De marchas, vandalismo, blandengues y otros desastres

Vandalismo 26 de septiembre
"Muerte al rico" se leía en uno de los muros del Hilton pintarrajeado con aerosol. Ese sólo era uno de los vestigios que dejó el vandalismo provocado por grupos de infiltrados en la marcha por Ayotzinapa.

“Muerte al rico” se leía en uno de los muros del Hilton pintarrajeado con aerosol. Ese sólo era uno de los vestigios que dejó el vandalismo provocado por grupos de infiltrados en la marcha por Ayotzinapa. Pocos son los comercios donde se aprecia el rastro de las fechorías emprendidas por un grupo de encapuchados —otra vez— que hace de las suyas desde agosto, donde en plena marcha feminista también hubo destrozos realizados por una minoría que no representa a los grupos que legítimamente salen a las calles.

Lo mismo ocurrió el pasado sábado 28 de septiembre donde pocas personas destruyen, pintan y agreden con tal facilidad que invita a que cualquiera piense que es capaz de dañar el espacio público y privado sin tener una consecuencia. Desafortunadamente quienes lo vuelven a pagar son los últimos de la cadena, sí, aquellos comercios pequeños o medianos que si les va bien sólo deben cerrar y perder la cuenta de ese día cuando algo así ocurre; el problema se agrava cuando miembros de estos grupos porriles rompen y pintan sus negocios.

Y sí, la responsabilidad aquí sí es de la autoridad que parece atada de pies y manos por voluntad propia para arrestar a estos personajes. Bajo la idea que el presidente enarbola de la “no represión”, el gobierno de la Ciudad de México hace oídos sordos y ojos ciegos ante la constante que se empieza a convertir en costumbre. Sus soluciones y respuestas son lentas, torpes, timoratas e ineficaces ante aquellos cuya única voluntad parece imponerse sobre la autoridad. Voluntad destructiva que ya supera los 100 millones de pesos de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac).

Ahora viene el 2 de octubre, fecha que definitivamente no se olvida pero que parece ser el escenario perfecto para que estos grupos vuelvan a hacer de las suyas sin que nadie se les ponga en frente. ¿Y cuál es la solución de Claudia Sheinbaum ante estos grupos “incontrolables”? Hacer una valla humana. Sí, una valla donde se expone a personas para recibir directamente los golpes de sujetos cobardes. Otra vez la solución de la Jefa de Gobierno es una idea romántica y con buenas intenciones… para ciudades avanzadas, no aptas para una ciudad compleja como la nuestra.

No, Claudia, la solución no es exponer a otros, sino actuar de manera firme contra esos grupos, seguramente financiados con el propósito de desestabilizar. Se debe buscar el origen de esos grupos, el dinero que reciben y las conexiones que ellos tienen. Queremos que se llegue a las últimas consecuencias y conocer a las manos detrás de quienes con tanta facilidad rompen las marchas. Eso no se llama represión, se llama Estado de Derecho y es algo que le urge conocer a la gente de este país.

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