento a estos casos y evitar que la violencia se normalice. Debemos evitar que los nombres de Miroslava Breach, Rubén Espinosa, Moisés Sánchez, y tantos más, queden en el olvido. Porque el silencio no es opción.

Por hoy, con dolor, la libreta se cierra.

 

La no razón de Mars

Definitivamente, desde la masificación de internet hemos tenido acceso a trillones de terabytes. Contenido mega diverso que puede ser de interés, relevante, pero que también puede ser muy vacío, sin mensajes o propuestas de trascendencia colectiva, de mero entretenimiento para acabar pronto. En ese universo virtual se encuentran los videoblogueros, una ‘especie’ de internautas conocidos por acumular varios miles de visitas tras publicar videos divertidos y que, con el paso del tiempo, se convierten en esos entes llamados “influencers” creados con cierta malicia comercial por el marketing.

Desde la aparición del ‘Anticristo 2007’ en Youtube hasta Chumel Torres, decenas de jóvenes (y algunos no tanto) han buscado esta plataforma para dar a conocer sus opiniones sobre varios temas. Algunas muy concienzudas y otras no tanto, cabe señalar. Ahora Facebook e incluso Scorp hacen lo propio y abren la puerta a millenials para que digan y transmitan lo que sea, incluso suicidios. Entre esos ‘botones’ que brotaron de estas redes sociales apareció Mars Aguirre, una joven de Mexicali, Baja California de 16 años nacida el 27 de septiembre quien suele “hacer pendejadas frente a la cámara y hacerte reír ocasionalmente”.

Su fama no la alcanzó por grabar ocasionalmente lo que dice su descripción de su perfil, sino porque aparentemente dejó la escuela en el tercer cuatrimestre de la preparatoria y lo expresó entre sus seguidores. Su video subido la mañana del 22 de marzo ha alcanzado hasta hoy alrededor de 6.4 millones de reproducciones y logró una ola de memes y miles de comentarios furiosos en su contra. Sin embargo, lo que hizo (criticable o no) toca dos puntos importantes que han sido objeto de análisis de esta intermitente columna: la educación en México y la falta de oportunidades que enfrentan los millenials.

El modelo educativo actual ha demostrado que no es apto para las exigencias globales contemporáneas, pues, como ya se ha dicho anteriormente, no permite explotar las habilidades y aptitudes de niños y jóvenes, situación que a la larga se ve reflejada de diferentes maneras, visto en la frustración al momento de buscar empleo. Esto ha permitido que muchos chavos dejen sus estudios bajo los argumentos de que nunca aplicarán lo aprendido, situación que no es falsa, pues muchos comunicólogos (rama que estudié y ejerzo) no aplican fórmulas químicas o el álgebra básica.

La linealidad de la educación mexicana ha creado “idiotas útiles” incapaces de reflexionar sobre su propio entorno, condenados a repetir los errores del pasado y a no tomar en serio el papel que ejercen dentro de la sociedad. Ese esquema ha caducado desde hace tiempo, pero no es hasta hace poco que mostró su falta de viabilidad, pues los jóvenes nacidos del 90 al 2000 son renuentes a seguirlo, situación que los hace ver como personas indiferenes, rebeldes, consumistas y con muy poco sentido de la resposabilidad.

Bajo ese tenor y con la popularización de las redes sociales y los teléfonos inteligentes, estos ciudadanos demuestran (intensionalmente o no) que los esquemas de aprendizaje no son los correctos y que las oportunidades no son suficientes, mas sí, muy deficientes. Año con año leemos que alrededor del 90 por ciento de jóvenes aspirantes a estudiar en universidades públicas son rechazados, en buena medida, por una falta de preparación académica, y en otra, porque el modelo social dicta que para ser alguien deben tener una carrera y por lo tanto tienen que buscar un lugar que probablemente no quieran.

Sin embargo, nadie se pregunta qué pasa con esos que sí concluyeron y que están desempleados, mal pagados o bajo esquemas de trabajo trampozos ante la ley que no cubren sus necesidades básicas. Tal vez si a los jóvenes se les encaminara con otras normas que les permitiera ser tomados en cuenta, se sentirían arropados para continuar con sus estudios y alcanzar sus sueños.

Quizá si eso pasara no hablaríamos de los 75 mil chavos reportados por grupo Cauce Ciudadano que fueron reclutados por el narco; de los 7 de cada 100 embarazos que son entre adolescentes, según el Inegi; de la violencia creciente, de la frustración constante. Probablemente no hablaríamos de Mars porque probablemente su mayor aspiración no sería convertirse en videobloguera, actividad a la que por cierto, muchos se quieren dedicar pues es la única forma en la que se consideran escuchados.

De a tuit

Humberto Moreira, visto por Forbes como uno de los 10 mexicanos más corruptos, busca a ser diputado ¿qué tanto deberá para que quiera fuero?

Miopía, astigmatismo y sistema capitalista

De entre los defectos físicos y genéticos que padecemos los seres humanos, pocos están en tan perfecta sincronía con el funcionamiento del sistema capitalista como la miopía y el astigmatismo.

Hoy por la mañana al tomar mis lentes e intentar ponérmelos, se desprendió la varilla izquierda de aquel tan necesario instrumento para mi vida cotidiana. El evento lo tomé con estoicismo y sabiduría. Me dije a mí mismo “no hay problema, iré a la optometría y lo arreglaran en un segundo”.

Nada más me vestí y bañé, me dirigí a ese recinto donde esperaba que aquel problema encontrará una solución rápida y efectiva. Saqué mis lentes rotos y se los mostré al oculista. Él frunció el ceño y los observó desde todos los ángulos. Dio media vuelta y se acercó a una caja con múltiples piezas y herramientas. Después de un par de minutos, regresó hacia donde yo estaba con un gesto serio y me dijo “no tiene reparación”. Pronto se sumió en una explicación de cómo el mecanismo de la bisagra se había rotó de tal forma que no se podía reparar, existía la posibilidad de soldarlo pero la varilla del lente quedaría inmóvil.

Mi primera reacción fue consultarle si podía embonar las micas con mi graduación en otro armazón, ante lo cual el oculista me dijo que era viable, pero hizo énfasis en lo rayadas que ya estaban éstas, y me recomendó comprar unas nuevas. Además, al ver mi expediente, él había notado que hacía ya dos años que no me hacía un examen de la vista, por lo que me reprendió y me dijo que se recomendaba hacer al menos uno al año dado mis padecimientos ópticos.

Tan sólo escucharlo, supe lo que se avecinaba: tener que comprar unos lentes nuevos, y hace dos años que mi graduación oscila en un precio muy elevado, incluso, por encima de lo que cuesta un armazón de una prestigiosa marca. Pronto me encontré sentado viendo la típica pantalla con letras, dictándole al doctor hasta qué línea podía ver.

Al terminar la prueba me dio los resultados. Mi ojo derecho estaba bien, un ligero aumento de .002 dioptrías. No obstante, mi ojo izquierdo había aumentado severamente hasta casi 1 dioptría. Lo que significaba que mi ya de por sí cara graduación sería un poco más costosa.

Al darme mi presupuesto para mis nuevos lentes, me quedé pasmado. De la noche a la mañana tenía un fuerte gasto no previsto.

Desde hace algunos años, la comprar de lentes se ha elevado a precios anonadantes; mi último armazón costó lo que gasté en un viaje vacacional a Sonora en diciembre pasado. Y parece ser que con el tiempo irá aumentando. Pronto usaré lentes de fondo de botella o tendré que conseguirme un lazarillo para que sea mis ojos ante el mundo, a razón de mis deficiencias ópticas. De mi cartera saqué mi tarjeta e hice el pago. Un poco afectado por lo vulnerable de mi economía y ahorros que había planificado para los próximos meses.

