Que te vaya bien, Francisco

Por: César Soto Morales

papaaciprensa
Que te vaya bien Francisco, aquí nos quedamos con el mismo gobierno esclavo del dinero, con nuestros muertos y nuestro sufrimiento. Tu visita ha servido de mucho para mostrar al mundo la clase de gobernantes que tenemos. Foto: ACI Prensa.

 

La visita de Francisco a la Ciudad de México, Ecatepec, Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Morelia y Ciudad Juárez, fue muy significativa ya que son focos rojos del país, cada uno de ellos ha sido noticia de corrupción y violencia. Francisco ha ido justo donde la sociedad está más dañada, maltratada, olvidada.

 

Muchos le exigen que hable sobre Ayotzinapa, sobre los feminicidios, sobre los pederastas; pero Francisco no lo hace, Francisco habla de la raíz del problema: los privilegios, la riqueza mal habida, los malos gobernantes. El gobierno de Peña trata de darle un manejo mediático a las declaraciones del papa, pero el sol no se puede tapar con un dedo, los mexicanos tenemos sed de justicia y la visita de este personaje con un discurso cercano a la gente parece llevar el sentir de la población y parece, sólo parece, aportar un poco para lograr una solución al desastre causado por el modelo neoliberal instaurado por el PRI, continuado por el PAN, y solapado por el PRD.

 

Sin embargo, no es suficiente Francisco. El discurso por sí mismo no ayudara a revivir a los miles de muertos, ni concederá paz a las familias que ya no tienen a sus seres queridos, quienes víctimas de la pobreza, la falta de oportunidades y la carencia de servicios básicos, fueron arrastrados a la delincuencia o a la guerrilla.

 

Mientras tanto, el Estado mexicano continúa con el plan privatizador, que todo lo considera mercancía, que todo lo vende, que todo lo desprecia menos el dinero, que es su verdadero Dios.

 

Ni Televisa ni TV Azteca ni CNN podrán tapar la realidad, no podrán detener a este pueblo que ya está en rebeldía y que ya no cree en el discurso de esperanza que paraliza.

 

Que te vaya bien Francisco, aquí nos quedamos los mexicanos, con el mismo gobierno esclavo del dinero, con nuestros muertos y nuestro sufrimiento. Tu visita ha servido de mucho para mostrar al mundo la clase de gobernantes que tenemos.

Apuntes sobre el TPP

ATP

Que culpa tienen el tomate, que esta tranquilo en la mata Si llega el hijo de puta, y lo mete en una lata”
Canción popular

Mtro. Cesar Soto Morales

 

Para la gente de a pie, las siglas TPP no suenan familiar, ni siquiera imaginan cómo pueda afectar su vida diaria… Sin embargo, a continuación te dejó algunos datos interesantes que podrían interesarte:

 

Con la firma de 12 países, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam, se conformó la Alianza Transpacífica (TPP), la zona de libre comercio más grande del mundo. La cual, entre otros aspectos, permitirá que cualquier compañía demande a los gobiernos miembros cada que haya una nueva regulación que pueda afectar a sus intereses, aun en contra de los de la población en general, con esto se vulneraria la soberanía de los Estados.

 

Por ejemplo, con este acuerdo el acceso a los medicamentos genéricos sería más difícil, pues la patentes que ostentan las farmacéuticas se extenderán, por lo que los pobres no serán capaces de costearlos, los seguros médicos se encarecerán… es decir, afectará a todos los grupos en la sociedad, quienes no están tomados en cuenta para la negociación.

 

En este sentido, la organización Médicos Sin Fronteras está preocupada por el acuerdo que haría que los medicamentos fueran “incosteables” para las naciones en vías de desarrollo.

 

Además, la coalición de organizaciones sindicales como la AFL-CIO y grupos ambientalistas estadounidenses se opone al acuerdo bajo el argumento de que beneficia a las grandes corporaciones pero no a los trabajadores.

 

Estamos ante un acuerdo que le brindara más seguridad a las empresas transnacionales, en detrimento de los intereses de la sociedad, los gobiernos que forman parte de él, están dando la espalda a sus gobernados y mostrando que, en realidad, trabajan para las grandes corporaciones.

 

Por otro lado el TPP es una estrategia de los Estados Unidos para hacer contrapeso al poderío económico de China en Asia y para acotar la influencia de Brasil en América Latina, a través de sus aliados en la región (México y Chile, principalmente en Latinoamérica; y Japón en Asia), lo que constituye un instrumento de poder geopolítico que aseguraría la preeminencia económica estadounidense en el mundo.

 

Así, el TPP es un contrapeso a la conformación del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que al estar cooperando económica y financieramente entre ellos, a través del recién creado banco de desarrollo de los BRICS, constituyen un desafío al poderío estadounidense, expresado en los organismos económicos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

 

Estamos pues ante un choque de gigantes, tal vez no visto desde los tiempos de la guerra fría, el desenlace aún lo sabemos, pero la batalla está en marcha.

Reflexión sobre la Política social en México

Por: César Soto Morales

 

La política social de nuestro país está dirigida por los organismos financieros y económicos internacionales, a raíz del llamado Consenso de Washington. De esta manera, desde inicios de la década de 1990 comenzó una nueva etapa en la política social de nuestro país, al verse afectada por la implantación del modelo económico neoliberal que impacta directamente a los programas sociales.

 

La estrategia liberal, y cuyas características principales son la economía abierta, especialización exportadora, propiedad privada, fomento a la Inversión extranjera directa y dependencia de préstamos e inversiones extranjeras, definitivamente mina el campo de acción del Estado para la aplicación efectiva de programas de corte social, puesto que se basa en la supremacía de los mercados sobre la regulación estatal.

 

Este ultimo argumento es clave para comprender las limitaciones de la política social del Estado mexicano en un entorno donde, según las premisas liberales, las fuerzas del Mercado serán las encargadas de la distribución de la riqueza a través de las leyes de la oferta y la demanda, la famosa mano invisible de Adam Smith que milagrosamente eliminará las desigualdades económicas de la raza humana.

 

Karl Polanyi en su obra La Gran transformación trata el tema de cómo el liberalismo económico y el advenimiento de la sociedad de mercado resultan contradictorios y generan un doble movimiento. Por un lado, el Mercado que trata de mercantilizar todo a su paso, incluso la naturaleza y el ser humano, este ultimo se resiste creando un movimiento contrario, oponiendo resistencia a las fuerzas del mercado.

 

En el entorno económico global donde existe globalización de los mercados y globalizaron de la producción, las fuerzas del mercado se imponen desde los países más poderosos del orbe (Unión Europea, Estados Unidos y Japón) y sus grandes empresas transnacionales, las cuales se ven favorecidas por los regímenes internacionales creados para su expansión global.

 

A través de las reglas generadas desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), se dicta la forma en que deberán ser diseñadas las políticas publicas de los Estados sujetos a estos organismos.

 

En estas condiciones, la aplicación del modelo neoliberal ocasiona enormes costos económicos y sociales en contra de los países del sur principalmente, y las clases débiles, y atrae grandes beneficios para los países del Norte y sus clases dominantes.

 

Entre las falacias más notables del modelo neoliberal está la pretensión de que el Estado no debe intervenir en la economía. La reducción del ámbito de acción del Estado trae consigo la privatización de la dimensión social de las instituciones de asistencia social. Se considera, por otro lado, que el Estado es mal administrador de empresas y pésimo productor, por lo que debe limitar su papel a ser buen administrados de los recursos y bienes de la Nación.

 

En México se comienza con la implementación de la apertura exterior, (1982-1993), a través de la carta de intención suscrita con el FMI, y se procede al aceleramiento del abandono del proteccionismo para pasar a una doctrina librecambista instrumentando, para ello, diferentes herramientas que sirvan de puente en esta transición.

 

Podemos dividir la transición hacia el neoliberalismo en el modo de producción mexicano de
la siguiente manera:

• Etapa de preparación (1982-1988)
• Etapa de profundización (1988-1994)
• Etapa de continuidad y perfeccionamiento (1994-….)

 

Etapa de preparación: Miguel de la Madrid Hurtado

 

A partir del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado se llevaron a cabo diversas reformas económicas que implementaron una nueva estrategia de desarrollo y un cambio en la aplicación de la política social en México.

 

El 10 de noviembre de 1982, el gobierno de México firmó la carta de intención que lo comprometía a adoptar un programa de ajuste compatible con la concepción del FMI, el cual daba la pauta a una etapa de “preparación” a la implantación del modo de producción Neoliberal; dicho plan contenía algunos elementos heterodoxos de manera temporal, y constituye el inicio de un nuevo patrón de acumulación capitalista en el país.

 

A mediados de 1986, se da una confirmación importante del apego al sistema Neoliberal por parte del gobierno, con la entrada de México al GATT, esto da inicio a un rápido proceso de liberación comercial, el cual se esperaba que estimulara el crecimiento económico y elevaría la eficiencia de la planta productiva, lo que facilitaría la conquista de mercados externos.

 

El gobierno de De la Madrid apuesta a la explotación de la ventaja competitiva de México: el costo salarial por unidad producida, y es precisamente en este punto en donde está el dilema para que un país se vuelva competitivo a costa de la explotación “eficiente” de la mano de obra; es decir alcanzar la competitividad a través de bajos costos salariales.

 

De esta manera, y teniendo como antecedente el fracaso de los planes ortodoxos que se habían aplicado desde 1982, representantes del gobierno, obreros, campesinos y empresarios, decidieron firmar el llamado “Pacto de Solidaridad Económica”; el cual comprometió a los obreros a moderar severamente sus pretensiones de aumento salarial, los
campesinos a aceptar que los precios de garantía se mantuvieran a su nivel real de 1987 y los empresarios aprobaron que se acelerara la apertura comercial, lo que obligaría a moderar sus utilidades y a ser más competitivos mediante el incremento de productividad; por su parte, el gobierno se obligó a disminuir su gasto y a reducir el tamaño del sector público racionalizando sus estructuras administrativas y acelerando la política de separación de empresas calificadas no prioritarias o estratégicas.

 

Los efectos sobre la política social son previsibles, el Estado se estaba desmantelando y con él los programas sociales de apoyo a los obreros y campesinos, quienes pasaron a ser una mercancía más del mercado.

