El sitio de Alepo: la defenestración de lo humano por el poder político

Estamos a merced de una clase política que no nos conoce, que no entiende nuestras necesidades y nuestras aspiraciones y para los cuales podemos ser eliminados. Especial.

Dos acontecimientos recientes muestran el horror político y humano que se vive en la segunda década del siglo XXI.
El primero corresponde a los vídeos que circulan en red respecto al sitio de Alepo. Al genocidio que se vive en estos momentos en el Levante y al fin de la revolución siria que no llegó a ningún sitio.

 

La cuestión de la revolución siria es una lucha social que surge con la primavera árabe en 2011, motivada por los derrocamientos de Ben Ali en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto y Muammar Gadafi en Libia. Para el caso de los dos primeros casos, los rebeldes se enfrentaron a dos dictadores viejos y cansados, a dos anacronismos de nuestro tiempo que franqueaban en el poder y fueron derrotados por la contestación ciudadana. Para el caso de Gadafi, la intervención de occidente fue vital, con el apoyo de potencias como Francia, y marcó la diferencia.

 

¿Qué es diferente en el caso sirio? La complejidad geopolítica, derivada de un estado creado al azar por Reino Unido en el tratado Sykes Picot, en el siglo XX. El problema kurdo, que dejó a un pueblo entero sin un territorio y nación, los aliados de Bashar Al-Asad, quien supo tejer una red de acuerdos internacionales que posiblemente lo hagan retomar el poder al frente de Damasco. El factor Estado Islámico que en un escenario brumoso viene a complicar y hacer más difícil la resolución del conflicto. La noción de las potencias políticas y militares internacionales, de organismos internacionales como Naciones Unidas, es cruda y tajante. En Siria no valía la pena una intervención humanitaria porque no se obtendría un botín y porque las posibilidades de éxito son nulas.

 

En el discurso frío de la política existe una solución viable frente a las catástrofes y a las crisis sociales que muchas veces toman las personas frente al poder: no hacer nada ni intervenir. Dejar que las cosas sigan su flujo y alcancen un estado de paz por sí mismas dado que los recursos a perder involucran un golpe mayor que el beneficio político a obtener. Esa ha sido la solución que han tomado todos los grandes poderes políticos internacionales ante este hecho.

 

Ante esto, la población masacrada manda mensajes de auxilio por las redes sociales. Gritos desesperados que muestran a una sociedad entera que ha sido abandonada por todas las instituciones y autoridades capaces de intervenir por ellos. Piden clemencia y compasión. En otros casos, sólo se muestran ante las cámaras con dignidad, como seres humanos que murieron por una lucha de libertad, es decir, que mueren de pie. ¿Qué hacemos todos nosotros? Vemos aterrados esto desde el otro lado del computador o smartphone. ¿Qué representa este hecho?

 

 

El segundo hecho es el asesinato del Embajador ruso Andrei Karlov a manos de un joven policía turco. El nombre del atacante: Mevlut Altintas, joven de veintidós años que gritó la consigna “¡No olvidéis Alepo! ¡No olvidéis Siria! ¡Esto es una venganza!”. Para segundos después, morir acribillado. ¿Quién es ese joven? Una visión conspiracionista dictaría que es un agente de un gobierno extranjero, un enviado de Estados Unidos o alguna otra nación, que pretende causar una crisis diplomática entre Turquía y Rusia. Pero ¿si vamos más allá y aceptamos que en verdad ese joven es un ciudadano harto de la negligencia de las autoridades, del egoísmo de los poderes políticos internacionales y su falta de humanidad al ver morir a una nación entera, qué respuesta encontraríamos ante su acto?

 

La hazaña de Altintas parece nimia, asesinar a un burócrata para compensar un genocidio. Un acto de terrorismo que toma la vida de un peón de los causantes de la tragedia de una nación vecina. ¿Cómo juzgar su acto? ¿Un hecho de valentía? ¿Un grito desesperado? ¿Un caso de terrorismo idiota? ¿Qué ha pasado después de que las imágenes del asesinato atravesaran el mundo entero? A lo mucho, los espectadores, los lectores de política internacional, hemos sentido un sobresalto. Nada ha cambiado.

 

Después de la revisión de ambos casos ¿qué conclusión obtenemos? La más cercana a mi vista es la siguiente. Somos espectadores de un juego de política internacional. El caso del genocidio del pueblo sirio representa el hecho que la contestación ciudadana y la lucha por el poder están al margen de otros poderes que están por encima de cualquier pueblo o nación. Una rebelión que buscó la libertad política fue desecha y derrotada. Situación que refleja también la acción desesperada del joven Altintas, quien quiso enfrentar desde otro ángulo a los poderes hegemónicos y murió sin más. En dos semanas, es probable que se haya olvidado su muerte, como la del niño Aylan Kurdi en las costas de Turquía que indignó al mundo entero para después ser enterrada por otros hechos en la red.

 

¿Qué es esto que vivimos? ¿Qué representa? Para mí un mundo donde la vida es un hecho desechable, una cifra que no importa a las élites políticas y gobernantes del mundo. Y esa noción se extiende a todo el orbe, con la excepción que en otras naciones la catástrofe no ha sido tan grande. Unas vez más me pregunto ¿qué representa? El hecho que la gente común, el ciudadano de a pie, hemos perdido la posibilidad de acceder a la política como medio de cambio para mejorar nuestra vida y condición humana. Estamos a merced de una clase política que no nos conoce, que no entiende nuestras necesidades y nuestras aspiraciones y para los cuales podemos ser eliminados. Debemos buscar nuevas vías de consolidar un poder social que confronte esta situación.

 

Por desgracia, poca gente parece interesada en esto, y más aún, ignora este contexto.

Mandela: el coloso del siglo XX

El pasado cinco de diciembre se cumplieron tres años de la muerte de Nelson Mandela, uno de los líderes más grandes del siglo pasado.

 

Retomo este texto, escrito un día después de su muerte, como homenaje:

Mandela, el coloso del siglo XX. Especial.

De los colosos que el siglo XX nos permitió conocer en carne propia, ninguno se equipara a Nelson Mandela. Nacido en 1918, el gran sudafricano fue de los primeros en sentir en carne propia cómo el régimen de segregación racial del Apartheid se institucionalizó en su país poco después de 1910, cuando Sudáfrica alcanzó su independencia relativa dentro de la Commomwealth a causa del conflicto con los Boers que la Corona Británica venía acarreando por casi más de una década; y que terminó por expulsar a los ingleses para dejar en manos de los Afrikaneers el control de la nación.

 

Político e inquieto desde su juventud, Mandela se enfrentó al racismo desde su estancia en la Universidad de Witwatersrand, donde era el único estudiante de color entre una masa de blancos que profesaban una política de odio y despreció para aquellos que representaban el grueso de la población y que carecían de derechos frente a un nimia minoría de hombres que controlaban las riendas de sus destinos.

 

Animado por la revolución cubana y por personajes como Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara y Mao Zedong, Mandela profesó un ideario alimentado por la revolución armada y la guerrilla como medios de renovación nacional. Motor que lo llevó a recorrer Sudáfrica como fugitivo en primer momento, para más tarde realizar un gira por África en la que se entrevistó con importantes personajes del continente como Nasser y Haile Selassie I, de quienes obtuvo importantes apoyos para la lucha armada que el joven revolucionario organizaba en contra del Apartheid. Lo cual le haría acreedor del adjetivo de “terrorista” en su país, en aquel tiempo hasta su arrestó en 1962.

 

Respecto a esa época, Mandela se expresó con frases como la de “No quiero ser presentado de forma que se omitan los puntos negros de mi vida…” Una sabia reflexión para el hombre que pasaría veintisiete años en prisión y maduraría sus puntos de vista hasta alcanzar reflexiones que lo llevarían a expresar opiniones como las siguientes: “El arma más potente no es la violencia, sino hablar con la gente” o “Una de las cosas más difíciles no es cambiar la sociedad sino cambiarse a uno mismo. Si esperas las condiciones ideales, nunca se darán”.

 

En efecto, la misión de Mandela era más grande para reducirse a una simple revolución armada, la cual no habría solucionado en ningún sentido los rencores entre los dos bandos que el Apartheid había institucionalizado. Al contrario, el destino de Madiba era el de la paciencia y la perseverancia. La del dialogo por encima del conflicto. Efigie que construyó paso a paso durante sus años de recluso y que lo transformaron en un héroe y modelo admirable de ser humano, todo derivado de sus convicciones de demócrata, respeto a la igualdad y fidelidad a sus ideales profesados con fervor desde su alma.

 

Así, en poco tiempo, Madiba se convirtió en un símbolo de estoicismo, lucha y fortaleza. Fue aclamado desde todos los rincones del mundo hasta volver insostenible la continuidad del Apartheid y hacer más peligroso que reconfortante su permanencia en prisión para los líderes del régimen segregacionista; circunstancias que terminaron por darle la libertad que la comunidad internacional exigía en 1989.

 

Al salir de prisión poco quedaba de aquel hombre impulsivo y con fe en la violencia. El nuevo Mandela se reveló al mundo como un individuo de una calidad moral incuestionable, un encanto inusual e irresistible y un político capaz de actuar en el mejor de lo sentidos, así como emitir los juicios más certeros para un país que necesitaba reconciliar a su sociedad.

 

Las consecuencias no se hicieron esperar, inmediatamente sus más acérrimos enemigos cayeron rendidos a sus pies y lo admiraron como un santo. Al mismo tiempo, su pueblo lo llevó a la Presidencia de Sudáfrica para consolidar una de las transacciones democráticas más admirables de finales del Siglo XX, honor que comparte con otros grandes líderes de aquellos años como Vaclav Havel y Lech Walesa.

 

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Como presidente, Mandela utilizó aspectos tan naturales como el deporte para unificar los ánimos de su pueblo, por ejemplo el Mundial de Rugby de 1995. Todo con el objetivo de enseñarle a su gente algo que él mismo había aprendido en carne propia: tu enemigo puede convertirse en un compañero y, finalmente, en tu amigo. Que no importa un pasado de odio, violencia e intolerancia, si te das el valor de perdonar por la posibilidad de un mejor futuro.

De la misma forma que el poema “Invictus” del poeta William Ernest Henley que tanto le gustaba leer en su encierro en Robben Island, Mandela se fue invicto en todas las batallas que peleó. No porque haya salido victorioso siempre en ellas, sino porque en la derrota encontró la fuerza y sabiduría que necesitaba. En el perdón, la justicia para su gente que siempre deseo. Y por último, en el dominio de sus miedos, el reflejo más fiel de su alma inconquistable.

 

Por siempre presente, por siempre amado, para un hombre como Nelson Mandela nunca existirá la muerte.

 

En paz descanse.

 


Nota del editor: Nelson Mandela falleció el 5 de diciembre de 2013, luego de una infección pulmonar que lo mantuvo internado en el hospital de Pretoria desde el 8 de junio. Tenía 95 años. Fue presidente de Sudáfrica de 1994 a 1999. En 1993 obtuvo el Premio Nobel de la Paz.


 

Puntos de quiebre: 1848, 1968, ¿2016?

1848 7 1968 representaron años de quiebre para el mundo, ¿qué pensaban aquellos jóvenes? Especial.
1848 7 1968 representaron años de quiebre para el mundo, ¿qué pensaban aquellos jóvenes? Especial.

Me pregunto, ¿qué pasaba por la mente de los sobrevivientes de la comuna de París, el 31 de diciembre de 1848? ¿Qué pasaba por la cabeza de los jóvenes alemanes que habían participado en las protesta de Leipzig? ¿Qué opinión tenían los habitantes respecto a los hechos políticos y la protesta social recién vivida en las calles de Milán, Bucarest, Viena, una vez que finalizó el año?

 

También, me pregunto qué sentía el general Charle de Gaulle en su residencia, ese mismo día pero del año 1968. El máximo héroe de la República Francesa durante la Segunda Guerra Mundial, el rostro de la resistencia ante los Nazis y la imposición de la República de Vichy, y quien había tenido que enfrentar las protestas de las revueltas estudiantiles de mayo en París ante una generación para la cual él no significaba nada más que el pasado.

 

¿Qué pensaban los jóvenes que participaron en la primavera de Praga dispersos en gran parte de la Europa occidental y quienes enfrentaron a los terribles tanques soviéticos en la lucha por la libertad de expresión? ¿Qué pensaba Luis Gonzáles de Alba, José Revueltas y todos los familiares que perdieron alguno de sus hijos o hijas en las protestas estudiantiles de la Plaza de las Tres Culturas en México? ¿Sobre qué reflexionaban los jóvenes que participaron en las protestas de Londres, Manchester, Milán y Rio de Janeiro?

 

Los años de 1848 y 1968 son diferentes en su abordaje como hechos históricos, sin embargo, tienen una característica en común: fueron puntos precisos de la historia en los que se vivió un fenómeno social que involucró a una civilización entera. En 1848 las protestas sociales marcaron el fin de una tendencia política en Europa: el absolutismo. El arribó de la democracia se hizo inevitable y se creó el papel del ciudadano. Poco a poco, sin excepción, todos los regímenes políticos de occidente abrieron pasó al sistema democrático y a la participación del electorado en las cuestiones de interés público. Se había vivido una revolución, es decir, la desmantelación de un viejo régimen para la edificación de uno nuevo, donde el papel de la gente había sido crucial.

 

En 1968 las protestas alrededor del mundo de la juventud mostraron el descontento con el status quo, con las viejas tradiciones, ideas políticas y económicas. Se empezaron a cuestionar las utopías y su fracaso, así como todas las promesas de la modernidad. Surgió la contracultura: un desafío a lo establecido. Se abrió la mente para la estructuración de una nueva forma de pensar, aunque en ese momento no sé sabía cuál era esa forma, y para muchos filósofos y políticos, ese año marca el inicio de la posmodernidad. Sin embargo, una puerta se abría, una puerta a una nueva forma de entender el mundo y a una promoción de la tolerancia.

 

¿Qué hemos vivido este 2016? Hechos como el Brexit, el referéndum del NO en Colombia, la elección de Donald Trump y la muerte de Fidel Castro nos muestran una realidad: este año es el inicio de algo nuevo, una realidad internacional que parece tener más desesperanza que venturas. No obstante, resaltan las particularidades y contrastes de lo acontecido en este año.

Los años de 1848 y 1968 representaron un cambio de época; 2016 apunta para ello,¿ pero es un retroceso? Especial.
Los años de 1848 y 1968 representaron un cambio de época; 2016 apunta para ello,¿ pero es un retroceso? Especial.

En 1848 la gente salió a protestar en las calles por su deseo y convicción de participar en los temas de interés público. En 2016 la gente utiliza el voto como un elemento para promover la confrontación y disgregación social. En 1968 los jóvenes protestaron en las calles para cuestionar lo establecido y abrir la mente a nuevos horizontes de pensamiento, a nuevas formas de entender el mundo. En 2016 la gente desea regresar a lo tradicional, desean refugiarse en el odio, el racismo, la xenofobia como modo de protección más allá de abrir su mente.

 

Si en 1848 se vivió una revolución y en 1968 la contracultura. ¿Qué podemos decir que surgió en 2016? ¿El proto-fascismo? ¿El neonacionalismo? ¿El fracaso de la política y el consenso? ¿El triunfo de la intolerancia? ¿Una contrarrevolución social? ¿Un periodo de neo oscurantismo? Sólo el tiempo y la comprensión de la historia, en su lejanía, una vez que nos hayamos alejado de esta fecha, nos dirán qué es lo que estamos viviendo. De momento, sólo tenemos la certeza de algo. Los acontecimientos vividos en este año involucran a todo Occidente como sociedad y la forma en que la sociedad contemporánea comprende la política y la justica se transforman. Y a razón de esto, hará falta mucha fortaleza y temple para enfrentar el futuro.

¿Despertó la generación dormida (millennials)?

El escritor y guionista Bret Easton Ellis escribió en su artículo Generation Wuss (2015) que la generación de los Millennials –milénicos, generación del milenio o como mejor les guste– tiende a sobrereaccionar, a creer que siempre tiene razón, pero sobre todo, que los nacidos en este período (incierto y acomodado al gusto de analistas y especialistas que no definen de manera clara el rango que abarca) son cobardes.

 

Hay cierta razón en esta polémica clasificación para los que nacimos entre la década de 1980 y los 2000, pues en buena medida, podemos entendernos como personas que nos gusta ganar siempre, que hacemos muy poco para profundizar en nuestra argumentación y que, incluso, podemos ser caprichosos en nuestra manera de vivir.

 

En ese tenor, yo mismo he sido muy crítico de nuestra generación. Las pláticas de café entre mis amigos y colegas han servido para desahogar nuestro vómito verbal en contra de lo poco que hacemos para cambiar nuestro entorno, deleznable y podrido gracias a la corrupción, la impunidad y la falta de confianza en las instituciones, pero de ahí no pasamos. Seguimos sin hacer nada.

 

La decepción ha sido una de las banderas de esta generación de mexicanos, acentuada, quizá, desde el fallido #YoSoy132, pues a raíz de la evaporación del movimiento muchos de nosotros quedamos con un mal sabor de boca.

 

Sin embargo, he notado que esa generación que señalé como “apática y somnolienta” no necesariamente tiene esos atributos. Lo comprobé con la reciente movilización de muchos de mis contactos a raíz del escándalo que salió a la luz donde uno mis ex profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales fue acusado de acoso sexual por varias alumnas. Algunas de ellas amigas mías.

 

Más allá del hecho que resulta polémico y muy cuestionable, por decir lo menos, me demostró la fuerza que tiene esta generación que por momentos se ve apacible y, por otros, activista de sillón. Entiendo por completo que la mejor arma/defensa que tenemos son las redes sociales, mismas que no sólo son usadas por una “legión de imbéciles” como calificó Umberto Eco, sino por todas aquellas voces inconformes que no tienen la posibilidad de una mayor resonancia y que por otros medios pasarían desapercibidas y, seguramente, olvidadas al corto plazo

 

Las denuncias (aunque también muchas calumnias y sofismas) abundan en Facebook y Twitter, cuyo éxito se ha reflejado al propiciar la renuncia o destitución de funcionarios de alto nivel –el más reciente ejemplo fue el ex director de TV UNAM, Nicolás Alvarado– pero no es suficiente.

 

Necesitamos virar el timón para dejar de ser “cobardes” o “bravos de la red”, pues, en efecto, tenemos que salir del activimos virtual y pasar a la acción. Es necesario salir del anonimato y dar la cara a nuestros atacantes y a los que sin piedad cometen tropelías sin que nadie los detenga. Las víctimas tienen que dejar el miedo atrás (en el caso de la denuncia contra un profesor de la FCPyS, enfrentar al académico y denunciarlo ante las autoridades, ese será el verdadero testimonio que servirá como ejemplos para aquellas que podrían estar en una situación similar).

 

Basta ya de los simples comentarios en sus perfiles, que si bien son un primer paso, no es suficiente con etiquetar al responsable de los daños. Hay que demostrarles que todas las afectadas tienen nombres, apellidos y rostros, pues si lo que realmente queremos es transformar nuestra realidad y labrarnos un futuro prometedor, tenemos la obligación de ser valientes, de perder el miedo y dejar de señalar al amparo del anonimato que brinda la masa virtual. A final de cuentas, tenemos la responsabilidad de ser mejores de lo que nuestros detractores piensan de nosotros.

¿Por qué amamos tanto a Hemingway?

Me atrevo a decir que Ernest Hemingway es el escritor más querido y reconocido de la literatura de Estados Unidos. Con esto me refiero a que tengo la certeza que el alumno promedio de esa nación, que cursó la educación básica, debió toparse con algún libro suyo como lectura obligada en sus clases de inglés y es capaz de reconocer al anciano fuerte de barba blanca que siempre se utiliza para representar al escritor de la generación perdida. También, siento que muchos estadounidenses dirían que Hemingway es aquel escritor que más ejemplifica el espíritu y temple del estadounidense promedio, aquella efigie romántica que trata de presentar a la gente de ese país como amantes de la libertad.

 

Mi primer acercamiento con Hemingway se dio en la adolescencia. En un punto que supe que si en algún momento aspiraba a escribir relatos debía leer a los mejores. ¿Cómo empezar? Fue la pegunta inmediata. Simple, entré a Wikipedia y descargué la lista de todos los premios nobel de literatura. Esa lista me acompañó en mis visitas a librerías y tiendas de segunda mano por años y me permitió acércame a los escritores de la generación perdida de Estados Unidos. El ya citado Hemingway y después otros autores de trascendencia como William Faulkner y John Steinbeck. Más tarde, por añaduría, vinieron a mí lecturas de Scott Fitzgerald y John Dos Passos, al final, un poco de la poesía de Ezra Pound. Y de todos esos autores el que menos me gustó en mi juventud fue el viejo Ernest.

 

Con la excepción del Viejo y el mar, su libro más reconocido, que es breve y de muy fácil lectura, sus novelas se me hacían planas. Había un abuso extremo de las conversaciones, la prosa era llama, simple, además que su estructura novelística era la de la novela clásica del siglo XVIII. Para mí, Hemingway se parecía mucho a los autores planos como Stendhal, Dumas o Víctor Hugo, no se arriesgaba en nada y sólo contaba una historia. Sus obras no tenían nada que ver con el compromiso social de otras como Las Uvas de la Ira de Steinbeck, que me dejó prendado. Con la innovación novelística de Mientras Agonizo o el Ruido y la Furia, de William Faulkner, obras que reinventaron la novela del siglo XX. No sé acercaba ni un centímetro a la precisión y genialidad de los cuentos Fitzgerald, incluso, el hoy olvidado John Dos Pasos creaba tramas más interesantes.

 

Y a pesar de todo eso, me aferraba mucho a la lectura de sus obras. Primero fue Adiós a las Armas, obra que se sitúa en la Primera Guerra Mundial, y más que una reflexión sobre la guerra, es una historia de amor. Luego leí ¿Por quién doblan las campanas? Novela que tiene como trasfondo la Guerra Civil Española. De ahí pasé a Las Nieves del Kilimanjaro y su novela The Sun also Rises -horriblemente traducida al español con el título de Fiesta-. Finalmente, me adentré en sus cuentos. Y en ninguno encontré esa fuerza y admiración que todos profesaban por él.

