El periodismo no es un oficio

Ya no alcanza con saber ejercer el periodismo, hay que profesionalizarlo, conjugar el expertis, la teoría y la práctica. Foto: Especial.

Para mi fortuna soy amigo de muchos reporteros y periodistas. Conozco sus trabajos, los admiro y leo frecuentemente. He tenido el privilegio de formarme mientras aprendo de varios de ellos codo a codo; por ello sé cuáles son las carencias de uno de los gremios más peligrosos y olvidados en México.

No es novedad, para quienes desempeñamos esta profesión, la precariedad constante en todas las áreas y cadenas productivas de la información a las que nos enfrentamos. Y por precariedad no sólo me refiero a la vulgar e ínfima paga ofrecida por medios y casas editoriales (5 mil pesos), sino a las condiciones de su personal dentro y fuera de las redacciones donde hay falta de equipo (computadoras inservibles), estrés innecesario (peticiones a todas horas de temas irrisorios), espacios inadaptados para ejercer las tareas (se trabaja incluso en las banquetas), y ya no hablemos de prestaciones (no hay, salvo muy contadas excepciones), bonos y hasta seguridad social, concepto desconocido incluso para quienes reportean en calle y pueden sufrir accidentes o ser víctimas de la delincuencia.

A todo eso se debe enfrentar el reportero y periodista todos los días desde el momento en el que se incorpora a esta PROFESIÓN. Y recalco la palabra profesión, porque así es como veo el periodismo. No lo concibo como un oficio y tampoco lo idealizo como un arte. Tampoco soy fantasioso al verlo de esa manera y lo explico.

Si bien es cierto que, como algunos oficios, mientras más se práctica más se domina, también es cierto que el periodista, el reportero, el redactor, el editor, carecen de habilidades más allá de las tareas desempeñadas en el quehacer cotidiano.

Los comunicadores no han salido de esa zona de confort; no se han actualizado ni preparado ante los retos y exigencias diarias impuestas por la digitalización y la consolidación de las redes sociales. Hoy en día se deben dominar otras herramientas para ser más profesional en el trabajo. Ya no basta con ser un “experto” en alguna fuente y poder resolver una duda con una llamada o un mensaje en WhatsApp; se requiere de conocimiento, superficial por lo menos, para usar equipo fotográfico, de cómputo y conocer métodos más precisos de investigación no sólo en calle, sino en portales de transparencia, sin dejar de lado el seguimiento diario, exhaustivo y empático, de nuestros colegas.

Todo eso se ha vuelto indispensable en el quehacer informativo contemporáneo, mucho de lo que adolece la comunidad periodística mexicana en pleno siglo XXI. Por ello, vemos situaciones como la ocurrida el 6 de mayo durante la conferencia vespertina, donde una reportera de El Sol de México no logró ser precisa ante Hugo López-Gatell, lo cual desató críticas, insultos y desplantes muy agresivos contra la joven periodista.

Y es cierto, ella no iba preparada con lo mínimo para confrontar al subsecretario, pero no es la única que pasa por esto y seguramente no será la última. Si se grabaran todos los errores que se cometen durante las coberturas, entrevistas y ‘chacaleos’, veríamos cuáles el tamaño de las pifias cometidas por la mayoría, sino es que por todos, al momento de abordar una fuente o de informar un suceso, y no por eso merecemos ser linchados ni agredidos tan vil como lo hicieron con ella o con Dulce Soto, reportera de Reforma cuyas preguntas hicieron que las redes la atacaran sin razón.

Sin embargo, considero también que para evitar los ataques infundados de usuarios y bots, debemos ampliar nuestras bases como reporteros. Conocer el tema antes de preguntar, tener información sustentada en números, documentos y datos si vamos a cubrir e informar.

Eso podría ser un lugar común y no tendríamos que escribirlo pues deberíamos saberlo desde la carrera. Lo que no es lugar común, y volviendo a los párrafos anteriores, es la necesidad de ampliar el dominio de nuevas herramientas.

Ya no alcanza con saber ejercer el oficio, hay que profesionalizarlo, conjugar el expertis, la teoría y la práctica para superar paradigmas que nos encasillan en meros ‘obreros’ de la información. Quizá de esa manera empecemos a ganar el respeto perdido, mejorar la confianza deteriorada y conquistar el valor de nuestra labor tan importante en estos tiempos.

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