Cenas familiares y árboles genealógicos

“La vida es tan sencilla, un niño pequeño y una niña pequeña riendo y amando” así comienza la canción “Is that alright?” de Lady Gaga.

“La vida es tan sencilla, un niño pequeño y una niña pequeña riendo y amando” así comienza la canción “Is that alright?” de Lady Gaga, una cantante que siempre he considerado de gran potencial de voz pero que no me había atraído en sus versiones como solista, hasta que la escuché acompañada de Tony Bennet, en canciones navideñas, y descubrí que podía ser de ese equipo. De nuevo, mi alma vieja me delata.

La canción llegó a mí de esa forma tan especial en la que pueden llegar las cosas del amor de tu vida: de forma inesperada pero necesaria. Para que puedan entender eso tendría que contarles mi historia…, que ahora es nuestra historia y que habla de encuentros, errores, contacto, conexión, amor, más amor, demasiado amor, temor, dolor…, pero sobre todas las cosas de amor y un redescubrimiento propio; tal vez algún día lo plasme en un libro, porque vale la pena contarse, porque es una historia real con todos los sentimientos que alberga la vida; pero hoy comienzo aquí, en El Tecolote.

Probablemente nunca encuentre las palabras para describir lo que realmente siento, pero si a alguno de ustedes les funciona y aprenden algo de ello, además de una gran playlist de canciones de amor, de canciones viejitas, algunas de mucha pasión y una gran cantidad de recuerdos cargados en cada una; habré logrado mi cometido.

La música, las palabras y la lectura se encontrarán presentes en cada escrito que haga, no sé cómo saldrá o si es la combinación perfecta, pero compartiré un cachito de lo que a mí me apasiona. Hoy comienzo con la última canción que hemos compartido, que habla sobre el amor hasta el final de los días, hasta que la cara y el cuerpo se canse, y que al final de la vida lo último que se vea sea el rostro de la persona a la que uno más ha amado…

Ese amor, -por el cual vale la pena vivir y el que nos hace pensar que nuestra vida no fue vacía o inconclusa-, esas cenas familiares, los árboles genealógicos…, enseñarles a los niños a decir “gracias” y “por favor”…, y todas las cosas -que no estoy segura que todos anhelen- que yo anhelé por primera vez sólo con una persona.

Jamás le había puesto nombre a la persona con la que quería eso, porque en relaciones pasadas no lo sentía y ahora, con plena certeza, veo la foto y sé que “ahí fue”, justo como dice la canción.

Los miedos siempre nos embargan y si no sabemos controlarlos se salen de control. Además, el dolor transforma a la gente y, como diríamos,: “te lleva al lado oscuro”.

Hoy me encuentro en un reajuste, reconociéndome y sobre todo aceptándome, como dice la canción: “espero que sigas conmigo cuando ya no sea yo misma. Y rezo para que tú me levantes cuando sepas que yo necesito ayuda”.

Es sorprendente y a veces terrorífico la forma en la que un track de 3:11 minutos expresa todo lo que no pudimos hacer en más de medio año, todas esas palabras ahogadas por el dolor y temor pero que luchaban por salir a flote, creo que la cosa es que yo no sé nadar ni en metáfora ni en la vida real… que me he convencido a mí misma de arrojarme un flotador y empezar a hacer el “uno, dos”, hasta aprender a fluir en armonía con la corriente, incluso en la tormenta, sin llegar a la desesperación y a ahogarme.

Lo más maravilloso de todo es que dentro de mi temor y mi dolor él me sostenía: sabía nadar, sabía flotar, se sorprendía con las tormentas, hasta me enviaba videos de cómo los barcos sorteaban las olas de miles de metros de altura en las tormentas. Era fascinante verlo, pero era aún más fascinante escucharlo cantar porque, aunque yo pudiera cantarle en 30 idiomas distintos mi voz jamás se equiparó con la suya, y sé que si pudiera me cantaría el coro: “Te quiero al final de mi vida, quiero ver tu rostro cuando caiga con gracia”.

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