 

Chuck Palaniuk, autor del Club de la Pelea adora a Hemingway, es trascendente para mí cuando Tyler Durden, personaje central de esa obra, dice en un dialogo del libro que le encantaría pelear con él, que no conoce a nadie más rudo que el viejo Ernest. Bukowski también lo consideraba un maestro, a pesar que las obras del viejo Hank sólo hablen de ebriedad y mujeres. Incluso autores como Jonathan Frazen, el escritor vivo más reconocido de Estados Unidos en nuestros días, profesaban su admiración. Algo escapaba a mi lente y no alcanzaba a verlo.

 

¿Qué tenían en común el viejo marinero Santiago, el soldado Frederick Henry, el profesor republicano Roberto Jordan, el agonizante escritor herido Harry Street y el joven y prometedor torero Pedro Romero? ¿Qué tenían los personajes de Hemingway que, a pesar que sus novelas me dejaban insatisfecho, no podía evitar sentir una gran simpatía por ellos?

 

La respuesta llegó hasta que leí el que para mí es su más grande libro París no se acaba nunca, escrito autobiográfico y que trata de la primera juventud de Hemingway en París, cuando era corresponsal de guerra y que tiene como trasfondo anécdotas con Scott Fitzgerald, James Joyce, Picasso, Gertrude Stein y Ezra Pound, durante los años veinte, época donde todos eran jóvenes, locos y soñadores.

 

Acercarme a esa obra me permitió ver que varios rasgos de los libros y protagonistas de Hemingway tenían origen en las experiencias de su vida. Noté que todos sus protagonistas eran unos grandes bebedores, amantes de la ebriedad y un fiel reflejo del mismo Hemingway y su grupo de secuaces de la generación perdida. Otro fue la inevitable presencia de una mujer en sus novelas, una dama de la cual caen prendados los protagonistas y que aman con pasión y locura. Me encantó leer la burla que describe en París era una fiesta, donde Fitzgerald le dice que él siempre necesitaba enamorarse de una nueva mujer para poder escribir su siguiente novela. Por lo que descubrí que esas protagonistas de todas sus obras habían sido mujeres reales, esposas y amantes que él había tenido durante su vida, a quienes plasmó para la eternidad y para que trascendieran en sus novelas.

 

En ese punto empecé a notar que yo tenía muchos vicios de Hemingway. En un primer instante no encontraba respuesta al hecho de por qué no me agradaba leer esos elementos en sus obras si en mis años universitarios yo me comportaba de esa forma. En ese tiempo yo abusaba mucho del alcohol, hacía tonterías con mis amigos, me pasaba horas en la edificación de sueños, tenía conversaciones sin sentido que podían prologarse por horas y me enamoraba a la menor provocación de cualquier chica y trataba de plasmarla en mis letras. ¿Qué no me gustaba de leer eso si era un fiel reflejo de mi comportamiento cotidiano?

 

Pero…, ¿qué fue lo que más me gustó del joven Hemingway en sus años parisinos? Encontré aquellos dos elementos que me hicieron entender qué es lo valioso de su obra: su pasión por la vida y su valentía. Estos elementos los representa el soldado Frederick Henry, quien escapa de una ciudad tomada por los enemigos a través de un río con su amada Catherine Barkley, con la que tendrá un hijo y que, lamentablemente, ambos morirán durante el parto, una vez que han enfrentado todos los peligros de la guerra. Eso es el reflejo de profesor Robert Jordan, que cumple su misión de volar el puente donde pasarán los fascistas franquistas para llevar provisiones a sus tropas, pero que es emboscado por ellos una vez terminada la misión, para enfrentar la muerte con los ojos en alto. Eso hace el joven torero Pedro Romero, quien se enfrenta a una bestia que ama (a pesar de mi total desaprobación hacia la tauromaquia, no puedo negar que Hemingway describe ese infame arte con una fuerte belleza).

 

Lo mismo representa el esqueleto de ese leopardo muerto en la cima del Kilimanjaro, en África, ¿qué hacía ahí ese pobre animal, a miles de metros sobre la tierra? Es lo que se pregunta en su viaje Harry Street para ser atendido medicamente mientras reflexiona sobre todo lo que ha perdido en su vida ante la cercanía de la muerte. Eso simboliza la lucha del viejo marinero Santiago en el golfo de México, a quien se le aparece el pez espada más hermoso que jamás ha visto en su vida y sabe, inmediatamente, que ese encuentro es un regalo del mar, ente al que ha dedicado su vida. Por lo que comprende que esa será su última pesca, con una bestia noble y joven, que sólo puede ser atrapada por una tripulación de al menos tres pescadores, pero que es concretada por un anciano que está solo.

 

Las novelas de Hemingway son un reflejo de la vida, que no es otra cosa que una sucesión interminable de batallas que emprendemos día a día, y en las cuales, casi siempre, somos apaleados. Hecho ante el cual tenemos dos alternativas: rendirnos y entregarnos a la desilusión y el abandono, o negarnos a aceptar la derrota, ponernos de pie y caminar con el rostro en alto. Para mí, una frase del El Viejo y el mar resume toda la obra de Hemingway: “el hombre no está hecho para la derrota, un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

 

Y en esa frase he encontrado uno de los elementos más poderosos y hermosos de la literatura, que es el hecho que las palabras y la ficción son dos instrumentos que nos dan fe. Fe que nos da fuerza para vivir. La vida se mide en relación a la pasión con la que se realizan las cosas y el valor con el que se enfrentan las batallas, desde la más cotidiana, hasta la más épica. He ahí mi respuesta a la pregunta ¿Por qué amamos tanto a Hemingway?

Algunas de las obras más significativas de Ernest Hemingway. Imagen Especial.

Anatomía del Godínez (La posibilidad de los viajes)

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las opciones de descanso u ocio muchas veces se escapan y normalmente se vinculan a vacaciones semestrales, anuales o días de asueto, lo que representa un daño severo para los niveles de bienestar del Godínez. Imagen: Youtube / La vuelta al mundo.

Cuando el locutor de radio Javier Aceves decidió utilizar el apellido Godínez para nombrar al oficinista promedio de la Ciudad de México, difícilmente consideró que aquel adjetivo tendría los alcances y ecos que mantiene en la actualidad.

 

Con esa simple palabra Aceves creó un símbolo de identidad y una mitología con la cual son capaces de identificarse el grueso de los trabajadores de la Ciudad de México; al mismo tiempo que la conceptualización y definición del Godínez revela varios rasgos latentes en nuestra sociedad, donde se refleja cómo la satirización de los mexicanos respecto a nuestro entorno está por encima de nuestra vocación de reflexión, participación o cambio.

 

¿Quiénes son los Godínez?

Por Godínez se puede denominar a cualquier persona, hombre o mujer, que laboré en horarios de oficina en la Ciudad de México. De esta forma, delimitar a un Godínez en términos concretos puede ser una tarea ambigua, más existen ciertos parámetros que pueden acercarse a su perfil.

 

Así podemos decir que el Godínez es aquella persona que pertenece a la clase media, es decir, al grueso de la población que, a través de su trabajo y pago de impuestos, es el principal soporte de la economía nacional. En ese sentido, el Godínez es aquel ciudadano que pudo gozar de una educación media o superior, ya sea pública o privada, que es el pase mínimo para laborar en instituciones burocráticas, gubernamentales, empresas trasnacionales o consorcios financieros.

 

Ante esto, el Godínez es el primero que reconoce todas las carencias y limitantes del transporte, que en épocas recientes ha sido definida como la ciudad más dolorosa del mundo para transportarse. Vive a diario los embotellamientos y fallas de infraestructura que presentan, a todas horas, las vialidades, rutas de colectivo o líneas del metro.

 

Por otra parte, es importante destacar que los Godínez, por código burocrático, ostentan una vestimenta que los hace ubicables en cualquier punto de la ciudad: traje y corbata para los hombres, traje de sastre o vestido para las damas. En algunas ocasiones, el viernes puede ser el día para relajar los protocolos de la ropa, mas en esas jornadas se exige seriedad a los residentes de las oficinas, un estilo casual que no pierda la mesura y cordura que su posición les exige.

 

Inevitablemente nos acercamos al punto central del Godínez: su trabajo y horario, el cual puede oscilar de las ocho a las catorce horas. En lo que se devela que para un trabajador de oficina de la Ciudad de México los horarios son un esquema ambiguo, pues nunca se cumplen al término de la jornada, ya que pueden extenderse por varias horas que, cabe destacar, casi nunca son pagadas. Este hecho contrasta con la noción de puntualidad que exigen las empresas: un retraso de más de veinte minutos al espacio laboral puede culminar en un doloroso descuento de sueldo.

 

Bajo esta consigna se señala que el sueldo del Godínez muchas veces es insuficiente para cubrir los gastos que se requieren, a pesar que el sueldo entra en los parámetros de los trabajos bien pagados. Con certeza, aquella cifra durará sin causar molestias unos diez días, después, el dinero empezará a esfumarse de forma desconcertante, hasta que se añoré la próxima quincena.

 

Un punto de interés frente a este argumento sería ¿En dónde se esfuma todo el efectivo producto del trabajo del Godínez? La respuesta señalaría a la ropa que debe adquirir para laborar, a los gastos en transporte que debe hacer, a la comida que se ve obligado a comprar, a la renta de un inmueble que debe pagar y a los lugares de esparcimiento que están delimitados en su campo social. Por lo que se puede deducir que al final, si el sueldo de un Godínez está calificado como digno, la mayor de las veces éste desaparece sin dejar rastro alguno.

 

El orgullo Godínez

Las descripciones anteriores pueden presentar un entorno en el que ser un Godínez más que un acto idílico parece una emoción extrema. No obstante, este fenómeno puede asociarse a los ritmos acelerados de vida que detentan las grandes urbes, como el que representa la caótica y paranoica Ciudad de México.

 

Bajo esta perspectiva se puede argumentar que las macro ciudades requieren de una gran cantidad de capital humano para mantenerse en pie y conservar un ritmo de crecimiento que es asociado principalmente al sector de los servicios. Mas el entorno de vida de la capital revela serias carencias para proporcionar esquemas de vida dignos a sus habitantes.

 

Esto se refleja en las opciones de movilidad para sus trabajadores, los cuales deben perder una considerable cantidad de horas libres para transportarse de su lugar de trabajo al hogar y viceversa. De ellos se exige un compromiso total para la corporación o institución de la que son parte, que, con certeza, pocas veces se ve retribuido con el sueldo que los Godínez reciben, que está fuertemente asociado a los míseros tabuladores de salario que detenta el país.

 

En ese sentido, el trabajador de oficina de la Ciudad de México se define como un ente que está envuelto en una dinámica de trabajo-hogar, que pocas veces le ofrece espacios de bienestar. Así, las opciones de descanso u ocio muchas veces se escapan y normalmente se vinculan a vacaciones semestrales, anuales o días de asueto, lo que representa un daño severo para los niveles de bienestar del Godínez.

 

Asimismo, este escenario revela otra condición crítica de nuestro país: poseer una educación universitaria no está asociado a niveles altos de ingreso. Noción que puede ser abrumadora y se vincula al hecho que son precisamente los oficinistas quienes detentan un salario de nivel medio, que para mantener un nivel de vida en múltiples ocasiones es insuficiente, y que pone en entredicho la pregunta ¿cómo se las arreglan aquellas personas que no forman parte del campo de los Godínez para sobrevivir?

 

Desde esta perspectiva, lo que más resalta de este análisis es que la totalidad de los habitantes de la ciudad asuman estos escenarios como condiciones naturales de la vida. Como si el hecho de tener que desperdiciar de tres a cinco horas del día en transporte fuera algo normal, o que el poseer un grado en educación se vea materializado en trabajos de horarios extensos que no son bien pagados.

 

La dinámica del trabajo de los oficinistas se devela así como una empresa ardua y de nulo bienestar. Contexto en el que los Godínez han creado una mitología de vida en torno a este sistema. Como si los niveles de satisfacción laboral de Europa, o incluso de varios países de América Latina, fueran algo inaccesible para los mexicanos.

 

En este contexto, a pesar que se pueda argumentar que, en efecto, los Godínez son quienes mantienen funcionando esa maquinaria que es la Ciudad de México, al final cabría una reflexión: el trabajo que ellos realizan por esta urbe está infravalorado respecto a los ingresos y calidad de vida que reciben, aspecto que muchas veces escapa de sus ojos y que es vedado por la satirización de su ritmo de vida.

 

Por otra parte, un aspecto interesante para el estudio de la antropología del mexicano sería la relación que éste tiene con el trabajo. Si bien escritores como Paz, Vasconcelos, Usigli o Portilla, han estudiado aspectos de nuestra identidad como la relación que ostentan los mexicanos con la muerte, la fiesta, la hipocresía, el relajo o la cultura, pocos se han centrado en la relación que éste mantiene con el trabajo y cómo se desempeña al interior de esta actividad.

 

Así, sale a la luz la pregunta: ¿el mexicano es un trabajador perezoso o esa es una imagen social que contrasta con la realidad de vida de los habitantes de este país?

 

Ante esto, puedo decir que más de un Godínez estaría dispuesto a contradecir esa acepción.

Los otros ninis, ¿a quién le importan?

Es bien sabido que una de las grandes deficiencias del modelo educativo público en México es la cultura del emprendimiento. No nos preparan, jamás, para buscar la manera de generar nuestros propios proyectos; nos preparan para ser empleados, simples “objetos” parecidos al unicel o botellas de pet cuya utilidad se mantiene hasta que llegan los nuevos desechables.

 

Así, bajo una inercia impuesta por la economía de mercado, donde cada vez se consume con mayor velocidad, los nuevos cuadros de profesionistas (quizá más capacitados que los de mi generación pero menos interesados por lo que ocurre a su alrdedor) van ocupando espacios con tal fuerza que desplaza no sólo a quienes tienen 30 años en servicio, sino a los que llegan a ser considerados como “obsoletos”, a pesar de estar en plena edad productiva, por algunas empresas mezquinas y que prefieren desecharlos para traer a nuevos trabajadores de menor costo.

 

Este tema ya lo he abordado de manera superficial en el artículo “Becarios… la nueva figura de la esclavitud de los millenials”, sin embargo, lo que importa ahora es entender qué pasa con aquellos que sencillamente no encuentran trabajo y tampoco estudian. Me refiero a los “ninis”, pero no precisamente a los más 7.5 millones de jóvenes que viven en el desamparo y cuyo refugio muchas veces lo encuentran en el crimen organizado, sino a los que terminaron una carrera y trabajaron y ahora no tienen empleo.

 

Si bien, el término se le atribuye de manera generalizada a estos grupos de chavos que abandonaron los estudios o que simplemente no encuentran un trabajo que les permita subsistir de manera suficiente (identificados de manera jocosa en algunos portales de facebook con los nombres de “Brayan” y “Britany”); este problema va más allá de lo que podemos imaginar, dado que no sólo encapsula a esta población, sino a aquella que está en una edad económicamente activa y que se encuentra actualmente desocupada sin obtener ingresos económicos.

 

Es de alarmarse que varios de estos centenares de miles hayan tenido algún tipo de experiencia laboral, pues según cifras del Inegi reportadas en sus Indicadores de ocupación y empleo al segundo trimestre de 2016, al menos un millón 903 mil 013 de los más de 2 millones de desocupados, cuentan con antecedentes laborales. Estamos hablando que más del 90 por ciento de los desempleados ha trabajado al menos una vez en su vida.

 

La cosa se torna más complicada cuando vemos que de los 51 millones de personas que laboran en México, poco más de 185 mil son empleadores, el resto son empleados, trabajan por su cuenta o no son remunerados (cosa que todavía complica más el panorama para al menos 223 mil personas que se ubican en esta categoría).

 

Es claro que nuestra educación viene empaquetada bajo un esquema de contratación, mismo que es inculcado desde antes de pisar un aula de clases, pues muchas veces, en vez de orientar a los hijos para que ellos sean quienes desarrollen sus propios proyectos e ingresos, se les dirige de manera inconsciente que deben ser contratados, en buena medida, porque los padres tampoco tuvieron el conocimiento necesario para crear una empresa.

 

Claro que los candados burocráticos del Estado mexicano son sumamente engorrosos y se vuelven un martirio para aquellos que se arriesgan, sin mencionar que la competencia no es del todo leal en algunos sectores, sin embargo, me parece que muchos universitarios egresados deberían optar por esta vía y no estar a la espera de una vacante que muchas veces no es precisamente justa con su actividad.

 

No descalifico a quienes han logrado encontrar un empleo, por el contrario, celebro a quienes son felices con lo que hacen y que además les alcanza no sólo para sobrevivir, sino para vivir. No obstante, analizo a todos aquellos que viven bajo los enunciados “es que no hay trabajo” o “no estudio porque me rechazaron de la UNAM”, pues más allá del lugar común de sus frases, deberían preguntarse sobre lo que hacen (hacemos) para aplicar los conocimientos obtenidos en su experiencia y en la academia.

 

Para eso, será necesario quitarnos del tímido cuasi genético que traemos muchos mexicanos y arriesgarnos con nuestras ideas, nuestros proyectos. Tal vez eso nos quite de la lista peyorativa que clasifica a quienes no “producen” pero sí “consumen”, y con ello, reduzcamos esa brecha gigante trazada por la desigualdad y la falta de oportunidades.

 

De a tuit:

El cinismo del PRI es olímpico tras suspender los derechos de priistas que no lo eran. Es claro que su idea es la justicia es mediática, no moral, pues hasta ahora ¿alguien sabe dónde está Roberto Borge y por qué no se le aplicó el mismo procedimiento?

Alphonse Mucha, sueños y ojos de mujeres

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De entre todas, hubo una que causó en mí un enorme sobresalto: la representación de una bella eslava de penetrante mirada verde que parece verte directamente a los ojos. Imagen: Especial.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de visitar Praga. Uno de los aspectos que más me gustó fue el culto y honor que rinde la ciudad de los castillos a uno de sus hijos predilectos: el pintor y artista decorativo checo Alphonse Mucha. En el Casco Antiguo de la ciudad, en las tiendas de souvernirs, en los muros de las calles, o en las paredes de los cafés y restaurantes hay cientos de las famosas litografías de uno de los máximos representantes del art noveau europeo de la primera mitad del siglo XX.

 

El arte de Mucha tiene la finalidad de representar la belleza femenina, donde destacan sus representaciones de la estaciones con diferentes retratos de hermosas mujeres. En más de una ocasión, al observar esos cuadros, no pude evitar pensar en las modelos que habían inspirado al artista checo para hacer las hermosas representaciones que hoy decoran cientos de recintos de Praga.

 

De entre todas, hubo una que causó en mí un enorme sobresalto: la representación de una bella eslava de penetrante mirada verde que parece verte directamente a los ojos. Al presenciarla, en mi mente traté de recrear a esa mujer de piel y hueso. Imaginé el momento en que Mucha la observó por primera vez y sintió dentro de sí el inmenso deseo de plasmar sus ojos para la posteridad, para que setenta años después, un joven viajero como yo, que estaba de paso por Praga, recreara ese momento en su mente.

 

Lo que siguió después de eso fue una larga caminata. Por azares del destino llegué al Café Louvre, lugar visitado por otro hijo predilecto de Praga, el escritor Franz Kafka, lugar donde comí y después dejé para ir escuchar un concierto de jazz en un bar que se encontraba al lado.

 

El recital de la noche consistía en una serie de interpretaciones por artistas locales de canciones de la época de oro del jazz de Estados Unidos de los cuarenta. La noche fue maravillosa, y mientras oía canciones como Fly me to the Moon o It´s only a paper moon, en mi mente seguían los penetrantes ojos verdes de la litografía de Mucha. Eso me hizo reflexionar en la importancia que para mí tienen los ojos desde que era un adolescente: siempre fue común que me enamorara al menor gesto de las niñas de ojos grandes con gruesas pestañas que decoraban su rostro. A menudo, aún hoy en día, es común que me quede anonadado, con una mirada de bobo, al ver a las niñas que tiene grandes y bonitos ojos.

 

Mientras avanzaba la música, más me perdía en la reflexiones sobre los ojos, a la par que me invadía el gusto y placer relajante del ambiente que empezaba a sentirse dentro de ese bar, a razón de la música.

 

En un punto recordé que hacía unas noches había soñado con varias personas que no había conocido jamás, no obstante, en mi sueño, convivía con ellos de una forma natural e íntima, como si los hubiera conocido de toda la vida. ¿De dónde habían salido esos rostros, esos individuos que en mis sueños se recreaban de forma tan natural? Esa pregunta no la pude responder esa noche, pero hace apenas unos días, un artículo científico de una conocida revista de psicología respondió mi pregunta. En él se expresaba que no es posible para nuestra mente soñar con algo que no hemos visto o no conocemos, siempre, nuestra mente, nos da representaciones de imágenes que ya hemos observado en algún lugar.

 

Cuando soñamos con alguien que desconocemos es a razón de que su rostro lo vimos en algún punto de nuestra vida y nuestro cerebro, como un increíble disco duro, guardó esa imagen para luego presentárnosla de nuevo en nuestros sueños.

 

Es común para mí soñar con personas que no son parte de mi vida diaria, en unos inicios, eso me causó curiosidad. Luego, pensaba que tal vez en algún momento futuro de mi vida quizá encontraría a alguno de esos seres y deambulaba por la vida para buscar sus rostros en la multitud de gente que veo día a día.

 

Hoy sé de donde vienen esas personas, del pasado, de lo que ya he vivido, y como todo lo que forma parte del pasado, sé que no volveré a ver a muchas de esas personas en el futuro, que me será inaccesible. Muchas de ellas son mujeres, mujeres de ojos grandes que vi como en la litografía de Mucha y que a veces vienen a hablarme y pasar un tiempo conmigo en mis sueños, ante eso, creo que quizá no pueda dibujarlas para que otros las observen como el gran artista checo. Sin embargo, me queda un último recurso para hacer honor a esos rostros y ojos, que no es nada más que éste: escribir sobre ellos, querido lector, y que tú trates de recrear los ojos más bellos que hoy recuerdes.

Diciembre de 2011: mi itinerancia en el universo del Centro Histórico

Diciembre de 2011. Me encontraba en el penúltimo semestre de la licenciatura y realizaba mi servicio social en una Secretaría de Estado ubicada frente a la Alameda Central, entre las calles Juárez e Independencia del Centro Histórico. En esos días, mi ánimo era extraño, daba los últimos pasos en mi formación universitaria y eso me emocionaba a la par que me causaba un tremendo desconsuelo al saber que esa etapa de mi vida finalizaría, así como todos los retos de la madurez que implicaba abandonar la escuela e incorporarme a las filas de los profesionistas de México.