La tragedia no termina ahí, dado que los lentes tardarán una semana en estar listos; por ese tiempo iré por el mundo como un cuasi ciego o un ser que ve formas y colores borrosos donde hay letras, señales y rostros.

Uso lentes desde los diez años, jamás me molestó ser un cuatro ojos o tener que ponerme ese artefacto sobre mi nariz para observar el mundo como es, nunca antes había pensado en la posibilidad de la operación, pero al ver lo caros que son ahora los lentes que necesito, se abre la brecha para esa opción.

Al final, toda esta catarsis se reduce a la siguiente sentencia:

¡Me caga estar ciego! Benditos aquellos que tienen buenos ojos.

Mi libreta: Los volcanes y mi afición por los guardianes del Valle de México

Desde niño he tenido una fijación muy extraña con los volcanes. Les temo, pero los admiro. Tal vez por eso, en algún momento dije que cuando me muera, me gustaría que mis cenizas fueran esparcidas por un volcán.

Cuando tenía seis años, subía a la azotea de la casa de mis abuelos para mirar a “La mujer dormida” y al “Popo”. Ahí perdía el tiempo, admirando el vestido blanco de ambos y la fumarola que “Don Goyo” expulsaba. La acción la repetí por años, hasta que el crecimiento de las casas vecinas me lo impidieron.

Años más tarde, me asusté cuando por la televisión vi cómo el Popocatépelt expulsaba “material incandescente”, mientras recordaba (gracias a una enciclopedia Disney que mi papá me había regalado) qué tipo de volcán era y qué tan rápido podría viajar su lava o las piedras que emanaba de su interior.

Por fortuna no pasó a mayores. Mientras digería mis miedos, me enteraba que había gente que no les temía, que los veía como protectores o que incluso les danzaba para disminuir su furia.

El “Popo”, uno de los imponentes guardianes del Valle de México. Foto: Pixbay.

Tiempo después, mientras platicaba con mis papás sobre la leyenda que explica el origen de los volcanes, ellos me contarían que los visitaron cuando no eran tan peligrosos y la actividad de “Don Goyo” era menor. Los envidié un poco, pues a mí me gustaría estar al pie de ellos, para admirar su grandeza y palpar su eternidad.

Hace unos días, entre la revolución que significó cumplir 27 años y cerrar un ciclo laboral, volvía a casa de mis papás con el ánimo a medio vuelo. Por un momento me detuve para mirar el horizonte y vi a ese par de volcanes. Entonces, tuve una regresión a los años donde todo era más sencillo, donde todo se resolvía en sueños, donde quería ser vulcanólogo, donde subía a la azotea para admirar a los guardianes del Valle de México.

Quizá, aquella imagen de los volcanes imponentes y vestidos de blanco, me dio el valor suficiente para tomar una decisión y dar un paso más a lo que deseo hacer: reencontrarme con la escritura. 

Por hoy, la libreta cierra su segunda página.

 

Mi libreta: reencontrarse con la escritura

Hace unos días le comenté a alguien que al escribir expresaba lo que mi boca callaba. Quienes me conocen, saben que muchas veces soy una colección de silencios, que tardo en abrir el cofre de mi confianza para dejar que las palabras fluyan; por eso escribo, para darle vida a mi falta de voz y evitar que todo aquello que guardo explote dentro de mí.

Sin embargo, en los últimos años dije una y otra vez que no escribía por falta de tiempo. Esa excusa se convirtió en mi refugio, en uno que evitaba que mirara el verdadero problema: la falta de disciplina y un olvido que me ha llevado a encarcelar el lápiz que tengo en la cabeza y que, antes, me llevaba a escribir sobre cualquier cosa, en casi cualquier sitio y casi a cualquier hora.

Entre las responsabilidades de crecer, fui abandonando una de las prácticas que más me llenaban: escribir. Por momentos, mi cabeza recobraba la memoria e intentaba retomarlo, pero bastaban unos instantes para abandonarlo. Me abrumaba y eso era el inicio de mi huida.

Quizá por eso me refugié en leer a los otros, en mirar lo que otras y otros querían contar. Quizá por eso disfrutaba de revisar textos de otras personas. Cuando emprendía esa tarea, sentía que esa persona me contaba una experiencia de su vida o algún aprendizaje con el que se topó y que le pareció digno de materializarse –e inmortalizarse- en papel, en un documento de Word, o en una página de internet.


Conoce: El diario como género narrativo


Pero había algo que me llamaba a imitar su acción, a escribir otra vez, como antes, como cuando cualquier momento de la vida se prestaba para rayonear una hoja, o teclear algunas palabras en Word o en los blogs que todavía deambulan por ahí. Por eso me sentía derrotado cuando dos o tres líneas después, abandonaba la tarea. Me preguntaba si aquello que antes me gustaba tanto, ahora me desagradaba o si sencillamente no tenía vocación para ello.

Hallé la respuesta hace unas horas. Al abrir la puerta, descubrí un silencio que tomó mi alma. Quizás no era para tanto, pero la víspera de mi cumpleaños me pone sensible. Suelo sumergirme en una suerte de pozo donde miro lo que he y no he realizado.

Entonces miré que le había fallado a mi libreta, a esa vieja amiga que en otros tiempos me recibía gustosa, aunque tuviera un hoyo en el centro de mi pecho. Hoy quiero reencontrarme, porque no hay mejor manera de enfrentar los miedos, retos e incertidumbre, que haciendo lo que uno quiere. Y lo que quiero es simple, escribir.

 

Así que, bienvenidos a mi libreta.

La poesía de Ruth Wolf-Rehfeldt: simetría, perfección y subversión

Hace algunos días ingresé al taller de poesía de un reconocido autor en México. El evento se dio por casualidad al darle like a un tweet una tarde de enero. Si cuento este taller, es la tercera ocasión que participo en un simulacro de este tipo, en la extraña y carente situación de reunirme con un grupo de personas cada semana a conversar sobre literatura y leer un poco de lo que escribimos.

 

Los primeros talleres en lo que participé fueron uno de narrativa creativa y otro de poesía en La Casa del Lago de Chapultepec, cuando tenía diecinueve años. Emocionado por comentarios de escritores como Roberto Bolaño, Daniel Sada o Juan Villoro, esperaba que esa experiencia fuera reveladora, que ahí conociera a los jóvenes escritores de México o a personas afines con quienes compartiera mi amor por la literatura. Pero, de forma contradictoria, la experiencia fue distinta. El taller se me presentó como un espacio donde se había inscrito chicos que deseaban ingresar a otros cursos de La Casa del Lago y que habían terminado ahí como premio de consolación. Para todos, la literatura era un divertimento o un pasatiempo, algo que molestaba severamente al poco tolerante joven que era yo, que me tomaba la escritura como una de las cosas más serias de mi vida.

 

A la par de eso, me decepcionó fuertemente el clasismo de los talleristas que nos impartían las sesiones. Si bien fueron magníficos en darnos lecturas pertenecientes al “canon” de la narrativa mexicana y universal, me asombro que tuvieran tan poca perspectiva para abrirse a nuevas propuestas o visiones experimentales de la escritura.

 

En una ocasión, al tallerista de poesía le hablé del verso libre, la poesía en prosa y el simbolismo francés, hecho de la lírica que él denominó como “simples modas” condenadas al olvido ante el peso inquebrantable de la poesía del siglo de oro español.

 

Nunca he sido un poeta. Me gusta la poesía y me considero un gran lector de ella. A la usanza de Hegel, considero a la poesía como la mayor de todas las artes. Para crear algo bello y de valor humano, no se necesita de un lienzo, de un instrumento musical o de un trozo de mármol, sino de algo más simple: la palabra escrita, oral o visual.

 

Mi nueva experiencia en los talleres ha sido gratificante por las lecturas que nos ha implementado el tallerista. Asimismo, me gusta su visión de enseñanza y crítica a la poesía.

