Dos años

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Dos años desde que te fuiste, Pedro. Dos años desde que te trajimos al sitio de tu última morada. Dos años que ya no te veo ni te abrazo.

Y, sabes, hay tanto que contar que ni siquiera sé por dónde empezar.

Supongo que debo iniciar por hablarte de las Chivas. Ese era nuestro tema inicial para romper el hielo. Seguimos buscando el título, perdimos ante el Cruz Azul.

Pero, siento que te hubieras emocionado de verlos jugar. Pensando, creo que mi gusto por el Guadalajara se intensificó por ti. Y aún tengo la esperanza de contarte, en mi próxima visita, que ya son campeones.

El trabajo, sigue bien. Siempre me preguntabas por eso. Y ahora te contaría que hasta en videos voy a salir. Seguro te costaría verlo, porque las pantallas del celular luego son incómodas. Pero, todo sigue bien.

Aún preservo tu consejo, de cuidar lo que me da sustento. Así que puedes estar tranquilo.

Aún no hay pareja a la que puedas mandar a saludar. Pero, supongo que le seguirías mandando saludos a quien entonces me acompañaba. Te diría que ella sigue bien y que me da mucho gusto verla alegre.

Y si llega alguien a mi vida, creeme que cerraré los ojos y te lo contaré. Pero, quiero que sepas que si no pasa, todo estará bien. Te lo puedo prometer.

Mis papás están tranquilos. Nacho se parece mucho a ti, sigue trabajando aunque quizá ya no debería. Pero, es cierto que si no lo hiciera, se enfermaría. Y, como te prometió en tus últimos días, sigue viendo por mi abuelita. Claudia te recuerda cada tanto. Creo que ella es la que más recuerda tus frases y la que te trae más seguido a la conversación.

Manuel y Roberto, ahí van. Podrías sentirte orgullo de tus nietos, pero ellos ya te contarán sus cosas y experiencias cuando te los vuelvas a encontrar.

Y Melda. Melda está bien. Más nostálgica. A veces triste. Pero aún la ves entera. Se acuerda mucho de ti. Te extraña. Te sueña. Creo que estarías tranquilo de ver su entereza. Y sí, no está ni estará sola.

Al rato iremos al panteón. Te mentiría si no te digo que me vendrán los mil y un recuerdos. La polvareda que nos acompañó cuando cargaban el ataúd. La pesadez de la tristeza. El sabor salado de las lágrimas. La flor más bonita del mundo cayendo sobre tu caja y la promesa de siempre recordarte.

Dos años desde que te fuiste, Pedro. Dos años en que tu vida se paró en tus 94 años.

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