 

Sin embargo, este texto no abordará los temores del joven universitario que una vez fui, sino una serie de días en las que fui profundamente feliz al vagar por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.

 

Todo empezó a inicios del mes de diciembre del año citado, cuando las oficinas donde realizaba mi servicio social se vaciaron de todo el personal que normalmente ocupaba sus pasillos y el ritmo de trabajo desaceleró de forma sorprendente. Bastó el cambio del 30 de noviembre al 1 de diciembre para que aquel espacio laboral entrara en letargo. No había ningún compromiso que cumplir, nada que entregar, nada por finalizar. Solamente había que asistir a cuidar las instalaciones de las oficinas y encontrar una forma de perder el tiempo; de forma astuta, la mayor parte de los Godínez ocupan esos meses para abandonar su prisión y salir de vacaciones. Por lo que las oficinas de gobierno terminan por transformarse en una especie de “edificio fantasma”.

 

En esos días iba por el cuarto mes de mi servicio social. Tenía que cumplir 480 horas que eran medidas de forma milimétrica por un lector de dedo colocado en la entrada de ese edificio de gobierno que, cabe destacar, sólo contaba horas completas, por lo que debíamos esperar siempre más de cuatro horas para cumplir nuestra cuota diaria de trabajo. Esta situación contrastó con el tiempo que ocupaba en ese mes para cumplir con el trabajo asignado por mi jefa directa que, al no tener nada que hacer incluso para ella, me ponía pequeñas tareas que a lo mucho terminaba en una hora. Después de eso, ella me veía con desconsuelo, ¡no tenía ninguna otra tarea para mí! Y después de tres días, al terminar las labores que me había asignado tajantemente y con una sonrisa en el rostro, me dijo “puedes irte ya a casa”.

 

Sorprendido, tome mis cosas y baje a la recepción. Al estar frente al medidor de tiempo donde tendría que poner la huella de mi pulgar, miré el reloj. Sólo había pasado una hora y veinte minutos desde mí llegada. Si en ese momento marcaba mi salida, el lector registraría sólo una hora de trabajo. No había venido de tan lejos sólo por eso, ante lo cual se me ocurrió una idea: salir a caminar, ir a pasear, y después regresar a marcar mi salida una vez que hubieran pasado las cuatro horas.

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Así empezó todo. Y ese día fui directamente a la librería del Sótano y compre una novela que desde hace meses quería leer. Para los que conozcan este lugar, sabrán que enfrente hay una banca donde me senté con mi libro recién adquirido. Devoré cientos de hojas, y cada diez o cinco, levantaba la vista para observar la gente que caminaba por avenida Juárez. En un punto a lo lejos vi a una joven, aproximadamente de mi edad, que avanzaba por la calle con una cámara Nikon con la que fotografiaba cientos de aspectos de esa mañana urbana.

 

Me causó simpatía y la observé durante unos segundos para luego continuar con mi lectura. Minutos después, alcé la vista y noté que me enfocaba con su cámara. Al verla directamente me sonrojé y ella me dijo: “no, no, actúa natural”, después me regaló una sonrisa, mientras, con un gesto de su cara, me indicaba que deseaba tomarme una foto mientras leía. Con mucha pena intenté leer como lo había hecho hasta ese momento, pero creo que la pobre chica no logró la toma que en un inicio ella deseaba. Después de tomarme varias fotos, conversó conmigo por unos minutos y me enseñó sus mejores tomas, luego continuó con su viaje.

 

Al momento que se fue, sentí una alegría extraña. Jamás me había pasado nada así y había sido una experiencia gratificante. Las calles guardan muchas posibilidades curiosas y afortunadas que terminan por dibujar una sonrisa en nuestro rostro, y ese evento, era una de ellas. La primera que viviría en ese mes. Después de un par de horas de leer, decidí entrar a la exposición permanente de murales del Palacio de Bellas Artes, que he visto cientos de veces, pero en la que percibí podría perder el tiempo. Después me senté en la plancha frente al palacio y me dediqué a observar a la gente, cuando de repente miré mi reloj, “¡caramba! Han pasado seis horas desde que marqué mi entrada, será mejor que regresé para mi salida”.

 

Desde esa vivencia, todos los días de diciembre serían así: a lo máximo una hora y media de servicio social y cinco o seis horas dedicadas a vagar por las calles del Centro Histórico. He perdido la cuenta de las veces que lo recorrí, pero quedan en mi memoria varias cosas que realicé: conocer la casa del cine en la calle de Uruguay, donde vi la película “El árbol de la vida”, de Terrence Malick; entrar al bar “La Opera” para observar el famoso balazo que Pancho Villa dio al techo durante la Revolución Mexicana; encontrar la tabaquería “El paraíso del fumador”, donde venden el mejor tabaco de Veracruz que he conocido; entrar a la cantina el “Gallo de Oro”, la más vieja del centro y probar su buffet de comida mexicana; escuchar conciertos de Blues o ver exposiciones de arte urbano en el Centro Cultural José Martí; quedarme a leer por horas en las bancas de la Catedral metropolitana, que por las mañanas está completamente vacía, y en la que ronda una paz y tranquilidad avasallantes; tomar el tremendo café turco del café Sheik; visitar las librerías de Donceles; platicar con camareros, vendedores de revistas, o los libreros del Callejón Condesa.

 

Pero lo que más me fascinaba era observar a la gente que formaba parte de la vida diaria de las calles del Centro Histórico. Tuve tres sitios para eso: la plancha del palacio de Bellas Artes; una banca de acero de estilo surrealista, del callejón Condesa, y las vistas hacia la acera de varios pequeños cafés a los que entraba para pedir lo más barato de la carta con el pretexto de poderme quedar ahí un par de horas.

 

Me encantaba ver a los ancianos caminar, a los típicos Godínez atareados con su corbata o vestido que avanzaban a toda velocidad, a las parejas que podían ir abrazadas o se paraban a media calle para iniciar una discusión. A todas ellas, que desfilaban frente a mis ojos y probablemente nunca más vuelva a ver en la vida, me gustaba inventarles historias. Pensar cómo había sido su vida, imaginar sus más grandes miedos o aquello que era lo más valioso para sí mismos.

 

Mi itinerancia por el Centro Histórico, en el mes de diciembre, debió durar unas veinte jornadas llenas de conversaciones geniales, sabores y olores que probé, los cuales jamás olvidaré. De esos días aprendí tres cosas sobre esa zona de la ciudad y sobre mí:

 

1) Que las calles están vivas. Llenas de posibilidades para vivir un momento fugaz pero sumamente agradable. Y es precisamente cuando nos topamos frente a uno de estos eventos tan cotidianos, pero llenos de magia, que deseamos con el corazón estar con alguien más para compartir esa dicha; sin embargo, estamos solos. A pesar que he relatado cientos de veces anécdotas de esos días a mis amigos y familiares, no puedo evitar entristecerme al ver cómo los demás no pueden entenderlas en la forma que yo las viví. Hay eventos que nos acontecen que brillan por su seducción cotidiana y que solamente nos pertenecen a nosotros.

 

2) Que me gustaba observar a los transeúntes, y a veces escuchar sus conversaciones, porque algo me hacía sentir que el Centro Histórico, esa parte principal y más antigua de la Ciudad de México, quería decirme o trataba de decirme algo que aún no logro entender. De ahí que recorriera sin cansancio sus calles, observara a las personas que desfilaban por sus avenidas y conversara con las personas que habitaban ese espacio todo los días.

 

3) Que a pesar de que en esos días no lo sabía, fui muy feliz al caminar solo por esas calles. Imaginar historias y ver la belleza de la zona más antigua de la ciudad. Y que todos esos momentos y anécdotas son el material para algo que quiero escribir a futuro. De hecho, estas líneas no son más que un pequeño ensayo para el relato que planeo escribir sobre esos días.

 

Después del seis de enero esa dinámica se acabó. La ciudad se inundó de gente. La oficina de trabajo y no pude volver a realizar esas jornadas de caminatas por el centro. No obstante, hasta la fecha, quedan en mí reminiscencias de esos días. A tal grado de que tengo que visitar la Ciudad de México al menos una vez por semana porque sigo en mi búsqueda por entender qué quiere decirme la ciudad. Siempre con mis ojos y oídos atentos para captar el mensaje.

 

Producto de esto son cumplidos como el que me hizo una amiga al decirme “conoces todos los lugares del centro”. O una pareja de amigos, que quiero mucho, que una vez expresaron “nadie conoce el centro como tú”. Aquello me llenó de orgullo y felicidad. Pero debo decir que siempre volveré a ser feliz al tener la oportunidad de caminar por ese microcosmos que es el Centro Histórico, que para mí, siempre será un infinito de posibilidades por vivir.

El diario como género narrativo (La posibilidad de los viajes)

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El diario, registro de memorias e instantes de vida. Imagen: Especial.

Siempre he creído en el diario como género narrativo. Esta conclusión llegó a mí por los hechos y más tarde por la lectura. A los diecisiete años, después de varias lecturas de Hesse, Bécquer y Bukowski, había nacido en mí el germen de la escritura. De un día para otro, uno de mis grandes sueños se materializó: convertirme en un contador de historias, de relatos, reales o de ficción, todo como efecto de una sobredosis de literatura que invadió mi sangre y que sigue vigente hasta estos días.

 

Mi primera pregunta fue: ¿cómo empiezo a contar una historia? ¿Cuál es el método más preciso? ¿Qué debo contar? O más bien, ¿qué es valioso de contar? No tenía la más mínima idea de cómo escribir, y nos vislumbraba la mejor vía para iniciar el proceso. En mis inicios intenté escribir relatos, pero todos salían de forma desorganizada y ambigua, al final terminaba odiándolos.

 

Después, cimenté la idea de escribir una novela, pero…, esa tarea se me mostró tan titánica que al poco tiempo la abandoné. Lo único que tomaba un poco de cohesión en mis letras era la poesía; entonces, me consideraba todo un Virgilio o Dante cuando escribía mis poemas, para luego sentir una inmensa pena y vergüenza por mí mismo al momento de revisarlos, entendía lo malos que eran.

 

En ese punto me di cuenta que era bastante malo a la hora de escribir y esa situación sólo sería superaba al realizar una y otra vez ese acto. Tenía que escribir de forma constante, lo que fuera, todos los días si era preciso, para mejorar poco a poco mi estilo. En ese punto la idea llegó. Un diario. Una forma de escritura que relata los pormenores de mi vida diaria, como los hechos que en ella acontecen, pensamientos que llegan a mi mente, emociones, lugares que dejan una huella en mí. Un día salí la calle y compré el primer cuaderno que se cruzó en mí para iniciar el ejercicio.

 

Tarde aproximadamente tres años en llenar esa primera libreta. Y en ese tiempo, me acerqué a la literatura de los diarios. Mis primeras experiencias fueron con los textos de Franz Kafka, de Cesare Pavese, nombrados “el Oficio de Vivir”, y la simulación del diario ficticio de Fernando Pessoa de su heterónimo Bernardo Soares, publicados bajo el nombre de “El libro de Desasosiego”.

 

La lectura de aquellos libros y mi escritura paralela me hicieron descubrir una magia que no conocía. La magia de saber que día a día, los hechos que circulan ante nuestros ojos y de los que somos testigos, las emociones que nacen de nuestro corazón, los lugares que vemos, la comida que probamos, los momentos que compartimos con nuestros seres queridos, son valiosos por una simple razón, porque nos pasan a nosotros, y el hecho de que no tengamos otra vida, y de reconocer que cada día que nos acontece es único e irrepetible, a veces escapa de nuestra cotidianidad. Y la mayor de las veces, de forma díscola, terminamos por caer en ese juego.

 

Entonces, terminamos por olvidar momentos que nos hicieron felices, gente que pasó por nuestras vidas, y que quizá fue tan fugaz, que pocas reminiscencias de ellos quedan en nuestra memoria. Sin embargo, su pasó por nosotros dejó una huella palpable que aún existe. A veces, también se pierde las personas que fuimos, la forma en que pensábamos, las cosas que nos gustaban, y hoy somos tan diferentes que al leer nuestros diarios pensamos en cuanto hemos cambiado, crecido, y ¿por qué no?, involucionado en algún aspecto.

 

Para mí, los diarios son testimonios de mi vida, solo tengo una, y sobre ella he vivido, y, posteriormente, contado miles de historias que son valiosas por un simple hecho, me pasaron a mí, yo soy su protagonista, de ahí la grandeza de ese género literario que nunca me cansó practicar y recomendar a mis amigos, alumnos y gente cercana.

Artefacto: una reflexión sobre los discursos del odio

Verás en la mirada del otro el nosotros absoluto e imposible, el reflejo de una técnica ramificada e imperante; pero verás quizás, también, el borde del tiempo, la razón desdoblada en humanidad; será entonces que nos veremos a nosotros mismos, transformados en infinito, con el aspecto de la materia y ya no más con la impostura del artefacto y sus raíces sedantes…*
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El discurso del odio reaperturado poco a poco por la innegable crisis del modelo de democracia liberal y el modelo económico que lo soporta, ha tenido su aparición más visible en distintos escenarios mundiales. Especial.

El presente en varias partes del mundo ha estado marcado por una creciente manifestación de violencias que no es sino resultado de un viraje generalizado hacia la recuperación del régimen de los guetos. Ya varios autores han expuesto los peligros que las políticas de la identidad tienen si se arrojan hacia el reverso de las diferencias.

 

Los vítores de ya hace casi tres décadas, cuando se manifestaba un mundo de respeto y oportunidades generalizadas, hoy se derrumban escalonadamente y, aunque exista reticencia en dar crédito a proyecciones apocalípticas que describen un panorama de guerra inminente, valdría la pena detenerse a pensar el presente antes que nos rebase por completo el asedio a la razón.

 

El discurso del odio reaperturado poco a poco por la innegable crisis del modelo de democracia liberal y el modelo económico que lo soporta, ha tenido su aparición más visible en distintos escenarios mundiales. El ascenso de Donald Trump en Estados Unidos, del Lepenismo en Francia; los intentos golpistas en Turquía, los cambios violentos justificados a partir del derecho a gobiernos elegidos democráticamente (como el caso brasileño) o las políticas agresivas de figuras como Vladimir Putin en Rusia o Nicolás Maduro en Venezuela, entre otros casos, no son gratuitos. Incluso los arribos electorales de fuerzas conservadoras y autoritarias en países latinoamericanos como México o Argentina no pueden dejar de ser vistos como un reverso de las formas de vida libres.

 

Frente a la concatenación de estos escenarios, las posibles consecuencias pueden ser vistas con polémica, pero es necesario presentarlas para hacer conciencia sobre ellas; quedarnos con la creencia que los arribos autoritarios en pleno siglo de libertades y avances en muchas materias son únicamente un mal chiste, es lo que está terminando por aperturar y permitir lentamente el avance de un panorama cuyas similitudes con el que derivó en la Segunda Guerra Mundial no resulta distante; decir esto no significa que un nuevo conflicto mundial vaya darse de la misma forma y con los mismos métodos que hace 77 años; sin embargo, en ese año de 1939 tampoco las condiciones fueron las mismas que las de 1914 y los resultados, por demás, ya los sabemos.

 

La finalidad de este texto es reflexionar sobre las causas y consecuencias que pueden tener una serie de acontecimientos como los de la época contemporánea y la invitación a resistir a ellos desde nuestros distintos ámbitos de incidencia. Nada más perjudicial que cuando estemos frente al discurso de odio, le permitamos el paso o, peor aún, le repliquemos.

 

No podemos seguir mintiéndonos, los avances de este mundo en materia de integración se ven frágiles con el contexto actual; seguimos negando la evidencia recurrentemente puesta en escena. Somos sociedades racistas, excluyentes, velada o marcadamente, sin quererlo o queriéndolo, con inoportuna honestidad o con fina hipocresía. Seguimos tejiendo discursos desde la retórica de lo cotidiano; desde lo simuladamente coloquial, enunciamos frases que una vez posadas en las bocas de figuras públicas, en el mejor de los casos, nos parecen indignas, y en otros más preocupantes, hacen marcadamente presentes los insights colectivamente deseados y reprimidos.

 

Nos preguntamos, por ejemplo, con sorpresa, el ascenso de un personaje xenófobo en Estados Unidos, sin entender que la posibilidad que abrió su candidatura es la latencia de un síntoma que ocultó momentáneamente un tipo de desarrollo limitado pero aparentemente efectivo, que, sin embargo, al empezar su agotamiento, hizo emerger nuevamente las fobias fácilonas pero sumamente profundas de la subjetividad individualizada y racista de un sinfín de ciudadanos estadounidenses.

 

Sumado a las dinámicas políticas y de ascenso al poder expuestas aquí, están también los acontecimientos derivados del terror y estos hacen visible otra realidad innegable: nuestra empatía frente a la tragedia se viste de blanco y se maquilla occidentalmente, lo que si bien puede parecer comprensible, requiere también de una lectura decidida para evidenciarnos y permitirnos una profunda reconstrucción como especie.

 

Nuestra sensibilidad selectiva es normal sólo desde un punto de vista laxo, aquel desde donde construimos nuestras relaciones afectivas; sin embargo, la relación que tenemos como humanidad no debería ser una cuestión afectiva y lo es: justificamos o banalizamos la muerte alrededor del discurso del afecto. Hemos transitado sobre un mundo que nos hace pensar que no tenemos nada en común con el otro más lejano, ya sea porque esta lejanía la constituyen los kilómetros, el color de piel, el olor del perfume o la posición económica.

 

Es cierto que los atentados a ciudades, medios de comunicación y aeropuertos europeos enmarcan la imagen que mayor visibilidad ha tenido; pero eso no nos exime de pensar en los bordes y las fronteras más próximas, las de los pocos minutos y horas que nos separan del dolor de otras personas que hemos decidido hacer ajenas por que preferimos pensar que las conocemos tanto que nos adjudicamos el derecho de juzgarlas por los errores que creemos han cometido ,y con ello, hacer el papel de justificadores de las medidas inhumanas a las que luego son sometidos.

 

Frente a todo lo anterior, las políticas exclusivas y el ensanchamiento del imaginario del enemigo externo, nuevamente se colocan en un territorio donde raza y clase vuelven a jugar un papel casi natura de la forma que adquiere éste; gitanos, mexicanos, musulmanes, maestros, centroamericanos, “cachorros del imperio” y un largo etcétera son las palabras con las que adquiere forma el rival al que la humanidad desde distintos puntos intenta eliminar o “mantener a raya”. Polos extremos desde las izquierdas y las derechas, tocados por las mismas fobias, han producido velados totalitarismos que se van gestando lentamente y que colocan narrativas colectivas que legitiman represiones, usos excesivos de la fuerza y discriminación de personas y grupos en distintas partes del mundo.

 

El diagnóstico del estado de excepción permanente que denunció Walter Benjamin hace casi un siglo y que retomó Giorgio Agamben, hace un par de décadas, no parece tan lejano de resultar cierto. Si bien es verdad que el análisis de estos autores está muy apegado a un contexto europeo, hoy puede ser releído en otras partes del mundo a partir de las distintas figuras conceptuales que lo constituyen; campos de concentración invisibles, vida abandonada, sitios justificados legalmente y derechos simulados, en el mejor de los casos, y atropellados en el peor de los mismos, son tan soóo algunos de los casos que podemos insertar en la trayectoria analítica de lo contemporáneo.

 

Ahora, si bien es cierto que hemos concebido al mal desde nuestra tradición teológico-política justo con la finalidad de combatirlo; la discusión del presente tampoco debería ser ni moral ni apresuradamente nostálgica, pues la combinación de ello es justo el resurgimiento de lo que produce de manera paradójica aquello que pretende denunciar.

 

Vale la pena buscar y revisitar nuevas formas de resistencia y de cambio; si bien años de civilización siguen sin ser suficientes para entender la condición humana y el reflejo empático que ésta debería proveer a las miradas de los existentes, la rendición no es una expedición de la que deberíamos formar parte; hay mucha luz capaz de seguir siendo tejida y replicada.

 

Vale la pena dejar de negar frente al espejo que nuestra mirada no ha sido exclusiva, pues ello promueve una hipocresía inconveniente cuando estamos en el borde de un terror indecible. La vida y su transitar en ella no pueden seguir constituyéndose a partir de la negación, de su desdoblamiento pleno. La cultura, nodo central de nuestro gobierno sobre el mundo natural, requiere ser ampliada, pero también revisitada en sus formas finas, para evitar que con el pretexto del progreso, se sostengan dominaciones abruptas, quejosas y tiránicas.

 

Por último, es fundamental no olvidar la importancia de la palabra, la cual tiene dos potencialidades mayúsculas: la de ser enunciada y la de ser escuchada; hay épocas donde se vuelve necesario ser más un oyente sin por ello dejar de ser enunciante; no dejemos de explorar ambas posibilidades, tanto la del silencio emancipatorio y su gesto expresivo y de movilidad contra la indiferencia, como la de la palabra valiente, digna y articuladora.

* Texto del autor.

Alvarado no sólo cayó por sus dedos, sino por sus acciones

Érase una vez una televisora muy chiquita, llamada TV UNAM, donde existían muchos sueños pese a la desigualdad salarial y la falta de compromiso de parte de muchos de sus trabajadores. Esta historia, lamento decirles, no es una ficción sino una realidad que existió mientras formé parte de sus filas.

 

En ese canal, el cual quiero mucho porque me formó profesional y personalmente hablando, había una clara falta de voluntades en los diferentes niveles de trabajo, que pasaba desde los de intendencia hasta los tomadores de las decisiones importantes.

 

Pero no voy a hablar de lo que fue en ese momento. Cada uno de los que trabajó conmigo en ese periodo sabe lo que hizo, lo que no hizo y sus diferentes por qué. Hablaré de las aspiraciones que tenía este modesto canal cuando su ahora ex director Nicolás Alvarado tomó las riendas.