 

En pocas semanas no ha proporcionado lecturas y visiones de la poesía totalmente ajenas a la corriente principal de la poesía. Lo sorprendente de esas lecturas ha sido reconocer que no son propuestas recientes, o de hace veinte o treinta años, sino ideas que se tejieron hace más de cien años, pero al estar dentro de lo aceptado por las vacas sagradas, autoridades o instituciones de su tiempo, fueron desdeñadas y condenadas casi al olvido.

 

Ante eso, la poesía, y toda expresión de la literatura, tienen siempre la posibilidad de tener una nueva apreciación en el futuro. Mi tallerista es un pequeño héroe y reivindicador de propuestas que quisieron ser eclipsadas y que hoy tienen mucho que decirnos.

 

Además de la lectura de estos autores condenados al olvido en su tiempo, otra cosa que admiro del taller es que quien lo imparte siempre nos cuestiona primero sobre las lecturas antes de dar su punto de vista. Nos deja decir la más grande idiotez que podamos imaginar para después exponer su visión. En ese proceso nos ha presentado una serie de preguntas que me han dejado marcado, que he tratado de responder y que transcribo a continuación:

¿Qué formas puede adquirir la materialidad del lenguaje?

¿Por qué en la era del internet sigue dominando el verso escrito en la poesía contemporánea?

¿Qué amenaza en la poesía una propuesta que es marginada por el canon?

¿Qué posición tenemos ante una tradición y nuestros contemporáneos escritores?

¿Qué hace un poeta hoy en día?

 

Ante esas interrogantes, una de las propuestas que más ha llamado mi atención es la lectura de la poeta Ruth Wolf-Rehfeldt. Escritora de la Republica Democrática de Alemania (RDA) que cambió la materialidad del lenguaje para crear una poesía visual a través de la palabra. Wolf era una amante de su máquina de escribir y de los tipos que ésta era capaz de hacer. Así, Ruth desarrolló un vínculo íntimo con su máquina de escribir que la llevó a crear obras de arte a través de los tipos y palabras que expresaba con ese aparato, donde se pueden observar un tipo de poesía visual de belleza y perfección simétrica.

Al leer un poco sobre la vida de Wolf, me interesó saber que era una trabajadora común de oficina que a una edad madura empezó a cimentar su visión de la poesía. Tenía fe en el género de las cartas o la escritura epistolar como forma de literatura o arte, por lo que utilizó su máquina de escribir para crear una idea que muchos han llamado el arte postal.

 

Una vez que conoció todas las posibilidades de su máquina de escribir, Wolf empezó a crear, en una hoja de papel, sus primeros trabajos de poesía visual. La subversión de su propuesta se ve en dos terrenos: político y literario. Respecto al político, me sorprendió saber que ella gustaba de mandar sus trabajos a sus amigos, a través del correo de la RDA -régimen de carácter dictatorial que abría toda la correspondencia de la población mediante el Ministerio para la Seguridad del Estado (STASI en alemán) para revisar si no existían mensajes de contestación o que promovieran los disturbios contra el gobierno-. En más de una ocasión los agentes de la STASI se sorprendieron al ver las cartas Wolf, y muchas veces creyeron que en ellas había códigos ocultos que tejían una insurgencia política.

Para el plano de la poesía, la subversión se teje en la supremacía de la poesía en verso que ha ninguneado la propuesta de Wolf. A pesar que Alemania siempre se presenta como uno de los países más tolerantes a nivel internacional, me sorprendió saber que Wolf es considerada más una artista visual que una poeta. En pocas palabras, el canon ha negado a su propuesta, y a ella como artista, el recibir ese adjetivo.

 

Ser consciente de ese hecho me ha puesto a pensar en el peso de las ideologías y las tradiciones; del clasismo que impera en todas las sociedades y que dicta que sólo existe una visión concreta de cómo son las cosas. La autoridad, al final, sólo es un instrumento de poder que dicta a las personas cómo es el mundo, según la visión del mundo de un grupo de individuos que con su poder limitan el pensamiento de las personas.

 

Sin embargo, siempre habrá personas que encarnen la subversión, que sean capaces de ver más allá de los que dicen los guardianes de la tradición, quienes han perdido el sentido de la autocrítica y la innovación. Seres que van contra la corriente para mostrar que la materialidad del mundo, y la poesía -en el caso de Wolf-, aún puede alcanzar otros horizontes.

De viajes y ladrones

Un evento a lo que está expuesto todo viajero durante su travesía es a sufrir un robo. En la estación de Lille, Francia, salté del susto al escuchar los gritos de una chica a quien le habían quitado su bolso con todos sus objetos personales. En Mendoza, Argentina, conocía a una chica portuguesa que le habían robado su mochila en Bolivia, y me platicó cómo tuvo que viajar hasta Santiago de Chile para que le expidieran un nuevo pasaporte y poder continuar su viaje. Durante un tiempo trabajé en la Cancillería mexicana y era común atender casos de connacionales en el extranjero que habían padecido un algún tipo de ilícito, el más común era el robo de pasaporte que los ponía en el entredicho de no poder moverse o salir del extranjero sin él y los dejaba en un limbo que amenazaba con truncar su viaje.

 

Pero, ¿por qué un viajero es presa fácil de los ladrones? La cuestión es simple, en un país extranjero uno brilla por su aspecto, por su forma de caminar y observar los lugares que no conocemos. Para los nativos de Londres, Paris, Lisboa, Buenos Aires o Montevideo es fácil identificar a un viajero. Se ve su caminar, se nota inmediatamente cómo observa con fascinación lo que para los demás forma parte ya de lo cotidiano. Y quienes son los primeros en detectar esa condición son los ladrones.

 

En el peor de los casos, al sufrir un robo, las personas se ven limitadas por la barrera del idioma. Recuerdo a una chica asustada que estaba de paso por Bucarest y me pidió que auxiliará, por teléfono, desde la Cancillería. Con su voz nerviosa me dijo “ya necesitaba a alguien que hablara español”.

 

También, a veces el mal trago del robo puede minar los nervios de la gente. En otra ocasión, un señor mayor sufrió un robo en el metro de Paris y le dio un ataque nervios por lo que tuve que contactar a alguien del Consulado de México en esa ciudad para que fuera a ayudarlo. Tiempo después, cuando hablamos con la persona que atendió el caso, externó cómo nuestro connacional agradeció que fueran a verlo personalmente al hospital.

 

Ante la posibilidad de un robo, el viajero debe ser astuto. Mi primer guía de viaje, uno de mis maestros de alemán de nombre Lars, me indicó que comprara una cangurera pequeña que se atara al torso del cuerpo y no es visible en caso de un asalto. Al iniciar nuestro viaje de mochileros me dijo “mete ahí tu pasaporte y 50 euros, si algo malo pasa, con eso será suficiente”.

 

En Barcelona, la única ciudad en la que me han asaltado al viajar, platiqué con el suegro de una amiga sobre el robo que acababa de sufrir el día anterior y me dijo lo siguiente: “la ciudades siempre se conocen por cómo operan sus ladrones, algunos son sutiles, cuando menos te das cuenta ya no tienes tu cartera o maleta. A otros les gusta la emoción, buscan que el robo sea aparatoso y todos los vean. Si quieres conocer cómo son los ladrones de una ciudad siéntate por un par de horas en el casco antiguo de ella y observa a la gente, pronto identificarás quién está ahí para robar”.

 

Su idea la materialicé tiempo después en tres lugares y ciudades: la Plaza de Armas de Lisboa, Trafalgar Square en Londrés y la Plaza de Mayo de Buenos Aires. Si uno se da el tiempo necesario, la sentencia del suegro de mi amiga se hace real. Pronto se ven sujetos que sólo observan lo que la gente hace, y si regresas días después, terminas por notar a ese mismo individuo ahí, listo para buscar una víctima.