 

Los obreros vieron afectado su ingreso pues el control salarial estaba en marcha, asimismo el desarrollo del mercado exigía la pronta desaparición de derechos laborales que encarecían la mano de obra.

 

Por otro lado, los campesinos fueron victimas de la reducción de subsidios al campo, lo que los condujo a emigrar a los centros urbanos o al extranjero, abandonando o vendiendo sus tierras, las cuales ya no convenía explotar ante la competencia de las grandes corporaciones agroindustriales de los Estados Unidos.

 

Etapa de Profundización: Carlos Salinas de Gortari

 

En la Administración de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), se vivió una etapa ardua de la liberación económica, y se amasó un fuerte monto de recursos que se destinaron a obras de beneficio social, a través del programa de solidaridad, pero esto fue debido a la venta de Empresas Públicas, la captación de capitales especulativos y deuda.

 

Durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, México empezó a cumplir cabalmente con las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, no sólo en materia financiera sino también comenzó a hacerlo en asuntos internos como gasto público, inversión extranjera y la relación comercial con el exterior.

 

Lo contrastante de todo este proceso de privilegiar a la élite empresarial con la venta de empresas paraestatales fue que la acción de “adelgazamiento del Estado” provocó desempleo. En efecto, las políticas de adelgazamiento del Estado generaron recortes de personal en las oficinas de gobierno.

 

A su vez, con la privatización, muchas empresas paraestatales redujeron personal y no crearon plazas nuevas.

 

El adelgazamiento de los empleados del Estado tuvo como inminente respuesta la expresión sin precedentes de la economía informal; contracción del poder de compra, que generó reducciones en el mercado interno.

 

A este respecto cabe hacer referencia al Programa Nacional de Solidaridad, el cual constituyó un intento del gobierno mexicano para “sacar” a más de la mitad de la población del país de la pobreza y la pobreza extrema y así contener posibles surgimientos de movilizaciones sociales.

 

Los objetivos del programa eran los siguientes:

“-Mejorar las condiciones de vida de los grupos campesinos, indígenas y colonos populares.
-Promover el desarrollo regional equilibrado y crear las condiciones para el mejoramiento
productivo de los niveles de vida de la población.
-Promover y fortalecer la participación y la gestión de las organizaciones sociales y de las
autoridades locales.”

 

Sus propósitos eran finalmente muy específicos, para cuyo logro se dirigió la atención a las áreas a cargo de la alimentación, regularización de la tenencia de la tierra y vivienda, procuración de justicia, apertura y mejoramiento de espacios educativos, salud, electrificación de comunidades, agua potable, infraestructura agropecuaria y preservación de recursos naturales, mediante la puesta en práctica de proyectos de inversión recuperables.

 

La política de combate a la pobreza se realizaría a su vez mediante la asignación de proporciones presupuestales crecientes, mismas que fueron financiadas por la privatización de empresas paraestatales.

 

Con algunas importantes modificaciones y con el nombre de Progresa, durante el sexenio de Ernesto Zedillo y Oportunidades, durante el sexenio de Vicente Fox y Felipe Calderón, estos programas han seguido constituyendo el tronco principal de la política social del gobierno federal en México.

 

Desde mi punto de vista, estos programas no resuelven los problemas de pobreza, marginación y desigualdad que hay en nuestro país y así lo demuestra el índice de Gini de México que nos muestra cómo nuestro país es de los mas desiguales en América Latina, con un coeficiente de Gini medio de 0.53.

 

Lo que nos hace pensar que estos programas están diseñados para contener la pobreza en rangos que no representen un peligro para el Estado al darle a las clases más desfavorecidas a modo de aspirina un apoyo que los mantenga en stand by y que no caigan en la tentación de organizarse para exigir mayores concesiones y/o subsidios por
parte del Estado.

 

Asimismo, estos programas son compatibles con el régimen impuesto por los organismos financieros y comerciales internacionales, los cuales incluso los apoyan a través de prestamos del Banco Interamericano de Desarrollo, favoreciendo programas y proyectos que siguen la lógica de desarrollo neoliberal y dejando a un lado los problemas de fondo que ayudarían a un verdadero desarrollo económico y social de nuestro país.

Soberanía alimentaria y privatización de la naturaleza

Por: César Soto Morales

maíz

En su prólogo a la obra de Polanyi, La Gran Transformación, Stiglitz menciona “Les decimos a los países en desarrollo lo importante que es la democracia, pero, cuando se trata de asuntos que les preocupan más, lo que afectan sus niveles de vida, la economía, se les dice: las leyes de hierro de la economía te dan pocas opciones, o ninguna; y puesto que es probable que tú (mediante tu proceso político democrático) desestabilices todo, debes ceder las decisiones económicas clave”.

 

Entonces, democracia sí, soberanía económica no. Ésa la fórmula que se aplica para las economías de los países del Sur, este tipo de soberanía tiene incidencia decisiva sobre las políticas públicas aplicadas a la producción de alimentos ya que su carácter de bien de primera necesidad hace a esta actividad una de las más rentables en el modo de producción capitalista neoliberal.

