Especial #8M | 8M 2020: Resignificando el Día internacional de la mujer

Día Internacional de la Mujer
Cuando éramos pequeños, el Día Internacional de la Mujer implicaba regalar flores, recitar algún poema o realizar alguna actividad para felicitarles. Foto: Jenifer Nava.

Cuando éramos pequeños, el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), tal como el 10 de mayo (Día de la madre), implicaba regalar flores, recitar algún poema o realizar alguna actividad para felicitarles. En ocasiones significaba que las maestras recibían algún presente (en color morado). Era una oportunidad para agradecer desde las hijas o hijos, los esposos, el ambiente en los días previos convocaba al consumo, las tiendas y centros comerciales se pintaban de rosa y morado, las y los vendedores ambulantes ofrecían tarjetas, pósters y en el Mercado de la Merced no podían faltar las ventas (por mayoreo) de la taza con chocolates adentro y una estampa, todo envuelto en celofán con un moño. Pero, si lo piensan bien, no había un sentido o motivación explícita y razonada sobre la importancia de las mujeres en la vida de todos, se omitía reconocer el papel trascendental que tiene en la economía, la política, la cultura, la ciencia, se pensaba más a nivel doméstico familiar.

Para muchas mamás estos días de celebración les cargaba alguna presión económica, estrés por sortear la cotidianidad para estar ahí y al ver a la cría recordar lo hermoso que es ser mujer y ser mamá -que dicho sea de paso no es lo mismo, ni tiene que derivar una de otra-, ser mujer es ser mujer y decidir ser mamá o no es otra elección completamente independiente. Como la mayoría de los días internacionales que se proponen sensibilizar parece que más bien se convierten en una remembranza superficial y efímera que busca visibilizar solamente lo necesario para motivar una compra, pero no se propone cimbrar ni cuestionar el estado actual de las cosas, por ejemplo, sobre todas las dimensiones de la vida de una mujer que se ven presionadas por las sanciones sociales, económicas, políticas y culturales que le dificultad la libertad y la dignidad como ejercicio de vida. Desde entonces se da o se recibe la felicitación en automático, probablemente porque el reconocimiento iba un poco hueco, simplemente era un día para felicitar a las mujeres por ser mujeres.

No se valoraban tampoco las ausencias de las madres jefas de familia o cuidadoras (abuelas, tías) que no podían asistir a las actividades porque estaban trabajando, para quienes pedir permiso para faltar unas horas significaba perder el empleo o asumir que ese día no tendría pago, lo cual en las familias que dependen de un ingreso diario es un lujo que no pueden darse. En alguna ocasión una maestra pidió un aplauso para las mamás que no pudieron estar, ya que había algunas pequeñas y pequeños solos, pidió hacerlo muy fuerte para que el sonido llegara hasta donde estuvieran, en el contexto alarmante de feminicidios, ese aplauso se haría extensivo a las que ya no están para decirles te nombramos y no olvidamos.

El 8M 2020, desde la convocatoria hasta su llegada, nos hizo reflexionar sobre qué significa ser mujer y qué significa ser mamá en el tiempo en que vivimos. Reflexiones que trascendieron el 8 de marzo y se reafirmaron al día siguiente con el paro nacional de mujeres. Estos dos actos llenos de simbolismo y mística colectiva nos hicieron volver la vista al pasado con agradecimiento infinito a nuestras ancestras que por generaciones han logrado señalar y trastocar las formas de dominación que nos oprimen. Pero, también enfocamos la mirada al presente y proyectamos al futuro, nos asumimos herederas de esas luchas al tiempo que nos sumamos a la escucha y al llamado intergeneracional para continuar rompiendo ataduras. En ese sentido, la reivindicación de niñas y niños por infancias libres de violencia es esperanzador.

Recorrer las calles de la mano de otras mujeres nos hizo recordar que somos multidiversas -expresiones, corporalidad, miradas, por ejemplo, cada serie de fotos muestra la forma en que miramos el mundo-, que cuando nos juntamos somos una fuerza maravillosa con capacidad creadora. Ese día y al otro también nosotras, todas, hablamos al mundo y dijimos con voz fuerte y potente: aquí estamos, estamos por nosotras, por las otras y por las que ya no están.

Sin duda, el 8M 2020 resignificó el Día Internacional de la Mujer, mandó un montón de mensajes y aprendizajes que seguimos descifrando, uno de ellos es que no estamos solas, somos muchas y con mucha fuerza individual y colectiva. Concluyo esta serie de reflexiones con un deseo para todas en cualquier parte del mundo y en cualquier momento de su vida, es una frase de una buena amiga: “ojalá que algo de esta fuerza nos acompañe en nuestra cotidianidad.”

Quizá las imágenes más nítidas y conmovedoras que expresan la forma en que se resignificó el Día internacional de la Mujer las encontramos en las memorables e históricas marchas, en todo el mundo y en cada rincón de nuestro país. Aquí algunas de las fotografías que se han convertido en inspiración: “sembremos rebeldía para cosechar libertad”.


Especial #8M: Ni amigas ni rivales: la alianza femenina


 

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    By: Jessica Estefania Jiménez Montoya

    Politóloga, latinoamericanista y feminista en construcción. Estudió Ciencia Política en la UAM Iztapalapa. Autora de la tesis “El proyecto de industrialización del litio en Bolivia”, cursó la maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM y escribió la tesis “Alcances y retos del Derecho Humano al acceso al Agua en Saltillo, México y Cochabamba, Bolivia (2012-2017). Forma parte del Colectivo Cultural Manada Morada que se propone abrir espacios de encuentro y reflexión, así como diseñar herramientas para niñas y niños que contribuyan a lograr infancias libres de violencia. Es consultora independiente, experta en gestión integral del agua y seguridad hídrica. Se considera un ser reflexivo e inacabado, de espíritu libre: construye, deconstruye y reconstruye.

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