 

De todos los ladrones que he visto en mis viajes el que más me asombró fue uno muy ingenioso en Londres, su forma de robar operaba de la siguiente manera: caminaba por Trafalgar Square con una enorme mochila de ruedas – en ese sentido, muchos le daban el beneficio de la duda de ser un turista más- por lo que se acercaba a las personas a consultar direcciones. Cuando la gente le respondía, de forma hábil él alzaba la mochila (¡la cual tenía un hoyo debajo!) y la ponía encima de las pertenencias del inocente con el que hablaba. Con un mecanismo no visible su maleta agarraba la bolsa, cámara o petaca de la persona elegida para que luego el ladrón se alejará, no sin antes, dar las gracias (¡era educado! Hecho que me sorprendió más).

 

No obstante, toda esta reflexión sobre viajes y ladrones me lleva inevitablemente a contar el robo que sufrí en Barcelona. La historia empieza por la tarde, cuando desde el municipio catalán de Blanes me dirigía de nuevo a la ciudad para reunirme con una amiga que me daría asilo en su piso esa noche. Nuestro punto de encuentro era la Sagrada Familia, ahí nada podía salir mal, un lugar fácil de encontrar y siempre lleno de gente. Ella me pidió que llegará ahí a las 8 de la noche, a esa hora le daría el tiempo suficiente de salir de su trabajo y me alcanzaría con su esposo.

 

Llegué a la hora en punto, era un día entre semana, un miércoles o jueves. Me sorprendió ver poca gente. Después de quince minutos de espera, decidí pararme en una plazuela frente a la Sagrada Familia para esperar, dado que ahí había mucha luz y personas caminando.

 

Pronto me que ensimisme viendo la obra arquitectónica de Gaudi, aquella hermosa edificación del modernismo catalán. En este punto del relato, debo decir que ese día llevaba una mochila en la espalda – llena de libros de literatura de ediciones españolas difíciles de conseguir en México y que contenía también mi diario personal- y una mochila de ruedas donde iba todo mi equipaje. De repente, mis ojos dejaron de ver la iglesia de Gaudi y sentí como mi cuerpo se iba contra el piso para ver el cielo nocturno de Barcelona.

 

Me levanté enseguida y por fin fui consciente de lo que había pasado. Un ciclista había pasado atrás de mí y con su brazo había jalado mi mochila; ahora mis ojos lo veían pedalear y alejarse a toda a velocidad.

 

Con todas mis fuerzas tomé mi maleta y empecé a correr tras él, debí perseguirlo por unas dos calles gritándole maldiciones pero pronto entendí que no podría alcanzarlo. Me detuve para agacharme mientras jadeaba por el cansancio. Cuando alcé la vista, varias personas estaban a mi alrededor, eran varios barceloneses que me empezaron a preguntar si estaba bien, si necesitaba dinero o un poco de ayuda. Les contesté que no y al final un señor de unos cincuenta años me puso el brazo en el hombro y me dijo “ten cuidado chaval, en esta ciudad a mí me han robado hasta un árbol de navidad”.

 

Una vez que todos se fueron, regresé a la Sagrada Familia muy molesto. Estaba enojado porque los libros que había comprado eran obras que deseaba leer desde hace ya bastante tiempo; sin embargo, lo que más me abrumaba era la pérdida de mi diario. Era el año 2013 y ese cuaderno lo había comenzado más o menos en el 2000. Con él se perdía una cantidad tremenda de momentos e ideas que había escrito. Mientras pensaba eso, vi mi reloj y noté que ya eran más de las nueve de la noche. La calle se vaciaba y la noche era cada vez más profunda en Barcelona.

 

En un momento, noté que estaba solo en la plaza frente a la Sagrada Familia una vez más, cuando de repente, vi salir a otro ciclista que se acercaba a donde me encontraba. Mientras avanzaba, pude notar que era el ladrón de hace unos minutos, que venía hacía mi con mi mochila. Se detuvo frente a mí.

 

En ese momento me quedé petrificado. Ni siquiera se me ocurrió moverme para correr cuando lo vi. Con su brazo me extendió mi mochila y me dijo “Ten”. Aterrado la tomé con mi dos manos y me dijo “soy un inmigrante marroquí, hace dos semanas perdí mi trabajo y no tenía dinero para comer, disculpa”. Inmediatamente abrí la mochila y vi mi diario y los libros y la cerré, estaba muy asustado para hacer algo más. “¿Cómo te llamas?” me dijo una vez más el ladrón marroquí. “Manuel” le respondí asustado. “Yo soy Malik” y me extendió su mano, que estreche. Luego se fue.

 

Después de tantas emociones y sentir mi corazón latiendo a golpe, decidí meterme a un bar cercano para esperar a mi amiga. Ella llegó unos quince minutos después. Al contarle todo lo que había sucedido de forma insólita se empezó a reír a carcajadas. Me dijo “¡Ay, Juanito! ¡Qué ladrón más raro! Yo si me robo tu mochila y me doy cuenta que está llena de libros, la agarró y la tiro en un bote de basura, no te la regreso.”

 

Al verla reírse, me sentí molesto. Mas al oír su comentario le dije “tienes razón”. Le sonreí y también empecé a carcajearme.

 

Epilogo

Muchos se preguntarán que obligó al ladrón Malik a regresarme mi mochila. Tiempo después, al leer mi diario y leer la anotación referente a ese día, empecé a teorizar sobre el porqué de su acción. Si bien, quizá él no podía o le interesaba leer los libros, podía tratar de venderlos para obtener un poco de dinero. Otra opción era quedarse con la mochila, a nadie nunca le viene mal tener una mochila de más.

 

Durante mucho tiempo pensé y traté de idear la razón por la cual regresó. Con el tiempo recordé que en la mochila iba mi itinerario de vuelo, tal vez lo vio y pensó que me había metido en un lío para regresar a México. Esa idea era incorrecta, yo podía reimprimir el itinerario de vuelo en el aeropuerto el día de mi viaje, pero existe la posibilidad que él no sabía eso. Otra teoría fue que quizá se sorprendió al ver la mochila llena de libros y una libreta con anotaciones de temas personales. Ante eso, pensó que lo mejor era regresarme ese cuaderno que aún está conmigo.

 

La razón por la que decidió regresarme mis cosas siempre será un misterio. No obstante, el ladrón Malik no era un santo y eso lo descubrí hasta el día siguiente que organizaba mis cosas para viajar hacía la Rioja. En mi mochila también estaba una camisa del Barça miniatura que había comprado para mi primo. Era la camisa del odioso y aclamado Leonel Messi, muy en boga en esos años que el Barça había ganado todos los campeonatos en los que había participado. La camisa la había comprado en la tienda oficial del equipo, en el Camp Nou, hacía dos días en la exorbitante cantidad de 88 euros, pero al ser un regalo para mi primo, el gasto me había parecido anodino.

 

¡Malik me regresó todo menos la camisa de Messi! Mi amiga me dijo “de seguro la venderá, al ser la nueva del Barça le darán a lo mucho unos 60 euros, si lo que dijo es cierto, con eso tendrá para comer dos semanas”.

 

A pesar de la existencia de un crimen, Malik me sigue pareciendo un ladrón peculiar. Me agrado el hecho de que me regresará la mochila y mi diario, objetos que aún tengo conmigo. Y me agrada pensar que pudo vender esa camisa para comprar comida, o que quizá, se la regalo a su hijo, a un niño aficionado del Barça.

La Biblioteca Mario Moreno de Buenos Aires, “la vida, no tiene límites”

Si me pidieran nombrar algún lugar o sitio donde puedo ser feliz, escogería una biblioteca. Jorge Luis Borges expresó que siempre imaginó el paraíso como una biblioteca gigante. Para mí, que asocio un edén con lo infinito, de manera personal, puedo expresar que no hay calificativo más acertado para estos recintos.