 

De acuerdo a Polanyi, la creación de una economía de mercado autorregulada requiere que los seres humanos y el ambiente natural se conviertan en simples mercancías, lo que asegura la destrucción de la sociedad como del ambiente.

 

La tierra, el trabajo y el dinero son las llamadas mercancías ficticias puesto que no se produjeron originalmente para venderse en el mercado; el maíz es producto de la tierra y el trabajo, por lo tanto es una mercancía ficticia dada su importancia para la sobrevivencia del ser humano, en particular en Mesoamérica por su carácter de alimento en la dieta básica, así como sus usos para alimentación de ganado, principal fuente de proteínas de la humanidad[1].

 

Los dos niveles en el argumento de Polanyi, por el cual la mercantilización de la naturaleza tiene consecuencias de autodestrucción de las sociedades, se sustentan en el plano moral y el del papel del Estado en la economía.

 

La cuestión de tratar al ser humano y a la naturaleza como un objeto que puede ser vendido y comprado es un error moral de gran magnitud; la alimentación como producto de la tierra y del trabajo del ser humano constituye un bien natural no comerciable, sino más bien una necesidad humana que debe ser cubierta, cualquier forma de mercantilización o privatización de la producción de alimentos a gran escala y con fines de lucro a costa de comprometer la soberanía alimentaria de un pueblo debe ser regulada por el Estado.

 

Como lo menciona Polanyi, los gobiernos han buscado mantener la continuidad en la producción alimentaria con diversos instrumentos que liberan la presión de los campesinos respecto de las presiones de las cosechas fluctuantes y los precios volátiles.[2]

 

El Estado, de acuerdo a los argumentos del autor, debe manejar las mercancías ficticias para regular el efecto destructivo de dejárselo todo a la libertad del mercado, la cual llevaría a la sociedad a una etapa de autodestrucción; esto hace virtualmente imposible dejar fuera al Estado de las decisiones económicas más, aquellas que tienen que ver con la tierra, el trabajo y el capital y, si lo vemos de una manera más actual, también es necesaria la participación estatal en sectores como el tecnológico y el área de investigación y desarrollo.

 

Según Polanyi “las mercancías ficticias explican la imposibilidad de desarraigar la economía. Las sociedades de mercado reales necesitan que el Estado desempeñe una función activa en el manejo de los mercados, y esa función requiere decisiones políticas; no puede reducirse a una suerte de función técnica o administrativa. Cuando las políticas estatales se mueven en dirección del desarraigo al confiar más en la autorregulación de los mercados, el pueblo se ve obligado a absorber costos mayores. Los trabajadores y sus familias se vuelven más vulnerables ante el desempleo, los campesinos se exponen a una mayor competencia de las importaciones, y a ambos grupos se les pide que lo hagan con menos derechos asistenciales”.[3]

 

Como es de esperarse, los afectados por las políticas de autorregulación no aceptaran absorber los costos de las políticas liberales sin ofrecer resistencia, esto es llamado contramovimiento de Polanyi, la resistencia al cambio, que de no existir llevaría a la sociedad a la autodestrucción, da lugar al surgimiento de movimientos y organizaciones que luchan en contra de la mercantilización de la naturaleza, -en este caso de la soberanía alimentaria-, ha dado surgimiento a movimientos globales de resistencia, el más importante de ellos es la vía campesina.[4]

trigo

En contraflujo y en el extremo liberal están las fuerzas del mercado, las cuales se imponen desde los países más poderosos del orbe (Unión Europea, Estados Unidos y Japón) y, conjuntamente, sus grandes empresas transnacionales, las cuales se ven favorecidas por los regímenes internacionales creados para su expansión global.

 

A través de las reglas generadas desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), se dicta la forma en que deberán ser diseñadas las políticas públicas de los Estados sujetos a estos organismos.

 

Los regímenes internacionales son herramienta conductora de los intereses de las economías más poderosas. De acuerdo con Krasner, hay una relación entre hegemonía y apertura del comercio mundial, según la cual la estructura del comercio internacional está determinada por los intereses y el poder de los Estados para maximizar sus metas nacionales.

 

Este autor define a los regímenes internacionales como un conjunto de principios explícitos o implícitos, normas reglas y procedimientos de toma de decisiones que giran alrededor de las expectativas convergentes de los actores en un área determinada de las Relaciones Internacionales.

 

Estas reglas y principios señalan estándares de creencias y conductas, definidas en términos de derechos y obligaciones y en los procedimientos de toma de decisiones, done prevalecen prácticas para hacer e implementar la decisión colectiva.[5]

 

Si lo vemos de una manera literal, el concepto de Krasner parece apoyar el orden establecido, sin embargo, si tomamos en cuenta la concepción de Susan Strange, el modelo parece estatocéntrico y sesgado.

 

Mas una mezcla de las dos visiones puede dar buenos resultados si tomamos la teoría de los regímenes desde una perspectiva donde las economías dominantes imponen su lógica de desarrollo a los países del sur, a través de las organizaciones económicas internacionales, de esta manera y aplicado a nuestro objeto de estudio, en este trabajo tenemos la visión de seguridad alimentaria de la FAO y de la OMC, en contraposición con la de soberanía alimentaria de la vía Campesina.

