Tejer la oscuridad, el nuevo libro de Emiliano Bunge

Tejer la oscuridad, la nueva novela de Emiliano Bunge. Foto: Especial.

Emiliano Bunge, escritor mexicano, presentó su más reciente novela, Tejer la oscuridad, una novela ambientada en el año 2034 en la que el mundo se debate en una guerra global.

Publicado por Random House, la novela muestra a un mundo muy diferente de como lo conocemos: “el calor es agobiante, el cielo luce atravesado por grietas que parecen un sistema vascular y el medio ambiente es, en caso todas partes, de humedad cero”.

Es el año 2034 y el mundo atraviesa por una guerra global entre dos frentes de fuerzas igualdad.

La primera parte de la novela, se desarrolla en uno de los orfanatorios; mientras las segunda, tercera y cuarta parte sedesarrolla en un nuevo mundo…

En Tejer la oscuridad se muestra una distopía; a la par, se vuelve una metáfora de nuestros tiempos y de las sociedad que hemos construido.

El libro es también “una novela sobre el lenguaje como herramienta de esclavitud pero también de salvación”, añade la editorial en un comunicado.

También es una novela sobre la solidaridad y el egoísmo, la fatalidad y la esperanza, la voz de uno y el canto de la tribu, el triunfo del nosotros sobre el yo y la victoria de la multitud sobre el individuo.

A continuación reproducimos algunos fragmentos de la novela, con permiso de la editorial.

“…No recuerdo cómo eran las voces de mis hermanos ni cómo eran las de mis padres. El mar se los tragó cuando inundó los pueblos de la costa, cuando desaparecieron los lugares, las casas, los animales y todas esas gentes que ya tampoco recuerdo. Por eso no quiero olvidar lo que me pasa en este hospicio ni tampoco a nadie que aquí viva conmigo. Ellos son la familia que ahora tengo…”

“…En silencio, la vimos sacarse a cada hijo que traía adentro de la panza. Al final, cuando ella ya había terminado, mamá recogió a los cinco gatitos, los metió en una bolsa de tela y los sumergió en el tanque del escusado. ¡No estés llorando, Ligio!, me gritó mamá, con las manos todavía adentro del agua. Entre sus piernas, Gea aullaba y daba vueltas, desesperada. Cuando por fin me controlé, recogí a Gea, la abracé con todas mis fuerzas y nos marchamos de esa casa. Luego un par de policías nos trajeron a este orfelinato, donde Gea es feliz porque hay muchos otros gatos y donde yo también soy feliz, porque Laudo y Madre me permiten cuidarlos a todos.”

“…Hoy, a cinco noches de alcanzar la última cima, según cálculos de Egidio, quien después de que enfrentáramos a los exterminadores empezó a compartir con Ligio y Juana su posición de mando en nuestra marcha, aconteció una cosa que nosotros, los que nacimos en las guerras o tras éstas, nunca habíamos observado y que los viejos, según dijeron, no esperaban ver de nuevo. El cielo se cubrió de nubes. Refulgieron luego cientos de relámpagos mudos y deformes. Un viento fresco barrió después la tierra. Y, finalmente, cayó encima nuestro un aguacero. Así le dijo Juana a eso que no era otra cosa que más agua de la que una haya soñado…”

“…Eneas, Capu y Mila, sin embargo, se tardaron demasiado. No sabían reconocer las palabras que nos hacían sentir el mundo, no como nos toca a nosotros, sino como éste era sentido por los hombres y mujeres que había antes. Los que se duplicaron y destruyeron luego todo. Los que nos heredaron este cementerio de destellos. Por suerte, esta madrugada finalmente entregaron sus palabras…”

“…Eso es, tal vez sea eso lo que quieren nuestros dioses, sumó Ligio tras un rato: que además de haber perdido el miedo, que además de habernos desquitado, empecemos a cazarlos. No mereceremos el mundo nuevo, hasta no haber purgado el viejo, añadió mostrándose, por primera vez en mucho tiempo, de acuerdo con Egidio.

Somos el arma que ellos tienen, añadió Juana tomando el bulto y levantándose de un salto: nosotros somos la oscuridad, ellos son los últimos destellos de la luz. Debemos apagarlos, desquitar que nuestros dioses fueron dominados por el suyo. El nuevo mundo hay que ganárnoslo y para eso será necesario exterminar a todos los que antes nos cazaban…”

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