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Desde el jueves 21 de enero que Alvarado llegó para presentarse en las instalaciones, había mucha incertidumbre, misma que fue fabricada por él mismo, pues en vez de dar a conocer su nombramiento en la propia Universidad Nacional, prefirió dar la primicia, el 18 de enero, en Primero Noticias, el extinto noticiero de Carlos Loret de Mola, donde colaboraba con su sección “Primero Cultura”.

 

La presentación con los trabajadores no trascendió, nunca buscó un encuentro individual con los integrantes de la dependencia universitaria, pues sólo se limitó a observar los pasillos de la primera y segunda planta del edificio principal, en esos escasos recorridos donde lo llegué a ver. Soberbio desde el primer día.

 

Lo que vino después ocurre cuando inician nuevos ciclos: el despido de personas para favorecer el proyecto de quienes asumen el control del lugar, entre ellas la subdirectora de Información, destacada líder en todo el sentido de la palabra.

 

Fueron momentos de mucha tensión, de constantes fricciones entre nosotros (los que formábamos parte de esa subdirección) incluso de algunas traiciones causadas por el desconocimiento absoluto del rumbo que tomaría TV UNAM, a pesar que Alvarado puso a alguien que se hiciera cargo de nuestra área y nos “informara”, muy superficialmente, sobre lo que él quería.

 

Sin embargo, se trató de salir adelante, aún sin conocer el propósito real de varias decisiones tomadas, entre ellas, eliminar el “noticierito” Inventario (así de despectivo fue siempre Nicolás Alvarado con lo producido en el canal) que varios reporteros, conductores, realizadores y staff, construyeron durante poco más de 10 años.

 

Pasaron las semanas y los únicos cambios que se veían eran de personal. Cada vez se iban más personas y aumentaba la división, sin importar las promesas de trabajo y los “aumentos” que algún día llegarían. Todo era incertidumbre. Así continúo, incluso después de mi salida del canal, decisión que tomé a motu propio sin ninguna clase de presión.

 

La gente que se quedó, a quienes les guardo un afecto muy especial dado que a varios de ellos los considero mis amigos, siguieron bajo la misma inercia: sin información, sin motivaciones, aunque eso sí, las promesas de una nueva página de internet y de una señal más dinámica nunca faltaron.

 

Se hacían castings y al mismo tiempo se hablaba que el presupuesto no favorecía a los planes para relanzar TV UNAM. Pero nada, sólo se seguía ‘mareando’ a la gente, por lo que algunos incluso prefirieron irse, en especial becarios, ya que se les exigía mucho más de lo pactado por sus 2 mil pesos mensuales.

 

Un par de “cambios” llegaron: la instalación de la Cafetería 3/8 y la desaparición de varios programas, entre ellos Inventario. Pero más allá de eso, nada. Las promesas de la dichosa página sólo se postergaba tanto como el relanzamiento, alegando que la falta de dinero era el principal obstáculo, razón por la que se buscaban co-producciones con facultades y otras dependencias dentro y fuera de la UNAM.

 

Llegó el día de la presentación de TV UNAM. Con bombo y platillo se dijo, el 3 de agosto, que el canal se volvería un productora con 18 horas de contenido semanal. Parecía que Alvarado por fin lograba callar las bocas que lo criticaron por venir de Televisa y estudiar en la Universidad Iberoamericana, y de los sindicalizados, quienes en ligeros intentos de protesta mostraban su rechazo.

 

Para entonces, sus subordinados directos ya habían hecho varias tropelías: despidos y jubilaciones forzadas que fueron parte de los movimientos solapados por el director. Unas ocurrieron apenas esta semana, donde varias personas con plaza de confianza fueron liquidados.

 

Hoy, Nicolás Alvarado Vale fue retirado de su cargo, aparentemente por una columna publicada en Milenio donde mostró su desdén por Juan Gabriel. Pero más allá de eso, Nicolás no le entregó la renuncia al rector Enrique Graue por decir que no le gustaba JuanGa “me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas, su sintaxis no por poco literarias sino por iletrada”, más bien, esa declaración fue la gota que derramó el vaso. No sólo cayó por sus dedos, sino por sus acciones.

 

Alvarado le ha salido muy caro a la Universidad (económica y públicamente hablando). La ausencia de humildad, las liquidaciones, los movimientos y la falta de acuerdos, son parte de la factura que hoy le toca pagar a la UNAM, especialmente a aquellos que se quedaron sin trabajo, pues, justificado o no, es un lujo que no se podía dar nuestra casa de estudios en esta época.

 

Así termina otro ciclo para TV UNAM, pero no la historia de esta televisora fundada en 1985, y que durante todo este tiempo ha salido avante pese a las carencias técnicas y económicas, pues ante todo, mucha de su gente ha tenido corazón para producir material para Canal 22, Foro TV y RTC, y ésta vez no será la excepción. Sin duda, vendrán tiempos mejores para el canal cultural de los universitarios.

#EnCorto Habrá muro entre México y Estados Unidos: Donald Trump

Donald Trump y Enrique Peña Nieto tras reunión en los pinos
Donald Trump y Enrique Peña Nieto tras reunión en los pinos

Donald Trump aseguró que habrá un muro en la frontera entre México y Estados Unidos tras la reunión que sostuvo con el Presidente Enrique Peña Nieto, aunque no dijo quién lo va a pagar.

 

Peña Nieto comentó que es necesario modernizar el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), dado que tiene más de 21 años de haberse firmado.

 

En tanto, Donald Trump aseguró que el TLCAN ha beneficiado únicamente a México y que se busca, a través de cinco puntos específicos, mejorar la relación entre ambos países.

 

Los puntos que puso Trump sobre la mesa son: revisar el TLCAN, terminar la migración ilegal de México y Centroamérica hacia Estados Unidos, fortalecer la seguridad en la frontera a través de un muro entre ambas naciones, desmantelar los cárteles mexicanos y fortalecer los empleos de estadounidenses.

 

Pese a que Trump expresó  que respeta y quiere a los mexicanos, no se disculpó por sus agravios y ofensas que ha hecho en contra del pueblo de México desde antes de que arrancara el proceso electoral estadounidense.

 

El próximo 8 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Estados Unidos

Carta abierta a los mexicanos y los miembros del PRI: El plagio de Peña y la necesidad de la autocritica

Conozco a mucha gente que milita en partidos políticos. La mayoría, sino es que todos aquellos a quienes aprecio y considero mis amigos y amigas, son personas inteligentes y brillantes. Asimismo, la mayoría creen en la política como un vehículo de consenso y como un instrumento de cambio, creen en la posibilidad de mejorar la vida política de nuestro país, así como mejorar sus instituciones.

 

Jamás he militado en un partido político, porque considero que exige de una expresión de fidelidad que muchas veces no comparto, en la cual, debido a la afinidad o deuda con una institución política de este tipo se debe renunciar a nuestra capacidad de crítica, a nuestro derecho de alzar la voz y mostrar nuestro malestar en contra de aquello que es incorrecto. Si bien mantenernos callados lo considero ya como un hecho desleal, defender lo indefendible y abogar por aquello que no merece el más mínimo alegato me parece un hecho aún más deplorable.

 

No sé cómo se entienda la lealtad en los partidos políticos, y quizá es por eso que nunca he militado en ellos, pero creo que cuando perdemos nuestra capacidad de crítica y autocrítica renunciamos a uno de nuestros máximos derechos y fortalezas: pensar que las cosas pueden ser diferentes y mejores. Al aceptar esto, renunciamos también a modificar las instituciones y la calidad de nuestros gobernantes, funcionarios públicos y ciudadanía.

 

Lo acontecido con la cuestión del plagio del Presidente de la República me ha molestado en el sentido de que una gran mayoría de las personas lo han aceptado como un hecho del más mínimo interés. Se han manifestado opiniones que argumentan que si el mismo Peña Nieto ha hecho eso, ¿por qué no lo podemos hacer todos nosotros?

 

Se han compartido cientos de imágenes desvalorizando el esfuerzo de los estudiantes universitarios, de posgrado, y aquellos que se dedican a la docencia y la investigación a razón de una persona que obtuvo su título de licenciatura con una tesis plagiada al 29 por ciento. En ese sentido ¿para qué deben esforzarse los demás? Si la máxima autoridad política de nuestro país lo hizo y hoy es presidente.

 

De forma inevitable, los militantes de ese partido político han salido en defensa del Presidente de la República y lo han hecho sin la más mínima reflexión de la gravedad de lo que implica este hecho. De forma personal diré que para mí son admirables aquellas personas que tienen una ideología, que la defienden y la utilizan como recurso para el cambio político y el consenso. Lo que no comparto es que esa ideología se convierta en fanatismo, que se pierda la capacidad del reclamo.

 

Sé que mucha gente milita en el partido del presidente Enrique Peña Nieto, dado que su historia, sus plataformas políticas y sus grupos de militantes, lo consideran el mejor vehículo para abrir la posibilidad de un cambio dentro del sistema y la vida política.

 

Lo que se me hace inadmisible es que defiendan a una persona que no vale absolutamente nada en lo más mínimo. Y ante esto, los invito a una reflexión, si son verdaderos militantes de ese partido, si creen en la política como un instrumento de cambio y consenso, no den la cara por un personaje como Enrique Peña Nieto. Ese partido político ha tenido grandes miembros a través de su historia como Antonio Ortíz Mena, Jesús Reyes Heroles, Jesús Silva Herzog, Miguel de la Madrid Hurtado o Isidro Fabela. Muchos de ellos académicos, escritores, periodistas y diplomáticos mexicanos. Si quieren defender algo de esa institución política defiendan el legado de estas personalidades, que independientemente de su color e ideología, aportaron algo valioso al desarrollo de México como nación.

 

A la par reflexionen qué tan alejados están nuestros operadores políticos de los nombres que menciono anteriormente. Reflexionen que tan alejado está Enrique Peña Nieto de un personaje como Isidro Fabela, fundador del grupo Atlacomulco, o de Miguel de la Madrid Hurtado, quien también fue presidente de México.

 

Sólo en ese punto, tal vez puedan entender mi malestar y la crisis política y social que existe en nuestro país y los grandes retos que lo esperan. Así como entender y abrazar, que es lo que espero con todo el corazón ya que los aprecio mucho, una visión más noble y autocrítica de la política.

 

Ser jóvenes y no ser rebeldes ¿ya no es una contradicción hasta biológica?

“Una mentira repetida adecuadamente mil veces,se convierte en una verdad…”
– Goebbels

Las redes sociales encauzan o anulan la protesta social en México. Imagen: Reddit.
Las redes sociales encauzan o anulan la protesta social en México. Imagen: Reddit.

 

Roberto Gutiérrez

 

Marchas y descontentos sin juventudes. ¿Se puede lograr el cambio sin jóvenes? Los medios electrónicos de comunicación han renovado la forma en que la sociedad interactúa y se comunica a nivel global. La idea de la “aldea global” de McLuhan es el fenómeno más cotidiano, natural y tangible en las redes sociales y medios de difusión. Los jóvenes de todo el mundo son los principales portadores de esa bandera de constante evolución de la comunicación, y con diferentes matices, han sido factor fundamental para ejecutar varios cambios importantísimos en su modus vivendi.

 

En Chile, por ejemplo (que hablamos hace unas semanas), las redes sociales fueron parte importante en la organización estudiantil que exige mejoras a la educación desde hace ya casi 10 años. En Irán, la llamada “Revolución verde”, que hablaba sobre un supuesto fraude electoral en 2009, fue convocada principalmente desde las redes sociales (con un considerable apoyo del candidato perdedor). Las marchas de los indignados en Estados Unidos (2011) fueron impulsadas desde Facebook y Twitter principalmente, y así podríamos dar muchos ejemplos más, en donde la protesta moderna ha tenido un caudal básico en los nuevos medios de interacción.

 

No obstante, entre los adolescentes y jóvenes de nuestro país existe una moda-tendencia -lamentable- en internet que lleva a minimizar la protesta social con burlas y ridiculizaciones, catalogando de “pejezombi” o “chairo”, a cualquier persona que expresa el malestar social que sufre la población en general, por el mal manejo de todos los ámbitos gubernamentales ante una situación ya de por sí desfavorable a nivel mundial, sin necesariamente mostrar alguna afinidad con el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

 

Lo realmente lamentable es que este grueso de la población juvenil sigue modas impulsadas por personajes de farándula en internet, dígase organizaciones o personajes individuales, que se han ganado un gran número de seguidores por la publicación constante de chistes misóginos, homofóbicos y racistas en general, además de denostar a la protesta con críticas negativas que sí han logrado tener un impacto importante en este segmento de la población.

 

Así como los “narcojuniors” que en sus cuentas de Twitter, Facebook o Instagram, ostentan lujos y modos de vida onerosos, (muchas veces pagados o financiados hasta por actores gubernamentales), los cuales ni siquiera deberían causar simpatía entre la juventud mexicana, que vive mayoritariamente con algún grado de pobreza. Simplemente no debería existir un vínculo de empatía tan fuerte cuando el 45 por ciento de la población juvenil en México es pobre y la mitad de la población infantil.

 

En sus campañas políticas, los partidos se han colgado de estos elementos mediáticos para tratar de establecer un vínculo más fuerte con la población desfamiliarizada de la política y renuente a la participación cívica. Desde el 2012, vimos cómo candidatos a cargos públicos contrataban a “youtubers” para hacer pequeñas cápsulas invitando al voto de manera indirecta, hasta algunos personajes de la televisión, radio, boxeadores y hasta ex directores técnicos de futbol, tuiteando a favor del Partido Verde o del Revolucionario Institucional, evadiendo, como ya es tradición, las sanciones del famélico árbitro electoral.

 

No obstante, hasta las secretarías de Estado y demás órganos del poder público hacen uso de estos medios con distintas finalidades. Por ejemplo, el pasado 8 de marzo pudimos ver a personajes, que generalmente hacen chistes de lo más sexistas por internet, promoviendo el hashtag que promovió la Secretaría de Gobernación (Segob) #EllasSabenQue que enaltecía a Osorio Chong, supuestamente estableciendo diálogo con varias mujeres en fotografías photoshopeadas y con arreglos cuidadosos en la composición fotográfica con calidad de estudio profesional o de precampaña electoral. Agrego que por denunciar este hecho incongruente de la dependencia, fui acosado por varios de los promotores de la campaña pagada, al grado de tener que desactivar mi cuenta unos días.

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Campaña #EllasLoSaben como mecanismo para legitimar y posicionar a funcionarios. Imagen: twitter @RobGtz22.

Cuando en 2012 se desenmascaró una campaña masiva de desprestigio, vía internet, por parte de la maquinaria priista en contra de los otros candidatos a la presidencia, términos como “peñabot” también fueron designados a las personas que eran contratadas para crear cuentas falsas destinadas a acosar y atacar cuentas personales de los candidatos, las institucionales y simpatizantes de otros partidos.

 

Estos hechos están documentados e investigados hasta por medios internacionales como The Guardian y Le Monde, quienes han evidenciado hasta los montos de dinero que destina el gobierno para censurar la crítica, convenciendo, por desgracia, a miles de jóvenes de permanecer en la pasividad política que suele ser la zona de confort para un gobierno constantemente errante y tambaleante; al grado que los jóvenes pasan a ser quienes critican y atacan directamente a aquellos que siguen usando las redes para llamar a la denuncia social y la protesta.

 

Con esa batiente incertidumbre, me pregunto ¿por qué los jóvenes mexicanos no consideran “chairos” a los manifestantes opositores al gobierno venezolano?, o ¿por qué los jóvenes argentinos mantienen una pasividad complaciente a los ajustes que su gobierno prepara para adelgazar más el Estado, y prefieren inundar las plazas públicas con la exigencia que Justin Bieber realice un concierto en ese país?

 

Ante los recientes hechos en Oaxaca, y en general en todo el país, es más lamentable que los jóvenes vean con una indiferencia abismal el conflicto magisterial o el deterioro económico de la nación, que ya comienza a repercutir en sus vidas de manera directa. Por ejemplo, los resultados del Estudio de Dada Room, arrojó el bajo nivel de independencia de sus hogares que los jóvenes mexicanos están demostrando en comparación con otros países; es decir, cada vez menos adultos jóvenes logran dejar de vivir en casa de sus padres por factores económicos básicamente: rentas altas y salarios que no son suficientes ni siquiera para poder aportar a los gastos de casa.

 

Y es allí donde nuevamente tendríamos que analizar toda esta cadena de factores que nos conllevan a pensar en dónde se encuentran estos jóvenes que están realizando acciones para cambiar su entorno, que deberían estar llevando a cabo masivas brigadas para organizarse y evitar el deterioro de los ya de por sí muy lastimados derechos laborales, ya no se diga su derecho a una jubilación digna o servicios de salud y educación de calidad, y por el contrario, no hay una empatía y el grado de conformismo es preocupante.

 

Las protestas se están llevando a cabo sin jóvenes y las consecuencias de ello serán de manera inmediata los escasos logros del cambio ante la coyuntura nacional. La situación política nacional mexicana, que se piensa no puede caer más bajo, seguirá latente en su yugo de impunidad e injusticia que la caracteriza, y si los jóvenes no se integran al cambio, el escenario futuro se mantendrá tan similar a los recientes eventos.

México cambió, el PRI no

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México cambió, en complejidad, en retos, en el anhelo; por su parte, el PRI sigue como la misma estructura autoritaria, es el mismo partido cegado que se ha alejado completamente de su población… Imagen: AhoraTabasco.

 

Los caminos de la democracia son intrincados, muchas veces nebulosos y, en otras ocasiones, se parecen a un laberinto sin salida. Para el sistema político y la democracia mexicana ¿qué etiqueta daríamos a esta enredada estructura que parece no responder a ninguna lógica social, en la que no existe el concepto de dignidad, mucho menos de justicia?

 

Hace un par de semanas las elecciones en 12 estados de la República dieron un mensaje a la clase política de nuestro país, pero sobre todo, al Partido Revolucionario Institucional (PRI). México cambió, en complejidad, en retos, en el anhelo de su gente y las aspiraciones de su ciudadanía; por su parte, el PRI sigue como la misma estructura autoritaria, es el mismo partido cegado que se ha alejado completamente de su población y que no entiende los verdaderos problemas del México real, del México que sufre y pide renovación y cambio, ese México que está más allá de las cámaras de diputados y senadores, en San Lázaro y Reforma, alejado de las Secretarías de Estado, ubicadas cómodamente en la capital del país, completamente fuera de contexto de la Residencia Oficial de los Pinos y Palacio Nacional.

 

El México de hoy es un país con instituciones democráticas, mas es el resultado de un sistema político autoritario que tiene como centro al PRI. Por 71 años este partido gobernó bajo una dictadura simulada de democracia. Cuando perdió la presidencia de la República, en el 2000, el mismo sistema le permitió refugiarse en el control de los estados hasta poder regresar al poder ejecutivo.

 

Y en ese lapso de 12 años sin estar al frente del gobierno, ¿qué aprendió esta fuerza política? ¿Se renovó, cambió su visión en torno a la política, derogó los males de la corrupción, volvió a estar en contacto con la ciudadanía?

 

Para la desgracia de nuestro país los resultados del actual gobierno de Enrique Peña Nieto dan respuestas negativas a todas estas interrogantes. México cambió, el PRI, no. Y lo más severo es que los problemas de este país son más graves y requieren de una clase política más decidida y preparada de lo que está cualquier miembro político de ese partido.

 

Eso no lo digo yo, lo dicen los 50 millones de pobres en nuestro país, la gente con ingresos limitados y pocas oportunidades de trabajo; las familias que sufren día a día violencia derivada de la delincuencia y el narcotráfico en Guerrero, Michoacán, Veracruz y Tamaulipas, las familias que ven morir a diario a sus seres queridos o viven con la pena de saber que están desaparecidos. Lo sienten los maestros de Oaxaca, que sufren la negligencia de un Estado y gobierno que no comprende la carencias y limitantes para su labor en una de las zonas más marginadas del país.

 

Sin embargo, el PRI sigue en su negligencia. Y cabe preguntarnos ¿Qué entienden los priistas por política? ¿Poder, corrupción, dinero, comodidad o dominio? Esa una visión falsa de la política. Una que ha olvidado la verdadera capacidad trasformadora de este instrumento de la sociedad. La política es posibilidad de cambio, consenso, negociación y acuerdos. Visión que, dada la naturaleza autoritaria del PRI, parece negada a todos sus operadores y gran parte de sus miembros.

 

Chile VS México: enseñanzas sobre la protesta y educación

“…La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla
y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla…”
– Eduardo Galeano; Derecho al Delirio.
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Elementos de la Policía Federal arremetieron contra profesores de la CNTE, padres de familia y habitantes de Nochixtlán que bloqueaban la carretera, como protesta contra la Reforma Educativa. Hasta el momento, seis personas han muerto y más de un centenar está herido. Foto: Cortesía.

Chile ha dado una gran sorpresa a México, y no es albur ni me refiero a la mediocre participación de la selección mexicana ante la goliza propinada por los sudamericanos el sábado pasado; sino más bien a las lecciones en materia social y de educación que está dando la protesta estudiantil y el gran apoyo que brindó la sociedad desde su metrópoli en los últimos meses y hasta años.

 

Sin intención de minimizar otros movimientos importantes, como las exigencias de los profesores de Perú en tiempos de elecciones, los logros alcanzados por los profesores universitarios bolivarianos en Venezuela, las marchas en España en contra de las posibles reformas y reducción de servicios públicos que impondrán desde Bruselas, sea cual sea el partido que quede en el poder, o las marchas en Francia contra los ajustes a las leyes laborales; en esta ocasión nos enfocaremos en el Movimiento estudiantil chileno y las protestas en contra de la reforma educativa en México, encabezadas por la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE).

 

Comenzando por el país suramericano, es bien sabido que el estallido social de 2011 fue especialmente llamativo por el entusiasmo de los jóvenes chilenos, quienes comenzarían con una protesta pequeña que alegaba el retraso en la entrega de becas hasta que el movimiento llegó al borde de retomar y refutar la recién creada Ley General de Educación (LGE), que remplazó a la vieja Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza (LOCE), sobreviviente desde los tiempos de la dictadura de Pinochet y que había sido utilizada por ese régimen para poner a prueba la tesis neoliberal de la ‘no intervención’ del Estado en el rubro de la educación; en otras palabras: dejar a los privados la parte económica de la educación y restringir al Estado de la gratuidad que firmó en convenciones mundiales sobre la educación (como el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, entre otros).

