Sunderland hasta la muerte, la muestra que la mala suerte sí existe

Sunderland es uno de los equipos más importantes de Inglaterra. Foto: Facebook, Sunderland.

¿Cuantas emociones puedes entrar en 90 minutos, cuantas risas, lágrimas, manos entrelazadas, alegrías y tristezas, puede haber?

El fútbol quizá sí sea sólo un juego, pero en algunos sitios, como en Sunderland, se convierte en una forma de vida, de cohesionar a una comunidad, de darle sentido a una semana laboral y a un fin de semana.

¿Cuántas esperanzas se pueden diluir en 90 minutos, cuando la pelota va hacia el área y tras dos rebotes se convierte en el gol que termina con el deseo del triunfo, de regresar a las viejas glorias?

La serie Sunderland hasta la muerte (Sunderland, ‘Til I Die) sumerge al espectador en el impacto que el fútbol puede generar en una comunidad, profundiza en arraigo que un club genera y en la manera en cómo se convierte en el escaparate de la pobreza, de la brecha que separa a los que más tienen de los que menos.

Pero también es una oda a la tragedia, como si poco importara el esfuerzo de aficionados, jugadores y dirigentes para volver a sus viejas glorias, como si la pasión y el dinero fueran insuficientes para abandonar el ostracismo de la tercera división, o como si todo se tratara de una maldición.

En dos temporadas, esta serie de Netflix es capaz de convertir al espectador en un proto-fan del cuadro, de sentir la importancia que el club tiene en la comunidad y de llorar su derrota, una y otra vez, y de preguntarse “cuando nos tocará a nosotros festejar”.

Sunderland hasta la muerte muestra los tumbos que la escuadra del noroeste de Inglaterra dio en la Championship, durante la temporada de 2017,y que lo llevó a descender, por segundo año consecutivo de categoría.

También revela cómo la escuadra, fundada en 1879, tuvo que transformarse tras ser adquirido por nuevos dueños y tener que disputar la League One. Atrás quedaban las viejas glorias, los seis títulos de liga, y ahora habría que apostar por los jóvenes ante la pérdida de recursos en la tercera división del fútbol inglés.

El camino lleva al espectador hasta el momento que parece culminante, como si todo estuviera listo para un final de película: una final, el ascenso a la Championship y Wembley, la cátedra del fútbol mundial.

Y entonces llegaron los 90 minutos, las cientos de emociones, rezos, alegrías y tristezas que llevan a cuestionarse si en realidad el fútbol es solo un juego…

Con el pitazo final se detona la tristeza. Pese a ello, sus aficionados seguirán cantando y presumiendo que son, un año sí y el otro también, “el mejor equipo que el mundo ha visto”, porque son del Sunderland hasta la muerte.

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