 

La visión de Keohane de los regímenes internacionales nos da pauta a interpretar cómo estos facilitan el intercambio comercial en el sector alimentario, favoreciendo los intereses de quienes dictan los principios, las reglas y los procedimientos en el comercio internacional; según este autor, la existencia de regímenes internacionales ayuda a evitar que los intereses económicos entren en conflicto y produzcan “fallas” en el mercado.

 

Los regímenes internacionales:
-Reducen la incertidumbre
-Promueven la cooperación
-Facilitan las transacciones económicas y nuevos acuerdos
-Facilitan la obediencia por reglas comunes[6]

 

Es decir, constituyen, según mi punto de vista, la facilitación del movimiento de los factores de producción a través de las fronteras nacionales, dejando con esto campo abierto a las grandes empresas transnacionales para que aprovechen la dotación de factores que hay en los mercados que están siguiendo las reglas de un régimen económico en particular.

 

De esta manera y siguiendo a Porter, la conformación de regímenes internacionales facilita la localización de las Empresas transnacionales en los lugares más eficientes para la producción de bienes y servicios, lo que da pie a la plantación estratégica que éstas les indica, y dónde, cuánto y qué producir.

 

En el sector agroalimentario, en particular en la producción de maíz, podemos identificar en primer término el régimen comercial de la OMC y los Tratados de libre comercio, específicamente el TLCAN para el caso de México, y la OMC y el MERCOSUR para Brasil y Argentina, siendo el común denominador para los tres países el régimen financiero internacional del FMI.

 

De esta manera, los grandes corporativos agroindustriales estadounidenses -Cargill, ADM, Monsanto, Bounce- aprovechan sus ventajas monopólicas a través de la Inversión extranjera directa (IED), manteniendo una estrategia expansionista y controlando la mayor parte de la producción y la cadena productiva del maíz.

 

Favoreciendo el desarrollo desigual de las economías, ya que la gran empresa mantiene el control de la cadena productiva y deja en segundo término a las empresas nacionales, las cuales se limitan al papel de proveedores de las grandes corporaciones transnacionales; éstas, al contar con el apoyo de los regímenes financieros y económicos liberales, aprovechan su dominio del mercado para manejar los precios a su conveniencia.

 

El manejo de los precios se da sin tomar en cuenta las necesidades alimentarias de la población y con la visión del lucro por encima de cualquier otro objetivo de desarrollo agrícola o de salvaguardar la soberanía alimentaria de un pueblo.

 

Ante esto, los Estados que están bajo las normas del régimen económico, financiero y de propiedad intelectual de corte neoliberal, no tienen mucho que hacer, puesto que han dejado las decisiones económicas fundamentales a entes privados, los cuales sólo buscan rentabilidad. Dicha situación deja a las políticas públicas de apoyo a los agricultores en segundo plano, dado que a partir del ingreso a estos regímenes neoliberales se abandonaron los apoyos al campo y a los bienes derivados de éste.

 

Por otro lado, la privatización del conocimiento y de la biodiversidad también forma parte de la mercantilización de la naturaleza, las reglas en materia de propiedad intelectual de la OMC protegen bienes públicos tales como las variedades de semillas de maíz y los convierten en bienes privados, lo que les da derechos de exclusividad para la producción de alimentos.

 

De esta manera, las políticas públicas neoliberales permiten la privatización para la creación y difusión del conocimiento, el cual tiene características de bien público, mas se permite la apropiación de este tipo de bienes para estimular la inversión.

 

Esto tiene como consecuencia una grave baja en la utilización del conocimiento, el cual está en manos de unas cuantas corporaciones privadas que siguen investigando y patentando nuevas semillas y agroquímicos con el único fin de acumular más capital y seguir fortaleciendo sus ventajas monopólicas en el mercado. A través de estos acuerdos, siendo el TRIPS su principal exponente, los países ceden parte de su soberanía económica e incluso parte de sus riquezas en biodiversidad a los grandes corporativos transnacionales.

 

Estos se encargan de explotar tanto a los conocimientos como a los seres vivos, modificándolos, en algunos casos, genéticamente para lograr mayor producción, amenazando con esta acción el equilibrio ecológico y poniendo en peligro la soberanía alimentaria de la humanidad y su biodiversidad al estar a merced de los grandes corporativos biotecnológicos y los descubrimientos milenarios de las poblaciones nativas desprotegidos y en espera de ser registrados para su privatización y posterior comercialización y/o modificación genética.

 

Por último y para cerrar este debate teórico no se puede dejar afuera a Robert Cox, quien está en la misma sintonía de Marx y Polanyi, al hablar sobre las contradicciones en las fuerzas materiales de producción, las cuales son las que desencadenan en transformaciones estructurales.

 

Asimismo, el trabajo de Gramsci también puede verse en las ideas de Cox, al argumentar que quien tiene el control hegemónico de las ideas y las estructuras de conocimiento puede legitimizar y mantener un determinado orden social.[7]

 

Como ya lo hemos visto, la alimentación puede ser objeto de apropiación del conocimiento, y a través de este control, los países que tienen empresas propietarias de patentes pueden mantener un orden económico y social determinado en donde tengan la manija de la producción de lo más básico, en este caso, pueden dominar la alimentación de una nación, lo cual nos deja ver cuán valida es la aplicación de las ideas gracianas a nuestro objeto de estudio.