 

Aunque desde 2006, la “Revolución pingüina” había logrado derogar la LOCE y presionar lo suficiente al Estado que creó la LGE como respuesta, la raíz neoliberal en el aparato educativo chileno sigue presente y bastante fuerte, pues de las 59 universidades reconocidas por el Consejo de Rectores de Universidades Chilenas, tan solo 19 son públicas. Es decir, la ley del siglo pasado, que anteriormente colocaba al Estado sólo como un agente regulador y meramente observador, sigue estancada por diversos factores, entre los que destacan los desacuerdos entre el oficialismo y las oposiciones conservadoras (que llegan hasta vitorear consignas de Pinochet en los debates parlamentarios contra la gratuidad en la educación), hasta que no se puede obligar a las universidades privadas a sumarse a la gratuidad pues los incentivos gubernamentales son insuficientes para una población que apenas llega a los 13 mil dólares per cápita, y a pesar que a finales de 2015 se publicó la Ley de Gratuidad en la Educación Universitaria, apenas se ha podido abarcar, alrededor, de un 30 por ciento de los jóvenes de escasos recursos en ese país, unos 178 mil estudiantes.

 

La batalla de los estudiantes chilenos no concluyó allí, y en mayo de 2016 las exigencias de sectores estudiantiles y docentes han retomado mucha fuerza, y desde hace una semana 105 escuelas superiores en el país se encuentran en paro y están convocando a un paro general indefinido que comenzaría el próximo 23 de junio. Las exigencias son reconstruir y ampliar la educación pública a nivel nacional, de manera tangible y al alcance real de la población, pues el próximo 30 de junio el congreso debatirá lo contenido en 300 artículos a la reforma educativa que pone al Estado en jaque ante sus partidos aliados y opositores.

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Protestas en Chile para exigir cambios en la reforma educativa de dicho país sudamericano. Foto: Cortesía.

Por otro lado, en México, aunque es evidente que se requieren hacer grandes cambios en el sistema educativo del país, persiste la cerrazón y la barbarie por parte del Estado contra las exigencias de una revisión a la mal llamada reforma educativa. Desde enero pasado, la CNTE pidió restablecer la mesa de diálogo con el gobierno federal, pero, hasta la fecha, este último ha respondido con medidas que van desde el arresto de sus líderes y ex líderes sindicales, al mero estilo de una cacería de brujas, el despido de profesores que acudan a manifestarse, hasta la brutal represión en contra del movimiento y la censura e información parcial por parte de los medios de comunicación masivos, sobre las vertientes del conflicto del magisterio en Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán, Veracruz y otros nueve estados de la República.

 

Desde la reforma a los artículos 3° y 73°, en el año de 2013, el Estado pasó a reglamentar una serie de condicionales para crear un “servicio profesional docente” por medio de la permanencia de los profesores a través de concursos, la evaluación periódica y controlada, y la puesta en marcha y consolidación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que supuestamente sería autónomo, no perseguiría fines políticos ni partidistas y consolidaría el carácter democrático reformado en la educación (artículo 3°, inciso A), pero que sus consejeros y presidentes, son designados por del ejecutivo federal con ratificación del senado (todo sin fines políticos, según se insiste).

 

Sin embargo, ni siquiera los mismos candidatos a la junta de gobierno del INEE, estuvieron de acuerdo con la forma establecida para evaluar a los profesores, y en la comparecencia ante el Senado, en abril de 2014, algunos de ellos declararon que en la evaluación se excluyen a los magisterios, tanto en la forma de evaluación, así como incluirlos como diseñadores y usuarios de los lineamientos; además, las evaluaciones no cuentan con mecanismos que impulsen la profesionalización y desarrollo de competencias. Por su parte, los docentes no se han mostrado en contra de ser evaluados, sino más bien reprochan la nueva modalidad de contratación a la que se someten con la evaluación y, desde luego, a los nuevos condicionamientos que pretende generalizar los criterios de evaluación de profesores urbanos y rurales por igual, sin tomar en cuenta el rezago educativo que existe ya desde hace decenios, y que ahora simplemente el gobierno federal pretende esconder bajo una alfombra de indiferencia y exclusión hacia los grupos marginados de siempre, de entre ellos los pueblos originarios.

 

El día de ayer, domingo, tras un operativo policial conjunto para desbloquear la autopista Oaxaca-Cuacnopalan, se registró una brutal represión en contra de pobladores y una parte del ala más radical del sindicato de maestros en Nochixtlán Oaxaca, que, se presume, continuó durante la noche en la capital del estado. Ante los hechos registrados en la entidad, medios independientes lograron captar el uso de armas por parte del cuerpo de agentes federales, quienes desmintieron en un principio esta versión y más tarde ratificarían ante la oleada de denuncias que inundaron los portales de medios informáticos y redes sociales. La versión más reiterativa asegura la muerte de seis civiles tras el episodio de violencia, entre ellos un periodista, además de un oficial de policía. Por otra parte, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha emitido sus incipientes e ineficientes declaraciones para vigilar el debido proceso a los detenidos en el conflicto magisterial.

 

Organismos gubernamentales han seguido participado directa e indirectamente en el conflicto desde hace semanas. Posterior a la elección, el secretario de Educación Pública (SEP), Aurelio Nuño, ha aprovechado la alianza entre el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, y el conflicto que tiene con el magisterio de profesores disidentes, para seguir atacando mediática y sistemáticamente al partido que logró consolidarse como un factor de oposición incomoda ante un PRI castigado y un PAN que logró recuperar estados aprovechando estos factores: una izquierda dividida y un oficialismo ineficiente ante el papel de salvador del Estado.

 

Ante los paradigmas neoliberales, que pretenden evaluar el desempeño de todos los rubros, los ciudadanos nos seguiremos preguntando ¿hasta cuándo se realizarán bajo esa misma tendencia las evaluaciones políticas?, ¿se volverá obligatoria la rendición de cuentas por parte de funcionarios públicos, en especial los que fueron erigidos por medio del voto popular, de los organismos públicos federales y locales, así como el funcionamiento de los demás sindicatos que llevan años sin ser cuestionados sobre su desempeño y roles que ejercen y que afectan a la vida de los ciudadanos? La misma iniciativa de Ley 3de3, promovida por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y varios think tanks, no fue bien vista por el partido en el poder, quienes la aprobaron con miras a reformarla a apenas unos días de hasta haber incluido a los mismos empresarios que pretendían luchar contra una corrupción, que tal vez no les ha redituado del todo. De entre los perdedores, como siempre, nosotros los ciudadanos.

 

Más allá del 7-0, México tiene mucho que aprender de Chile sobre protestas y organización.

La democracia adolescente crece

El domingo se llevaron a cabo elecciones en 14 estados, donde se eligieron a 12 gobernadores. Más allá de las campañas repletas de lodo en lugares como Tamaulipas o Veracruz, lo importante fueron los resultados, pese al abstencionismo avasallador.

 

El Partido Revolucionario Institucional auguraba alcanzar nueve de las 12, sólo tuvo cinco. Las demás se las llevaron dos partidos, algunas en alianza y otras el PAN por si solo; que si bien son instituciones enteramente cuestionables en sus procedimientos, sus integrantes y sus gestiones, las actuales y las que han pasado (en específico las dos a nivel federal de Acción Nacional), llama la atención la manera en la que gente castigó al PRI.

 

Reprimenda que le salió barata, pues pudo haber perdido Oaxaca y Zacatecas por un Morena que crece y crece. Sin embargo, se quedó con esas dos, Tlaxcala, Hidalgo (que es casi por antonomasia) y Sinaloa. Lo importante de esto, más allá de los partidos y los inadvertidos independientes, fue la gente. Sin más, dieron muestra de que cuando los mexicanos se lo proponen, puede conseguir un cambio (si quieren sólo de color), pero que le hace la vida menos fácil a los que toman las decisiones.

 

Efectivamente, no hay nada que festejar, sobre todo cuando en la Ciudad de México menos del 30 por ciento participó en la elección para el Congreso Constituyente. Como quiera que sea, el cinco de junio será una fecha para recordar y analizar que pese a nuestra desconfianza, apatía y desánimo (completamente justificado), tenemos la oportunidad de hacer las cosas diferentes.

 

Nuestra responsabilidad es, ahora más que nunca, hacernos presentes en la vida política a través de la información, la exigencia y el compromiso con nuestro papel como ciudadanos, que si bien no tenemos muchas armas, el voto nos permitirá darle un cachetadón a esos que nos “representan”. Felicidades hemanos mexicanos, sigo teniendo esperanza en ustedes, en nosotros.

 

De a tuit:

Ya detuvieron a #lordrollsroyce. Casual que fue después de las elecciones cuando el PRI pierde todo; más casual que Eruviel lo anuncie con tambores en Twitter. ¿Será acaso que EPN ahora más que nunca exige resultados para no perder su joya más preciada el siguiente año?

Elecciones 2016 en México… y lo que sigue

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13 entidades del país y la Ciudad de México vivieron una intensa jornada electoral. Foto: Cuartoscuro.

Los primeros resultados de las elecciones 2016 en México han comenzado a determinar la distribución política rumbo a las presidenciales de 2018. Los comicios electorales se llevaron a cabo en 13 entidades del país, y la Ciudad de México. En ellas se eligieron a 12 gobernadores, 388 diputados locales de 12 entidades y 548 ayuntamientos de 11 entidades -en Oaxaca se elegirán solamente 153 por régimen de partidos y 417 por usos y costumbres- (Agenda Electoral 2016, El Financiero. Luis Carlos Ugalde, junio 2016), así como 60 diputados constituyentes libremente electos para la capital del país, que se sumarán a los 40 de una muy cuestionada designación del ejecutivo y legislativo.

 

Por meses, los diarios más importantes y noticieros televisivos más influyentes en la sociedad mexicana, apuntaban como virtuales ganadores en las elecciones estatales, a los candidatos de los partidos tradicionales, el PRI, PAN y PRD. Sus predicciones se resquebrajaron por las grandes sorpresas que dieron los candidatos del ya no tan nuevo Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), específicamente en Veracruz, Oaxaca y Zacatecas; y los candidatos independientes en la CDMX, en primer lugar el líder del sindicato de bomberos, Ismael Figueroa, así como Blanca Mayorga y Xavier González.

 

A pesar del reporte de las tradicionales dádivas a cambio del voto, la violación de la veda electoral por prácticamente todos los presidentes de los partidos y gobernadores, así como los mapaches, robo y quema de casillas, balaceras e intimidaciones de grupos armados en distintas entidades; la jornada electoral resultó en una señal de alerta para el PRI hacia los siguientes años clave para su legitimidad en el poder: la elección para gobernador en el Estado de México, su bastión por excelencia, así como la sucesión presidencial de 2018.

 

Aunque los resultados de estas elecciones aún no son definitivos, ya podemos comenzar a hacer algunas deducciones sencillas: en primer lugar que los resultados no fueron los “aplastantes” que había anticipado Manlio Fabio Beltrones en conferencia de prensa, hace apenas unas semanas, y, por el contrario, vislumbran un claro hartazgo hacia el partido que gobierna en algunos de los estados en donde la violencia fue foco rojo para los medios nacionales e internacionales en lo que va del sexenio y que concentró un porcentaje generoso para las oposiciones partidistas, ya sea en coalición o de manera individual.

 

Por otra parte, el PRD ha tenido un balance y avance igual a cero. Es decir, no se movió de donde estaba y podríamos visualizar hasta un leve retroceso en su voto duro por lo acontecido en la Ciudad de México. En los Estados en que se promovieron alianzas, el PAN fue más bien el ganador notorio al recuperar Chihuahua, Tamaulipas y Aguascalientes, así como disputar de cerca Durango y Puebla (hasta el momento con los resultados del PREP).

 

La capital se queda con Morena, que tendrá a la mayoría de los diputados para la redacción de la constitución política que dará el carácter de Estado a la capital del país (la cual ha sido fuertemente cuestionada por la imposición de 40 diputados de 100 totales que redactarán la carta) y que vislumbran un panorama muy cercano al que se suscitaría en Veracruz de confirmarse el triunfo de Cuitláhuac García, del partido comandado por Andrés Manuel López Obrador en Veracruz; quien con un congreso volcado hacia el PRI, tendría un muy corto margen de acción para comenzar a establecer las agendas que convencieron a los ciudadanos del voto, así como el gran conflicto que se espera en un estado sumamente hundido en la corrupción y la violencia.

 

En estas elecciones no tuvimos a ningún “Bronco” o algún otro independiente que marcara una diferencia en alguna entidad federativa, y en los comicios locales apenas pudimos vislumbrar a algunos candidatos independientes que por falta de promoción y difusión mediática, pudieron siquiera darse a conocer por la ciudadanía. He aquí una alerta clara para las elecciones de 2018, en donde se visualiza ante este escenario, que la disputa será nuevamente partidista, de manera segura. Esto debería constituir un llamado de atención para el árbitro electoral, para que las candidaturas independientes no se queden en una demagogia legal más.

 

Por otra parte, para apaciguar un tanto el conflicto poselectoral, el árbitro debería hacer algo para de una vez por todas sancionar a todos los líderes de partidos políticos por estar anticipando resultados, así como a sus candidatos al declararse ganadores, para evitar los conflictos pos- electorales que en lo general resultan innecesarios con respecto a logros obtenidos, mayor fragmentación social y que sólo dañan más la de por sí ya cuestionada autoridad electoral. Las vedas electorales deben apegarse a lo establecido en la fracción 3 del artículo 190 para sancionar no sólo a los líderes partidistas, sino a las encuestadoras, que a pesar de la fiscalización de las elecciones, siguen ganando cuantiosas sumas de dinero por presionar la voluntad del votante y confundirlo con datos bastante sesgados.

 

Y para terminar, el ya clásico pero no ejecutado epílogo electoral dedicado a la ciudadanía: el voto por sí solo no va a cambiar la situación en el país, si una verdadera construcción democrática no continua los pasos requeridos para la transición, el voto se convierte en la banal arma de legitimación de la élite gobernante. La corrupción y la impunidad en el país no descenderán si no se acompaña a los comicios electorales de participación ciudadana que va desde la organización vecinal, hasta la exigencia de mejorías en los servicios públicos a autoridades estatales y en algunos casos, según la magnitud, hasta al mismo gobierno federal.

 

Este antecedente inmediato nos vislumbra el panorama inmediato para la elección de gobernador en el Estado de México, y ver de qué tamaños y proporciones será la maquinaria estatal del partido en el poder a nivel federal, para mantener su hegemonía en los siguientes dos años, o al menos hasta que las élites gobernantes les sea conveniente.

La Argentina de Macri, lo que viene

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En Argentina, la mayoría de los sindicatos, las centrales obreras, trabajadores estatales y diferentes sectores sociales y grupos de izquierda, han protestado contra los ajustes fast track, aprobados por desde primeros días del gobierno de Mauricio Macri. El descontento general, plasmado desde la primera marcha de alcance nacional -24 de febrero-, hasta las más recientes del mes de mayo, ha sido censurado por los grandes consorcios televisivos que, precisamente, en este momento denotan una alineación con este nuevo gobierno y se han encargado de minimizar el malestar social, generado por una subida de impuestos y retiro de subsidios (el de la electricidad que incrementó entre un 200 y 300%, y en algunos casos específicos hasta el aumento del 700% de las tarifas), así como el despido masivo de trabajadores del Estado (medida anunciada desde la campaña del actual mandatario), y la reducción de su popularidad del 52%, en diciembre pasado, hasta el 34% para el mes de marzo, de acuerdo a la encuestadora Haime & Asociados.

 

El nuevo gobierno se propuso extirpar al kirchnerismo del gobierno federal. Hoy día comienza a reducir los subsidios a la economía argentina, que se encuentra en un estancamiento provocado por diversos factores locales e internacionales como el estancamiento de la economía internacional y la abrupta recuperación del dólar estadunidense que afectó a todas las monedas latinoamericanas, además de las consecuencias que trajeron las nacionalizaciones y problemas con el pago de la deuda de los años recientes, tal vez estos últimos como los principales obstáculos que afrontó el gobierno de Cristina Fernández.

 

Sin embargo, ni siquiera los macristas pueden negar la recuperación económica y mejoras en la calidad de vida que se vivieron en Argentina en la última década, posicionándolo como líder en Latinoamericano en el Índice de Desarrollo Humano hasta 2015, de acuerdo a las cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). A pesar que esta cifra se mantuvo aún con los problemas económicos de años recientes, el año pasado fue registrado un aumento del 5.5% en los índices de pobreza, de acuerdo a estimaciones del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que ubicaron 1.4 millones de nuevos pobres que ahora suman al 34.5% de los argentinos, unos 13 millones de personas que padecen la subida de precios registrados en el primer trimestre del 2015.

tabla Macri

 

Si bien Macri amenazó con el plan de austeridad para sanear las finanzas públicas durante su campaña como candidato presidenciable, también ofreció un ambicioso plan de “Pobreza cero” que prometió revertir los embates económicos que afectan a los más necesitados, pues los aumentos en los servicios energéticos ya han comenzado a generar estragos en la economía de la mayoría de las familias argentinas, por lo que el escenario no es favorable para este mayoritario sector en el corto ni mediano plazo.

 

Algunos economistas críticos del gobierno y pertenecientes a las universidades públicas argentinas (quienes protagonizaron las protestas en el mes de mayo por los recortes anunciados a las principales universidades públicas), predicen una coyuntura de reajustes estructurales en la vida económica del país suramericano que planea generar un crecimiento acelerado con reajustes al gasto público y el otorgamiento de facilidades a inversionistas extranjeros que apacigüen la salida de capitales chinos que han desequilibrado las finanzas argentinas por la volatilidad que sufre hoy día el gigante asiático.

 

La política monetarista restrictiva con que el gobierno de Macri busca palear los efectos de la inflación, viene acompañada de una serie de ajustes como la fijación de un tipo de cambio real estable y competitivo (como lo vimos después de la crisis de 2001) que busca delimitar la intervención del gobierno en el libre cambio de mercancías, así como la negociación y reestructuración con los acreedores de deudas internacionales pendientes.

 

Con el cambio de régimen, las exigencias de parte de los consorcios financieros internacionales adquirirán un nuevo protagonismo sobre la vida económica de Argentina, pues si hacemos recuento de la memoria histórica reciente, el mismo Fondo Monetario Internacional quedó expulsado de las decisiones macroeconómicas del gobierno desde 2003 a pesar de haber prestado miles de millones de dólares previo al colapso de diciembre de 2001, pero hoy día dicha institución ya hace sombra junto al “nuevo” gobierno de Brasil, para comenzar a restructurar las llaves financieras de los países más grandes del subcontinente.

El principio del fin del sueño de América Latina

Roberto Gutiérrez

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El fin de una era parece haber llegado en América Latina. El país que durante poco más de una década fue la joya y referencia de los gobiernos de izquierda en Latinoamérica y a nivel internacional, por sus logros y alcances en materia social y en el campo económico, parece cerrar un ciclo importante con la destitución de Dilma Rousseff, justificada por una serie de escándalos de corrupción de piezas clave del Partido de los Trabajadores (PT), el estancamiento económico multifactorial y un descontento social impulsado, en buena medida, por los medios de comunicación.

 

La medida fue formalizada este sábado 14 de mayo, cuando Renan Calheiros, presidente del Senado, clausuró la sesión de poco más de 20 horas, en la que se formalizó el proceso de destitución contra la presidenta, en medio de protestas violentas a favor y en contra de la medida a las afueras del Congreso brasileño.

 

Personajes reconocidos a nivel internacional por su lucha contra la dictadura brasileña de la década de 1960, como Chico Buarque, expresaban, apenas hace unos meses, su preocupación por aquellos que llegaron a pedir hasta una intervención militar para destituir a Dilma, cuando el miedo de los opositores es claro: el regreso de Lula Da Silva al poder, en 2018.

 

Ciertamente, los factores que podríamos considerar como parte de un golpe mediático-institucional, se pueden clasificar, de manera simple, en dos categorías (sin afán de excluir muchísimas otras posibles): las mediático-institucionales y las político-estratégicas, pero antes de adentrarnos en la descripción de estas clasificaciones, es necesario hacer un brevísimo recuento histórico de los últimos acontecimientos similares en la región, al menos en lo que va del siglo.

 

Los aletazos contra el sueño latinoamericano

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Rafael Correa, Ecuador; Evo Morales, Bolivia; Dilma Rousseff, Brasil; Manuel Zelaya, Honduras, parte del sueño latinoamericano. Foto: Especial.

Si recordamos los intentos golpistas en la Venezuela de Chávez, en 2002; en contra de Evo Morales, en 2008; en el Ecuador de Correa, en 2010, y los golpes consumados contra Manuel Zelaya en Honduras en 2009, y el de Paraguay sobre Fernando Lugo en 2012, podríamos ubicar algunos factores en común: la propaganda a nivel local e internacional en contra de los mandatarios en cuestión, así como la búsqueda de vías legales para consumar y legitimar la destitución de los jefes de Estado. Este tipo de procedimientos son llamados “golpes blandos”, debido a que a diferencia de los golpes tradicionales, en estos últimos, los factores de poder son menos discretos y tienen un menor interés en mantener un margen de legitimidad nacional e internacional, además que generalmente cuentan con el respaldo de los cuerpos militares nacionales.

 

El caso de Brasil viene a refrescarnos la memoria de las recientes crisis políticas en América Latina y sus factores, pues desde las elecciones de 2012 ha habido una creciente discordia entre el Partido de los Trabajadores y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, principales fuerzas políticas que formaron la coalición denominada Con la fuerza del pueblo, que lograría la reelección de Dilma en 2012, y que hoy día han finalizado un divorcio político impulsado, principalmente, por las maniobras fiscales que han afectado importantes intereses empresariales, así como el descontento generado en empresas trasnacionales de petróleo por nuevas adecuaciones fiscales para impulsar una mayor recaudación, y los supuestos actos de corrupción en los que se involucró al ex presidente Lula Da Silva por la facilitación de concesiones y contratos para la empresa de infraestructura OAS, además del supuesto desvío de 10 mil millones de reales de 2004 a 2012.

 

Aunque el descontento de actores externos e internos contra el equipo de trabajo de Lula, y en este caso de Dilma, no comienza con esa separación política reciente. Desde que la ex guerrillera fue ministra de Minas y Energía, durante el mandato de Da Silva, se aplicaron las medidas necesarias para que Petrobras no sufriera estragos tan intensos con la crisis mundial de 2008; por el contrario, la empresa creada por Getúlio Vargas, en 1953, se mantuvo como la más importante de los brasileños y en el top 5 a nivel Latinoamérica, aún por encima de PEMEX –que, por el contrario, a través de las reformas estructurales del gobierno de Enrique Peña Nieto, se sometió al completo desmantelamiento necesario para la privatización-.

 

Por otra parte, la condena y aprobación a nivel internacional de las medidas tomadas por los poderes federales en Brasil no se ha hecho esperar y, junto con ello, se han asomado de inmediato los intereses geopolíticos que influyen en el conflicto. De manera natural, el hoy día reducido bloque de gobiernos con tendencias de izquierda en la región, han sido los primeros en expresar su apoyo tanto a Dilma como a Lula, desde la detención de este último para su proceso de interrogación, por el escándalo de Petrobras; el viernes 4 de marzo, con acciones que van de la condena por parte de Evo, Correa y Daniel Ortega, hasta algunas más enérgicas (tal vez por la preocupación generada de la situación propia de sus países), en el caso de Nicolás Maduro, quien citó al embajador brasileño y retiró al propio de Brasilia.

 

Por su parte, Rusia, con quien se comparte como miembro del BRICS, se ha limitado a hacer una condena contra la injerencia externa en los asuntos internos de Brasil, sin mayor impacto; mientras Estados Unidos ha realizado algunos movimientos diplomáticos sencillos con respecto a declaraciones de sus funcionarios desde la Casa Blanca (aquí tendríamos que investigar un poco más sobre el actuar de la embajada en Brasilia).

 

Sin embargo, lo que suena bastante notorio y contradictorio es que el nuevo gobierno del antiguo aliado de Dilma, Michel Temer, quien además fue evidenciado por Wikileaks como colaborador de los Estados Unidos, cuenta con un gran apoyo de viejos rivales de Lula, como el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y los partidos de centro derecha del país. Temer, quien releva en el cargo suspendido a Rousseff por supuestos actos de corrupción, ha anunciado una serie de recortes y ajustes al gasto público como supuesta medida para combatir el impase económico, que se prevé tendrá una caída del 8% del PIB con respecto al primer cuatrimestre de 2014, y una caída del 3.6% general al final de año. Además, han anunciado el debate del recorte de 4 mil empleos públicos y más cortes al gasto a la educación, al sector salud y hasta el de investigación con tal de sanear las finanzas públicas y mantener la estabilidad macroeconómica del país que está a escasos meses de resguardar los Juegos Olímpicos.

 

Una Macrización regional ha comenzado (en referencia a la urgencia con la que el presidente Mauricio Macri en Argentina comenzó a revertir las acciones del saliente Kircherismo), y los triunfos en materia social como el combate a la pobreza y la modesta mejora de calidad de vida de los habitantes de la región, ganados principalmente en la década pasada, hoy está en juego.

 

El panorama general para los siguientes meses en Brasil es ciertamente indefinido, aunque se estima que la crisis durará varios meses y podríamos visualizar que los siguientes cambios en la agenda de Temer incluirá una serie de ajustes más estrictos, apegados a las exigencias del Fondo Monetario Internacional pendientes desde 2012 para el país, y que hoy día tendrán cabida con un gobierno que no recibió el 51% del voto popular para ejercer el cargo, pero que se las arregló para expulsar, mediante la vía legal, a un gobierno que parecía tener una amplia posibilidad de permanecer más allá de las elecciones de 2018.

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Futbol y violencia: su vacuna no funciona

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En el duelo entre Santos y Tigres de la temporada regular, algunos aficionados se enfrentaron en la tribuna y pasillos del campo lagunero. Foto: Cortesía.

El discurso futbolístico, como cualquier otro, circula y se inscribe dentro de otros discursos que, entrelazados, constituyen paradigmas dominantes, fortalecen prácticas, valores, posturas y miradas. En el marco de las violencias que con recurrencia aparecen en distintas canchas del futbol mexicano, la reflexión nos permite revelar nuevamente la realidad no sólo de un deporte popularizado sino de todo un comportamiento social. Con lo anterior no trato de acudir a los lugares comunes que miran en la violencia de los estadios un simple reflejo de la falta de educación o de la barbarie; pues al final, son esos los discursos que posteriormente permiten que con facilidad la opinión pública se convierta en depositaria y replicadora de la criminalización burda, de la producción de guetos y del hostigamiento de clase a través de calificativos comunes como “vándalos”, “delincuentes” o “inadaptados”; palabras, que, se esté de acuerdo o no, suelen ser dedicadas casi con exclusividad a los grupos en cuya mesa no departen nuestras élites.

 

En una sociedad donde los supuestamente adaptados delinquen con velada hipocresía y reproducen prácticas corruptas a todas escalas (una mirada de reojo a la FIFA) considero que arrojarnos nuevamente a la división arbitraria de quienes son los buenos y los malos, resulta peligroso en un contexto donde lo sucedido en Torreón o en Celaya se enlaza con cualquier otro hecho de un país en cuyo territorio se asesina, se desaparece y se violenta diariamente.

 

Pese a los costos innegables de una política de seguridad cuya lógica de guerra arrasa, indistingue y despliega dispositivos violentos, la opinión pública (cualquier cosa que eso signifique) y en particular la emitida en medios de comunicación deportiva (incluyendo las que frecuentamos quienes buscamos un nivel más alto dentro de la comprensión deportiva como ESPN) reproducen una mirada criminalizante y deseosa de castigos, medidas punitivas exacerbadas y un delirio enorme por reventar los aforos penitenciarios más que los aforos futbolísticos. Esto me parece un error que es más delicado de lo que se piensa.

 

Con lo anterior no pretendo ni menospreciar los hechos violentos acontecidos la semana pasada, ni dejar el mensaje que estos deben ser pasados por alto (algo que de por sí ya hicieron quienes se tuvieron que encargar de prevenirlos); sin embargo, considero que tampoco podemos seguirlos volviendo abono para las miradas que siguen pensando que con mano dura, escalando la presencia policial o con penas altas de cárcel, se resolverán todos los males que acontecen en los estadios y en las periferias de éstos cada semana.

 

Acontecimientos y ejemplos hay muchos, los procesos de legalidad no sirven si no se acompañan de procesos de justicia. Si la violencia es un problema de salud, atender sus consecuencias únicamente y hacerlo a través de lo punitivo, no terminará más que por dejarnos en el lugar donde iniciamos a nivel social y que hoy nos tiene como país con heridas mucho más profundas que las de un raspón por una caída.

 

El mundo del futbol, como parte del mundo social, requiere de procesos de prevención, de encuentro, de educación desde la justicia y desde la mirada de las y los otros. Experiencias existen y ya se ha experimentado en pequeña escala en México y en otros lugares del mundo: trabajar con las barras (a las que con ingenuidad se quiere erradicar de un día para otro), no sólo para el uso faccioso de éstas por parte de grupos políticos y empresariales, sino para lograr la promoción de la no violencia y la comprensión de que el ritual de la pelota si bien proyecta nuestra humanidad en su sentido potente, también es capaz de proyectarla en su sentido destructivo. Para muchas personas esto es un sin sentido, pero igual en sin sentidos hemos venido deambulando dentro de una liga que se empeña en simular categoría mundial.

 

Si miramos un poco más allá de la postura cómoda donde sólo es necesario analizar lo “meramente deportivo” (muchos comentaristas huyen de tocar otros pisos), entenderemos que la solución no pasa sólo por escalar un sistema de justicia que no ha dado frutos y cuya incapacidad por resocializar a las personas es evidente. Entre el discurso carcelario y el discurso de muerte, la línea es frágil; la violencia en México no se ha resuelto a través de la lógica inmunitaria que suministra vacunas violentas; los valores universales capaces de ser transmitidos por el futbol deberían ser también trasladados a los entornos que lo dañan y lo lastiman: la asociación, principal concepto del juego, deriva del principio comunitario y social del ser humano; los gritos desesperados donde exigimos separar del mundo a quienes han cometido en algún tramo de su vida, el error de dañarlo, no terminará más que por hacernos encontrar un día frente al espejo, el rostro de lo que tanto temimos y de lo que tantas veces preferimos escondernos.

 

Si no queremos volver a mirar un rostro como el de la aficionada de Santos, habremos entonces también de no volver a pedir con ansiosa brusquedad, más violencia velada. Ante un penal mal juzgado, mejor tirar la pelota fuera…

 

@MiguelAgustín_

¿¡Y nosotros por qué!?

Y sí, volvió el tema de la polución en la capital. Otra vez dobles hoy no circula, otra vez saturación en los transportes, otra vez quejas. Todo eso que trae consigo la prohibición del tránsito de, al menos, dos millones de coches.

 

Pero mientras escuchaba y leía un sinfín de comentarios llenos de bilis sobre las medidas adoptadas por el impopular Miguel Ángel Mancera, me llegó a la cabeza una pregunta relacionada con el tema y con una declaración desafortunada (por no decir pendeja) de la Secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano, Rosario Robles, con respecto a la movilidad de los mexicanos y que gracias a sus programas, el 80 por ciento de la gente puede llegar a sus trabajos y escuelas en bicicleta.

 

Más allá de la sandez de esta señora y de su absoluto desconocimiento por la vida cotidiana de la perrada, donde todos estamos incluidos, me puse a pensar y contestar sobre por qué tenemos que pagar nosotros ambas situaciones y todo lo que se deriva de ello.

 

Retrocedamos el reloj a unos 15 años atrás. Ustedes y yo ya teníamos uso de consciencia, seguramente no desarrollado del todo, en la mayoría de nuestros casos, pero de mínimo ya contábamos con pleno control de nuestros recuerdos.

 

Apelando a la memoria, me gustaría que se detuvieran un segundo y recordaran cómo era su vida en la primaria. Y no estoy hablando de que hagan un análisis sesudo de la situación política y económica del país en ese entonces. Hablo de que recuerden los trayectos en coche que hacían, la gente que veían en las calles cuando caminaban con sus papás, la “saturación” de las vialidades.

 

Probablemente sus imágenes sean parecidas a las mías, donde en efecto, había tráfico, muchísima gente y hasta me atrevo a decir que hubo veces en una lejana época noventera en la que mis compañeros y yo no salíamos a hacer educación física. Definitivamente el caos es el nombre de pila, sino que hasta el apellido de nuestra ciudad. Pero si nos remitimos a cifras concretas, de acuerdo con el INEGI, de 1900 a 2015 pasó de 700 mil habitantes a 8.9 millones. Y falta lo mejor, en las últimas dos décadas, se incrementó en un millón de nuevos pobladores. Y eso sólo en la capital. No estamos contando a los que vienen todos los días del Estado de México.

 

¿Qué significa eso? Más problemas en la seguridad pública, saturación de vías y transportes, escasez de agua en zonas como Iztapalapa, inestabilidad en los mantos acuíferos por falta de recarga, inundaciones, hundimientos, y bueno, un mil y largo etcétera.

 

Todo esto es consecuencia de una sola cosa: la falta de planificación por parte de autoridades. La responsabilidad, enteramente compartida entre ex presidentes, regentes (ahora jefes de gobierno), delegados y la gente inconsciente de que la situación es insostenible y que pese a ello siguen viniendo a vivir a nuestra ciudad. Así que no importa la cantidad de dobles hoy no circula, ni las veces que uno se queje, si el problema se ataca con soluciones simplistas y no de raíz.

 

Así de noble es el ex Distrito Federal, que pese a estar más cerca de China que de Tenochtitlan, sigue recibiendo a los hijos del éxodo provocado por el narcotráfico, la desigualdad y la pobreza. Mientras tanto, nos toca seguir respirando la contaminación, pues alguien tiene que pagar y quien más que los verdaderos capitalinos.

 

De a tuit:

 

México en su eterna búsqueda de héroes, le da la estafeta a las ladys, sin importar sus valores ni sus pecados.

 

Por: Aldo Rafael Gutiérrez.

¡Ya estoy harto!

En las últimas semanas nos hemos enterado de múltiples casos de abusos contra mujeres. Desde el ataque en la Condesa a la colaboradora de Vice, Andrea Noel, hasta las violaciones de jóvenes ocurridas en Veracruz por hijos de influyentes, lo que nos dan una enorme lista que desafortunadamente todos los días se va nutriendo y que la hace interminable. Cada violación, manoseo, chiflido, mirada, deja en evidencia la falta de civilidad y el absoluto machismo en el que la sociedad mexicana está hundida.

 

Algunas situaciones han superado nuestra propia indiferencia y nos han dejado cicatrices profundas, no sólo a las víctimas, sino a quienes estamos de alguna u otra forma un poco más cerca de ellas, a quienes considero las valientes, las fuertes, las que cambian el país al no callar. En lo particular, casos como el de la editora de El Universal o la estudiante de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, me ponen a reflexionar sobre lo que estamos haciendo mal y llego a una sola conclusión: todo.

 

Lo digo de esta manera porque en vez de contarrestar, mas no victimizar, muchos “hombres” se han dedicado a sobajarlas y amenazarlas. Pero esto no viene solo. Se da desde pequeñas e inofensivas situaciones como dividir las tareas y atribuciones en casa de acuerdo al género, hasta aquellos que creen tener derecho sobre las mujeres, conocidas y extrañas, quienes por el simple hecho de ser “hombres”, consideran que pueden estar por encima, y por ende, dirigirse a ellas de maneras despectivas, con connotaciones sexuales, o simplemente, con intención de demostrar que ellas no son nadie sin que el género masculino las proteja.

 

Toda esta normalización de la violencia contra la mujer, ha vuelto “invisibles” nuestras reiteradas ofensas hacia ellas, mismas que sin plena consciencia, ocurren entre mujeres y que no se arreglan con un “perdón, no me di cuenta”. Tal vez por eso nos causa tanto revuelo los casos antes señalados, no sólo por las terribles agresiones, sino porque nos hemos dado cuenta de lo cerca que estamos de esas vejaciones y de las monstruosidades de las que somos capaces.

 

En lo particular, estoy harto de que las mujeres vivan con limitaciones en cuanto a su vestimenta y comportamiento, sólo para evitar ser tachadas de “putas”; estoy harto de que los padres de violadores y acosadores señalen, acusen y evadan la responsabilidad de sus críos para decir que ellas son las incitadoras y provocadoras. Considero que debemos tomar partido en todas y cada una de esas acciones, porque definitivamente, todos somos parte de ellas de alguna u otra forma, incluso si nos quedamos callados, pues hasta la omisión nos hace cómplices de la violencia. Quizá si cambiamos eso, lograremos mejorar nuestro entorno, no sólo en ese aspecto, sino en nuestra manera de ser ciudadanos, de ser mexicanos.

Violencia contra la mujer

El independiente es el camino

Los caminos son caprichosos. Nos unen a personas que no imaginamos y detonan historias singulares. A veces tropezamos con otras que nos dejan tendidos en el suelo, pero con valiosos aprendizajes. Quizá no es caprichoso y sea sólo la curiosidad por explorar, por iniciar aventuras en un mundo cada vez más parco.

 

Hace poco más de un año que iniciamos la aventura en las alas del Tecolote. Desde ese momento buscamos aires sobre los cuales volar, encontramos vientos idóneos y compañeros que nos ayudaron a surcar por los aires. Uno de ellos fue Nirvana: Festival.

 

Nuestra historia comenzó con un tuit. Bastaron menos de 140 caracteres para sellar una alianza. Las coincidencias afloraron: la búsqueda por espacios, la lucha por la independencia, la consciencia de la cultura como elemento que transforma.

 

Entonces llegó la primera edición del festival. Armados con cámaras y plumas nos lanzamos a la aventura en Tláhuac. Aprendimos y conocimos. Nos interesamos y supimos que la lucha valía la pena.

 

Hoy iniciamos una nueva etapa. Una que nos llena de gusto y responsabilidad. Somos patrocinadores. El lazo se ha solidificado. Volaremos juntos para alcanzar el Nirvana.

 

Comienza la cobertura, el momento de hacer crecer este movimiento que apuesta, como pocos, por la independencia, por la conquista de tierras nuevas.

 

Súmate al vuelo. Déjate envolver por historias que harán detonar el Nirvana. El momento ha llegado. El independiente es el camino.

 

JPS.

Becarios… la nueva figura de la esclavitud de los millenials

Tal vez más de uno sepa que trabajé en TV UNAM. Para quienes no, estuve al servicio de la televisora de la universidad por cuatro años como reportero cultural. Renuncié hace un par de semanas, en buena parte por la necesidad de tener oportunidades laborales diferentes y también por falta de claridad en el proyecto actual, pero no ahondaré en esa situación.

 

Resulta que como cualquier desempleado, he tenido que tocar varias puertas para desempeñar mi profesión. En ese andar tuve una entrevista el pasado lunes 28 de marzo. En ella había ocho aspirantes a redactor para una revista cuyo nombre prefiero omitir. La reclutadora, de nombre Cristian, fue en principio clara con quienes estábamos ahí: “No hay promesa de contratación y la vacante es para ser becario”.

 

No me molestó. Por lo general los becarios pueden ganar desde mil 500 hasta siete mil pesos por medio tiempo o menos dependiendo el lugar y las tareas. Lo dramático de esta “vacante” no fueron los 600 pesos mensuales que dan como “apoyo económico” (sí, 600 monedas de a peso por 30 días de trabajo, eso sí, hay que asistir cinco días a la semana y cubrir el turno de cuatro horas si se quiere cobrar), sino la disposición de varios jóvenes por trabajar ahí después de haber oído tal monstruosidad.

 

Mi expresión, interna y externa, fue de absoluto asombro. Insisto, más allá de la miserable paga que ni para los pasajes debe alcanzar, me impresionó la intención de algunos chavos, la mayoría con estudios concluidos (dicho por ellos mismos), de querer trabajar en tan raquíticas condiciones. Una de ellas incluso comentó que venía de San Miguel de Allende, Guanajuato, y que le interesaba mucho incorporarse a la revista.

 

Me vinieron muchas preguntas a la cabeza: ¿por qué los jóvenes deprecian tanto sus conocimientos?, ¿acaso la idea de “empezar desde abajo” les ha borrado de la cabeza el concepto “pago justo”?, ¿es esta la razón por la que los periodistas y comunicólogos en general son vistos como recursos desechables y por ello tantas injusticias laborales, económicas, sociales?

 

Francamente quedé aterrado. En efecto, por la insensibilidad de parte de las empresas por desdibujar la figura del “becario” y verlo como un trabajador más, sólo que más barato, sin prestaciones y por supuesto, sin seguridad social, vaya, un simi trabajador. Por otro lado, me parece inaudito que los jóvenes se prostituyan de esa manera sólo por “hacer experiencia”, como si recibieran un favor de quienes los contratan.

 

En efecto, dependencias públicas y privadas han olvidado a propósito la definición de becario por meros intereses económicos. Lo desesperante es que los millenials (me choca haber pertenecido a esta generación), también olviden que esto debe ser visto como un apoyo y no como un sacrificio. Espero que en el futuro esto pronto se regule por las autoridades correspondientes, porque de seguir bajo esta senda, México está en riesgo de convertirse en un país de becarios/esclavos del siglo XXI.

La era de la paranoia

Hace mas de una semana Andrea Noel, periodista y colaboradora del portal Vice News, fue atacada por un sujeto en la colonia Condesa de la Ciudad de México a plena luz del día. El hecho indignó a muchos sectores de la sociedad, no sólo por el acoso que sufrió la estadounidense, sino por la violencia que se desató en su contra por parte de twitteros y “periodistas” del panfleto llamado “La silla rota”, quienes pusieron en tela de juicio el ataque perpetrado contra Noel.

 

La situación ha sido realmente polémica, porque ha dejado en evidencia que el machismo en México sólo se ha escondido, cual ladrón que espera se calmen las cosas para seguir haciendo de las suyas. Publicaciones de odio, insultos y amenazas se han vuelto una constante en Twitter y Facebook, donde “machos” critican la vestimenta de las féminas y se victimizan por ser producto de la “friendzone”. Sin embargo, no es una situación de peligro hasta el momento en el que pasa a la acción y los derechos de las mujeres son transgredidos en aras del “piropo”.

 

Es un fenómeno delicado por completo, donde los ultras (feministas y machistas) hacen del debate un campo de batalla minado por descalificaciones y flanqueado por posturas radicalistas que nos vuelven paranoicos sin dar soluciones reales. La propia comunicadora Karla Rivera, ha sido objeto de comentarios en mis redes sociales a consecuencia de un video que colgó en su portal Mientras tanto en México, donde ella señalaba como agresores sexuales a todos aquellos que la vieron, sin importar la forma y el tiempo.

 

Tal parece que la era de la paranoia nos alcanzó, no sólo en el sentido de las amenazas y acosos sexuales que sufren principalmente las mujeres, sino en la seguridad pública o la libertad de expresión, por mencionar algunos. Esta situación nos ha vuelto vulnerables por completo y provoca que andemos por las calles a la defensiva, esperando siempre lo peor.

 

El resultado de esta situación es que movimientos nobles y honestos como el feminismo, sea denostado a un simplista término de “feminazis”. En buena medida por algunas de sus simpatizantes, quienes en busca de la equidad y la igualdad de oportunidades han radicalizado el discurso, desdibujado sus principios y criminalizado cualquier manifestación de acercamiento entre hombres y mujeres.

 

La responsabilidad recae en tres aspectos: el machismo enraizado como mala hierba desde la colonia, quizá desde antes; las instituciones, quienes han sido omisas y su actuar ha sido precario ante la conciencia que deben promover en la población para evitar este tipo de conflictos; y la educación dada a las personas desde el núcleo familiar donde, todavía hoy, aplican modelos de conducta de género distintos para niños y niñas.

 

Sin duda, es un problema del que todos somos responsables y en el que debemos tomar cartas en el asunto, escuchar todas las partes para plantear soluciones, si queremos combatir las agresiones sexuales, la falta de oportunidad e igualdad hacia las mujeres y la radicalización de los movimientos, pues como dijo la artista plástica feminista, “ojalá algún día deje de existir el feminismo, porque entonces se habrá alcanzado la igualdad en nuestra sociedad”.