 

Por su condición y naturaleza, las bibliotecas se revelan como espacios donde los límites no existen, pues su objetivo es albergar el único instrumento que el hombre ha ideado como una extensión de su mente: los libros. Bloques de papel que resguardan las ideas, emociones y reflexiones de sus autores, que a pesar de permanecer estáticas, son capaces de reinventarse con cada lectura y generar nuevas apreciaciones en cada lector que se acerque a ellas.

 

En toda travesía, visitar una biblioteca es uno de los elementos clave que debo realizar, ya que me llenan de paz y me maravilla conocer a los lectores que forman parte de su interior. Y una de las que más afortunado me he sentido de conocer es la Biblioteca Nacional de la República de Argentina Mario Moreno.

La idea comenzó tras detenerme a preguntarle una dirección a un vendedor de diarios en Buenos Aires. Después de indicar que no identificaba el lugar, con su acento porteño me dijo “¿Pero de dónde sos vos? No eres de Colombia, ¿verdad?”. Pronto nos sumimos en una conversación sobre cómo era visto México desde Argentina y me interrogó sobre el libro que llevaba bajo el brazo, Los días de la noche de Silvina Ocampo.

 

“Parece que vos sos un animal lector, debes ir a la Mario Moreno.” Me indicó a través de un mapa que tenía la calle de la biblioteca y me dijo que después de diez manzanas llegaría a ella, nuestro dialogo terminó con la frase “no necesitas más, la reconocerás al instante”. La sentencia me resultó divertida a razón que la Mario Moreno se alza sobre el nivel del piso y la edificación puede observarse a varios metros de distancia.

 


Lee: El diario como género narrativo


 

La primera sorpresa que encontré fue que para ingresar a ella se debe atravesar la pequeña plaza Rayuela. Una explanada que en su entrada alberga una cabina telefónica de procedencia parisina y que representa un homenaje a Julio Cortázar. En los días que estuve en Buenos Aires, una serie de carteles con retratos hechos a base de objetos de diversos autores literarios decoraban el lugar; frases de Poe, Proust, Cortázar, Paz y García Márquez podían leerse en cada uno de ellos. Jamás he sido un fan de García Márquez, pero la frase que leí me dejó helado y ha sido una de mis filosofías de vida hasta estos días, es un pequeño fragmento de El amor en los tiempos de cólera que dice:
“… lo asusto la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites”.

Una vez terminado mí recorrido por el parque, me dirigí a la entrada del edificio, no sin antes encontrarme con un viejo conocido, – al menos en forma de estatua- era Alfonso Reyes, reconocido hombre de letras mexicano y primer embajador de México ante Argentina. Reyes es de mis escritores favoritos y uno de los mexicanos que consideró más ha encarnado la noción de lo universal; la estatua es un afortunado halago de los argentinos para ese personaje.

Al ingresar al interior de la Mario Moreno más cosas respecto a México se encontraban en el recinto: una exposición dedicada al 80° Aniversario del Fondo de Cultura Económica, reconocida editorial e institución cultural mexicana que se ha dedicado desde su creación a la divulgación de múltiples textos de historia y economía, así como a la promoción de literatura universal, mexicana y latinoamericana, que en su décimo aniversario de existencia, inició un proceso de expansión para instalarse en la región, donde escogió a Argentina como la primera nación de Sudamérica para crear su primera filial en el extranjero.

 

Sin embargo, lo que más me hipnotizo fue una muestra de múltiples ejemplares de las primeras publicaciones de la editorial, siempre he sido un poco fetichista respecto a los libros y ver primeras ediciones de Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo y Carlos Fuentes me dejó como un bobo por varios minutos.

No obstante, quería conocer a los lectores de la Mario Moreno y solo los encontraría en la sala de lectura. Al entrar vi a cientos de estudiantes argentinos, la mayoría de ellos provenientes de la Universidad de Buenos Aires, que en sus gestos y actos evidenciaban la alegría y condición de la vida universitaria. Me sentía feliz de verlos reír, tomar apuntes, sacar notas para sus tareas o labores académicas.

 

En un segundo me vi a mí mismo sentado, realizando la misma actividad durante mi paso en la universidad. Recordé que yo también tengo mi propia biblioteca, aquella donde he descubierto a mis autores favoritos y donde mi curiosidad ha encontrado saciedad: la Biblioteca José Vasconcelos, a la que le debo un texto como este y que pronto escribiré.

 

Pronto llamó mi atención unas pequeñas cajas de colores que llevaban varios chicos. Al acercarse les interrogué sobre qué contenían y me expresaron que eran cajetillas de cigarros recicladas con ediciones conmemorativas de los 200 años de la biblioteca. En ellas había miniaturas de libros de Borges, Roberto Artl, David Viñas, César Aira, Fogwill y Alfonsina Storni. Además de pensadores y representantes del pensamiento político latinoamericano como Simón Bolívar, José de San Martín, José Artigas y Luis Perú de Lacroix. La idea me pareció fascinante y los chicos me señalaron una vieja máquina expendedora donde había que meter una moneda para obtener los libros. Vacíe mis bolsillos y compré todos.

 

Después, observé el reloj, empezaba a anochecer y debía regresar a mi hostal. Las calles de Buenos Aires me esperaban, las mismas calles que Borges, Piglia, Ocampo y Pizarnik habían amado.

 

Salí de la Mario Moreno y el aire invernal de Buenos Aires me pegó en la cara. De repente, pensé en García Márquez y me dije a mí mismo: tiene razón el viejo ‘Gabo’, la vida, no tiene límites.

 


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El fin del TLCAN

El TLCAN marcó el aumentó la dependecia de México a Estados Unidos y el aumento de la pobreza y migración del lado mexicano. Especial.

El 1 de enero de 1994 parecía que la historia de México se sellaba en un destino sin retorno. A las 00:00 horas del primer sábado de ese año, las mercancías entre los tres países que integran América del Norte (Canadá, Estados Unidos y México) empezaban a circular libres de aranceles y sin restricciones aduaneras. Ese sería el inicio de los años dramáticos de la historia actual de México y del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, presidente que había llegado al poder ejecutivo hacía cinco años en uno de los procesos electorales más escandalosos de la historia nacional.

 

Más allá de rememorar el levantamiento armado del EZLN, la muerte de Luis Donado Colosio y el error de diciembre, que fueron eventos que sacudieron al país en esos 365 días, debemos preguntarnos: ¿qué significó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en su momento? ¿Qué implicaciones comerciales y diplomáticas tuvo para nuestro país? ¿Qué resultados económicos, sociales y políticos generó en la nación mexicana?

 

El primer cuestionamiento se responde como una hazaña. En 1988, Canadá y Estados Unidos habían creado un Tratado de Libre Comercio para potencializar su comercio bilateral; en ese punto, a manera de epopeya, Carlos Salinas de Gortari iniciaría un dialogo diplomático con las dos naciones para incluir a México en su acuerdo comercial.

 

Aquello causó una fuerte controversia en el ideario diplomático de nuestro país, porque si bien siempre se había tenido como prioridad la relación con Estados Unidos, nuestra tradición diplomática, valores y doctrinas de política exterior, se habían estructurado para salvaguardar la soberanía de México como nación ante las potencias extranjeras, con un especial énfasis para el vecino del Norte, al que siempre se había visto como un socio, pero un socio con recelo derivado de la difícil historia que compartimos.