 

El cambio sistemático sólo se da por la transformación estructural derivada de las contradicciones inherentes al sistema, sean del carácter de la lucha de clases al más puro estilo del marxismo clásico o del contramovimiento de plañí, pasando por la conformación del bloque histórico de Gramsci.

 

Actualmente, con la globalización económica mundial, la formación de regímenes internacionales que favorecen la libre movilidad de factores productivos y la transnacionalización de las industrias alimentarias, en particular la concentración del poder de decisión dentro de los regímenes internacionales, se da en los países miembros de la triada económica mundial (Unión europea, Estados Unidos y Japón).

 

Cada uno de ellos conservando su área de influencia: la Unión Europea teniendo como zona de servicio a la Europa oriental y parte de África y medio oriente, Estados Unidos tiene a Latinoamérica y sus zonas de influencia en África, Asia y Medio oriente, y Japón tiene al sureste asiático y sus zonas en América, y Medio Oriente.

 

En esta sintonía se puede argumentar, de acuerdo a los autores que hemos revisado en este trabajo, que la soberanía alimentaria de México está en manos de las empresas transnacionales estadounidenses, y por el mismo rumbo van Brasil y Argentina, pero dada su inserción en un régimen comercial diferente al de México, tienen algunas diferencias en la aplicación de políticas públicas en el sector, las cuales están influidas irremediablemente por la presencia de los corporativos estadounidenses.

 

Dichos corporativos gozan de ventajas monopólicas, las cuales explotan a través de la plantación estratégica, aprovechando la dotación de factores que son aprovechados a través de la localización de subsidiarias en las zonas donde gozan de preferencias comerciales y de inversión gracias a la pertenencia de las economías a regímenes internacionales dominados por la economía líder, en nuestro caso los Estados Unidos.[8]

 

Nuestros países están asegurados por la economía líder a través del FMI, la OMC y el TLCAN, y sus reglas determinadas para el desarrollo al estilo Neoliberal, el cual asegura las condiciones de acumulación de capital de las grandes empresas. Y la mercantilización de los recursos naturales avanza cada vez más, amenazando la biodiversidad y el equilibrio ecológico, contando con la anuencia de gobiernos serviles a los intereses del capital por formar parte de este mismo e inmersos en el dogma neoliberal que cada día avanza privatizando todo lo que se puede vender, aunque sea algo intangible o incluso una idea novedosa.

Por el dominio global y la reconformación del Nuevo Orden Mundial

Por: César Soto Morales

 

Siria, tras uno de los ataques. París y la vigilancia policiaca tras los ataques del pasado 13 de noviembre. Especial.
Siria, tras uno de los ataques. París y la vigilancia policiaca tras los ataques del pasado 13 de noviembre. Especial.

 

Para escribir sobre los atentados en Francia, es necesario conocer la situación en Siria, pues ahí está el origen del grupo terrorista Isis, junto con Irak, que se dice está financiado por la CIA estadounidense.

 

En Siria, el Isis controla más de la mitad de territorio y la mayor parte de las reservas de petróleo y gas de ese país, por lo que constituyen la mayor fuerza opositora al gobierno, junto al Ejercito Libre Sirio, el Frente Islámico y Al-Nusra (considerado la rama de Al-Qaeda en dicha nación árabe).

 

Los Estados Unidos, así como Francia, Alemania y Reino Unido, tienen fuertes intereses geopolíticos en Siria, tanto por sus reservas de petróleo y gas, como por querer derrocar a ese gobierno que es adversario de su aliado Israel.

 

Siria vive los efectos del nuevo orden mundial en construcción, donde Rusia y sus aliados en la región de Irán y la organización libanesa Hezbolla, apoyan al gobierno comandado por Bashar al-Asad, mientras los Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, Turquía e Israel, otorgan financiamiento y apoyo a los grupos opositores para obtener el control del país.

 

El Isis, autor de los recientes atentados en París, recibe a miles de combatientes extranjeros en sus filas, de los cuales, entre los occidentales, la mayoría son de origen estadounidense; se financia de la venta de petróleo, principalmente a Turquía, y de antigüedades que obtiene en sus incursiones militares y saqueos.

 

Siria es un estado en plena guerra civil, comparable a los enfrentamientos clásicos de la Guerra Fría en Corea o Vietnam, donde las potencias en curso se enfrentaban, apoyando a los bandos que respondían a sus intereses geopolíticos.

 

Pero Siria es sólo uno de los escenarios. También en Ucrania están inmiscuidos los Estados Unidos, quienes financian el régimen opositor al gobierno ruso, acción que terminó de enfriar las relaciones entre estas dos potencias globales y sus aliados. Estamos ante un escenario muy cercano a la Guerra Fría de los 80’s, donde los estadounidenses y sus aliados de la OTAN (donde Francia claramente juega un papel fundamental), se encuentran enfrascados en una tensión diplomática y militar con los rusos y los estados que tienen intereses en común con ellos.

 

Desde 2011, los líderes occidentales declararon a Siria un Estado fallido y no han cesado en atacar política y diplomáticamente al gobierno de ese país, así como sus operaciones encubiertas de suministrar armamento, entrenamiento y financiamiento a los rebeldes que quieren derrocar al gobierno en curso; en 2013 se dio un intento, por parte de las potencias occidentales, de intervenir militarmente, sin embargo Rusia pugnó por una solución pacifica y diplomática.

 

El territorio sirio, desde 2011, ha sido objeto de ataques terroristas contra civiles que han dejado miles de muertos, un ejemplo de ellos es la masacre de Houla, donde fueron asesinados 108 sirios, incluidos 49 niños; en ese momento no existió una condena internacional como la que vivimos el día de hoy por lo ocurrido en París. Este hecho se le atribuyó al Ejercito Libre de Siria, soportado por los Estados Unidos, contra los civiles leales al gobierno de Al-Asad.

 

En Siria, la política occidental de destrucción y apoyo a grupos terroristas ha dado como resultado el empoderamiento del Isis y otros grupos terroristas, cuyos métodos son públicamente condenados pero apoyados en privado por los líderes occidentales.

 

Quien controle Siria, controlará la estabilidad de Medio Oriente, lo que significa poder político y económico sobre los recursos petroleros y de gas natural que abundan en la zona. Los atentados en París, perpetrados por el grupo del Estado Islámico, constituye, a todas luces, una provocación o más bien un pretexto al puro estilo del 11-S, para legitimar una intervención militar a gran escala de la OTAN sobre territorio sirio y arrebatarle a Rusia el poder que está consiguiendo al soportar a ese gobierno que tiene gran importancia en la zona.

 

Desgraciadamente, la población civil que nada tiene que ver con los intereses de las oligarquías financieras estadounidenses, rusas y europeas, que se disputan palmo a palmo el rico territorio del Medio Oriente, así como sus recursos naturales y el control de las posiciones geopolíticas estratégicas, son los que están pagando las consecuencias y subsidiando, a través de sus impuestos, esta nueva guerra de intereses hegemónicos.

 

En Siria, hay al menos 230 mil 233 fallecidos, desde 2011, cuando comenzó el conflicto; lo de Francia apenas es una pequeña muestra de lo que el pueblo sirio ha soportado en los últimos años, éste es apenas el inicio de una confrontación de alcance global que se está gestando y amenaza la seguridad internacional de nuestra era.

Terrorismo: una excusa para la criminalización de la protesta social

 

Desde los atentados del 11-S se ha utilizado el término "terrorista" para criminalizar las protestas sociales y movimientos que cuestionen las estructuras del neoliberalismo.
Desde los atentados del 11-S se ha utilizado el término “terrorista” para criminalizar las protestas sociales y movimientos que cuestionen las estructuras del neoliberalismo.

Por: César Soto Morales*
@MtroCesarSotoM

 

Como es sabido, la política exterior de Estados Unidos tras el 11-S se volcó contra el terrorismo internacional, América Latina no fue la excepción y la estrategia militar norteamericana consistió en construir socialmente el enemigo bajo tres parámetros: Terrorismo, Populismo Radical y Narcotráfico, cuyos ejes cumplen la función de ligar toda actividad política popular o de insubordinación contra los Estados Unidos con actividades consideradas de alto riesgo para la democracia occidental.

 

Esto ha justificado el endurecimiento del trato hacia gobiernos considerados enemigos de la democracia, mientras a los llamados “amigos o socios”, como México, se les apoya por ser regímenes cercanos a la ideología Neoliberal y con tintes represores hacia los movimientos políticos y sociales que puedan ser peligrosos para el régimen económico imperante que favorece a las grandes corporaciones estadounidenses, y sus aliados europeos y asiáticos.

 

Nuestro país es estratégico en la economía global, pues al estar bañado con dos océanos y tener contacto comercial directo con las principales economías globales de la triada económica mundial (Estados Unidos-Unión Europea-Japón), constituye una pieza más que estratégica para la economía estadounidense; una pieza que hay que cuidar y proteger de las tentaciones de caer en la oleada de gobiernos nacionalistas que vienen del Sur del subcontinente y están encabezados por Venezuela y seguidos por Argentina, Brasil y Ecuador.

 

En 2006, nuestro país estuvo en “peligro” de seguir esa oleada con el virtual triunfo del candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador, hoy fundador del partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA). A partir de ahí, se ha endurecido la política interna en contra de movimientos sociales, estudiantiles, campesinos e incluso partidos políticos que sean identificados con esta tendencia.

 

Casos como Ayotzinapa, Atenco, Tlatlaya, el ataque a los líderes de las autodefensas en Michoacán, el hostigamiento sistemático al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y las trabas a la conformación de Morena como nueva fuerza política, así como el acoso e incluso asesinato de algunos de sus fundadores, son muestra de esta política dictada desde el Norte y ejecutada por los fieles presidentes de la República en turno.

 

Los objetivos de nuestro vecino del norte se están alcanzando a costa de sangre y sufrimiento derivado de una imposición de políticas que de no ser por el miedo infundido a la población, y la justificación de la mano dura bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico, no hubieran sido posibles.