Las fiestas de los poderosos, las cruces de los pobres

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Primero que nada me quiero disculpar. Llevo varias semanas sin publicar nada y si hay algo que critico en cantidad es la falta de constancia. Sin más, el circo regresa y traerá funciones cada semana.

 

Es curioso como la ingenuidad (no le llamemos estupidez) de los políticos hacen que caigan por su propio dedo y conexión a internet. Resulta que el fin de semana, Diego Fernández de Cevallos festejó su cumpleaños 75. El ex senador, ex diputado y ex candidato a la presidencia decidió hacer una fiesta con la crema y nata nacional donde políticos de todas las facciones, ex presidentes, empresarios, gobernadores y periodistas, se dieron cita para celebrar a “El Jefe Diego”.

 

El festejo se dio a conocer gracias a Xochitl Gálvez Ruiz, delegada de Miguel Hidalgo, quien mediante Periscope mostró a los invitados. Entre los asistentes figuran Carlos Slim, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Navarrete, Felipe Calderón Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva, por mencionar algunos.

 

La fiesta per se no importa. Cualquiera tiene el derecho a celebrar su cumpleaños e invitar a quien mejor le plazca. Es más, ya no sorprende siquiera que políticos de ideologías “opuestas” se reúnan tan abiertamente. Lo que indigna, lo de siempre, es la desfachatez con la que estos, los de arriba, los que deciden, se exhiban en comidas rimbombantes para demostrar que México está controlado por cínicos cuya relación simbiótica les permite estar en ese lugar.

 

Simplemente y, de acuerdo con cifras publicadas en 2015 por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el porcentaje de población en pobreza subió de 45.5 a 46.2 por ciento. En el mismo informe se menciona que en 2014 el poder de compra de las familias por hogar se redujo, desde 2012, a un 3.5 por ciento.

 

Y no hablemos del desempleo, que si bien de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las tasas de desocupación descendieron a 4.1 por ciento, no ha sido suficiente para crear siquiera la mitad de los trabajos que el país necesita.

 

Eso sí, los poderosos se siguen reuniendo bajo esquemas de inmunidad e impunidad, demostrando que en México lo que falta no es dinero sino igualdad. Y mientras más largas sean las fiestas, más pesada será nuestra cruz.

Que te vaya bien, Francisco

Por: César Soto Morales

papaaciprensa
Que te vaya bien Francisco, aquí nos quedamos con el mismo gobierno esclavo del dinero, con nuestros muertos y nuestro sufrimiento. Tu visita ha servido de mucho para mostrar al mundo la clase de gobernantes que tenemos. Foto: ACI Prensa.

 

La visita de Francisco a la Ciudad de México, Ecatepec, Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Morelia y Ciudad Juárez, fue muy significativa ya que son focos rojos del país, cada uno de ellos ha sido noticia de corrupción y violencia. Francisco ha ido justo donde la sociedad está más dañada, maltratada, olvidada.

 

Muchos le exigen que hable sobre Ayotzinapa, sobre los feminicidios, sobre los pederastas; pero Francisco no lo hace, Francisco habla de la raíz del problema: los privilegios, la riqueza mal habida, los malos gobernantes. El gobierno de Peña trata de darle un manejo mediático a las declaraciones del papa, pero el sol no se puede tapar con un dedo, los mexicanos tenemos sed de justicia y la visita de este personaje con un discurso cercano a la gente parece llevar el sentir de la población y parece, sólo parece, aportar un poco para lograr una solución al desastre causado por el modelo neoliberal instaurado por el PRI, continuado por el PAN, y solapado por el PRD.

 

Sin embargo, no es suficiente Francisco. El discurso por sí mismo no ayudara a revivir a los miles de muertos, ni concederá paz a las familias que ya no tienen a sus seres queridos, quienes víctimas de la pobreza, la falta de oportunidades y la carencia de servicios básicos, fueron arrastrados a la delincuencia o a la guerrilla.

 

Mientras tanto, el Estado mexicano continúa con el plan privatizador, que todo lo considera mercancía, que todo lo vende, que todo lo desprecia menos el dinero, que es su verdadero Dios.

 

Ni Televisa ni TV Azteca ni CNN podrán tapar la realidad, no podrán detener a este pueblo que ya está en rebeldía y que ya no cree en el discurso de esperanza que paraliza.

 

Que te vaya bien Francisco, aquí nos quedamos los mexicanos, con el mismo gobierno esclavo del dinero, con nuestros muertos y nuestro sufrimiento. Tu visita ha servido de mucho para mostrar al mundo la clase de gobernantes que tenemos.

Apuntes sobre el TPP

ATP

Que culpa tienen el tomate, que esta tranquilo en la mata Si llega el hijo de puta, y lo mete en una lata”
Canción popular

Mtro. Cesar Soto Morales

 

Para la gente de a pie, las siglas TPP no suenan familiar, ni siquiera imaginan cómo pueda afectar su vida diaria… Sin embargo, a continuación te dejó algunos datos interesantes que podrían interesarte:

 

Con la firma de 12 países, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam, se conformó la Alianza Transpacífica (TPP), la zona de libre comercio más grande del mundo. La cual, entre otros aspectos, permitirá que cualquier compañía demande a los gobiernos miembros cada que haya una nueva regulación que pueda afectar a sus intereses, aun en contra de los de la población en general, con esto se vulneraria la soberanía de los Estados.

 

Por ejemplo, con este acuerdo el acceso a los medicamentos genéricos sería más difícil, pues la patentes que ostentan las farmacéuticas se extenderán, por lo que los pobres no serán capaces de costearlos, los seguros médicos se encarecerán… es decir, afectará a todos los grupos en la sociedad, quienes no están tomados en cuenta para la negociación.

 

En este sentido, la organización Médicos Sin Fronteras está preocupada por el acuerdo que haría que los medicamentos fueran “incosteables” para las naciones en vías de desarrollo.

 

Además, la coalición de organizaciones sindicales como la AFL-CIO y grupos ambientalistas estadounidenses se opone al acuerdo bajo el argumento de que beneficia a las grandes corporaciones pero no a los trabajadores.

 

Estamos ante un acuerdo que le brindara más seguridad a las empresas transnacionales, en detrimento de los intereses de la sociedad, los gobiernos que forman parte de él, están dando la espalda a sus gobernados y mostrando que, en realidad, trabajan para las grandes corporaciones.

 

Por otro lado el TPP es una estrategia de los Estados Unidos para hacer contrapeso al poderío económico de China en Asia y para acotar la influencia de Brasil en América Latina, a través de sus aliados en la región (México y Chile, principalmente en Latinoamérica; y Japón en Asia), lo que constituye un instrumento de poder geopolítico que aseguraría la preeminencia económica estadounidense en el mundo.

 

Así, el TPP es un contrapeso a la conformación del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que al estar cooperando económica y financieramente entre ellos, a través del recién creado banco de desarrollo de los BRICS, constituyen un desafío al poderío estadounidense, expresado en los organismos económicos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

 

Estamos pues ante un choque de gigantes, tal vez no visto desde los tiempos de la guerra fría, el desenlace aún lo sabemos, pero la batalla está en marcha.

La mejor fórmula para enloquecer… Detrás de la pluma

¿Qué hay detrás de la pluma de un escritor?

Uno piensa en el camino de vivencias y lecturas que ese ser de letras ha atravesado. A veces su vida, que podría configurarse bohemia y rodeada de intelectuales, se ve opacada por una cosa: la cotidianidad y la supervivencia.

Hoy les escribo desde la Feria del Libro Psicoanalítico. Como se se imginarán, hoy no vengo como ponente, presentadora ni amiga de los autores. No es mi medio.

Hoy vengo como expositora. Llegué. Monté mi mesita con libros. Y me senté a esperar que los lectores llegaran. Pero hubo más detrás…

Salí de casa mucho antes que todos los días, hasta recordé mis días de estudiante. Abordé un metrobús lleno. Transbordé y volví a transbordar para recoger el stock y de ahí venir a la feria, cerca de Reforma.

Y sí, hubo más. Al preparar el stock uno se arrodilla, acaricia libros, los busca y revuelve, sobre todo si hay prisa. Uno se llena las manos de polvo y tierra, porque todo lector debe saber que los libros son un verdadero imán de polvo.

Después, uno mete libros en bolsas y mochilas y los carga en la espalda, en los hombros, y baja o sube escaleras. La condición física también se pone a prueba.

Los escritores somos como los músicos, tenemos esa dualidad de “estrellas en el escenario a acarreador de sus propios instrumentos”. Así sucede con nuestras obras.

Pero, ¿saben qué pienso? Que no hay nada como trabajar con lo que a uno le gustan: los libros.

Reflexión sobre la Política social en México

Por: César Soto Morales

 

La política social de nuestro país está dirigida por los organismos financieros y económicos internacionales, a raíz del llamado Consenso de Washington. De esta manera, desde inicios de la década de 1990 comenzó una nueva etapa en la política social de nuestro país, al verse afectada por la implantación del modelo económico neoliberal que impacta directamente a los programas sociales.

 

La estrategia liberal, y cuyas características principales son la economía abierta, especialización exportadora, propiedad privada, fomento a la Inversión extranjera directa y dependencia de préstamos e inversiones extranjeras, definitivamente mina el campo de acción del Estado para la aplicación efectiva de programas de corte social, puesto que se basa en la supremacía de los mercados sobre la regulación estatal.

 

Este ultimo argumento es clave para comprender las limitaciones de la política social del Estado mexicano en un entorno donde, según las premisas liberales, las fuerzas del Mercado serán las encargadas de la distribución de la riqueza a través de las leyes de la oferta y la demanda, la famosa mano invisible de Adam Smith que milagrosamente eliminará las desigualdades económicas de la raza humana.

 

Karl Polanyi en su obra La Gran transformación trata el tema de cómo el liberalismo económico y el advenimiento de la sociedad de mercado resultan contradictorios y generan un doble movimiento. Por un lado, el Mercado que trata de mercantilizar todo a su paso, incluso la naturaleza y el ser humano, este ultimo se resiste creando un movimiento contrario, oponiendo resistencia a las fuerzas del mercado.

 

En el entorno económico global donde existe globalización de los mercados y globalizaron de la producción, las fuerzas del mercado se imponen desde los países más poderosos del orbe (Unión Europea, Estados Unidos y Japón) y sus grandes empresas transnacionales, las cuales se ven favorecidas por los regímenes internacionales creados para su expansión global.

 

A través de las reglas generadas desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), se dicta la forma en que deberán ser diseñadas las políticas publicas de los Estados sujetos a estos organismos.

 

En estas condiciones, la aplicación del modelo neoliberal ocasiona enormes costos económicos y sociales en contra de los países del sur principalmente, y las clases débiles, y atrae grandes beneficios para los países del Norte y sus clases dominantes.

 

Entre las falacias más notables del modelo neoliberal está la pretensión de que el Estado no debe intervenir en la economía. La reducción del ámbito de acción del Estado trae consigo la privatización de la dimensión social de las instituciones de asistencia social. Se considera, por otro lado, que el Estado es mal administrador de empresas y pésimo productor, por lo que debe limitar su papel a ser buen administrados de los recursos y bienes de la Nación.

 

En México se comienza con la implementación de la apertura exterior, (1982-1993), a través de la carta de intención suscrita con el FMI, y se procede al aceleramiento del abandono del proteccionismo para pasar a una doctrina librecambista instrumentando, para ello, diferentes herramientas que sirvan de puente en esta transición.

 

Podemos dividir la transición hacia el neoliberalismo en el modo de producción mexicano de
la siguiente manera:

• Etapa de preparación (1982-1988)
• Etapa de profundización (1988-1994)
• Etapa de continuidad y perfeccionamiento (1994-….)

 

Etapa de preparación: Miguel de la Madrid Hurtado

 

A partir del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado se llevaron a cabo diversas reformas económicas que implementaron una nueva estrategia de desarrollo y un cambio en la aplicación de la política social en México.

 

El 10 de noviembre de 1982, el gobierno de México firmó la carta de intención que lo comprometía a adoptar un programa de ajuste compatible con la concepción del FMI, el cual daba la pauta a una etapa de “preparación” a la implantación del modo de producción Neoliberal; dicho plan contenía algunos elementos heterodoxos de manera temporal, y constituye el inicio de un nuevo patrón de acumulación capitalista en el país.

 

A mediados de 1986, se da una confirmación importante del apego al sistema Neoliberal por parte del gobierno, con la entrada de México al GATT, esto da inicio a un rápido proceso de liberación comercial, el cual se esperaba que estimulara el crecimiento económico y elevaría la eficiencia de la planta productiva, lo que facilitaría la conquista de mercados externos.

 

El gobierno de De la Madrid apuesta a la explotación de la ventaja competitiva de México: el costo salarial por unidad producida, y es precisamente en este punto en donde está el dilema para que un país se vuelva competitivo a costa de la explotación “eficiente” de la mano de obra; es decir alcanzar la competitividad a través de bajos costos salariales.

 

De esta manera, y teniendo como antecedente el fracaso de los planes ortodoxos que se habían aplicado desde 1982, representantes del gobierno, obreros, campesinos y empresarios, decidieron firmar el llamado “Pacto de Solidaridad Económica”; el cual comprometió a los obreros a moderar severamente sus pretensiones de aumento salarial, los
campesinos a aceptar que los precios de garantía se mantuvieran a su nivel real de 1987 y los empresarios aprobaron que se acelerara la apertura comercial, lo que obligaría a moderar sus utilidades y a ser más competitivos mediante el incremento de productividad; por su parte, el gobierno se obligó a disminuir su gasto y a reducir el tamaño del sector público racionalizando sus estructuras administrativas y acelerando la política de separación de empresas calificadas no prioritarias o estratégicas.

 

Los efectos sobre la política social son previsibles, el Estado se estaba desmantelando y con él los programas sociales de apoyo a los obreros y campesinos, quienes pasaron a ser una mercancía más del mercado.

 

Los obreros vieron afectado su ingreso pues el control salarial estaba en marcha, asimismo el desarrollo del mercado exigía la pronta desaparición de derechos laborales que encarecían la mano de obra.

 

Por otro lado, los campesinos fueron victimas de la reducción de subsidios al campo, lo que los condujo a emigrar a los centros urbanos o al extranjero, abandonando o vendiendo sus tierras, las cuales ya no convenía explotar ante la competencia de las grandes corporaciones agroindustriales de los Estados Unidos.

 

Etapa de Profundización: Carlos Salinas de Gortari

 

En la Administración de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), se vivió una etapa ardua de la liberación económica, y se amasó un fuerte monto de recursos que se destinaron a obras de beneficio social, a través del programa de solidaridad, pero esto fue debido a la venta de Empresas Públicas, la captación de capitales especulativos y deuda.

 

Durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, México empezó a cumplir cabalmente con las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, no sólo en materia financiera sino también comenzó a hacerlo en asuntos internos como gasto público, inversión extranjera y la relación comercial con el exterior.

 

Lo contrastante de todo este proceso de privilegiar a la élite empresarial con la venta de empresas paraestatales fue que la acción de “adelgazamiento del Estado” provocó desempleo. En efecto, las políticas de adelgazamiento del Estado generaron recortes de personal en las oficinas de gobierno.

 

A su vez, con la privatización, muchas empresas paraestatales redujeron personal y no crearon plazas nuevas.

 

El adelgazamiento de los empleados del Estado tuvo como inminente respuesta la expresión sin precedentes de la economía informal; contracción del poder de compra, que generó reducciones en el mercado interno.

 

A este respecto cabe hacer referencia al Programa Nacional de Solidaridad, el cual constituyó un intento del gobierno mexicano para “sacar” a más de la mitad de la población del país de la pobreza y la pobreza extrema y así contener posibles surgimientos de movilizaciones sociales.

 

Los objetivos del programa eran los siguientes:

“-Mejorar las condiciones de vida de los grupos campesinos, indígenas y colonos populares.
-Promover el desarrollo regional equilibrado y crear las condiciones para el mejoramiento
productivo de los niveles de vida de la población.
-Promover y fortalecer la participación y la gestión de las organizaciones sociales y de las
autoridades locales.”

 

Sus propósitos eran finalmente muy específicos, para cuyo logro se dirigió la atención a las áreas a cargo de la alimentación, regularización de la tenencia de la tierra y vivienda, procuración de justicia, apertura y mejoramiento de espacios educativos, salud, electrificación de comunidades, agua potable, infraestructura agropecuaria y preservación de recursos naturales, mediante la puesta en práctica de proyectos de inversión recuperables.

 

La política de combate a la pobreza se realizaría a su vez mediante la asignación de proporciones presupuestales crecientes, mismas que fueron financiadas por la privatización de empresas paraestatales.

 

Con algunas importantes modificaciones y con el nombre de Progresa, durante el sexenio de Ernesto Zedillo y Oportunidades, durante el sexenio de Vicente Fox y Felipe Calderón, estos programas han seguido constituyendo el tronco principal de la política social del gobierno federal en México.

 

Desde mi punto de vista, estos programas no resuelven los problemas de pobreza, marginación y desigualdad que hay en nuestro país y así lo demuestra el índice de Gini de México que nos muestra cómo nuestro país es de los mas desiguales en América Latina, con un coeficiente de Gini medio de 0.53.

 

Lo que nos hace pensar que estos programas están diseñados para contener la pobreza en rangos que no representen un peligro para el Estado al darle a las clases más desfavorecidas a modo de aspirina un apoyo que los mantenga en stand by y que no caigan en la tentación de organizarse para exigir mayores concesiones y/o subsidios por
parte del Estado.

 

Asimismo, estos programas son compatibles con el régimen impuesto por los organismos financieros y comerciales internacionales, los cuales incluso los apoyan a través de prestamos del Banco Interamericano de Desarrollo, favoreciendo programas y proyectos que siguen la lógica de desarrollo neoliberal y dejando a un lado los problemas de fondo que ayudarían a un verdadero desarrollo económico y social de nuestro país.

La mejor fórmula para enloquecer

Hay un sinfín de maneras de enloquecer; mi fórmula consiste en encontrar siempre una distinta. Hoy es viernes 15 de enero del 2016, son las 21:15:50 y el próximo jueves (en teoría, hoy, 21 de enero) se inaugura mi columna para Los ojos del Tecolote, así que entre emocionada, dispersa y un poco nostálgica, comienzo a hacer uso de este espacio de la mejor manera que alguien puede escribir, con las emociones alteradas.

Volver siempre al mismo lugar

Quizá sea la más recurrente de las maneras de comenzar a perder la razón. Volver al mismo lugar es como caminar en círculos en vez de hacerlo hacia adelante, es condenarse a repetir siempre las mismas historias, a pasar por los mismos lugares, a encontrarte con la misma gente, a volver a beber el mismo trago y sí, condenar las nuevas historias a los viejos finales.

Sé que lo que digo no es un hallazgo, nada que el mismo lector no haya pensado en alguna ocasión, mi pregunta es ¿entonces por qué seguimos volviendo siempre al mismo lugar? ¿Por qué si no queremos repetir las mismas consecuencias del pasado, seguimos tomando las mismas decisiones que nos dirigen a ellas?

Podremos creer o no en el destino o en alguna otra entidad dictaminadora, pero sin duda creo que lo que determina nuestro rumbo es un conjunto de ambas, la situación que nos es dada más nuestro propio deseo de arruinarnos. ¿Qué le pasa a Ricardito en Las travesuras de la niña mala? La vida se le va en pagar la condena de haber conocido y coincidido a lo largo de los años con la niña mala, pero también vemos cómo es que a lo largo de toda esa vida se ha dedicado a anhelar y buscar cada uno de esos encuentros. ¿Y qué puede haber más desesperanzador que buscar la propia miseria?

O quizá la mejor manera de enloquecer sea renunciando a aquello que siempre nos ha obsesionado, soltar; porque buscar la cordura es seguramente el indicio más certero de que estamos más lejos de ella que nunca.

Soberanía alimentaria y privatización de la naturaleza

Por: César Soto Morales

maíz

En su prólogo a la obra de Polanyi, La Gran Transformación, Stiglitz menciona “Les decimos a los países en desarrollo lo importante que es la democracia, pero, cuando se trata de asuntos que les preocupan más, lo que afectan sus niveles de vida, la economía, se les dice: las leyes de hierro de la economía te dan pocas opciones, o ninguna; y puesto que es probable que tú (mediante tu proceso político democrático) desestabilices todo, debes ceder las decisiones económicas clave”.

 

Entonces, democracia sí, soberanía económica no. Ésa la fórmula que se aplica para las economías de los países del Sur, este tipo de soberanía tiene incidencia decisiva sobre las políticas públicas aplicadas a la producción de alimentos ya que su carácter de bien de primera necesidad hace a esta actividad una de las más rentables en el modo de producción capitalista neoliberal.

 

De acuerdo a Polanyi, la creación de una economía de mercado autorregulada requiere que los seres humanos y el ambiente natural se conviertan en simples mercancías, lo que asegura la destrucción de la sociedad como del ambiente.

 

La tierra, el trabajo y el dinero son las llamadas mercancías ficticias puesto que no se produjeron originalmente para venderse en el mercado; el maíz es producto de la tierra y el trabajo, por lo tanto es una mercancía ficticia dada su importancia para la sobrevivencia del ser humano, en particular en Mesoamérica por su carácter de alimento en la dieta básica, así como sus usos para alimentación de ganado, principal fuente de proteínas de la humanidad[1].

 

Los dos niveles en el argumento de Polanyi, por el cual la mercantilización de la naturaleza tiene consecuencias de autodestrucción de las sociedades, se sustentan en el plano moral y el del papel del Estado en la economía.

 

La cuestión de tratar al ser humano y a la naturaleza como un objeto que puede ser vendido y comprado es un error moral de gran magnitud; la alimentación como producto de la tierra y del trabajo del ser humano constituye un bien natural no comerciable, sino más bien una necesidad humana que debe ser cubierta, cualquier forma de mercantilización o privatización de la producción de alimentos a gran escala y con fines de lucro a costa de comprometer la soberanía alimentaria de un pueblo debe ser regulada por el Estado.

