Es ‘prejijo’ decirlo

A tres meses del arranque del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el gobierno ha tenido suficientes bemoles para ofrecer el beneficio de la duda... Foto: Twitter, @lopezobrador_

A tres meses del arranque del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el gobierno ha tenido suficientes bemoles para ofrecer el beneficio de la duda y, también, para resaltar los desaciertos que no han sido pocos.

De entrada, López Obrador ha buscado a toda costa ser considerado dentro de los anales de la historia como uno de los mejores Presidentes de México, cosa que no es sencilla pero dado el trabajo de los últimos ocho mandatarios (al menos) no es una tarea tan inalcanzable.

Esto hablado desde la absoluta ignorancia –evidentemente no sé cómo gobernar un país– pero con una aproximación como aficionado a la historia de esta tierra, que si bien es compleja y requiere de varios análisis a profundidad, la tarea se vislumbra titánica.

Sin embargo, si mantiene un equilibrio lo suficientemente estable para generar seguridad, educación, empleo y salud por encima de sus antecesores, su nombre en automático será apartado de apellidos como Calderón, Fox, Zedillo, Salinas y por supuesto Peña, para que alcance esa tarea.

La cosa aquí es que él quiere hacer doce años en seis. No es fácil y lo obliga a ir muy acelerado, sin tomar en cuenta que decidir a la carrera puede traer riesgos y, por ende, resultados desfavorables para el actual Presidente y su equipo.

La falta de estrategia contra el huachicol; la falta de autonomía en la ahora Fiscalía General de la República; la selección de personajes a modo para la ocupación de puestos de alta relevancia como la Comisión Reguladora de Energía, y la poca –nula si me lo permiten– investigación en contra de personajes sospechosos de corrupción –por decirlo de manera decente– como Romero Deschamps podrían ser las anclas que impidan el movimiento del gobierno.

Si bien es necesario destacar que, como nunca, el Presidente ha tratado de ser cercano a su gente a través de las conferencias mañaneras y que tiene una agilidad y resistencia para mantener un ritmo de trabajo envidiable, la concentración de la información y el poder; la falta de claridad a cuestionamientos expresos de reporteros y la poca habilidad para cohesionar a los miembros de su gabinete en temas tan delicados como sus declaraciones de bienes, demuestra improvisación más que planeación por parte de López Obrador.

Es cierto, no me cabe la menor duda, que panoramas apocalípticos como establecer un símil con Venezuela o las dictaduras latinoamericanas sólo son propaganda mal estructurada y organizada por personajes con rostro anónimos; sí es cierto que mantener una política con objetivos pero sin estrategia, podría generar más problemas que beneficios, factura que sería adversa a lo que desea López Obrador y lo ubicaría en el costal que tanto ha criticado y del que no quiere ser parte… los Presidentes ineptos.

Ya estaremos hablando más a detalle sobre sus primeros 100 días de gobierno, por lo pronto, habrá que esperar y estar atentos al presente, del futuro que se encargue el tiempo.

De a tuit

Guste o no, Roma ha hecho historia. Guste o no, Roma ya dejó un legado. Guste o no, Cuarón ya no necesita probar nada. Guste o no, México debe analizarse como lo hizo el director para empezar a salir del hoyo en el que se encuentra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *