Dicen que somos una mezcla de las personas con las que convivimos y nos cruzamos. Que estamos hechos de pedazos de los demás. Y si esto es así, mi historial musical se la debo a mi hermano Manuel.
Y hoy que cumple años, es un buen momento para recordar su fascinación y amor por la música.
Todo empezó con un disco de 10 pesos, un mp3 que recopilaba canciones de artistas que que habían estado en alguna edición del Vive Latino. Había versiones en vivo, de los discos de cada banda y de sesiones que por esos años organizaba Reactor.
Manuel lo ponía cada tarde, en el estéreo que papá compró y que era uno de sus orgullos por aquellos extraños años de carencia.
Y ahí nos podíamos pasar horas, escuchando la música sin parar. Yo, cantando o murmurando por lo bajo, porque por aquellos años me daba pena hasta decir mi nombre.
La influencia de mi hermano fue tanta, que hasta mi mamá cambió, por muchos años, a Los Temerarios o El Recodo por Babasónicos, Zoé y cuánta banda que descubríamos por Manuel.
Pero, no crean que él era de un solo género. No. Cuando era niño, se vestía de camisa a cuadros y sombrero y era fan de El Recodo. Por él, y mi papá, amé el homenaje de esa banda sinaloense a Juan Gabriel. Por él, me reía cada que escuchaba El toro mambo.Ya más para acá, le gustó el metal y la música en inglés. Fan de Coldplay, siempre lo molestaba con que me parecía la banda más aburrido del mundo. Él me decía lo mismo de varios artistas que escuchaba. Incluso, se sorprendió cuando descubrió que era fan del reggaeton y en especial del reggaeton mexicano.
Y aunque a veces nos molestamos con si tal o cual es buena música o si pagaríamos o no por ver a un artista, la música siempre será nuestro lenguaje común.
En realidad, esto es porque él me abrió el mundo a más sonidos, porque sin él no me habría aventurado a escuchar otros géneros y quizá sería uno de esos viejitos rancios que se la pasa diciendo qué sí y qué no se debe escuchar.
Solo hemos ido a un concierto juntos: Los Temerarios en la Arena CDMX, una ves que fuimos con mamá a escuchar a su banda favorita de todos los tiempos. Antes de eso, solo teníamos en común los Snikers Urbania, y mi momento favorito de aquella época: Juan Son en el escenario vestido con una piel que asemejaba un toro.
La verdad, encuentro mucha fascinación cuando me cuenta de los conciertos a los que fue, cuando me enseña los videos que grabó o cuando me dice que quiere ir a este u otro evento.
La vida y la historia musical se construyen con la gente que nos rodea, con quienes nos comparten sus canciones o nos dejan acompañarnos a un concierto, pero hoy sé que si Manuel no me hubiera enseñado más música, yo no sería el mismo.