 

Ejemplo son las reformas privatizadoras que siguen avanzando en favor de los intereses económicos de la economía estadounidense:

 

Reforma Laboral: Abaratar aún más la mano de obra mexicana para que las corporaciones puedan explotarla y competir en este mundo de bloques económicos, contra los europeos y japoneses.

 

Reforma energética: Poner a disposiciones de las corporaciones Norteamericanas los yacimientos de petróleo y gas Shale para seguir asegurando la preeminencia energética de Estados Unidos.

 

Reforma Fiscal: Continuar con los incentivos fiscales ofrecidos, a fin de incrementar la inversión de las corporaciones.

 

Las que vienen en marcha no se quedan atrás, como la reforma al sistema de salud, para transferir los servicios hacia las grandes farmacéuticas, laboratorios y privatizar la atención médica, eliminando la molesta competencia del Estado.

 

Los que se opongan a estos designios serán eliminados, política o físicamente y los movimientos y partidos políticos que se opongan sufrirán las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre.

 

*Catedrático de Relaciones Internacionales en la UNAM
Secretario de Cultura de Morena en el Estado de México

14 años de los atentados del 11 de septiembre

Por: César Soto Morales*
@MtroCesarSotoM

 

torres gemelas
Ataque a Nueva York. Foto: cortesía.

 

A 14 años de distancia de los atentados del 11 de septiembre a las Torres Gemelas, en Nueva York, sigue pareciendo un pretexto para la invasión de Estados Unidos a Afganistán, la invención del llamado eje del mal y la política intervencionista en Medio Oriente, que ha llevado a dicho país a controlar actualmente la mayor parte de las reservas petroleras del mundo.

 

Y es que los pretextos siempre han sido utilizados por esta potencia imperialista que con tal de lograr sus objetivos económicos, políticos y militares ha sido capaz de crear las historias más inverosímiles o de aprovechar sucesos que nada tienen que ver, para justificar su injerencia o de plano sus intervenciones militares sobre puntos estratégicos a lo largo y ancho del orbe, para muestra algunos ejemplos:

 

  • El 25 de enero de 1898 el acorazado estadounidense de segunda clase Maine entró en el puerto de La Habana, Cuba, sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas y fue calificada como maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, quien se mantenía firme en su rechazo a la propuesta de compra realizada por EE.UU. sobre Cuba y Puerto Rico. El 15 de febrero el Maine saltó por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 256. El resto sobrevivió ya que a la hora de la explosión gozaba de un baile en su honor en la ciudad. Estudios actuales concluyen que se trató de un estallido interno. Algunos apuntan a una explosión accidental de la santabárbara provocada por el calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo. En 1975, el Almirante de los Estados Unidos Hyman G. Rickover, llevó a cabo una extensa investigación que concluyó que “una fuente interna fue la causa de la explosión del Maine”. El caso sirvió de pretexto oficial para la guerra hispano-estadounidense, que llevó a la futura independencia formal de Cuba e hizo que España cediera Filipinas, Puerto Rico y Guam a EE.UU.

 

  • Hace casi medio siglo, para intervenir en la guerra civil de Vietnam, EE.UU. utilizó como justificación un presunto ataque a las naves militares estadounidenses que navegaban en la zona. Pocos años después, en medio del conflicto bélico, un ex funcionario del Pentágono revelaría la falsedad de esta información. Falsedad confirmada oficialmente mucho después, cuando se desclasificaron documentos de la Agencia Nacional de Seguridad.

 

  • A principios de los 1990, una enfermera de un hospital kuwaití afirmaba entre lágrimas que soldados iraquíes habían sacado a 300 recién nacidos de sus incubadoras y los habían dejado morir de frío. La historia fue utilizada como pretexto para intervenir en el conflicto entre Irak y Kuwait, la guerra del Golfo (1990-1991). Más tarde se descubrió que la presunta enfermera era la hija del embajador de Kuwait en EE.UU.

 

  • Según el senador demócrata Carl Levin, el Gobierno del presidente George W. Bush engañó a los estadounidenses en el período previo a la guerra de Irak de 2003, pues la CIA no disponía de pruebas claras que vincularan al Gobierno de Saddam Hussein con los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001.

 

  • En 2013, las potencias occidentales culparon al Gobierno de Bashar al Assad, en Siria, de emplear armas químicas contra su pueblo. Este pretexto fue calificado por el presidente Barack Obama de “línea roja” y casi abrió las puertas a una intervención estadounidense en el conflicto sirio. Finalmente, el arsenal tóxico de Siria fue destruido gracias a un acuerdo entre Washington y Moscú.

 

Estos son sólo algunos de los muchos casos que podemos encontrar bien documentados en la historia de las intervenciones norteamericanas. Como podemos, ver la indignación del pueblo estadounidense ha sido bien canalizada por su gobierno, para justificar invasiones, matanzas, intervenciones y un largo etcétera. Ahora debemos preguntarnos ¿Qué repercusiones tuvo para México y América Latina ese atentado del 11 de septiembre del 2001?

 

*Catedrático de Relaciones Internacionales en la UNAM
Secretario de Cultura de Morena en el Estado de México