Alcémonos de entre las tumbas y miremos las luces de ciudad,
tiemblan con cada parpadeo
y vuelven púrpura la estela celeste.
Inclinemos la cabeza en la piedra de la agonía,
el huerto de Getsemaní huele a olivos,
lloremos por la brevedad de la noche.
Al alba los hombres sin hogar
perderán sus alas de Ícaro
y en la alquimia del aguardiente hundirán su ruina.
Mientras que las aves de mármol
en divina sepultura, aguardamos el ocaso
y con desobediencia ascendemos a la tierra recién nacida.
Desde las tinieblas
las luces de la ciudad
se miran bellamente.
Más #NidoDePoesía: A su partida