Carlos Salinas hizo un quiebre completo a esa idea. ¿Por qué desconfiar de Washington si es el mercado más grande a nivel internacional y compartimos con ellos una frontera física- estratégica que ningún otro país del mundo posee? El ahora ex presidente reorientó el interés nacional de nuestro país a la relación comercial con ese actor. De manera hábil convenció al Presidente George Bush y el Premier Brian Mulroney, quienes vieron con beneplácito la idea del mexicano. En poco tiempo, Salinas logró sellar el pacto que, en su momento, generaría la zona de libre comercio más grande del mundo, al agrupar a más de 300 millones de personas y una superficie de 21 millones de kilómetros cuadrados. Ésta sólo sería superada por la ampliación de la Unión Europea a las naciones ex soviéticas de ese continente, diez años después.

 

En un segundo, Salinas se convirtió en uno de los más grandes paladines del neoliberalismo y el libre comercio a nivel global. Sería alabado como negociador en todos los rincones del mundo, se promovería la idea de la viabilidad de que un líder como él -del mundo en desarrollo- presidiera un organismo económico internacional como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial de Comercio -que se crearía un año después-. Incluso, todos los mandatarios de Latinoamérica lo observaron con admiración y envidia al lograr ese acuerdo comercial en un contexto internacional que se veía completamente permeado por la lógica del libre mercado.

 

Sin embargo, esa efigie de estadista le duraría poco. Los hechos y las terribles asimetrías económicas que existían entre México y Estados Unidos tendrían graves consecuencias en su contexto nacional e internacional. A nivel local, los productores mexicanos, pequeños y arcaicos, de la noche a la mañana, se verían obligados a competir con una de las economías más competitivas e innovadoras del mundo. En un abrir y cerrar de ojos, cientos de industrias nacionales, que van desde el calzado, ropa, agricultura, ganadería quebraron y fueron absorbidas por consorcios extranjeros.

 

Ese escenario implicaría una inestabilidad laboral y social que encontró su punto máximo en la crisis de diciembre de 1994, cuando se presentó la crisis económica más grave que ha vivido el país. El desempleo subiría a cifras nunca antes alcanzadas y los nexos de México y Estados Unidos se estrecharían en una esfera no contemplada en el TLCAN: la migración.

El error de diciembre…. Desataría una de las mayores crisis económicas del país. Especial.

Las cifras oficiales dicen que durante el periodo 1995-2000, en promedio 300 mil mexicanos migraron a EE.UU. Algunos autores expresan que las cifras pudieron llegar a ser más de 500 mil personas por año y ese fenómeno laboral potencializaría las remesas como ingreso nacional de nuestro país -hasta estos días, las remesas es una de nuestras principales fuentes de ingreso-.

 

Asimismo, en el plano económico, la industria nacional dejaría de existir con ligeras excepciones. El modelo de desarrollo se centraría netamente en la inversión extranjera como motor del crecimiento. La lógica de Salinas era simple, las empresas internacionales podrían instalar sus plantas de producción en México, maquilar su producto con una mano de obra barata y competitiva, y pasar su mercancía libre de impuestos al mayor consumidor a nivel global. Sólo por esa vía, nuestro país logró ser una economía industrializada, a través de la instalación y producción de marcas de naciones extranjeras.

 

Esa visión de “desarrollo”, promovería la pobreza y consolidaría en el poder a una clase política afín al neoliberalismo, la cual ha gobernado los últimos 23 años, ha perdido mucho de su sentido social y que se ha atado al dogma sin considerar otra opción para el crecimiento de México, más allá de su comercio con EE.UU.

 

Ese hecho dañaría la efigie de México como actor internacional, ya que pronto los costos sociales del TLCAN dejarían de mostrar al país como un negociador que se postraba de frente a la máxima potencia militar y económica del mundo para ser su simple subordinado. En ese punto, la región latinoamericana vería a México como la nación que renunció a ser el líder diplomático del sur, para convertirse en un Estado de segunda en el norte de América.

 

Serían los sexenios panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes más dañarían nuestra relación con una zona del continente que siempre nos había visto con respeto, igualdad, y en múltiples ocasiones, admiración.

 

¿Cuál es el balance entonces del TLCAN en nuestros días? Hasta inicios del 2017 podemos decir que el TLCAN era el tratado internacional más decisivo de nuestra historia. Aquel que había delimitado nuestro modelo de crecimiento en las últimas décadas y lo seguiría promoviendo en el futuro. Era el dogma neoliberal que la tecnocracia gobernante había abrazado, que ha venido en detrimento en todas sus facultades con el tiempo y que se ha negado a contemplar otra vía ajena a este acuerdo. También, era el promotor de las principales debilidades de México, su obscena dependencia a su vecino del norte, la raíz del incremento acelerado de la pobreza -que ha alcanzado a casi la mitad de la población-. Era el acuerdo político que más familias mexicanas ha divido en la historia. El responsable de la inexistencia de una industria nacional. En pocas palabras, es el demiurgo del México actual, en el que se identifica a Carlos Salinas de Gortari como el artífice del país en el que hoy vivimos.

Sin embargo, el arribo de Donald Trump ha puesto ese modelo en jaque. Aquel instrumento en el que se ha sostenido el desarrollo de México, por casi veinticinco años, está destinado a desmoronarse, al menos como lo conocemos, a razón de un mandatario de ideas nacionalistas y un contexto internacional que empieza a dejar de lado el paradigma neoliberal como se adoptó en la década de los noventas.

 

El México de Salinas, del TLCAN, y de la actual clase política, está a punto de venirse abajo. Todo por factores ajenos a ellos y que los superan. Y lo más severo es que en estos veinticinco años ninguno de nuestros representantes políticos tuvo la convicción, decisión, sangre fría o al menos sentido común, de notar que apostar el destino de toda la nación a la relación bilateral, con un solo país, era casi un suicidio, una torpeza que implica y avecina una reestructuración económica que será severa y que padecerá toda la población, incluida por primera vez en mucho tiempo, la clase dirigente nacional, quien por años se negó a buscar otra vía de desarrollo para el país y que ahora ha sido alcanzada por la historia.

 

Lo único que queda pensar ahora es ver las posibilidades y visiones que nos obligará a ver el fin del TLCAN.

¿Es posible un México más allá del TLCAN?

Si lo es, será adverso, difícil y, como nunca, se necesitará de un hábil líder político para promover el desarrollo y sobrevivencia del país. El destino nos ha alcanzado. Y ahora más que nunca, se nos revela la necesidad de reinventar nuestra visión como país y actor global.

Morirse de hambre en Bruselas

A los diecinueve años realicé mi primer viaje de mochilero. Fue una incursión que me llevó por seis países de Europa en un total de veinte días. De aquel viaje se desprenderían muchos descubrimientos prácticos para realizar una travesía por el viejo continente, como el aprender a viajar en tren, dormir en hostales y entender el funcionamiento del transporte colectivo de las urbes europeas.

 

Además, de que experimente emociones y me conecté con ideas de otras latitudes, con la forma en que los extranjeros veían mi país, así como la visión que yo tenía de otras sociedades, su comportamiento, costumbres y formas de entender el mundo que pude adquirir a través de la conversación con los habitantes de cada lugar que visité.

 

No obstante, una de las cosas que más recuerdo -con diversión y cariño- es una de las particularidades que sufre un viajero joven dadas las limitantes de su bajo presupuesto -y las delicias culinarias con la cuales nos podemos atravesar en nuestro peregrinaje- que no es otra cosa que el hambre.

 

La historia comienza una noche antes de que yo y el grupo de mochileros saliéramos rumbo a Bruselas, capital de Bélgica. En el que yo y otros dos miembros del grupo, emocionados por la vida nocturna que se presentaba en Luxemburgo, yo y otros dos miembros del grupo decidimos salir a tomar unos tragos por la ciudad. La idea era tomar a lo máximo un par de cervezas, pero después de algunas Guinnes, Erdinger y Leffe, los tres noctámbulos estábamos demasiado enardecidos como para volver al hostal, dormir como simples mortales y descansar lo suficiente para emprender una nueva caminata al día siguiente. Por lo que el recorrido por los bares se prolongó hasta las seis de la mañana, hora en la que volvimos arrastrándonos al hostal sólo para bañarnos y encontrarnos con el grupo para el desayuno.

 

Con un semblante digno de Drácula, y unas ojeras semejantes a las de un panda, los tres nos presentamos al comedor alrededor de las nueve de la mañana. Nuestro tren saldría a las once de la mañana a Bruselas y todos estaban por terminar de comer para evitar cualquier inconveniente que afectará el itinerario del viaje. Para ese entonces, los efectos de la cerveza ya había pasado por mi organismo hacía la fase de la resaca en mi organismo y sentía unas tremendas nauseas, dado el sabor fuerte de que tiene la bebida europea a diferencia de las cervezas de México.

 

Así, sólo al postrarme frente a los embutidos, cereales y frutas que dan siempre de desayunar en los hostales, me di cuenta que no podría comer nada a razón de las ganas de volver el estómago.

 

Sin embargo, encontré consuelo en tomarme varias tazas de café que me hacían sentir menos el dolor de cabeza y me ayudaban a estar más consiente; a razón del desvelo de la noche anterior, terminé por tomarme unas seis o siete tazas.

 

Gracias a los efectos de la cafeína, logré sentirme lucido, activo, genial, como si hubiera dormido toda la noche, por un lapso de unos cuarenta minutos. Tiempo durante el cual nos trasladamos a la estación de tren y tomamos nuestros asientos rumbo a nuestro siguiente destino. Pero sólo diez minutos en el tren, y empezado el recorrido en el tren, volvió a mí la sensación de cansancio y resaca. Por lo que caí dormido profundamente, a tal grado que el trayecto Luxemburgo-Bruselas pasó en un simple parpadeó.

 

Al llegar a Bruselas uno de los miembros del grupo me despertó y descubrí que mi cansancio se había exacerbado, además del que un hambre terrible que hacía sonar mi estómago, dada la gran cantidad de café que había ingerido como desayuno. Mis ojos parpadeaban y sentía cómo mis piernas franqueaban mientras cabeceaba de sueño a cada paso que daba.

 

De la estación de tren caminamos a nuestro nuevo hostal, el trayecto no debió de ser muy largo, unos treinta y cinco o cuarenta minutos, más a mí me parecieron una eternidad. Al llegar al hostal tardaron media hora más en darnos nuestras habitaciones;, y cada segundo que pasaba, mi hambre se acrecentaba. Sólo hasta que pude dejar la mochila en mi cuarto supe que debía salir a comer.

 

Quizá era la resaca, el cansancio, el hambre, pero mientras deambulaba por las calles de la ciudad como un famélico vagabundo no quedé pasmado por la “belleza” de la ciudad, como lo expresaron otras personas que me acompañaron durante el viaje. Lo único que yo deseaba era comer mientras todos admiraban los edificios, las galerías, la ropa de los transeúntes. Y es que Bruselas es de una belleza tan particular, una belleza tan pomposa, tan exagerada.… No por nada la Unión Europea la ha escogido como su capital, dado el carácter y grandeza imperial que detenta cada uno de sus rincones y que hacía que mis acompañantes se quedaran a contemplar por bastante tiempo cada uno de sus detalles, monumentos, arquitectura, mientras yo empezaba a ponerme de mal genio y asociaba cada uno de esos grandilocuentes artificios con la explotación y venta de esclavos de Leopoldo II en el Congo, uno de los genocidas más famosos de todos los tiempos.

 

Pero…, siempre es más fuerte la necesidad de comer que la de pensar. Y antes de empezar mis cavilaciones sobre la belleza imperial de Bruselas, mi olfato reaccionó a los olores de la ciudad. Sentía de cerca el aroma de los cientos de carritos de papas fritas, el olor a canela y especies de los waffles que comían cientos de personas que caminaban por las calles. Incluso, sentía profundamente el olor de los chocolates, lo que me puso a babear y a rugir con mayor potencia a mi estómago. Necesitaba comer algo pronto…, no obstante, mi hambre estaba a punto de llegar a su cúspide. Mientras avanzaba percibí un olor a carne y mariscos con mantequilla, una combinación de sabores que jamás había notado y los seguí como un sabueso.

 

Caminé por un par de calles hasta encontrar el lugar de donde provenía aquel tan singular aroma, era de una estrecha calle peatonal llena de restaurantes. Al avanzar sobre ella lo primero que noté fue una enorme olla llena de ostras con queso, la cual era devorada con decoro por una pareja. Aquel olor era delicioso, pero no era aún la cúspide de mi hambre, tendría que voltear la vista para encontrarla.

 

Frente a mí observe a una familia sentada con una olla aún más grande de paella. El arroz, la carne, las ostras, el cerdo, las salchichas, los camarones, todo se conjuntaba de manera perfecta para dar un olor delicioso que me tenía por completo seducido. Al encontrarme con tal platillo de tan increíble aroma, me quedé pasmado. No sé si fue por unos segundos o por varios minutos, pero con toda mi atención, devoción y una ansiedad terrible, observé cómo cada miembro de esa familia disfrutaba la paella mientras mi estómago crujía cada vez más.

 

“Tengo que probarla”, fue lo que pensé. No obstante, la decepción vendría pronto. Al acércame a la entrada del restaurante un enorme cártel anunciaba el precio del platillo. ¡400 EUROS! Me quedé atónito. Esa cantidad, era un poco más del dinero que llevaba en mi bolsillo para cubrir mi alimentación de todo el viaje. Jamás comería esa paella. Resignado y, movido más por el hambre que por la decepción, caminé para encontrar algo acordé a mi presupuesto. Un kebab, más bien dos, que le dieron paz a mi estómago.

 

 

Epilogo

Otra de las emociones que experimenté en ese primer viaje, es una de las más inocentes que se puede tener cuando se es joven:, que es el hecho de creer que aquello que estamos haciendo, aquel lugar que visitamos, o lo que vivimos, no volverá a repetirse nunca más en el futuro. A cada paso que di por los seis países que recorrí durante ese viaje, inevitablemente, pensé que esa vez sería, quizá, la única ocasión que podría experimentar lo que vivía en esos momentos. Con el paso del tiempo, la vida me ha hecho reconocer que las cosas no son así. En los últimos años he tenido la oportunidad de volver a varios de los lugares en los que más he sido feliz viajando.

 

Lo anterior lo relacionó con la famosa estatua de Charles Everad que está en el centro de Bruselas. Al estar frente a ella mi guía de viaje me dijo “cuenta la leyenda que toda persona que toca esta estatua volverá algún día a esta ciudad”. Las posibilidades de la vida, de los viajes, son infinitas y comer esa paella, algún día, es una ocasión pendiente para mí.

Requiem por Piglia: la gran novela latinoamericana

El pasado 6 de enero murió el escritor argentino Ricardo Piglia, este texto es un homenaje a su obra literaria.

 

La narrativa de Ricardo Piglia, junto con la obra de Roberto Bolaño, es la aventura más alucinante de la literatura latinoamericana de los últimos treinta años. En Piglia se condensa todo lo necesario para producir una revolución literaria, para sobrepasar los límites del pasado, exaltar el presente y abrir un camino hacia el futuro. La obra del escritor argentino se condensa en apenas cinco novelas, dos tomos publicados que contienen sus diarios, y una gran serie de artículos de crítica literaria; a pesar de la brevedad de la presente obra, en ella se encuentra una de las prosas más lúcidas y brillantes que ha generado esta región del continente americano.

 

Pero ¿qué es lo que hace a la obra de Piglia tan fascinante? La primera aseveración es que Piglia fue todo: un fiel heredero de una tradición literaria, nacional e internacional; el hijo parricida que cuestiona el legado de sus antecesores pero toma lo mejor de ellos, y, finalmente, un escritor que deja en cada línea de sus novelas y reflexiones literarias el germen para sus precursores.

