Dios y sus ausencias

Dios y sus ausencias
Dios nunca es muy claro en sus planes ni comunicaciones. Foto: Pixabay.

Llevo varios años pensando que llego tarde a todo. Y no es porque una deba pasar por los mismos acontecimientos a la par de todos los demás, claro, pero a veces siento que exagero. Por ejemplo, apenas la semana pasada (en parte por ver algo de miedo por Halloween y en parte por seguir un reto de un año de películas clásicas) me puse a ver El exorcista. Quizá no había llegado a ella porque no me encanta el cine de horror/terror y sólo tenía las referencias más básicas de la niña con la cabeza volteada y la cama saltarina. Total, por fin la vi, e independientemente de todo lo que implica el género de horror que desconozco, hay una cosa que llamó mi atención y sobre la cual quiero ahondar ya que me inquietó y me dejó pensando: el papel que juega Dios en la película, prácticamente inexistente (a menos de que nos convenzamos de que intercede gracias a los rezos).

Sin saber mucho sobre la postura de los escritores detrás del libro o la película, pienso que es una historia que busca demostrar el poder del diablo y la manera en que puede influir en los seres humanos al punto de acabar con sus vidas. La película busca el protagonismo de esas fuerzas oscuras de las que nos hablan en la Iglesia y con las que nos aterran (yo, que estudié en escuela de monjas sé muy bien de esos métodos); quiere decirnos que obviamente existe el demonio (o como se le quiera llamar) y por supuesto que juega con nuestras mentes e incluso es más inteligente que todos nosotros.


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Hay un pasaje en el Antiguo Testamento, en el Libro de Job, en donde se ve claramente cómo Dios y el Diablo ponen a prueba a Job para ganar una suerte de apuesta entre ellos. Ambos buscarán llevar a Job al límite de las desgracias, a ver cuánto aguanta y hasta qué punto sigue firme su fe en Dios, a pesar de todas las calamidades que éste le envíe. Dios gana y, como diría el meme, pero a qué costo. Job termina destrozado, Dios satisfecho y victorioso, y los seres humanos con una gran lección: le fe en Dios siempre vencerá las tentaciones del Diablo. ¿Será? Yo más bien me pongo en modo: “No lo sé, Rick” y me concentro en el abuso de poder, en que ambos pueden hacer con Job lo que se les antoje sólo para entretenerse a sí mismos.

En este pasaje, cruel y espantoso, por supuesto, Dios al menos está presente y hace un montón de cosas con su mano divina. En El Exorcista no lo veo por ningún lado. Si como en el Libro de Job, en esta película hay una apuesta o un juego de fondo, la mano de Dios está alejada del escenario y es más bien el Diablo quien va a hacer alarde de su poderío: posee a Regan, la va transformando en algo que ya no es ella, da muestras de una fuerza descomunal a expensas de esta niña que ha dejado de tener control de sí misma. En este tenor, es capaz de aventar cosas, mover muebles, asesinar, y demuestra que los rezos de dos sacerdotes no son suficientes para controlar su hegemonía. Hacia el final, el cuerpo de Regan es liberado para poseer al sacerdote Karras y éste, en un acto típico del sacrificio religioso, se inmola para que el diablo desaparezca con él.

Y puede ser que en este acto en concreto se haya asomado un poquito Dios. Pero creo que la personalidad de Karras es crucial para este momento. Él es un hombre que desde el inicio se presenta como una persona con conflictos existenciales, con culpa (no deja de atormentarlo el hecho de haber dejado morir sola a su madre), con dudas (no olvidemos la negación inicial que maneja ante la posible posesión de la niña y ante la necesidad de un exorcismo). La figura de Karras me pone a pensar en la fragilidad humana y en las pruebas que tanto Dios como el Diablo gustan de dejar en el camino para ver cuál es la respuesta. Podríamos pensar que al final Dios se apareció para liberar a Regan (por fin después de cuánto), y estaría de acuerdo en que sí, pero otra vez es a partir de ese sacrificio que a Dios le fascina sobre todas las cosas; no dejemos a un lado el hecho fundamental de que sacrificó a su propio hijo, y que la religión más extendida en el mundo se basa en ese acontecimiento.

Creo que la aparición de Dios es bastante blandengue. Pudo haber hecho más, pero ¿en qué momento intervino para evitar las atrocidades cometidas al cuerpo de Regan? ¿Por qué permitió que su madre se desquiciara de ver cómo su hija se transformaba en aquella cosa horrorosa? ¿Por qué no apareció para evitar las muertes? ¿No quiso? ¿Andaba atado de manos? Hace muchos años leí El evangelio según Jesucristo de José Saramago, y una de las cosas que más me impresionaron del libro fue que ambos personajes, Dios y el Diablo, eran más parecidos y afines entre sí que enemigos acérrimos o antagonistas. Desde entonces pienso que si existen son en realidad muy similares. Y creo que concretamente en El Exorcista se parecen mucho.

El diablo es cruel, nos dicen; bueno, Dios no se queda atrás ni tantito. El diablo confunde, esto lo enfatizan en la película, pero en realidad Dios nunca es muy claro en sus planes ni comunicaciones (son misteriosos sus caminos, dicen los que creen en él). El Diablo es malo, yo diría que ambos están cortados con la misma moneda.

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