 

Como lo menciona Polanyi, los gobiernos han buscado mantener la continuidad en la producción alimentaria con diversos instrumentos que liberan la presión de los campesinos respecto de las presiones de las cosechas fluctuantes y los precios volátiles.[2]

 

El Estado, de acuerdo a los argumentos del autor, debe manejar las mercancías ficticias para regular el efecto destructivo de dejárselo todo a la libertad del mercado, la cual llevaría a la sociedad a una etapa de autodestrucción; esto hace virtualmente imposible dejar fuera al Estado de las decisiones económicas más, aquellas que tienen que ver con la tierra, el trabajo y el capital y, si lo vemos de una manera más actual, también es necesaria la participación estatal en sectores como el tecnológico y el área de investigación y desarrollo.

 

Según Polanyi “las mercancías ficticias explican la imposibilidad de desarraigar la economía. Las sociedades de mercado reales necesitan que el Estado desempeñe una función activa en el manejo de los mercados, y esa función requiere decisiones políticas; no puede reducirse a una suerte de función técnica o administrativa. Cuando las políticas estatales se mueven en dirección del desarraigo al confiar más en la autorregulación de los mercados, el pueblo se ve obligado a absorber costos mayores. Los trabajadores y sus familias se vuelven más vulnerables ante el desempleo, los campesinos se exponen a una mayor competencia de las importaciones, y a ambos grupos se les pide que lo hagan con menos derechos asistenciales”.[3]

 

Como es de esperarse, los afectados por las políticas de autorregulación no aceptaran absorber los costos de las políticas liberales sin ofrecer resistencia, esto es llamado contramovimiento de Polanyi, la resistencia al cambio, que de no existir llevaría a la sociedad a la autodestrucción, da lugar al surgimiento de movimientos y organizaciones que luchan en contra de la mercantilización de la naturaleza, -en este caso de la soberanía alimentaria-, ha dado surgimiento a movimientos globales de resistencia, el más importante de ellos es la vía campesina.[4]

trigo

En contraflujo y en el extremo liberal están las fuerzas del mercado, las cuales se imponen desde los países más poderosos del orbe (Unión Europea, Estados Unidos y Japón) y, conjuntamente, sus grandes empresas transnacionales, las cuales se ven favorecidas por los regímenes internacionales creados para su expansión global.

 

A través de las reglas generadas desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), se dicta la forma en que deberán ser diseñadas las políticas públicas de los Estados sujetos a estos organismos.

 

Los regímenes internacionales son herramienta conductora de los intereses de las economías más poderosas. De acuerdo con Krasner, hay una relación entre hegemonía y apertura del comercio mundial, según la cual la estructura del comercio internacional está determinada por los intereses y el poder de los Estados para maximizar sus metas nacionales.

 

Este autor define a los regímenes internacionales como un conjunto de principios explícitos o implícitos, normas reglas y procedimientos de toma de decisiones que giran alrededor de las expectativas convergentes de los actores en un área determinada de las Relaciones Internacionales.

 

Estas reglas y principios señalan estándares de creencias y conductas, definidas en términos de derechos y obligaciones y en los procedimientos de toma de decisiones, done prevalecen prácticas para hacer e implementar la decisión colectiva.[5]

 

Si lo vemos de una manera literal, el concepto de Krasner parece apoyar el orden establecido, sin embargo, si tomamos en cuenta la concepción de Susan Strange, el modelo parece estatocéntrico y sesgado.

 

Mas una mezcla de las dos visiones puede dar buenos resultados si tomamos la teoría de los regímenes desde una perspectiva donde las economías dominantes imponen su lógica de desarrollo a los países del sur, a través de las organizaciones económicas internacionales, de esta manera y aplicado a nuestro objeto de estudio, en este trabajo tenemos la visión de seguridad alimentaria de la FAO y de la OMC, en contraposición con la de soberanía alimentaria de la vía Campesina.

 

La visión de Keohane de los regímenes internacionales nos da pauta a interpretar cómo estos facilitan el intercambio comercial en el sector alimentario, favoreciendo los intereses de quienes dictan los principios, las reglas y los procedimientos en el comercio internacional; según este autor, la existencia de regímenes internacionales ayuda a evitar que los intereses económicos entren en conflicto y produzcan “fallas” en el mercado.

 

Los regímenes internacionales:
-Reducen la incertidumbre
-Promueven la cooperación
-Facilitan las transacciones económicas y nuevos acuerdos
-Facilitan la obediencia por reglas comunes[6]

 

Es decir, constituyen, según mi punto de vista, la facilitación del movimiento de los factores de producción a través de las fronteras nacionales, dejando con esto campo abierto a las grandes empresas transnacionales para que aprovechen la dotación de factores que hay en los mercados que están siguiendo las reglas de un régimen económico en particular.

 

De esta manera y siguiendo a Porter, la conformación de regímenes internacionales facilita la localización de las Empresas transnacionales en los lugares más eficientes para la producción de bienes y servicios, lo que da pie a la plantación estratégica que éstas les indica, y dónde, cuánto y qué producir.

 

En el sector agroalimentario, en particular en la producción de maíz, podemos identificar en primer término el régimen comercial de la OMC y los Tratados de libre comercio, específicamente el TLCAN para el caso de México, y la OMC y el MERCOSUR para Brasil y Argentina, siendo el común denominador para los tres países el régimen financiero internacional del FMI.

 

De esta manera, los grandes corporativos agroindustriales estadounidenses -Cargill, ADM, Monsanto, Bounce- aprovechan sus ventajas monopólicas a través de la Inversión extranjera directa (IED), manteniendo una estrategia expansionista y controlando la mayor parte de la producción y la cadena productiva del maíz.

 

Favoreciendo el desarrollo desigual de las economías, ya que la gran empresa mantiene el control de la cadena productiva y deja en segundo término a las empresas nacionales, las cuales se limitan al papel de proveedores de las grandes corporaciones transnacionales; éstas, al contar con el apoyo de los regímenes financieros y económicos liberales, aprovechan su dominio del mercado para manejar los precios a su conveniencia.

 

El manejo de los precios se da sin tomar en cuenta las necesidades alimentarias de la población y con la visión del lucro por encima de cualquier otro objetivo de desarrollo agrícola o de salvaguardar la soberanía alimentaria de un pueblo.

 

Ante esto, los Estados que están bajo las normas del régimen económico, financiero y de propiedad intelectual de corte neoliberal, no tienen mucho que hacer, puesto que han dejado las decisiones económicas fundamentales a entes privados, los cuales sólo buscan rentabilidad. Dicha situación deja a las políticas públicas de apoyo a los agricultores en segundo plano, dado que a partir del ingreso a estos regímenes neoliberales se abandonaron los apoyos al campo y a los bienes derivados de éste.

 

Por otro lado, la privatización del conocimiento y de la biodiversidad también forma parte de la mercantilización de la naturaleza, las reglas en materia de propiedad intelectual de la OMC protegen bienes públicos tales como las variedades de semillas de maíz y los convierten en bienes privados, lo que les da derechos de exclusividad para la producción de alimentos.

 

De esta manera, las políticas públicas neoliberales permiten la privatización para la creación y difusión del conocimiento, el cual tiene características de bien público, mas se permite la apropiación de este tipo de bienes para estimular la inversión.

 

Esto tiene como consecuencia una grave baja en la utilización del conocimiento, el cual está en manos de unas cuantas corporaciones privadas que siguen investigando y patentando nuevas semillas y agroquímicos con el único fin de acumular más capital y seguir fortaleciendo sus ventajas monopólicas en el mercado. A través de estos acuerdos, siendo el TRIPS su principal exponente, los países ceden parte de su soberanía económica e incluso parte de sus riquezas en biodiversidad a los grandes corporativos transnacionales.

 

Estos se encargan de explotar tanto a los conocimientos como a los seres vivos, modificándolos, en algunos casos, genéticamente para lograr mayor producción, amenazando con esta acción el equilibrio ecológico y poniendo en peligro la soberanía alimentaria de la humanidad y su biodiversidad al estar a merced de los grandes corporativos biotecnológicos y los descubrimientos milenarios de las poblaciones nativas desprotegidos y en espera de ser registrados para su privatización y posterior comercialización y/o modificación genética.

 

Por último y para cerrar este debate teórico no se puede dejar afuera a Robert Cox, quien está en la misma sintonía de Marx y Polanyi, al hablar sobre las contradicciones en las fuerzas materiales de producción, las cuales son las que desencadenan en transformaciones estructurales.

 

Asimismo, el trabajo de Gramsci también puede verse en las ideas de Cox, al argumentar que quien tiene el control hegemónico de las ideas y las estructuras de conocimiento puede legitimizar y mantener un determinado orden social.[7]

 

Como ya lo hemos visto, la alimentación puede ser objeto de apropiación del conocimiento, y a través de este control, los países que tienen empresas propietarias de patentes pueden mantener un orden económico y social determinado en donde tengan la manija de la producción de lo más básico, en este caso, pueden dominar la alimentación de una nación, lo cual nos deja ver cuán valida es la aplicación de las ideas gracianas a nuestro objeto de estudio.

 

El cambio sistemático sólo se da por la transformación estructural derivada de las contradicciones inherentes al sistema, sean del carácter de la lucha de clases al más puro estilo del marxismo clásico o del contramovimiento de plañí, pasando por la conformación del bloque histórico de Gramsci.

 

Actualmente, con la globalización económica mundial, la formación de regímenes internacionales que favorecen la libre movilidad de factores productivos y la transnacionalización de las industrias alimentarias, en particular la concentración del poder de decisión dentro de los regímenes internacionales, se da en los países miembros de la triada económica mundial (Unión europea, Estados Unidos y Japón).

 

Cada uno de ellos conservando su área de influencia: la Unión Europea teniendo como zona de servicio a la Europa oriental y parte de África y medio oriente, Estados Unidos tiene a Latinoamérica y sus zonas de influencia en África, Asia y Medio oriente, y Japón tiene al sureste asiático y sus zonas en América, y Medio Oriente.

 

En esta sintonía se puede argumentar, de acuerdo a los autores que hemos revisado en este trabajo, que la soberanía alimentaria de México está en manos de las empresas transnacionales estadounidenses, y por el mismo rumbo van Brasil y Argentina, pero dada su inserción en un régimen comercial diferente al de México, tienen algunas diferencias en la aplicación de políticas públicas en el sector, las cuales están influidas irremediablemente por la presencia de los corporativos estadounidenses.

 

Dichos corporativos gozan de ventajas monopólicas, las cuales explotan a través de la plantación estratégica, aprovechando la dotación de factores que son aprovechados a través de la localización de subsidiarias en las zonas donde gozan de preferencias comerciales y de inversión gracias a la pertenencia de las economías a regímenes internacionales dominados por la economía líder, en nuestro caso los Estados Unidos.[8]

 

Nuestros países están asegurados por la economía líder a través del FMI, la OMC y el TLCAN, y sus reglas determinadas para el desarrollo al estilo Neoliberal, el cual asegura las condiciones de acumulación de capital de las grandes empresas. Y la mercantilización de los recursos naturales avanza cada vez más, amenazando la biodiversidad y el equilibrio ecológico, contando con la anuencia de gobiernos serviles a los intereses del capital por formar parte de este mismo e inmersos en el dogma neoliberal que cada día avanza privatizando todo lo que se puede vender, aunque sea algo intangible o incluso una idea novedosa.

Evaluaciones, reformas y hasta educación

En las últimas semanas se llevó a cabo la evaluación para los maestros en distintas partes del país, derivada de la mal llamada reforma educativa. En algunos estados y como era de esperarse, la evaluación tuvo muchas complicaciones al momento de aplicarse. No obstante, la Secretaría de Educación Pública dijo que la evaluación fue exitosa y que la participación de más de 131 mil docentes demostró su efectividad.

 

Sin embargo, líderes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), Francisco Bravo, ex secretario general del magisterio y Enrique Enríquez, secretario general de la sección 9 de Michoacán, reprocharon que no se dieron las condiciones necesarias para una correcta aplicación.

 

Pero mientras los bandos permanecen polarizados y lanzan argumentos como flechas, dirigidos a la opinión pública para que se sumen de uno u otro lado, la realidad es que ni el gobierno ni los sindicatos de profesores se ha preocupado por la sustancia medular de esto: la educación de los jóvenes.

 

Lo digo porque mientras unos se preocupan por no perder sus privilegios y otros le apuestan al pragmatismo numérico para demostrarle a la OCDE que los mexicanos no son tan ignorantes como lo reflejan sus exámenes, ninguno ha lanzado propuestas reales para mejorar la educación de nuestros jóvenes.

 

De entrada, y ahí entra la mayor responsabilidad del gobierno, es darles de comer a los estudiantes y empleo a sus padres (el orden de los factores no altera el producto). De aquí es de donde se originan todos los problemas de aprovechamiento, estancamiento, deserción, frustración y un muy largo etcétera que más de uno ya conoce. Combatiendo el desempleo, los padres no tendrán pretexto para que obliguen a sus hijos a ir trabajar.

 

La alimentación de los jóvenes es trascendental para la aplicación de una buena reforma, pues mientras tengan el estómago lleno, el cerebro podrá trabajar de manera óptima ante cualquier tarea y desafío.

 

Combatiendo eso, se podrá diseñar e implementar un plan que de manera exponencial mejore y revele las aptitudes y capacidades de los niños, adolescentes y jóvenes. Si algo ha demostrado el modelo actual es que no a todos les gusta las matemáticas y no todos son buenos para el español, a final de cuentas, todos somos diferentes como personas aunque seamos iguales ante las leyes. Por ello, ¿por qué no apuntalar una reforma que durante los primeros 12 años de vida del niño, se le muestren sus cualidades, se le cuiden sus gustos y pasiones, y después, se le dirija para ser el mejor en lo que las evaluaciones lo coloquen en determinada área?

 

Si algo hemos debido aprender a lo largo de la historia de la humanidad, es que no todos podremos ser cerebro; en algunos casos nos tocará ser mano, brazo, pierna, uña o cabello. Es evidente que entre más científicos haya en un país, habrá un mejor desarrollo, ese tema no está a debate, pero por qué no establecer vías completamente dirigidas para las futuras generaciones donde se les explote sus talentos, con una educación gratuita y laica, lo que derivará en algunos casos en excelentes ingenieros, economistas, médicos, escritores, agricultores, deportistas, artistas o vendedores.

 

Habrá que pulir muchas de estas ideas a través de un decálogo, pero mientras eso llega en el próximo año, estamos a buen tiempo de apostarle a una sola cosa, la educación de nuestros niños, pues como diría mi padre: el único trabajo que ellos tienen es el de ir a la escuela y seguir aprendiendo.

 

Nos leemos en 2016.

¡Gracias!

primera edición

 

El fin es inicio. Siempre nos quedó claro. Por eso, “en uno de esos alarde de rebeldía, lo vimos como el comienzo de una nueva aventura. Tentamos al destino, sabia práctica de la juventud”. Y nos lanzamos al vuelo con todo lo que ello representaba: sueños, esperanzas, deseos, proyectos a futuro, miedos…

Era diciembre de 2014. Dejamos que la navidad nos inspirara y preparamos una serie de textos con los que pretendíamos conquistar lectores. Tratamos de hacerlo cada mes, hasta que nos dimos cuenta que ello no sería suficiente. Entonces el formato cambio sin modificar nuestra máxima: servir a la gente.

Desde aquella fecha, un 15 de diciembre, a las ocho de la noche, el Tecolote vuela. Como todo proyecto, ha tenido sus altas y bajas. Hemos sumado nuevas plumas y también perdido otras. Tratamos de corregir las fallas y sumar, cada día, nuevas virtudes. Y aunque, a veces, la paciencia nos ha faltado, tratamos de convertir a la perseverancia en nuestra máxima alidada.

Hoy cumplimos un año como portal. Hoy queremos agradecer a todas las personas que han estado junto a nosotros en la construcción de este espacio que no deja de trabajar por mejor. Hoy recordamos a todas esas plumas que iniciaron con nosotros y que hoy ya no están. Hoy reafirmamos nuestro compromiso con la gente y el periodismo. Hoy decimos: gracias.

En el horizonte se vislumbran nuevos retos, nuevos aprendizajes y caídas. Estamos listos. Queremos estarlo por la gente, por este Tecolote que aún es pequeño y aprende a volar junto a nosotros. Bienvenido sea el tiempo. Bienvenidos éste y los años por venir. Porque si un elemento nos queda claro es que “Nuestros ojos, nuestras manos, nuestro trabajo, nuestras alas, están hecha por y para la gente, porque el periodismo debe servirles a ellos”.

 

Entre frivolidades y civismo

Han pasado poquito más de tres años desde que el hijo pródigo de Atlacomulco, Enrique Peña Nieto, subió a la primer magistratura de nuestro país.

 

Durante este trienio, el poder ejecutivo ha dejado mucho que desear. Por enumerar algunos datos están sus reformas, que no han dado los resultados pregonados durante su negociación y promulgación; la inseguridad, que si con Felipe Calderón fue un tema que costó miles de muertos, Peña Nieto no ha hecho más que tapar el sol con verdades históricas; la corrupción, donde casas blancas, OHL y conflictos de interés, han desnudado la incapacidad de este gobierno ante esta situación; la economía, donde el dólar alcanzó máximos históricos, durante buena parte de este 2015.

 

Y así podríamos continuar con el desplegado de horrores, capaces de ignorar en muchas ocasiones las leyes de la física, pues esas acciones, aparentemente, no han generado reacciones igual de fuertes pero en sentido contrario.

 

Pero, más allá de estas desalentadoras cifras que son un momento al estancamiento, la desigualdad y la indiferencia, este gobierno se ha caracterizado por una cosa en particular: la frivolidad.

 

Y es que mientras el país ha tenido verdaderas situaciones de crisis, Enrique Peña Nieto y los suyos han estado de placeres en distintos países de Europa. Comiendo con reyes, yendo de compras, siempre con una pulcra imagen, pues el maquillista no podía quedarse en México ¿Qué pensarían de nosotros como pueblo si tenemos una primera dama fea?

 

Al presidente, más que importarle el país, le importa su imagen, cómo se viste su prole y hasta cómo viaja, no por nada el mandatario vuela en uno de los aviones particulares más costosos del mundo.

 

Su sexenio se reduce a la pobreza, no de su pueblo, sino de su calidad humana, pues mientras Angélica Rivera y Peña compartían los desaires, los feminicidios, las desapariciones, la corrupción, afloraba como mala hierba.

 

No obstante, no todo está perdido. Pues mientras el país se desmorona, pequeños destellos iluminan el paraje brumoso nacional. El pasado domingo 6 de diciembre, los habitantes de la delegación Cuauhtémoc salieron a las calles para votar en contra del Corredor Cultural Chapultepec. Obra de carácter privado que sin pies ni cabeza, pretendía edificar un segundo piso peatonal con fines lúdicos y de esparcimiento, cuyos costos y beneficios estuvieron empañados desde el primer momento. La respuesta de los ciudadanos fue no. Y su rechazo ordenado, pacífico y puntual, fue respaldado por poco más de 14 mil votantes.

 

Ahora, los habitantes de las colonias donde se tenía pensado levantar una obra que nadie pidió, están a la espera de la confirmación por parte de las autoridades capitalinas sobre la declinación de este proyecto.

 

Así pues, en la sociedad navega entre mares turbios y ríos caudalosos.

De ciclistas y otras circunstancias

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Se necesita repensar la consciencia y civismo de los citadinos. Especial.

 

Una horda de automóviles espera a que cambie el semáforo a verde. En el extremo derecho, personas aguardan, al igual que varios ciclistas quienes hacen lo propio.

 

Ríos de vehículos cruzan, uno tras otro, hasta que el color por fin cambia. No ha pasado un segundo cuando los carros, desesperados, pitan al de enfrente para que avance, pues hay prisa de por medio. Peatones, seguidos por ciclistas, se atraviesan pese a que no han terminado de pasar los coches. Así es un día en las calles de la Ciudad de México: un campo de batalla.

 

Y saco el tema a colación, porque en la última semana se ha levantado la polémica a raíz de dos accidentes donde usuarios de bicicletas fallecieron tras ser atropellados.

 

Incidentes lamentables porque en los últimos años el ánimo de la gente va cambiando, cada vez se voltea a ver más a este medio de transporte como una alternativa de movilidad eficiente ante la saturación vehicular. No obstante, el fallecimiento de una joven de 21 años y el de un hombre de 60, hacen que se replantee la posibilidad de utilizar la bicicleta para recorrer la ciudad.

 

¿Pero replantear qué?: ¿la saturación en el Distrito Federal por una pésima planeación de urbanización?, ¿las condiciones deplorables del transporte público?, ¿el aumento brutal del parque automovilístico?, ¿la inclusión de los ciclistas en reglamento de tránsito que los sancione más allá de una amonestación verbal? No señores. Se necesita repensar la consciencia y civismo de los citadinos.

 

Cuántas personas (sin excepción) no hemos sufrido un percance, menor o mayor, cuando nos desplazamos a nuestras escuelas, trabajos u hogares. Desde los empujones en el metro, hasta los que se ven envueltos en una imprudencia de un conductor. Todos somos responsables porque en muchos momento somos más victimarios que víctimas. Y esto incluye al chófer que juega carreras con los pasajeros y las personas que por costumbre (por no decir pereza) se atraviesan a mitad de avenidas.

 

Nunca nos hemos puesto a pensar sobre la necesidad del otro, ¿para qué?, si lo que yo quiero es llegar porque se me hizo tarde.

 

Estas situaciones sólo dejan en claro que la ciudadanía capitalina es completamente egoísta, pues cada persona, desde su trinchera (transporte en este caso), ocupa el lugar que “merece” sin pensar en el de a lado.

 

Evidentemente no eximo de ninguna responsabilidad a los gobiernos de esta ciudad. Ellos han sido los principales promotores del uso desmedido de los carros, pues prefieren hacer segundos pisos, pasos a desnivel o súper vías, a invertir en programas de educación vial, reglamentos de tránsito eficientes y mejoramiento del transporte público.

 

Algunos defensores del auto aseguran que las bicis no son para recorridos largos, pero, ¿acaso se resolverá si bajamos a los ciclistas y los ponemos a conducir? Los pro bici aseguran que la culpa de todo es de los automovilistas. Los peatones, que la culpa es de todos, menos de ellos. Y así podemos andar de queja, sin embargo, toda la gente que se pone en algún extremo, no entiende que el problema, no es un transporte u otro, sino quiénes lo conducen. Hasta que no entendamos las reglas de convivencia y civilidad, no nos daremos cuenta que tarde o temprano, a todos nos toca andar a pie, bici, transporte o automóvil particular.