 

Piglia es un fiel heredero de Borges, de la lucidez intelectual y de la capacidad de hacer reflexiones brillantes sobre la literatura y la estructura de la narrativa. Asimismo, es un genial ensayista, particularidad que toma de filósofos tan trascendentes para el pensamiento actual como Rene Descartes. A la par, en su literatura hay atisbos de los tres grandes novelistas del siglo XX: James Joyce, Marcel Proust y Franz Kafka, de quienes toma lo mejor para cuestionar a la novela contemporánea.

 

Su carácter parricida se observa en sus diarios de juventud, donde se ve un espíritu crítico pocas veces alcanzado en los jóvenes, donde a mediados de la década de los sesenta, en una Argentina enamorada y ensimismada por una novela como Rayuela, de Julio Cortázar, el joven Piglia es una de las pocas voces que cuestiona la calidad de ese libro, cita que lo aborrece y no entiende el porqué de su éxito entre los lectores. En vez de interesarse en el protagonista argentino del boom, Piglia se centra en sus iguales, en sus contemporáneos, en todos aquellos escritores argentinos que no viven en Paris y que no venden sus libros en las calles de Barcelona como Cortázar.

 

 

Piglia es un callado observador de la literatura argentina, -por sus ojos pasaron todas las novelas valiosas de los escritores de su país para, en unos años, ser él quien rescate esas obras para una colección de narrativa argentina que publicara con el Fondo de Cultura Económica en 2014-, lee a los clásicos, filosofía, y toda aquella labor tiene un sentido que va de la mano con su amor por las letras y la ficción. Por su fe en el poder de la palabra, que no es otra cosa que su aspiración de convertirse en “el mejor escritor de Argentina”.

 

Aquel destino empezará a tejerse con la publicación de su primera novela en 1980, “Respiración Artificial”, un ejercicio novelístico que tiene característica de contra-novela o novela posmoderna, término que siempre criticó y no aceptó, pero que aplica a razón que en ella sobrepasa los límites narrativos de la novela tradicional del siglo XIX y XX.

 

“Respiración Artificial” no es una novela de lectura fácil, sino salta todas las estructuras básicas de la novela clásica. Tan sólo ésta empieza, Piglia nos advierte que “hay una historia”, pero pronto entenderemos que eso no es lo que dará sentido a la novela y lanza esa frase sólo para externarnos que las próximas doscientas páginas del libro serán una nueva forma de entender el género novelístico, la forma de narrar, además de que seremos testigos de un sinfín de pensamientos deslumbrantes y una variación de formas para presentar una historia que se reinventa cada veinte o treinta páginas.

 

Al final de la lectura pareciera que Piglia se burla de lector con el desenlace del libro, ya que la trama, el hilo conductor que al inicio pareció dar sentido a la novela no tiene una resolución. Pero eso tiene poca importancia, la ejecución narrativa que hemos visto en la mano del argentino deja pasmado, un poco aturdido, para unos minutos después comprender que hemos leído la novela más excepcional de argentina de los últimos cuarenta años.

 

Para un lector como yo, la obra de Piglia representa lo que Carlos Fuentes llamó “La Gran Novela Latinoamericana”. La última fase de una literatura que nació con Borges, Onetti, Asturias y Rulfo, tomó forma y se consolidó con Cortázar, Vargas Llosa y Márquez, y que es asimilada y reinventada por uno de sus más soberbios herederos: Piglia.

 

A la publicación de “Respiración Artificial” anteceden veinticinco años de escritura, de obstinación, de fe en las letras y amor por contar historias. Ahí empieza la grandeza de Piglia y su obra. Ahí empieza la aventura que hoy nos deja uno de los artífices de la gran novela latinoamericana.

 


Ricardo Piglia nació el 24 de noviembre de 1941. Falleció el pasado a causa de. Formado en la Universidad Nacional de La Plata, fue historiador y uno de los escritores más reconocidos de Latinoamérica. Trabajó en distintas editoriales, entre ellas Serie Negra, la cual dirigió. Ganador de diversos premios como el Iberoamericano de Letras José Donoso, Fomentor de las Letras, Premio Planeta, entre otros.


 

4 de enero de 2017: el miedo como factor de la vida cotidiana en México

¿Qué demonios pasó ayer en México? Responder esta pregunta nos lleva a una reflexión dolorosa y cruda sobre nuestro país. Vivimos en una nación donde la clase política ha renunciado a sus responsabilidades, en el que la población es ignorante, por no decir idiota, o una palabra más fuerte, y utilizan el oportunismo para difundir miedo y promover la violencia. Somos residentes de un país en el que tenemos miedo de salir a la calle, en el que no confiamos en nuestros dirigentes, en el que estamos a la expectativa de una crisis, ya sea económica o social, y lo más denigrante, en el que no podemos confiar ni siquiera en nosotros.

 

La jornada de ayer se vio permeada por un miedo social pocas veces visto en nuestro país. La gente temía salir de sus casas, los negocios y comerciantes tuvieron que cerrar sus tiendas a razón del peligro de saqueo, la gente común, los supuestos “ciudadanos de pie”, que no merecen esa etiqueta por su comportamiento, incitaron a la violencia, al oportunismo, la quema de gasolineras, al daño y robo de la propiedad de sus semejantes. Y ante todo esto, el gobierno de Enrique Peña Nieto se cruzó de brazos, denotó una insensibilidad enorme ante las inquietudes y terror que siente la mayoría de la población y, para variar, regresó a uno de los hombres más ineptos de la administración pública de los últimos años a un cargo de trascendencia internacional para nuestra nación.

 

¿Eso es lo que somos? ¿Eso es México? Si soy crudo conmigo mismo contestaría que sí. Y esta respuesta me lleva a recordar una conversación que tuve con una chica de Alemania, la primera vez que visité Europa. Después de un dialogo de múltiples temas, ella me empezó a consultar sobre la situación de mi país y la violencia social que se vivía a causa del narcotráfico.

 

En un punto, se me ocurrió preguntarle “¿Tú cuando te sientes segura en tu país?”. Y ella contestó: “Cuando veo a un policía cerca”.

 

Aquella respuesta me sobrecogió el corazón por un hecho que es desconocido para mí como mexicano, que es la capacidad de sentirme seguro en mi país. De inmediato pensé que en México, cuando vemos a un policía caminar por la calle, en vez de sentir seguridad nos aborda el sobresalto, la inseguridad, el miedo y tratamos de no lidiar con él. Cuando tenemos que hacer un trámite gubernamental nos estresamos por lo engorroso, difícil o pesado que pueda ser éste, cuando no es otra cosa que nuestro derecho. Cuando vemos a nuestros gobernantes en televisión pensamos que somos gobernados por unos descerebrados, por unos idiotas que no tienen el más mínimo tacto para los retos sociales de este país.

 

Lo que más me abruma es que cuando estamos con nuestros semejantes pocas veces tenemos la capacidad de confiar en ellos. En México hay una realidad desde 1968, que pasa por 1971, 1988, 1994, toda la guerra contra el narcotráfico y el 4 de enero de 2017. El hecho que los mexicanos vivimos con miedo, no confiamos en nuestra policía, no confiamos en nuestro gobierno y, para variar, no confiamos en nosotros mismos. ¿Son el PRI y nuestra clase política los culpables de este hecho? En parte sí, pero también lo son todos los mexicanos que el día de ayer se comportaron como ladrones y oportunistas.

 

Todos aquellos que promueven la violencia, el miedo, la corrupción y la permanencia de este sistema político y social que existe en México. Ellos son los que generan la fórmula de nuestro país, que es la siguiente:
Ciudadanos idiotas, violentos e oportunistas + gobierno mediocre y sin sentido de responsabilidad social.

 

¿Qué da como resultado?

 

La tormenta perfecta.